“Hay una esquizofrenia que resolver”: autores mexicanos, contra el rechazo a lo español
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El prisma de la Conquista

“Hay una esquizofrenia que resolver”: autores mexicanos, contra el rechazo a lo español

Los académicos, alejados del debate político de buenos y malos, exigen un estudio sereno del pasado del país

placeholder Foto: Un pedestal vacío donde antaño se encontraba la estatua de Cristóbal Colón, en la Ciudad de México. (Reuters)
Un pedestal vacío donde antaño se encontraba la estatua de Cristóbal Colón, en la Ciudad de México. (Reuters)

Octavio Paz, premio Nobel de Literatura mexicano, lo decía alto y claro. “Apenas Cortés deje de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente —un personaje histórico—, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena”, escribía el también premio Cervantes. “Cortés divide a los mexicanos, envenena a las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos. El odio a Cortés no es odio a España: es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vernos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación de México con su otra mitad”, sentenciaba.

El 16 de septiembre de 1810, se iniciaba el proceso de la independencia mexicana que acabó 11 años después, el 27 de septiembre de 1821. En breve se cumplirán, por lo tanto, los 200 años de la independencia de México sin que el país haya sido capaz de conseguir eso que el gran mito de las letras mexicanas reclamaba como una serena confrontación con el espejo. El oficialismo mexicano tras el fracaso de su revolución, convertido 'de facto'' en 'dictadura democrática' del Partido Revolucionario Institucional (PRI, el nombre ya dice tanto), generó en el mundo escolar e institucional una historia con dos malos prominentes sobre los que asentar la nueva patria: el español Hernán Cortés y el mexicano Porfirio Díaz.

Foto: El presidente Andrés Manuel López Obrador celebra "el Grito", la conmemoración anual de la independencia mexicana de España. (Reuters)

Ese maniqueísmo histórico se ha alimentado durante décadas desde lo público. Sin embargo, más allá del ruido que generan hoy muchas soflamas de carácter político con gran repercusión mediática, hay también en México un importante revisionismo histórico entre historiadores e investigadores mexicanos que contradicen el modo de analizar su pasado. No se trata de señalar si Cortés y la Conquista fueron buenos o malos, sino de analizar hechos históricos bajo el prisma de los siglos XVI al XIX más que con el de los siglos XX y XXI. Hay un amplio México académico que cuestiona el relato de esa historia oficial entre el incesante e interesado ruido político. Todas las frases siguientes son testimonios de importantes historiadores y analistas mexicanos, algunos recogidos en primera persona, que hablan del pasado de su país.

Matute: "México tiene una esquizofrenia de identidad que debe resolver"

"México tiene una esquizofrenia de identidad que debe resolver. Hace falta un debate sereno del pasado. No hay una calle de Hernán Cortés ni puede haberla. México en el siglo XIX genera un rechazo permanente del colonialismo. Todo lo extranjero era invasor y por tanto enemigo de la patria”, me explicó en diversas entrevistas Álvaro Matute, reputado historiador y miembro de Real Academia Mexicana de la Historia, fallecido en 2017.

placeholder El historiador y autor mexicano Enrique Krauze. (EFE)
El historiador y autor mexicano Enrique Krauze. (EFE)

“¿Cómo vislumbro el año 2021? Lo veo como una gran oportunidad para la obra de los historiadores. Debemos luchar contra la politización de la historia. Buscar y practicar una historia para el saber, no para el poder. Menos estatuas, más estudios. Contra los hispanistas y los indigenistas (ambos representantes del fanatismo de la identidad), lo que necesitamos es conocimiento histórico y búsqueda honesta de la verdad histórica”, ha escrito el escritor e historiador mexicano Enrique Krauze en un artículo titulado “La imagen de Cortés a través de los siglos”. En el texto, habla de un aspecto poco valorado de lo que fue la Conquista: “Hay que recobrar a España y a México como los dos ejes de la globalidad. Ahora todo el mundo habla de ella, pero fue España la que la inventó. Cortés fue un personaje central en ella y México un gran eje de esa realidad que, en muchos sentidos, es semejante a la nuestra”.

