“Cuanta menos atención le prestemos a Taiwán, más probable es que ataque China”
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ENTREVISTA A TOM SHUGART

“Cuanta menos atención le prestemos a Taiwán, más probable es que ataque China”

Conversamos con el experto Tom Shugart, del Centro para la Nueva Seguridad Americana, sobre la creciente inseguridad en el Pacífico y las posibilidades de un conflicto entre China y EEUU

Foto: Tom Shugart. (CNA)
Tom Shugart. (CNA)

Este jueves, una inusual resolución del Partido Comunista de China acaba de consagrar la supremacía de su presidente, Xi Jinping, sentando las bases para prolongar su mandato –tal vez 'sine die'— y disponer así de tiempo para consolidar a su país como la gran potencia global. Mientras, al otro lado del Pacífico contienen el aliento. El documento, que pondrá a Xi a la altura histórica de Mao Zedong o Deng Xiaoping, incluirá en principio la proyección de fortaleza de China a nivel internacional en un momento en el que su archirrival, Estados Unidos, eleva el nivel de alerta ante la carrera armamentística de Pekín y los cada vez más sonoros tambores de guerra con su socio Taiwán.

Si hay algo claro acerca del Sexto Pleno del 19 Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh), reunido a puerta cerrada esta semana en Pekín, es que su importancia no puede deducirse de su título anodino; la sesión, celebrada el año en el que se ha conmemorado fastuosamente el centenario de la formación, tiene como objetivo aprobar una infrecuente resolución sobre la historia del PCCh. Para entender su relevancia solo hay que atender al hecho de que, en los cien años de vida del partido, esta será la tercera de este tipo: las dos primeras, de 1945 y 1981, consolidaron el pensamiento de Mao y el aperturismo de Deng, respectivamente. La actual defenderá la vuelta de la grandeza diplomática, económica y militar de China a través de un todopoderoso Xi, allanando el camino para que en 2022 renueve su mandato para al menos cinco años más, tras diez a los mandos del país.

Foto: Una pantalla en Pekín retransmite un discurso de Xi sobre el G-20. (Reuters/Thomas Peter)

Al margen de los asuntos domésticos, en los que la resolución también abundará, hay especial interés en las posibles alusiones a Taiwán —autogobernada desde 1949, cuando los nacionalistas del Kuomintang se refugiaron allí tras perder la guerra civil, pero cuya soberanía es reclamada por Pekín—, mientras aumentan los rumores de un conflicto inminente en las redes sociales chinas. Avivados por el llamamiento de Pekín a sus ciudadanos para que hagan acopio de alimentos —en plena crisis de suministros— y un mensaje aparte que asegura que la nación se prepara para movilizar a sus reservistas, la especulación llegó a su punto álgido cuando un viejo vídeo del Ejército de Liberación Popular (ELP) instando a “plantar de forma definitiva la bandera de la victoria en Taiwán” fue visto más de 130 millones de veces.

Aunque las autoridades chinas se han apresurado a desmentir los rumores, las relaciones entre Pekín y Taipei atraviesan uno de sus momentos más delicados. Taiwán denuncia que la amenaza procedente de China crece a diario, con las fuerzas aéreas de Pekín realizando un número récord de incursiones en la zona de identificación aérea (ADIZ) de la isla. Unos movimientos a los que ha respondido Washington; a finales de octubre, la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, confirmó por primera vez que Estados Unidos cuenta con presencia militar en la isla “para entrenar a las tropas” locales, mientras el presidente estadounidense, Joe Biden, sorprendía al declarar que su país “tiene el compromiso” de defender militarmente a Taiwán en caso de que China ataque la isla.

Foto: Un destructor de Estados Unidos, en el estrecho de Taiwán. (Reuters)

Pese a que oficialmente Washington no tiene relaciones diplomáticas con la isla, como dicta el 'statu quo' de 1979, cuando EEUU retomó contacto formal con Pekín en detrimento de Taipei, le suministra material militar en virtud del Acta de Relaciones de Taiwán (la ley que permite a ambos mantener una estrecha alianza).

Taiwán es pues la 'patata caliente' de una zona en la que no escasean los puntos de fricción, con islas disputadas entre Pekín y países vecinos en los mares de China y la siempre explosiva península coreana. Las posibilidades de un conflicto mayor crecen asimismo ante un poderío militar chino en auge, teniendo el gigante asiático cada vez más intereses (comerciales, energéticos, etc.) que proteger y defender en el exterior.

placeholder Retrato de Xi Jinping. (Reuters)
Retrato de Xi Jinping. (Reuters)

“Un periodo de profunda incertidumbre”, según alertó Tom Shugart, analista del programa de Defensa del Centro para la Nueva Seguridad Americana, durante su intervención en una sesión del pasado marzo del Comité de Asuntos Exteriores del Senado de EEUU sobre la “competición estratégica” con China. Uno de los tres expertos invitados, Shugart advirtió entonces que, en contraste con la situación de hace veinte años, cuando habría anticipado una derrota china ante cualquier intento de agresión militar, la tendencia es la dominación absoluta regional del ELP de diez a veinte años.

