Ya no es algo marciano: EEUU comienza a tomarse los ovnis en serio
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Reconocen que el fenómeno existe

Ya no es algo marciano: EEUU comienza a tomarse los ovnis en serio

El Pentágono se prepara para presentar al Comité de Inteligencia del Senado de EEUU un reporte sobre avistamientos de estos objetos, sin que eso implique hablar de alienígenas

placeholder Foto: Un cartel durante la celebración de un encuentro junto al Área 51 de EEUU en 2019. (Reuters)
Un cartel durante la celebración de un encuentro junto al Área 51 de EEUU en 2019. (Reuters)

En los próximos días, nos guste o no, vamos a oír hablar mucho de ovnis. El Pentágono se prepara para presentar al Comité de Inteligencia del Senado de EEUU el informe de su grupo de trabajo sobre los llamados “fenómenos aéreos no identificados”, sobre cuyos resultados ofreció un avance el 'New York Times'. Altos cargos se han comprometido a “revelar todo” lo que el Gobierno estadounidense sabe sobre esta cuestión. Pero no esperen grandes sorpresas: el informe no proporciona evidencias de vida extraterrestre. Al mismo tiempo, admite que existe una fenomenología para la que por ahora no existe explicación y que inquieta a las autoridades del país.

En los últimos meses, el goteo de desclasificaciones de vídeos y de altos funcionarios que se ha pronunciado al respecto, desde los senadores Marco Rubio y Harry Reid al exdirector de la CIA John Brennan, no ha dejado de crecer. El de más alto rango probablemente sea el expresidente Barack Obama, que este mes admitió en una entrevista en la CBS: “Lo que es cierto, y ahora lo digo en serio, es que hay metraje y grabaciones de objetos en el cielo que no sabemos exactamente lo que son”.

El pasado 16 de mayo, el prestigioso programa ‘60 Minutes’ estuvo en buena parte dedicado a este asunto. El periodista Bill Whitaker entrevistó a varios funcionarios y militares estadounidenses, incluyendo al senador Rubio, al antiguo vicesecretario adjunto de Defensa para cuestiones de inteligencia Chris Mellon y a varios pilotos de la Armada que habían experimentado encuentros con estos objetos voladores. Uno de ellos, David Fravor, describió cómo en noviembre de 2004 uno de estos aparatos comenzó a imitar sus movimientos. “Quería ver cuán cerca podía llegar, así que empiezo a bajar”, explicó Fravor en cámara. “Y cuando se coloca justo delante mío, simplemente desaparece” debido a un proceso de aceleración difícil de explicar. Otro de ellos, Ryan Graves, aseguró que él y su equipo estuvieron viendo estos objetos “cada día durante al menos un par de años”, en 2014 y 2015.

Foto: Las agencias de inteligencia de Washington presentarán un informe este mes

Así, poco a poco, se está rompiendo el tabú que durante décadas ha prevalecido en el aparato estatal estadounidense, debido en gran medida a la asociación inmediata entre la palabra “ovnis” con “extraterrestres”. Un tabú que ha impedido que se investigue seriamente lo que está sucediendo y sobre lo que, advierten muchos cargos importantes, ya no cabe dudar a estas alturas. “Quiero que esto se tome en serio”, declaró Rubio en ese mismo programa, “que haya un proceso para analizar los datos cada vez que llegan. Que haya un lugar donde esto sea catalogado y analizado de forma constante, hasta que tengamos algunas respuestas. Tal vez haya una respuesta simple. Tal vez no”.

El Pentágono, de hecho, creó hace 15 años una iniciativa en este sentido llamada Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas (AATIP), tal y como reveló el 'New York Times' en 2017 tras años de negativas oficiales. Y, para evitar el estigma asociado al término “OVNI”, el Gobierno de EEUU ha empezado a referirse a estos incidentes como “Unidentified Aereal Phenomenon” (fenómenos aéreos no identificados) o UAP (lo que ha hecho que algunos aficionados a la ufología hispanos hayan empezado a hablar de 'guapos', pese a que la formulación correcta sería 'FANI').

Investigaciones globales

Una de las autoras de dicho artículo en el 'NYT' es Leslie Kean, una antigua periodista de investigación que desde hace década y media se dedica a trabajar este fenómeno desde lo que ella describe como una perspectiva “agnóstica”, sin asumir que estos objetos sean una tecnología creada en otros planetas como hacen por defecto la mayoría de los ufólogos, pero sin descartarlo tampoco de raíz. La epifanía de Kean ocurrió en 2007, cuando descubrió que Francia acababa de hacer justamente lo que Estados Unidos aparentemente rechazaba de plano: crear una comisión de expertos para estudiar estos incidentes y sus implicaciones para la seguridad nacional, que incluía a nombres como el profesor André Lebeau, exdirector del Centro Nacional de Estudios Espaciales, o el general Bernard Norlain, exdirector del Instituto de Altos Estudios de Defensa Nacional. El resultado de este grupo de trabajo fue el llamado Informe COMETA (que se puede consultar aquí en inglés y francés), que en su introducción llamaba a “despojar al fenómeno OVNI de su capa irracional”.

