Alemania vota para elegir al sucesor de Angela Merkel en un ambiente de cambio de era
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Alemania vota para elegir al sucesor de Angela Merkel en un ambiente de cambio de era

El socialdemócrata Olaf Scholz y el conservador Armin Laschet se disputan este domingo voto a voto la cancillería en una de las elecciones germanas más inciertas de los últimos tiempos. Pero el desenlace podría tardar en llegar

Foto: Merkel junto a su sucesor en CDU, Armin Laschet, cerrando la campaña. (EFE)
Merkel junto a su sucesor en CDU, Armin Laschet, cerrando la campaña. (EFE)

La canciller se va y para millones de alemanes ha llegado el día de decidir a quién confiarán las riendas del país en el futuro. La lenta despedida de Angela Merkel, 16 años más tarde, desemboca este domingo en las elecciones más inciertas y sorprendentes que se recuerden en mucho tiempo en Alemania. El ganador de las generales debe afrontar en los próximos meses la titánica tarea de sustituir a Merkel, un desafío por el que toda Europa tiene este domingo los ojos puestos en lo que ocurra en Berlín.

Se espera que dos hombres, el socialdemócrata Olaf Scholz y el conservador Armin Laschet, diriman entre ellos el boleto para la cancillería en una final de 'foto finish'. Ello, tras una campaña de locos que ha sido una auténtica montaña rusa en los últimos meses, con tres partidos disputándose el liderazgo en las encuestas, un escenario atípico en la siempre más previsible Alemania. Al auge y caída de los Verdes siguió el desplome de los conservadores y, por último, el impensado regreso de la socialdemocracia.

El SPD llega con una ligera ventaja en las encuestas y Scholz se ha mostrado confiado en el triunfo en las horas previas a la votación. "Muchos ciudadanos quieren que yo sea el próximo canciller de la república federal", dijo el socialdemócrata durante el cierre oficial de su campaña en Colonia. No se descarta, sin embargo, que Laschet consiga cruzar la meta en primer lugar, gracias a una remontada de última hora impulsada por la sólida base de votantes del bloque conservador CDU/CSU.

Foto: Foto: EFE.

Los últimos sondeos recogen una diferencia ínfima, en algunos casos muy inferior al margen de error. Los socialdemócratas alcanzan en uno el 26% de intención de voto, frente al 25% de los conservadores. En otros, las cifras son de 25% contra 23 o 22% a favor del SPD. Más seguro parece en cambio que la aspirante 'verde', Annalena Baerbock, se tendrá que conformar con el tercer lugar para su partido, pese a un prometedor arranque de campaña y a que la lucha contra el cambio climático es la principal preocupación de los alemanes.

Los Verdes obtienen un 15% en los sondeos, seguidos por los Liberales (FDP), con un 11 o 12%, y la Izquierda, con alrededor del 6%. A esos cinco partidos, todos potenciales miembros de una futura coalición de gobierno, se suma la Alternativa para Alemania (AfD), que volvería a entrar al Parlamento con entre el 10 y 11% de los apoyos. Los ultraderechistas están sin embargo descartados para formar gobierno, debido al cordón sanitario impuesto por los demás partidos.

Estabilidad, no cambio

Las certezas en este domingo electoral son pocas. Más de 60 millones de personas están llamadas a las urnas entre las 8 de la mañana y las 6 de la tarde. Debido a la pandemia, el voto por correo debe subir a una cifra récord del 50% de los votos emitidos. Por lo demás, es probable que la estable y sólida Alemania tenga que estrenar en los próximos meses una coalición de gobierno nunca antes vista a nivel nacional, quizá un tripartito. Es posible, también, que las negociaciones se extiendan durante semanas y meses y, por ello, que tardemos un tiempo en saber quién será el nuevo canciller.

El tercer lugar será especialmente amargo para los Verdes, aun cuando el resultado será probablemente el mejor alcanzado nunca por la formación ecologista. Baerbock se estrelló en los últimos meses con sus propios errores, pero también con las reticencias de los votantes germanos por un cambio abrupto.

