Coordenadas | ¿Es este el fin de la democracia en Nicaragua?
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Ortega elimina a sus rivales

Coordenadas | ¿Es este el fin de la democracia en Nicaragua?

El arresto de 13 líderes opositores, entre ellos varios candidatos a la presidencia, ha acabado con cualquier apariencia de democracia en un país bajo el control total de Daniel Ortega y Rosario Murillo

placeholder Foto: El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. (Reuters)
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, junto a su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo. (Reuters)

Nicaragua se está quedando sin voces opositoras. El presidente del país, Daniel Ortega, y su mujer, la vicepresidenta Rosario Murillo, se están asegurando de ello. Desde el inicio de junio, las autoridades del país han arrestado a 13 importantes figuras de la oposición, entre ellos varios posibles candidatos a la presidencia en las elecciones que se celebrarán el próximo 7 de noviembre y figuras históricas del sandinismo, la ideología revolucionaria nicaragüense que, supuestamente, lidera Ortega al frente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Los arrestos han desatado las alarmas de la comunidad internacional ante lo que parece el final de cualquier apariencia democrática en la nación centroamericana, un broche final a la masiva represión gubernamental que comenzó a raíz de la oleada de protestas de 2018. El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, considera que las detenciones revelan "la verdadera naturaleza de la dictadura de Ortega", mientras que el Gobierno nicaragüense ha exigido la "no injerencia de cualquier Gobierno extranjero" en sus asuntos internos. ¿Cómo se ha llegado hasta este punto y qué podemos esperar del futuro de Nicaragua?

Foto: La Policía de Nicaragua. (Reuters)

En breve

La operación comenzó el 2 de junio con el arresto de Cristiana Chamorro, una periodista de 63 años no aliada con ningún partido y considerada como la candidata con mayores posibilidades de unir a la fragmentada oposición para vencer a Ortega en las elecciones de noviembre, como ya lo hizo su madre, la presidenta Violeta Chamorro, hace más de 20 años. La policía antidisturbios allanó su casa mientras ella se preparaba para una conferencia de prensa virtual y la puso inmediatamente en arresto domiciliario.

Cuatro días después de la operación contra Chamorro, fue detenido otro precandidato, Arturo Cruz, y tres días después, en la que fue denominada como "la noche de los cuchillos largos" —en referencia a la famosa purga hitleriana de 1934— cuatro líderes opositores más fueron arrestados. La semana continuó con otras dos detenciones y culminó con la redada más simbólica imaginable. El domingo 13 de junio, cinco destacados críticos del Gobierno fueron puestos tras las rejas o recluidos en su domicilio. Tres de ellos son líderes guerrilleros sandinistas que lucharon codo con codo con Daniel Ortega en la revolución sandinista que terminó alzándolo al poder: Dora María Téllez, la célebre 'Comandante 2' que dirigió el asalto al Palacio Nacional de Nicaragua en 1978 y asestó un golpe político y mediático mortal para el régimen somocista; Hugo Torres Jiménez, quien participó en una operación que logró una liberación de rehenes sandinistas entre los que se encontraba Ortega, y Víctor Hugo Tinoco, otro exguerrillero histórico que fungió como vicecanciller en el primer Gobierno del presidente que ahora ordenó su arresto.

Estos últimos arrestos, de enorme peso simbólico, elevaron a 13 el número de detenidos. Momentos antes de ser arrastrado por las fuerzas de seguridad, Torres resumió a la AP el sentimiento que reina hoy en Nicaragua: "Esto no es una transición a la dictadura, esta ya es una dictadura pura y dura"

Contexto

Opositores, activistas y organizaciones de Derechos Humanos han señalado desde hace más de una década que Ortega utiliza la presidencia para erosionar los mecanismos democráticos de Nicaragua y perpetuarse en el poder. El mandatario se ha asegurado, por ejemplo, de colocar a aliados cercanos y leales al frente del Ejército, la Corte Suprema, la Fiscalía General y el Consejo Supremo Electoral, además de impulsar reformas que otorgaron un mayor poder al Ejecutivo. La polémica ya había rodeado a las elecciones municipales de 2008 y las presidenciales de 2016, cuyos resultados fueron puestos en duda por organismos internacionales. Sin embargo, los límites extremos a los que el presidente estaba dispuesto a llegar no fueron revelados hasta 2018, un año negro para la historia de Nicaragua.

En abril de ese año, una oleada de protestas sin precedentes pilló a la Administración de Ortega por sorpresa. Originalmente desatadas por el rechazo a una reforma de la Seguridad Social —la cual fue rápidamente derogada—, las manifestaciones pronto mutaron en un grito de rechazo generalizado contra el Gobierno. Acorralado, el Ejecutivo nunca contempló la posibilidad de negociar: las marchas fueron brutalmente reprimidas, con miles de arrestos, cientos de reportes de torturas y un saldo final de 325 muertos y más de 2.000 heridos, de acuerdo con la investigación conjunta de múltiples organizaciones humanitarias (a día de hoy, el Gobierno solo reconoce la existencia de 195 víctimas mortales).

Lejos de frenar el autoritarismo, estas protestas, que Ortega y Murillo siempre atribuyeron a “terroristas”, se convirtieron en una justificación para la aprobación de una serie de leyes draconianas que han sido utilizadas para reprimir cualquier tipo de disidencia contra el Ejecutivo, una de las cuales fue utilizada para arrestar a lo largo de este mes a los 13 líderes opositores. Estas medidas criminalizan incluso portar los colores de la bandera nacional, la cual se convirtió en un símbolo de las manifestaciones. Cualquiera que los exhiba en público corre el riesgo de ser arrestado. En un contexto de represión continua, más de 108.000 nicaragüenses han abandonado el país desde 2018.

