El último desafío del covid en EEUU: el Día de Acción de Gracias
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“Estamos alarmados”, dicen las autoridades

El último desafío del covid en EEUU: el Día de Acción de Gracias

Debido al hecho de que lo habitual, dadas las grandes distancias y la cultura individualista, es ver muy poco a la familia, esta cena en torno al consabido pavo gana todavía más peso

placeholder Foto: Una viajera, en el aeropuerto de LaGuardia, en Nueva York. (Reuters)
Una viajera, en el aeropuerto de LaGuardia, en Nueva York. (Reuters)

La festividad más importante del año en Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias, presenta esta vez dos problemas para decenas de millones de norteamericanos. Primero, es casi seguro que van a enzarzarse en un debate sobre las elecciones con algún familiar del partido contrario (quizá con el cuñado). Y segundo, y más importante, la nación se encuentra sumida en la tercera ola de la pandemia de coronavirus. El Gobierno pide a los ciudadanos que cancelen sus planes, que se queden en casa y eviten cenar con nadie que no viva con ellos. Pero, tras ocho meses de covid, la fatiga y el descrédito parecen haberse instalado en millones de hogares.

“En medio de esta fase crítica, el Centro de Control de Enfermedades recomienda que no se viaje durante el periodo del Día de Acción de Gracias”, dijo el Dr. Henry Walke, uno de los responsables de la agencia oficial epidemiológica. Walke alertó sobre el récord de nuevos casos diarios, que se acercan a los 200.000, el récord de hospitalizaciones y las más de 1.500 muertes diarias. “Estamos alarmados”.

Los médicos están preocupados por las aglomeraciones en los aviones, trenes y autobuses, además de en los grandes centros de transporte. Pero sobre todo les inquietan las grandes cenas familiares típicas de esta festividad del último jueves de noviembre; una fecha poco indicada para organizarse al aire libre.

Foto: Una sanitaria realiza un test en el parking en Dakota del Sur. (Reuters)

El Día de Acción de Gracias conmemora uno de los mitos fundacionales de Estados Unidos. El momento en el que los primeros colonos ingleses, los peregrinos del Mayflower, dieron las gracias a los nativos americanos que les habían ayudado a sobrevivir el primer año cultivando maíz y evitando las plantas venenosas. La efeméride de 1621, uno de los pocos gestos pacíficos que hubo entre los nativos y los europeos, fue oficializada por el presidente Abraham Lincoln en 1863.

La fiesta es especialmente importante dado su carácter singular, puramente americano. En otros sitios se celebran la Navidad o la Pascua, pero solo en Estados Unidos, un país que tiene de sí mismo una percepción mesiánica, existe el Thanksgiving Day. El hecho de que el norteamericano medio tenga menos de la mitad de días de vacaciones que un español, y que lo habitual, dadas las grandes distancias y la cultura individualista, es ver muy poco a la familia, esta cena en torno al consabido pavo gana todavía más peso. Es una fecha que nadie se puede perder.

Por eso están preocupadas las autoridades científicas. El año pasado por estas fechas, hubo 55 millones de desplazamientos para celebrar el festivo. Este, según las previsiones de la Asociación Americana de Automóviles, habrá casi los mismos: unos 50 millones. Solo un 10% menos que en 2019. Debido a la fatiga, la distancia entre las recomendaciones oficiales y las precauciones en la calle es cada vez mayor.

El año pasado por estas fechas, hubo 55 millones de desplazamientos para celebrar el festivo. Este, según las previsiones, habrá unos 50 millones

'The New York Times' ha preguntado a 635 epidemiólogos por sus planes para la festividad. Uno ha dicho que cenará en su garaje, con mesas separadas tres metros y las puertas abiertas para que corra el aire; otro en una tienda de campaña, con radiadores y humidificadores. Varios hablarán con sus familiares a distancia, al otro lado de Zoom o Skype. La mayoría, el 64%, solo cenarán con los miembros de su hogar, un 21% con gente de fuera y un 15% no hará nada de nada.

El Dr. Sanjay Gupta, corresponsal médico de CNN, lleva todo el año divulgando los descubrimientos sobre el virus, y dice que sus conciudadanos ya tenían que haber aprendido la lección. “El país lo vio después del Memorial Day [que honra a los militares a finales de mayo], el Cuatro de Julio y el Día del Trabajo: los aumentos de casos de covid-19 en partes del país pocas semanas después de que los americanos se reunieran con familia y amigos para celebrarlo. Nos lo advirtieron cada vez”.