Loaeza: "Si queremos entender nuestra historia, no hay peor camino que mirar con los ojos de hoy los acontecimientos de ayer"

“A quinientos años de la llegada de Hernán Cortés a Tenochtitlán —la capital del Imperio azteca— y de su destrucción, los mexicanos todavía no nos ponemos de acuerdo. No sabemos si mirarla como una gran gesta heroica o como una devastadora tragedia. Prevalecen las interpretaciones extremas: Cortés es considerado un genio de inigualable audacia o un criminal dominado por la ambición de poder. En cuanto a la presencia española en México, unos dicen que el virreinato fue una era de gloria en la que se forjó el mestizaje que es una orgullosa identidad mexicana; otros, que la Colonia fue una época oscura en la que se forjó un mestizaje superficial, incómodo con sus raíces indígenas”, inicia un artículo titulado “1521, ¿500 años de tiempo presente?”, publicado en la revista 'Nexos', de la historiadora e investigadora mexicana Soledad Loaeza.

Foto: Pedestal donde se encontraba el monumento a Cristóbal Colón. (EFE)

La misma historiadora mexicana, en otro párrafo, dice: “Lo que entiendo menos es por qué traer a este debate a los españoles de hoy, pues creo que el esclarecimiento del destino de nuestro pasado indígena es un asunto entre mexicanos en el que los españoles juegan, si acaso, un papel secundario”. La académica concluye diciendo: “Nadie pone en duda que la Conquista fue un evento cataclísmico para los pueblos indígenas, para su civilización y para su historia; pero si queremos entender la nuestra, no hay peor camino que mirar con los ojos de hoy los acontecimientos de ayer”.

Navarrete: "La Conquista de México no fue fundamentalmente una victoria española"

Federico Navarrete, historiador mexicano, incide también en otro aspecto confuso de la Conquista. ¿Realmente 200 españoles derrocaron el imperio azteca o Cortés fue solo el comandante de una tropa de otras sometidas tribus indígenas que luchaban contra su dominador azteca? “La guerra de 1519 a 1521 debe ser comprendida al revés de como la hemos explicado hasta ahora. La Conquista de México no fue solo la derrota de los mexicas. Tampoco fue fundamentalmente una victoria española. Los expedicionarios no controlaron esta guerra ni impusieron con ella, de manera decisiva, su poder sobre los mesoamericanos en su conjunto. Eso vendría después”, recuerda el autor.

“Los vencedores de 1521 fueron una coalición interétnica, 99% mesoamericana, con decenas de grupos aliados, como los tlaxcaltecas y texcocanos, que destruyeron a los mexicas por sus propias razones y objetivos. Los españoles, menos del 1% de esta coalición, dependían por completo de sus provisiones y apoyo bélico, por lo que no mandaban sobre ella. La idea de que sí lo hacían es una ficción histórica y jurídica construida por Cortés en sus cartas de relación. Lo que hicieron fue catalizar su construcción y aprovecharla en su beneficio. En igual medida, los aliados manipularon y aprovecharon la capacidad de violencia española”, añade.

Tenorio: "Lo que estaba pasando no era nada nuevo. Otro grupo se imponía por las armas, cobraba tributo y exigía fidelidad a sus dioses"

“La victoria viró gradualmente en una prolongada dominación española, impuesta, sí, por las armas, pero sobre todo favorecida por la debacle demográfica, por las contradicciones internas de las distintas sociedades indígenas, por la amenaza de la frontera chichimeca, por la capacidad de absorber a las élites indígenas, de crear alianzas con la amenaza de la cruz y la espada, por las propias contradicciones españolas que llevan a la alianza de indígenas con órdenes religiosas y con la Corona misma ante las aspiraciones de los conquistadores y sus descendientes; también por el papel de los intermediarios bilingües o trilingües, sobre todo mujeres y esclavos negros, cuya suerte dependía de su capacidad de hacerse mediadores entre distintos grupos. Además, lo que estaba pasando no era nada nuevo. Otro grupo se imponía por las armas, cobraba tributo, exigía servicio y fidelidad a sus dioses. Había que acomodarse, como siempre. Y el acomodo, como siempre, fue violento pero sorprendentemente duradero”, explica el historiador mexicano Mauricio Tenorio.