“Sin lugar a dudas, el fenómeno continúa y el número de avistamientos, que carecen completamente de explicación a pesar de la abundancia y la calidad de los datos acerca de ellos, está creciendo en todo el mundo”, indica el informe, que analiza múltiples testimonios de testigos considerados creíbles, tanto en tierra como desde el aire, así como datos de radar y satélites. El documento relata casos desde los años 50 ocurridos no solo en Francia, sino también en Reino Unido, EEUU, Argentina, Madagascar, Rusia e Irán, y realiza un resumen sobre las iniciativas de investigación llevadas a cabo en otros países.

El informe, que proporciona explicaciones naturales para algunos incidentes, destaca por el alto grado de implicación oficial: en la recogida de datos participaron la Gendarmería Nacional de Francia, la Fuerza Aérea y la Autoridad de la Aviación Civil, entre otros organismos. Y en la fase de análisis, sus integrantes, muchos de ellos reconocidos científicos galos, plantean una serie de hipótesis sobre el carácter de estos incidentes —desde que se trate de fenómenos naturales aún desconocidos hasta que sean, efectivamente, visitantes extraterrestres—, analizando y generando interrogantes sobre sus posibles formas de propulsión, los efectos sobre las personas y vehículos que se topan con ellos e, incluso, sus intenciones.

El caso de Francia no es el único: desde su creación en 1964, el Ministerio de Defensa del Reino Unido mantiene una unidad de estudio de fenómenos aéreos no identificados, el Departamento 2a de la división aérea, conocido como el Sec(AS)2a. En Rusia, la Academia de las Ciencias también ha llevado a cabo investigaciones al respecto desde al menos 1979. En Chile existe el llamado Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos (CEFAA), dependiente del Gobierno, por mencionar solo algunos casos.

Para Kean, leer el Informe COMETA —publicado en Francia bajo el título 'Los OVNI y la Defensa: ¿para qué debemos prepararnos?'— supuso un antes y un después en su vida. Desde entonces se ha dedicado a recoger testimonios confiables en nueve países diferentes, desde Australia hasta Portugal, que plasmó en un reciente libro. Su trabajo refleja episodios como la gran oleada de avistamientos en Bélgica entre 1989 y 1991, en la que policía y autoridades documentaron un total de 143 incidentes, o dos simulacros de combate entre ovnis y cazas de las fuerzas aéreas de Irán y Perú en 1976 y 1980, respectivamente.

Foto: La CIA publica todos sus casos ovni. (CIA)

Al mismo tiempo, Kean se dedicó a hacer campaña para que su propio Gobierno llevase a cabo una investigación semejante a nivel oficial. ¿Por qué no era posible, se preguntaba, hacer lo mismo que en ultramar? Su sorpresa llegó al descubrir, en 2017, que EEUU había iniciado dicho esfuerzo prácticamente al mismo tiempo que se publicaban las conclusiones de los franceses. El citado programa AATIP había sido clausurado en 2012, pero algunos miembros de la Administración presionaron para que estas tentativas no cayesen en saco roto. En el verano de 2020, el vicesecretario de defensa estadounidense David Norquist anunció la existencia formal del llamado Grupo de Trabajo de Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPTF), que trata de recopilar toda la información en este campo recogida por las diversas instituciones gubernamentales del país. Y, debido a una oscura cláusula introducida durante la aprobación de los presupuestos del programa de ayudas para la crisis del coronavirus, este organismo está obligado a presentar sus resultados este mismo año. La fecha elegida es el próximo 25 de junio.

Hubo encubrimiento, pero no como crees

En este contexto, Kean se ha convertido en una pequeña celebridad. A finales de abril, la revista 'The New Yorker' dedicó un largo artículo a las razones por las que el Pentágono ha empezado a otorgarle peso al fenómeno OVNI, y que otorga un espacio prominente a esta investigadora. Pero el reportaje también hace un largo recorrido por las múltiples iniciativas llevadas a cabo por el Gobierno estadounidense para analizar y procesar estos incidentes, como el llamado Proyecto Signo, creado en 1947 ante el temor de que de algún modo la URSS hubiese tenido acceso a tecnología hiperavanzada que le otorgase una ventaja estratégica decisiva (documentos desclasificados tras la caída de la URSS han demostrado que el mismo miedo existía al otro lado del telón de acero). A este programa le siguió el llamado Proyecto Libro Azul, mucho más célebre que su antecesor, que rápidamente determinó que un asombroso 22% de los casos estudiados carecía de explicación.

