La segunda ola del virus toca techo en Europa y deja un saldo de más de 160.000 muertes
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¿los perdedores de la pandemia?

La segunda ola del virus toca techo en Europa y deja un saldo de más de 160.000 muertes

En la segunda ola en Europa han fallecido casi tantas personas como en la primera, pero la desafección ciudadana y la presión económica han puesto el foco en las medidas restrictivas

Foto: Un paciente de coronavirus asistido en Budapest. (EFE)
Un paciente de coronavirus asistido en Budapest. (EFE)

Desde que llegó el virus a Europa hasta finales de agosto, fallecieron casi 200.000 personas por covid en nuestro continente. En la segunda ola, que en algunos lugares como España empezó en pleno verano y en otros sitios como Italia, Francia o Alemania en septiembre, la cifra de muertos alcanza los 164.000 a finales de noviembre, momento en el que los contagios tocaron techo y empezaron a descender por toda Europa.

Pese a que son cifras similares, la imagen seis meses después no puede ser más distinta: mientras que en marzo, abril y mayo vimos hospitales a rebosar, morgues improvisadas y grandes avenidas vacías, en octubre y noviembre el foco del debate está puesto en las consecuencias económicas de la pandemia o en el número de personas que pueden cenar juntas en Navidad. Sin embargo, eso no quiere decir que la cifra de contagios y muertos por coronavirus haya sido menor ni que los países hayan combatido mejor al virus.

Foto: Imagen: El Confidencial

De hecho, esta segunda ola ha dejado dos conclusiones en Europa. La primera es que algunos de los que gestionaron con nota la crisis inicial y pudieron mantener a raya el covid, como es el caso de la mayoría de los países del este o de Alemania, han sido víctimas de su propio éxito.

"Yo lo llamo la paradoja del confinamiento temprano", explica a este periódico Tamara Popic, investigadora del Programa Max Weber en la Universidad Europea de Florencia en Políticas Sanitarias. "Mucha gente no tenía experiencia con la crisis sanitaria porque su país hizo un buen trabajo. De esa forma, restó importancia al virus. En esta segunda ola, los gobiernos del este de Europa se confiaron y tardaron en poner en marcha medidas restrictivas".

Los perdedores de la pandemia

La segunda conclusión es que no siempre se aprende de los errores. Aunque tu país fracasara en la lucha contra el virus en la primera embestida, puede haber sucumbido de nuevo en este segundo arreón. Es el caso de Bélgica, Italia, España, Francia o EEUU. "La comunicación de los gobiernos en la gran mayoría de los países ha sido muy mala y ha causado una desafección entre sus propios ciudadanos. Por mucho que pongas medidas restrictivas, si la gente está cansada y no las cumple no sirve de nada", añade Popic.

Al contrario de lo que sucedió en la primera ola, estos países han conseguido evitar el colapso de sus hospitales gracias, entre otras cosas, a una mejora en los tratamientos a los pacientes leves y graves. Además, los nuevos casos están más repartidos por todo el territorio y es más difícil que un punto en concreto se colapse. Pero han registrado cifras de muertes similares a las de la primera ola, los contagios se han disparado y han sido incapaces de llevar un rastreo efectivo.

Una buena forma de ver cómo estos países han sido los perdedores de la pandemia es a través de este gráfico animado, que muestra los 20 países de más de cinco millones de habitantes con más muertes acumuladas por millón desde el inicio hasta el 30 de noviembre, según los datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins. Además, también incluye la evolución de China, que ha registrado 4.743 fallecimientos desde enero, solo 3,39 por millón de habitantes. Muchos ponen en duda esos datos, así como los proporcionados por algunos países en América Latina.

Del resto de países, 10 son europeos y nueve americanos. Solo Irán no pertenece a uno de esos dos continentes.

Los países europeos ocupan los primeros puestos de la lista desde la primera ola. Bélgica, cuya cifra oficial de fallecimientos ha incluido desde el principio también a los muertos que podían haber muerto por covid, acumula ahora mismo casi 1.500 fallecimientos por millón. Bruselas siempre ha acusado de forma velada al resto de países de no publicar las cifras de muertes reales. Reino Unido, Italia y España están entre los 800 y los 1.000, tras el crecimiento provocado en los últimos meses por la segunda ola de la pandemia.

Fuera de Europa, Perú es el único país no europeo entre los cinco primeros. Allí ha habido hasta el momento más de 1.000 muertes por millón de habitantes. Argentina, México, Brasil y Chile superan las 800. Igual que Estados Unidos, que es, con diferencia, el país con más muertes totales desde el inicio de la pandemia: más de 280.000.

A estas alturas, preguntarse cómo es posible que la segunda ola haya sucedido en Europa pese a que era previsible puede ser una pregunta en balde. Quizá sea mejor cuestionarse: ¿Es posible evitar una tercera ola? Los casos de Italia y Estados Unidos, en distintas etapas del virus, señalan que la respuesta, al menos hasta que tengamos una vacuna, puede ser bastante pesimista.