Foto: Acceso a la residencia de la embajadora de México en La Paz. (Reuters)

Los investigadores, a partir de esa conquista con componentes idénticos a los de otras conquistas pasadas y futuras en otras partes del mundo, apuntan al hecho más novedoso de este proceso en América que fue el mestizaje: “Hubo abusos, también ley y justicia; hubo nuevas conquistas conjuntas de españoles e indígenas, también derrotas y conflictos internos; triunfó la cruz, pero ni se dejó de perseguir la herejía ni la cruz volvió a ser la misma que antes del contacto; ganaron algunos peninsulares y criollos que se hicieron ricos, alguna nobleza indígena que mantuvo sus fueros y privilegios, y perdieron las mayorías, los plebeyos, incluyendo los esclavos negros que fueron traídos. Al clarear el siglo XVIII, aquel nuevo mundo era en verdad nuevo por ser al mismo tiempo la destrucción y la renovación tanto de lo viejo prehispánico como de lo viejo español. Y lo demás es historia. De esos polvos, estos lodos”, señala Tenorio.

Vasconcelos: "Limpiar el pasado es la única garantía de un presente honesto y decoroso, de un futuro redimido"

Otro de los grandes mitos de la intelectualidad mexicana, José Vasconcelos, se convirtió en un extraño defensor para la época de la figura de Cortés y exigía un nuevo análisis histórico: “Limpiar el pasado es la única garantía de un presente honesto y decoroso, de un futuro redimido”. El que fuera ministro de Educación y rector universitario del México pos-revolucionario de inicios del siglo XX señalaba a los anglosajones como fomentadores de la leyenda negra que acompaña a lo español: “El más grave daño moral que nos han hecho los imperialistas nuevos es el habernos habituado a ver en Cortés un extraño. La figura del conquistador cubre la patria del mexicano, desde Sonora hasta Yucatán y más allá de los territorios perdidos por nosotros, ganados por Cortés”.

Gascón: "Haría mucho bien a este país hacer un monumento en una esquina de la avenida Reforma a Moctezuma y en la otra a Cortés"

Los españoles han sido muy injustos con Hernán Cortés”, me dijo Julián Gascón, exgobernador, exsenador mexicano y presidente del Patronato del Hospital del Niño Jesús, en cuya iglesia contigua reposan abandonados tras una pequeña losa solo con su nombre los restos del conquistador extremeño.

Gascón, al que tuve la oportunidad de entrevistar dos veces en su despacho, donde hay algunos muebles que pertenecieron a los Cortés y en cuyos pasillos del hospital reposa el único busto del explorador que hay en toda la Ciudad de México, narraba una curiosa anécdota sobre aquel busto que describe la esquizofrenia de este asunto en México. “En 1981, invité al entonces presidente de la República, José López Portillo, a inaugurar los trabajos de rehabilitación del hospital y le hice una polémica propuesta. 'Señor presidente, sé que es controvertido, pero puse un busto de Cortés en el hospital que voy a cubrir y le pido que usted lo devele públicamente'. Él me contesto que eso sería muy polémico y me preguntó qué pensaba. Yo le respondí que haría mucho bien a este país hacer un monumento en una esquina de la avenida Reforma a Moctezuma y en la otra a Cortés. Él se rio y me contestó que tenía razón”.

Foto: Relieve tiroteado de Hernán Cortés en México. (Foto: Javier Brandoli)

Llegó el día de la inauguración y Gascón recuerda así lo ocurrido: “Entró, vio una figura tapada por un velo y me preguntó bajito si era ese el busto. Le dije que sí y se paró un tiempo para observar hasta que finalmente lo destapó y siguió su camino. Se montó un escándalo enorme con la prensa al día siguiente. Le atacaron por todos los lados”, recordaba sonriendo el exsenador mexicano.

Años después de esa primera conversación de 2015, no solo en Ciudad de México sigue sin haber la estatua de Cortés que reclamaba el exsenador mexicano, sino que recientemente el municipio ha decidido retirar de la avenida de la Reforma, principal avenida de la ciudad, la estatua que había en una glorieta de Cristóbal Colón. La figura del almirante genovés, que frecuentemente estaba manchada con pintura roja o acompañada de palabras como 'genocida', parece que será trasladada a un parque del adinerado barrio de Polanco y será sustituida por el busto de una mujer olmeca, una cultura mesoamericana que desapareció alrededor del año 400 a.C. y que se considera precursora de otras culturas precolombinas.

Octavio Paz, premio Nobel de Literatura mexicano, lo decía alto y claro. “Apenas Cortés deje de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente —un personaje histórico—, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena”, escribía el también premio Cervantes. “Cortés divide a los mexicanos, envenena a las almas y alimenta rencores anacrónicos y absurdos. El odio a Cortés no es odio a España: es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vernos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación de México con su otra mitad”, sentenciaba.

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