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España busca su papel geopolítico como mediador del socio más incómodo de la UE
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España busca su papel geopolítico como mediador del socio más incómodo de la UE

A diferencia de la frecuente confrontación con Turquía de varios Estados miembros de la UE, el Gobierno español ejerce tanto de apagafuegos como de interlocutor con Erdogan

Foto: Pedro Sánchez estrecha la mano de Recep Tayyip Erdogan. (EFE)
Pedro Sánchez estrecha la mano de Recep Tayyip Erdogan. (EFE)

El primer encuentro cara a cara del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, fue un repaso optimista de la creciente agenda estratégica entre España y Turquía, y una loa a sus históricos lazos políticos y económicos. Ambos mandatarios se felicitaron por el creciente comercio bilateral, con más de 600 empresas españolas operando actualmente en territorio turco, y la fluida cooperación en materia de seguridad. Recibido con honores y flanqueado por los pesos pesados del Ejecutivo —vicepresidentas segunda y tercera del Gobierno, Yolanda Díaz y Teresa Ribera, y los ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, Defensa, Margarita Robles, e Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto—, Sánchez buscaba algo más que cumplir con la VII Reunión de Alto Nivel.

La reunión escenifica un punto álgido en la relación diplomacia entre ambos países mediterráneos, una anomalía en el ámbito europeo. Las relaciones con España son, en gran medida, la antítesis a las que mantiene Turquía con varios Estados miembros de la Unión Europea. En los últimos años, el Gobierno de Erdogan se ha caracterizado por mantener un perfil beligerante ante países como Francia, Alemania u Holanda, entre otros, con quienes ha protagonizado múltiples encontronazos diplomáticos.

Por el contrario, Madrid ha mantenido siempre el trato de aliado y suene tender la mano a Ankara cuando pintan bastos. Un ejemplo lo podemos encontrar en la crisis en el Mediterráneo Oriental de 2020, cuando el Ejecutivo español ayudó a apaciguar las aguas en la disputa turca con el vecino griego. Este contexto ha convertido a Madrid en una suerte de intermediario informal del país anatolio y apagafuegos de emergencia. Un papel que el Ejecutivo de Sánchez quiere apalancar para ganar peso geopolítico en la esfera internacional, pero que viene con muchos riesgos asociados y una rentabilidad estratégica difícil de valorar.

“Es una incógnita si la capacidad de dialogar con Erdogan y de pasar mensajes [entre Bruselas y Ankara] refuerza la estatura de España como un actor que aspira a ser algo más que un Estado miembro medio que tiene capacidad de interlocución en la OTAN y en el Mediterráneo”, plantea Eduard Soler, investigador del Cidob, en conversación con El Confidencial. "Veremos si España intenta reivindicarse como potencia diplomática con capacidad de interlocución y rebajar la tensión entre la UE y Turquía, y también dentro de la OTAN", agrega. Al fin y al cabo, los intereses españoles podrán defenderse mientras haya un buen funcionamiento en la OTAN y en la UE. Pero, con Turquía, siempre pueden torcerse las cosas.

En este sentido, Soler apunta que la siguiente cumbre de la alianza transatlántica en Madrid supondrá una fecha clave para los intereses diplomáticos españoles. "España quiere que la cumbre sea un éxito. Se deben decidir aspectos importantes como el nuevo concepto estratégico de la coalición. Y a España le interesa que los aliados como Estados Unidos le reconozcan la capacidad de contribuir en la OTAN", indica el experto. En este sentido, la buena sintonía española con Turquía puede suponer una baza a su favor.

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Importantes para Ankara

Sánchez y su círculo siempre han criticado a su predecesor, Mariano Rajoy, por tener un papel poco activo a nivel internacional, tachando la anterior Administración de pasiva ante los acontecimientos en el exterior. En contraste, dentro del actual Gobierno “hay una voluntad de reemprender la lógica de relaciones bilaterales con un grupo selecto de países, y Turquía ha ganado trascendencia”, apunta Soler.

Por su parte, Turquía no tiene muchos amigos dentro de la UE, lo que ha convertido la relación con España en una prioridad estratégica. Algo que el propio presidente turco dejó claro durante el encuentro con Sánchez, cuando agradeció la colaboración española al vender los misiles Patriot mientras soltaba un dardo a otros socios europeos: “Algo que otros países de la UE no quisieron hacer”. Para Erdogan, España es el ejemplo de la relación que quiere Turquía con el resto de naciones. Para subrayar la importancia del encuentro, ambos gobiernos han firmado convenios bilaterales en materia de economía y comercio, energía renovable, gestión del agua, trabajo, deporte, ciencia y desastres naturales, entre otros.