"Tendremos una tercera ola en enero"

El miedo en Italia al inicio de esta pandemia era abrir la puerta, ahora es que te la cierren. "Viene gente que ha pasado el virus, o que lo conoce y ya sabe cómo protegerse, y su inquietud no es enfermar, es irse a un lugar remoto y que no le dejen volver", que resumía Marco Cortesella, director de la agencia romana de viajes Kaminari. No se perdió el miedo, se acostumbró solo la gente a vivir con él y a hacer crucigramas con sus propias libertades. Pero el miedo se contagia rápido, muta como los virus, y al covid-19 le faltaban titulares que hicieran girar cabezas. Este jueves 3 de diciembre cayó uno gordo: 993 muertos por el virus, récord absoluto de fallecidos.

"Hoy 993 muertos por el covid. ¿Ha comenzado ya la polémica de que los medios son demasiado derrotistas mientras las cosas mejoran rápidamente?", ironizaba el analista político Giovanni Diamanti al conocerse los datos.

Cualquier crónica social del virus, por tanto, necesitará renovarse en una semana porque el coronavirus ha enseñado que los análisis a largo plazo, como los planes de prevención, fallan. En verano, Italia era un milagro, una especie de tierra prometida libre de covid. A mediados de octubre, el ministro de salud, Roberto Speranza, tenía escrito un libro que a ultimísima hora se retiró de las librerías con este título: 'Perché guariremo' ('Por qué vamos a sanar'). Alguien pensó que presentar un libro con un título tan sugestivo, y que los pocos que lo han ojeado señalan que tenía un aire triunfalista, legislando que en la presentación había que separar sillas y prohibir canapés porque todos los indicadores de contagios se disparaban de nuevo, no era buena idea.

Foto: Un trabajador sanitario, en Roma. (EFE)

Días después, de hecho, ardían calles y contenedores de toda Italia por protestas de los negacionistas ante las primeras restricciones y el país parecía destinado a destriparse socialmente entre pobreza y estornudos. Eso también se suavizó, como se suaviza el negacionismo y la oposición a las clausuras, por el vaso comunicante que es empezar a velar muchos muertos y mantener que la causa es mentira.

Puede que los datos del nuevo récord de fallecidos sean un punto de inflexión que ha facilitado la digestión del nuevo decreto navideño del Gobierno. Los italianos hacen hoy, sabedores de que la nueva norma prohíbe los traslados entre regiones del 20 de diciembre al 6 de enero, cábalas para saber cómo podrán pasar las vacaciones en familia.

Las medidas aprobadas son una miscelánea de buenas intenciones y tirones de orejas. Hay tantas precauciones que algunas medidas cuesta entenderlas sin escuadra y cartabón delante. En Nochevieja el toque de queda se alarga de las 10 de la noche a las siete de la mañana del 1 de enero y en los hoteles, ese día, no se abrirán los restaurantes y se cenará solo en los cuartos. El 25 y 26 de diciembre, y el 1 de enero, no se podrá salir siquiera del propio municipio. Cuarentena de 10 días para los que vengan entre el 21 y el 6 del extranjero. Las estaciones de esquí abren el 7 de enero, el día que se los estudiantes regresan a la escuela...

No se abre ya la mano, ni se apela a la responsabilidad de nadie, porque ya hace tiempo que dejó de funcionar. La lección se aprendió en verano, cuando las vacaciones provocaron una estampida interna que ha devuelto al país, en lo sanitario, a la casilla de salida. La gente no es que no le tuviera miedo al virus, es que le gusta más divertirse. Tampoco las autoridades pusieron mucho empeño en controlar eso.

Unos sanitarios en Italia. (EFE)
Unos sanitarios en Italia. (EFE)

Sobrevalorar la irresponsabilidad de la gente es errado, minusvalorarla también. Una encuesta de Ipsos señala que un 59% de los italianos interpretará en Navidad las reglas para hacer lo que les dé la gana y un 54% dice que las restricciones deben mantenerse hasta que sea necesario, incluso hasta después del verano. Es posible que muchos crean que ambas cosas son compatibles.

Se creyó que el virus, la pandemia, iba a dejar un país nuevo. Y lo que ha dejado por ahora es una impensable cifra, allá por febrero cuando empezaba todo, de ya cerca de 60.000 muertos, y la demostración de que el virus tiene más memoria que los ciudadanos. No todos, hay mucha gente que ha sido y es muy responsable, pero cuesta explicar que en la primera ola fueran las regiones del norte, especialmente Lombardía, Véneto, Emilia-Romaña y Piamonte, las más afectadas por el virus, y en la segunda ola vuelvan a repetirse los resultados. Lombardía vuelve a ser la zona cero del virus en muertes y contagios. ¿No han aprendido nada? "Probablemente tendremos una tercera ola en enero", decía el responsable sanitario regional Giulio Gallera sin que se haya acabado aún la segunda.