Actores

placeholder El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (izq.). (EFE)
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (izq.). (EFE)

José Daniel Ortega Saavedra llegó a la presidencia por primera vez en las elecciones de 1985, las primeras celebradas tras el triunfo de la revolución sandinista que puso fin a más de cuatro décadas del sistema dictatorial de los Somoza. Se trató de un triunfo inusitado para el que había sido, probablemente, el menos conocido de los famosos Nueve Comandantes de la Revolución, alguien a quien se había elegido para liderar la junta de transición precisamente por ser considerado como inofensivo y poco carismático. Su mandato no duró mucho. En 1990, el líder guerrillero perdía la presidencia ante una coalición opositora de 14 partidos. Pero Ortega nunca se planteó desaparecer, manteniéndose firme en su puesto de jefe de la oposición, reorientando el FSLN hacia el populismo (provocando varias escisiones del partido en el camino) y teniendo la presidencia siempre en mente, la cual tardó 16 años en recuperar. A día de hoy, tras haberse convertido en el gobernante nicaragüense que más tiempo ha permanecido en el cargo (superando a cualquiera de los Somoza), el presidente parece decidido a no abandonarlo nunca más o, en todo caso, a dejarlo en manos de su mayor aliada: su esposa.

placeholder Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua. (Reuters)
Rosario Murillo, vicepresidenta de Nicaragua. (Reuters)

A Rosario María Murillo Zambrana nunca le gustó el apelativo de primera dama, que consideraba burgués y contrario a los ideales revolucionarios. Hoy en día no lo necesita, ya que tiene un cargo oficial propio: vicepresidenta de la República de Nicaragua. Incluso ese cargo se le queda corto a la esposa de Daniel Ortega, cuyo peso en el proceso de toma de decisiones del Ejecutivo se equipara con el del mismo presidente. “En la presidencia, Rosario es 50% y Daniel, 50%”, afirmó el propio mandatario en una conferencia hace años. La “eternamente leal”, como fue denominada en 2016, llegó a defender a su marido de las acusaciones de violación de su propia hija, a la que calificó de loca. Su despiadada crítica de los manifestantes de 2018, a quienes describió en reiteradas ocasiones como “traidores”, “plagas”, “insectos” o “miseria humana”, superó en intensidad a la de cualquier otro integrante del Gobierno.

Y ahora, ¿qué?

Conforme los focos de resistencia al régimen de Ortega y Murillo van cayendo uno a uno, víctimas de la represión y los arrestos, las únicas voces críticas que quedan proceden del exterior de las fronteras. De esas ha habido en grandes cantidades, con un rechazo al unísono de la comunidad internacional —con la excepción de los sospechosos habituales, como Venezuela, Cuba y China— que ha incluido las sanciones impuestas la semana pasada por Estados Unidos contra miembros de alto rango del régimen nicaragüense. La presión internacional, no obstante, no hará mucha mella en el mandato de un presidente que considera que, con tal de mantenerse en el poder, merece la pena convertirse en un paria de cara al resto del mundo.

La buena relación de Ortega con el aparato de seguridad del país garantiza, por ahora, el control que ejerce sobre todas las ramas del poder en Nicaragua. Tras liberarse de las ataduras de la democracia con el encarcelamiento de sus principales opositores, todo parece indicar que el presidente va a asegurarse unas elecciones sin rival para el próximo 7 de noviembre.

Foto: Miembros de las 'fuerzas combinadas' del Gobierno, tras acabar con la insurrección en Monimbó, Masaya, el 17 de julio de 2018. (Reuters)

Para saber más…

El proceso de ruptura entre el sandinismo y Daniel Ortega, que ha quedado plasmado como nunca antes en los recientes arrestos, no es precisamente reciente. Desde 1995, varios dirigentes históricos del movimiento se empezaron a distanciar del FSLN al considerar que el partido iba en rumbo hacia el autoritarismo. El periodista Héctor Estepa entrevistó hace unos años en esta pieza para El Confidencial a la propia Dora María Téllez para relatar la historia de esta separación del presidente y la primera dama nicaragüenses de sus raíces revolucionarias. “El FSLN prácticamente ha desaparecido. Solo queda este proyecto de dictadura dinástica de los Ortega Murillo”, advirtió la ahora presa Comandante 2.

Foto: Una manifestante enarbola un cartel que dice: "Ortega, Somoza, son la misma cosa", durante una marcha en Managua el 23 de abril de 2018. (Reuters)

Otro ángulo

Aunque es cierto que Daniel Ortega utiliza tácticas autoritarias en su intento de perpetuarse en el poder, eso no significa que no siga contando con un considerable respaldo popular. Este artículo del mismo autor recoge los testimonios de algunos partidarios del FSLN, quienes consideran que las protestas de 2018 fueron organizadas con el respaldo de Estados Unidos y aplauden a Ortega y Murillo por su respaldo a los pobres del país.

Foto: Un partidario de Daniel Ortega se dirige a una celebración del 39º aniversario de la Revolución Sandinista en Managua, el 19 de julio de 2018. (Reuters)

Para seguir el hilo…

El periodista Houston Castillo traza en este hilo de Twitter la línea de tiempo de los arrestos de los 13 líderes opositores nicaragüenses detenidos desde el pasado 2 de junio. Incluye sus nombres, cargos y, cuando es posible, las últimas declaraciones previas al encarcelamiento.

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