Foto: Sánchez saluda al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en un encuentro del G-20. (Reuters/Remo Casilli) Opinión

Como escribe Ilke Toygür, investigadora del Real Instituto Elcano, “España siempre se ha mostrado más partidaria de tener a Turquía cerca del club de los Veintisiete que lejos”. Esta tendencia se ha podido comprobar en un momento en que existe una división dentro de la UE sobre la anulación del proceso de adhesión de Turquía al club comunitario —el cual, desde hace años, está políticamente muerto—. En este sentido, España siempre ha optado por no amplificar las críticas de Bruselas que tensan la cuerda con Ankara.

Otro gallo cantaría, eso sí, si la oposición fuese unánime. “Por importantes que sean las relaciones entre ambos países, España nunca querrá ser vista por la UE como un actor desleal por culpa de Turquía”, afirma Soler. Según explica el experto, “España, a diferencia de otros países, nunca ha optado por una política obstruccionista dentro de Bruselas. Si una decisión no le gusta y el consenso es muy alto, acatará la decisión igualmente”.

BBVA, al acecho

La reunión entre ambos mandatarios surge poco después de que BBVA informara de que ha acordado lanzar una oferta pública de adquisición (opa) sobre el 50,15% que no posee de su filial turca, Garanti, a un precio de 12,20 liras turcas por acción. Esto, en un momento en que la divisa está en caída libre y ya cotiza a más de 10 liras por cada dólar. El banco español estima que la operación se cerrará en el primer trimestre de 2022 por 2.250 millones de euros, una cantidad que supone menos de la mitad de los 7.000 millones de euros que gastó en el porcentaje con que ya cuenta.

Foto: Carlos Torres, presidente de BBVA, y Onur Genç, CEO. (EFE)

El sector bancario no es el único interesado en Turquía. “España tiene inversiones de cartera de más de 5.000 millones de euros en Turquía, mientras que sus importaciones desde el país aumentaron de 3.000 millones en 2010 a unos 7.600 millones en 2019”, dijo la presidenta de la CEOE, Marta Blanco, en declaraciones a un medio oficial turco.

La empresa pública Navantia, dedicada a la construcción naval civil y militar, tiene en Turquía a un gran cliente. Ya en 2016, el consorcio hispano-turco Sedef-Navantia comenzó a construir en Estambul el portaviones Anadolu. Ahora mismo, el buque ya está acabado y en periodo de pruebas, por lo que su entrada en servicio está prevista para 2022. Pero la empresa española, lejos de acabar su misión en los astilleros turcos, busca una segunda licitación, por lo que la reunión de hoy —donde la titular de Defensa está presente— puede dar sus frutos. La apuesta del empresariado español por Turquía no es nueva. Ya hace años que muchas empresas tienen presencia en el país eurasiático, como Inditex, Mapfre, Indra, Renfe o Roca, entre otras muchas.

Quizás esa presencia se efectuaba en un momento en que la economía turca gozaba de mejor salud, algo que no ocurre ahora, con una inflación flagrante y una divisa que cada día se desmorona más. “Habiendo hecho tal inversión, o asumes que has errado y te retiras de Turquía, o por el contrario aguantas confiando en el potencial del país”, dice Soler. Y también sentencia: “Con inversiones a largo plazo, no puedes pensar en la Turquía actual, sino en la de 2030”.

El primer encuentro cara a cara del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, fue un repaso optimista de la creciente agenda estratégica entre España y Turquía, y una loa a sus históricos lazos políticos y económicos. Ambos mandatarios se felicitaron por el creciente comercio bilateral, con más de 600 empresas españolas operando actualmente en territorio turco, y la fluida cooperación en materia de seguridad. Recibido con honores y flanqueado por los pesos pesados del Ejecutivo —vicepresidentas segunda y tercera del Gobierno, Yolanda Díaz y Teresa Ribera, y los ministros de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, Defensa, Margarita Robles, e Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto—, Sánchez buscaba algo más que cumplir con la VII Reunión de Alto Nivel.

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