Italia ha vuelto de lleno a la pelea de los hospitales, pero con un escenario en las calles diverso. Ya pocos se resguardan tras una ventana, ahora la trinchera es un trozo de tela en la boca. "Besos, abrazos y fiestas son impensables. No podemos permitir sociabilizar a lo loco como en agosto", ha dicho cuatro meses tarde Conte.

Un invierno de terror en EEUU

En otros países, sin embargo, la situación es aún peor. Es el caso de Estados Unidos, que tras un periodo electoral convulso, afronta ya una tercera ola devastadora y continúa batiendo récords pandémicos: no porque los números aumenten a medida que se prolonga la crisis sanitaria, sino porque su ritmo de crecimiento no deja de ganar intensidad. Los nuevos casos registrados de coronavirus superaron esta semana la barrera de los 200.000 diarios, también hay más de 100.000 personas hospitalizadas (casi el doble que en el peor momento de la primera ola) y las muertes han rebasado las marcadas el día más trágico del pasado abril. El miércoles fallecieron 2.760 estadounidenses de covid-19.

La preparación médica y el progresivo conocimiento del virus han sido clave a la hora de limitar las muertes, que, si bien han crecido, no lo han hecho a la misma velocidad que los contagios y las hospitalizaciones. Pero aquí terminaría, si comparamos esta ola con las dos anteriores, el cariz relativamente menos malo de la situación.

La preocupación por la recesión puede haber contribuido a que casi dos tercios de los estados mantengan abiertos negocios

El coronavirus se manifestó a principios de año en las ciudades costeras de Estados Unidos, dejando un reguero de sufrimiento en lugares como Los Ángeles o Nueva York, que perdió a 30.000 personas en poco más de dos meses. Una vez se aplanó allí la curva, el virus se propagó por los estados sureños, que habían practicado confinamientos breves y parciales. Miami se convirtió en el nuevo Wuhan y los hospitales de Arizona o Texas llegaron al límite. Ahora, en cambio, el virus está más repartido por todo el país, con especial acento en los estados del Medio Oeste y en el condado de Los Ángeles, que lidera los contagios con más de 400.000 casos.

Varios factores pueden explicar esta nueva debacle. Uno es el frío: la natural tendencia a permanecer en espacios interiores habría acrecentado el riesgo de contagio, como apunta el Dr. Ashish Jha, decano de la Escuela de Salud Pública de Brown University, a 'The New York Times': "Esta situación es mucho peor", dijo Jha. "El verano no va a salvarnos. Las cosas no están cerradas".

Foto: Una viajera, en el aeropuerto de LaGuardia, en Nueva York. (Reuters)

Otro, como sugiere el médico, es que las restricciones, aunque difieren según el estado, tienden hoy a ser bastante más livianas. La preocupación por una prolongada recesión económica puede haber contribuido al hecho de que casi dos tercios de los 50 estados mantengan abiertos la mayoría de los negocios. Y solo dos, California y Ohio, han implantado un toque de queda o la obligación de quedarse confinados en casa al estilo del encierro de la primavera.

Un tercer motivo sería la fatiga de la población. El desgaste emocional de una ciudadanía que ha pasado por las ansiedades de la pandemia, la mayor ola de protestas en 50 años y unas elecciones generales que ni siquiera se han resuelto del todo, merced a un presidente incapaz de reconocer su derrota. La situación puede invitar a mucha gente a evadirse, como demuestran las cifras del festivo nacional por excelencia de EEUU, el Día de Acción de Gracias.

El número de viajes en avión de la última semana de noviembre, aunque significativamente menor a la de años anteriores, llegó a su máximo nivel desde mediados de marzo: el momento en el que el coronavirus aplacó la movilidad. Los desplazamientos en coche, que siguen siendo los más habituales en este periodo, son más difíciles de calcular. La Asociación Americana del Automóvil predijo que la cifra sería parecida a la de 2019, en torno a 50 millones de viajes. La plataforma Arrivalist ha estimado que el movimiento en coche se redujo un 35% interanual.

El doctor Anthony Fauci, epidemiólogo de la Casa Blanca. (Reuters)
El doctor Anthony Fauci, epidemiólogo de la Casa Blanca. (Reuters)

La Dra. Deborah Birx, coordinadora del equipo de la Casa Blanca contra el coronavirus, reconoció estar "profundamente preocupada" por las reuniones familiares y su contexto ideal para el contagio. "Sabemos que la gente puede haber cometido errores", declaró. "Si tu familia ha viajado, tienes que contar con que has estado expuesto y te has infectado y realmente necesitas hacerte la prueba la semana siguiente".

La vacuna está a punto de desembarcar en las playas, como si fuera el 6 de junio de 1944 en Normandía, pero su avance entre las posiciones enemigas del virus será lento. Los científicos del Gobierno esperan que se recupere una relativa normalidad en torno a la primavera-verano de 2021. Hasta entonces, en palabras del Dr. Robert Redfield, jefe del Centro de Control de Enfermedades, los próximos tres meses van a ser duros: "La época más difícil en la historia de la salud pública de esta nación".

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