Foto: Soldados taiwaneses dentro de un carro de combate. (Reuters)

Shugart considera que esta puede ser la época de “mayor peligro” de un fallo en los mecanismos de disuasión y prevención de conflicto en la región, dada la combinación de dos factores opuestos: por un lado, la modernización del ELP chino, y por otro, la prevista retirada de obsoletas plataformas y equipamiento estadounidenses desplegados durante la Guerra Fría. El analista explica a El Confidencial las claves de su tesis, cómo de preparadas estarían China y EEUU ante un hipotético conflicto — y por qué Taiwán merece toda la atención.

P. En su intervención en el Senado en marzo afirmó que Estados Unidos “aún mantiene una ventaja significativa ante una eventual guerra submarina”. ¿Cómo cambia las circunstancias, si lo hace, el hecho de que un informe del Pentágono publicado la semana pasada alertara de que, además de una expansión más rápida de lo previsto de su arsenal nuclear, China ha dado prioridad a modernizar sus equipos submarinos y a disponer de más naves de propulsión nuclear?

R. El informe no cambia mi consideración como tal, pero sí que pone un foco aún mayor en lo importante que será trabajar para mantener las ventajas (de Estados Unidos) en esas áreas clave, dado el creciente reto de la amenaza militar de China.

Foto: EC Diseño

En marzo, Shugart advirtió en concreto sobre el creciente arsenal de misiles balísticos de alcance intermedio (IRBM, por sus siglas en inglés), bombarderos de largo alcance y la capacidad de las fuerzas navales de China, que han alzado al gigante como la mayor potencia marítima mundial por número de buques. El reciente documento del Pentágono añade que China tiene actualmente 975.000 soldados en activo y 1000 ojivas nucleares, muy por detrás aún de los líderes en armas nucleares del mundo, Estados Unidos y Rusia (5.550 y 6.255, respectivamente, según el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz).

P. Una de las grandes novedades de la estrategia de Estados Unidos frente a China en el Pacífico es AUKUS, un pacto de seguridad por el que EEUU, Reino Unido y Australia se comprometen a compartir tecnología avanzada y que permitirá a Australia construir submarinos de propulsión nuclear. ¿Se le puede considerar una nueva alianza, un paso más desde el “giro hacia Asia” de Barack Obama o la 'estrategia del Indopacífico' de Donald Trump? ¿Le seguirán otras?

R. AUKUS no es una alianza, en el sentido de que no es un tratado de defensa mutua que obligue a sus miembros a ayudarse en caso de ataque armado. Estados Unidos ya tiene una alianza, en términos de defensa mutua, con Reino Unido a través de la OTAN, y con Australia mediante el ANZUS (entre Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos). La mayor novedad es la de proveer de tecnología de propulsión nuclear a Australia.

Son acuerdos importantes porque en los pasados dos años la amenaza militar que representa China ha alcanzado un nuevo nivel. Ya no es solo teoría, está aquí y supone un reto real para Estados Unidos, al cual resulta difícil creer que puede enfrentarse solo. Es una forma para Estados Unidos de ayudar a naciones amigas a mejorar sus capacidades… De impulsar a las democracias para que resistan un ambiente cada vez menos favorable en el Pacífico Oeste. Aunque no creo probable que Estados Unidos proporcione más ayuda en tecnología de propulsión nuclear a otros aliados de la región, sí podría prever otros pactos centrados en compartir otro tipo de tecnología avanzada. Al final es natural ver acuerdos entre naciones que se encuentran cada vez más incómodas con China.

(AUKUS ha sido bien recibido por aliados de EEUU en la zona como Japón, así como por algunos países del sureste asiático que aún dependen en gran medida de Washington en materia de seguridad y ven con recelo el auge de China. Por otro lado está el QUAD, acuerdo estratégico entre EEUU, India, Japón y Australia también considerado un intento de hacer frente a China).

Foto: Un ejemplar en chino del 'Global Times', en Pekín. (Reuters)

P. Parece haber puntos calientes de sobra en la zona que puedan desatar un conflicto, pero aun así la calma, si bien tensa, persiste. ¿Qué riesgo considera superior, un accidente que se convierta en detonante de una confrontación mayor, como una colisión entre submarinos nucleares de EEUU y China en el mar de China Meridional, o las pretensiones de China en Taiwán?

R. Preferiría no comentar sobre el despliegue de submarinos de EEUU en la zona, pero creo que hay que mirar hacia Taiwán atentamente. Creo que es más probable un ataque planeado de China (sobre la isla), pues el Ejército chino está más capacitado para actuar que para reaccionar, luego no creo que, de surgir un conflicto, fuese como respuesta a un accidente. Por lo menos, Estados Unidos y sus aliados no están buscando la excusa para desatar un conflicto, que sería lo que ocurriera si se responde a un eventual accidente.

Cuanta menos atención se preste a Taiwán, más probable es que ocurra un ataque de China, porque eso significaría que EEUU y sus aliados invierten menos en equipamiento militar y en la cooperación necesaria para derrotar a China en caso de agresión militar, lo que animaría a los líderes chinos a decidir atacar.

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