Foto: Cena de Acción de Gracias. (Foto: Unsplash-Christopher Ryan)

Las únicas diferencias con esos otros festivos, dice Gupta, son que ahora ya no hace calor: este jueves las familias no se reunirán en torno a una barbacoa en un parque o en el patio trasero de una casa, dejando que el virus se lo lleven las corrientes de aire, sino que probablemente estarán en lugares cerrados y propensos al contagio. Además la pandemia es más severa: en verano afectaba, sobre todo, a un puñado de estados del sur. Ahora las infecciones crecen en 44 de los 50 estados.

La historia tampoco da consuelo. Hace exactamente 102 años, por estas fechas, los periódicos de EEUU pedían a la gente que restringiese las festividades en lo posible “para evitar otro estallido” de la pandemia de influenza, que por aquel entonces mataba a cientos de miles de personas (195.000 solo en el mes de octubre). Las advertencias fueron idénticas a las de estos días, pero una gran parte del país siguió con lo suyo y una nueva ola de contagios se desató en las semanas siguientes.

“Cada día que escucho a alguien decir que estos son tiempos sin precedentes, digo que no, que no, que no lo son”, declaró recientemente a 'USA Today' Brittany Hutchinson, comisaria asistente del Museo de Historia de Chicago. “Hicieron esto en 1918”.

En el punto de mira están, por ejemplo, las universidades, que en el verano fueron de los principales focos de contagio de Estados Unidos

En el punto de mira están, por ejemplo, las universidades, que en el verano fueron de los principales focos de contagio de Estados Unidos. Está previsto que esta semana cientos de miles de estudiantes vuelvan a sus respectivos hogares, lo que puede ser potencialmente peligroso, ya que la gran mayoría viajarán sin haberse hecho una prueba reciente de covid-19. La razón es que menos de un tercio de las universidades efectúan pruebas de manera habitual, y los movimientos masivos de gente para empezar el curso este otoño ya generaron brotes.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que va a recibir un Emmy por sus ruedas de prensa diarias durante lo peor de la pandemia en primavera, volvió a usar a su madre como ejemplo cercano de lo que hay que hacer. “No voy a ir a verte, así es lo mucho que te quiero”, dijo Cuomo, recordando una conversación con su creadora. “Mi consejo para el Día de Acción de Gracias: no os convirtáis en el pavo”.

placeholder El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. (Reuters)
El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. (Reuters)

El covid avanza en la Ciudad de los Rascacielos, que fue más castigada y que ahora tiene las medidas más estrictas. Los contagios han crecido un 93% en las últimas dos semanas y las muertes un 38% (hasta una veintena diarias). Los brotes, que se habían dado sobre todo entre las comunidades judías ortodoxas, aparecen ahora en barrios de Queens, el Bronx y Staten Island, y amenazan con devolver a la ciudad al encierro. De momento, después de haber alcanzado el 3% de positivos durante siete días seguidos, la alcaldía ha cerrado los colegios.

“El virus ha golpeado en diferentes lugares el país en diferentes momentos”, dijo a la radio NPR el cirujano general de EEUU, Jerome Adams. “Así que tenemos a gente que lleva haciendo estas cosas [tomando precauciones] desde febrero, marzo y abril, pero realmente no empezaron a ver la ola hasta más adelante. Y simplemente están cansados”. Adams alertó de que el virus es “implacable”.

El Día de Acción de Gracias también está siendo observado como un experimento para las navidades, que comienzan menos de un mes después, y es igualmente mirado desde fuera. De la disciplina personal de los norteamericanos dependerá lo que suceda en las semanas siguientes, en esta gran prueba, previsiblemente la última, antes de que las esperadas vacunas comiencen su lento desembarco.

La festividad más importante del año en Estados Unidos, el Día de Acción de Gracias, presenta esta vez dos problemas para decenas de millones de norteamericanos. Primero, es casi seguro que van a enzarzarse en un debate sobre las elecciones con algún familiar del partido contrario (quizá con el cuñado). Y segundo, y más importante, la nación se encuentra sumida en la tercera ola de la pandemia de coronavirus. El Gobierno pide a los ciudadanos que cancelen sus planes, que se queden en casa y eviten cenar con nadie que no viva con ellos. Pero, tras ocho meses de covid, la fatiga y el descrédito parecen haberse instalado en millones de hogares.

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