La CIA llegó a la conclusión de que el verdadero problema era el aluvión de informaciones sobre avistamientos de ovnis, lo que podía llevar a que verdaderas incursiones enemigas pasasen desapercibidas

Al mismo tiempo, en 1953, la CIA creó un grupo de expertos (el Panel Robertson, por el científico que lo encabezaba) que llegó a la conclusión de que el verdadero problema no eran las posibles visitas extraterrestres, sino el aluvión de informaciones sobre avistamientos de ovnis, lo que podía llevar a que verdaderas incursiones enemigas —como la penetración de aviones espía soviéticos— pasasen desapercibidas. De modo que el Gobierno estadounidense llevó a cabo un esfuerzo sistemático para desacreditar estos testimonios, que culminó en el conocido Informe Condon de 1966, llamado así por Edward U. Condon, el físico encargado de redactar sus conclusiones, en las que indicaba que los avistamientos debían ser interpretados ante todo como metáforas de las ansiedades de la época ante los temores a una guerra nuclear o a los avances tecnológicos. En 1970, el Proyecto Libro Azul fue clausurado definitivamente.

De esta manera se impuso un profundo estigma hacia cualquiera que reportase un incidente de este tipo, y probablemente no falten las buenas razones para ello. En primer lugar, folcloristas y antropólogos modernos han encontrado una correlación directa entre la cultura popular y el aumento en el número de avistamientos, como sucedió en los años 90 con el éxito internacional de la serie ‘Expediente X’. Y, en segundo lugar, porque la ufología ha sido durante largo tiempo campo abonado para los chalados. “Empiezo entrevistas con fuentes que parecen lúcidas y prudentes y que insisten, como Kean, en que solo están interesadas en los datos comprobados y que solo usan el término ‘ovni’ estrictamente en sentido literal, donde simplemente no sabemos si esos objetos son naves espaciales o drones o nubes. Una hora después, me revelan que los alienígenas han estado viviendo en bases secretas bajo el océano por millones de años, alteraron genéticamente a los primates para que se convirtieran en nuestros ancestros, y le enseñaron contabilidad a los sumerios”, escribe irónicamente Gideon Lewis-Kraus en el mencionado artículo en 'The New Yorker'.

Foto: satelite-trenes-starlink-luces-cielo-elon-musk

En el libro de Kean, experimentados pilotos se quejan de que mencionar estos episodios puede suponer el final de una carrera profesional, porque nadie quiere poner la responsabilidad que supone un avión de pasajeros en manos de alguien que “ve cosas”, pero al mismo tiempo eso hace que se pierdan muchos testigos valiosos que se niegan a reportar lo que ven por miedo a las consecuencias. Y esa parece ser la motivación subyacente bajo el cambio de actitud de las autoridades estadounidenses. “Nos tomamos los informes sobre incursiones en nuestro espacio aéreo por cualquier aeronave, identificada o no, muy en serio y las investigamos todas”, dijo hace dos semanas la portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki al ser preguntada por el trabajo del UAPTF.

Hay que tener en cuenta que esto está sucediendo en un momento en el que el mundo avanza a pasos agigantados hacia otra carrera armamentística, en la que Rusia, China y Estados Unidos compiten en apartados como el armamento hipersónico. Según las fuentes del 'New York Times' citadas en la exclusiva de este pasado jueves, “hay preocupación entre los funcionarios militares y de inteligencia [estadounidenses] de que China o Rusia puedan estar experimentando con tecnología hipersónica” o de otro tipo, y que, si ese es el caso, está clarísimo que el desarrollo militar de esos países ha superado ampliamente al de EEUU. Lo único que el Gobierno estadounidense tiene claro, por ahora, es que esos aparatos no son parte de ninguno de sus propios programas experimentales.

Por lo pronto, sabemos que el informe que se publicará el día 25 analiza 120 episodios recogidos por las propias fuerzas armadas estadounidenses, así como varios más analizados por las autoridades de otros países. El documento contiene un anexo secreto que no será desclasificado, lo que probablemente continuará alimentando las acusaciones de encubrimiento gubernamental que han proliferado durante décadas. Al contrario de lo que algunos esperaban, el informe no demostrará que Estados Unidos “sabe” que llevamos años siendo visitados por inteligencias extraterrestres, pero al mismo tiempo abre la puerta a que el fenómeno pueda ser estudiado con seriedad a partir de ahora. En definitiva, no cambia nada, pero quizá, para muchos, lo cambie todo.

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