Alemania, definitivamente, no es Estados Unidos. Si hay una palabra amuleto para explicar estos comicios —como el "change" de Barack Obama en 2008—, esa es "estabilidad". Los dos candidatos que luchan por la cancillería han recorrido el país prometiendo continuidad y evocando, directa o indirectamente, el aura de la popular Merkel.

Foto: Angela Merkel. (Reuters)

El que mejor lo ha logrado, paradójicamente, ha sido el socialdemócrata Scholz y no Laschet, compañero de partido de Merkel. Scholz, actual vicecanciller y ministro de Finanzas en la Gran Coalición de CDU/CSU y SPD, no es un político carismático, pero genera en sus compatriotas la mayor confianza por las similitudes que le atribuyen con Merkel, entre ellas su pragmatismo y su sobriedad. En su afán por mimetizarse con la imagen que irradia la canciller, Scholz llegó incluso a posar para una revista haciendo el rombo, el típico gesto de Merkel juntando pulgares e índices de las dos manos.

Vapuleado por las encuestas y una serie de errores durante toda la campaña, Laschet ha entrado en la recta final apoyándose incluso directamente en la canciller. "Si quieren estabilidad, la CDU debe estar mañana en el primer lugar", dijo Laschet el sábado en su último acto electoral, flanqueado por Merkel. Si pierde, el futuro para Laschet, de 60 años, podría ser incierto como líder de la CDU.

Merkel en campaña en la recta final

Merkel ha entrado en campaña solo en el tramo final tras haber asegurado durante mucho tiempo que se mantendría al margen, a todas luces alarmada por que una posible derrota histórica de su partido empañe su legado. "Se trata de que Alemania siga siendo estable", dijo la canciller en Aquisgrán, la tierra natal de Laschet. "No da igual quién gobierne", aseguró. La CDU/CSU podría obtener este domingo el peor resultado de su historia, independientemente de si queda primera.

De confirmarse, la debacle del que muchos consideran como el último gran partido conservador europeo mostrará que también para Alemania ha llegado una era de mayor fragmentación e inestabilidad política. La CDU/CSU seguiría así el doloroso derrotero del SPD. Ambos partidos obtendrán este domingo posiblemente un resultado por debajo del 30%, una cifra muy inferior a los porcentajes de más del 40% con los que solían ganar elecciones en el pasado.

Se espera, por otro lado, que el adiós definitivo de Merkel tarde aún un poco en llegar. La canciller seguirá en el cargo de forma interina hasta que haya un nuevo gobierno y es posible que este no tome forma tan rápido. Ya el último mandato de Merkel arrancó casi seis meses tras las elecciones de septiembre de 2017, debido a las arduas negociaciones de coalición.

¿Podría acabar el segundo siendo el primero?

Y el escenario podría ser más complejo esta vez. La debilidad de los dos grandes partidos podría hacer inevitable el tripartito en el Ejecutivo. En caso de que gane el SPD, la coalición vista con mejores ojos por muchos votantes y por el sector empresarial es el "semáforo", formada por socialdemócratas, verdes y liberales. Otra opción para Scholz sería el tripartido de izquierda (SPD, Verdes y La Izquierda), una alianza que hace frente a mayores recelos por las posiciones más radicales de la Izquierda.

Laschet, por su parte, apostaría posiblemente por la coalición "Jamaica", conocida de esa forma por los colores de la bandera de ese país, y que estaría conformada por CDU/CSU, verdes y liberales.

Foto: Angela Merkel pronuncia un discurso. (Reuters)

Un papel protagónico recaerá posiblemente en el FDP y su líder Christian Lindner, que podría convertirse en el "king-maker" al optar por un canciller Scholz o un canciller Laschet. En Alemania se baraja en estos momentos incluso la posibilidad de que el candidato cuyo partido quede segundo sea al final el que consiga al final armar la coalición gracias a sus mejores habilidades de negociador.

No sería la primera vez en la historia de la república federal: en 1969, el primer canciller socialdemócrata, Willy Brandt, forjó una coalición de gobierno con los liberales, pese a que los conservadores habían cruzado la meta en primer lugar. En las próximas semanas, por eso, será decisiva también la capacidad negociadora de los partidos.

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