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La ansiedad y el cansancio se apoderan de EEUU ante un escrutinio interminable
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Elecciones presidenciales de EEUU 2020

La ansiedad y el cansancio se apoderan de EEUU ante un escrutinio interminable

Los estadounidenses llevan más de 72 horas pegados a sus pantallas para conocer un resultado electoral inminente que, de alguna manera, sigue sin llegar

Foto: Simpatizantes demócratas. (Reuters)
Simpatizantes demócratas. (Reuters)

Mientras Estados Unidos esperaba con expectación el discurso de Joe Biden este viernes por la noche, a las puertas de la Casa Blanca decenas de jóvenes celebraban su victoria bailando la Danza Kuduro, pese a que aún no se han anunciado los resultados finales. Un hippie cogió un micrófono y dijo que esto ya no iba de republicanos ni de demócratas, sino de “amor”. Pero prácticamente todo el mundo que se había acercado a esta fiesta había venido con el mismo objetivo: cantar el fin de Donald Trump.

“Es obvio que hemos ganado ya visto lo visto en Pensilvania y Nevada”, explicaba Frank, un hombre que ha venido desde Florida con otros dos amigos para vivir las elecciones en la capital. “Lo ideal es esperar a tener resultados definitivos. Claro que estamos expectantes por cantar la victoria de Biden. ¡Llevamos cuatro años esperando! Si no podemos celebrarlo hoy, lo haremos mañana".

Foto: Donald Trump. (Reuters)

Nervios, expectación y muchas ganas de conocer el resultado. Los estadounidenses llevan más de 72 horas pegados a sus pantallas para conocer un resultado inminente que, de alguna manera, sigue sin llegar. Durante el viernes, el escrutinio en Pensilvania, Georgia, Arizona y Nevada, estados aún disputados, avanzó tan lentamente que apenas cambió el mapa electoral del día anterior. Sin embargo, los miles de votos que se anunciaron sí dejaron claro una cosa: Biden está al filo de la victoria.

De hecho, la victoria parecía tan inminente que su campaña programó un discurso a la nación este viernes por la noche, pero el candidato demócrata compareció horas más tarde ante la falta de un resultado oficial. "No tenemos los resultados finales todavía, pero los números nos cuentan una historia muy convincente: vamos a ganar estas elecciones", afirmó Biden ante la atenta mirada de su compañera de ticket presidencial Kamala Harris. "Mirad lo que ha pasado en las últimas 24 horas: íbamos por detrás en Georgia y ahora vamos por delante; íbamos por detrás en Pensilvania y ahora estamos por delante. Además, ganamos en Nevada y Arizona. Vamos a superar los 300 votos electorales y lograr la mayor cantidad de voto popular en la historia de Estados Unidos".

Analizando los números, Biden está en lo cierto. A falta de un puñado de votos por escrutar, el que fuera vicepresidente con Barack Obama cada vez está más cerca de lograr matemáticamente la victoria.

Los caminos de la victoria

En Pensilvania apenas quedan un 4% de papeletas por contar y el demócrata ya le saca más de 30.000 votos a Trump. Según los expertos electorales, es muy probable que esa distancia siga aumentando hasta el final del escrutinio por las papeletas por correo, predominantemente demócratas. En Nevada, con el 93% escrutado, la diferencia a favor del exvicepresidente es de casi 23.000 votos y sigue la misma tendencia que en Pensilvania. La ventaja en Arizona es de casi 30.000 y en Georgia de 4.400.

Pese al ambiente de celebración de algunos, el cansancio tras tres días agónicos de escrutinio interminable empieza a hacer mella en Estados Unidos. Durante meses, los medios de comunicación han alertado de que la pandemia iba a generar una ingente cantidad de voto por correo que tardaría días en procesarse. Pero ahora, con muchos demócratas dando por hecho que ya han ganado y con un presidente que se declara vencedor, cada hora que pasa sume al país en un terreno pantanoso de incertidumbre, caos y agonía.

“En cierto modo, que tarden tanto en anunciar el resultado beneficia al presidente: así tiene más tiempo para sembrar las dudas sobre el sistema”, afirma Matt, un joven de 28 años que ha venido con sus amigos a tomarse una cerveza ante la Casa Blanca.

placeholder Protesta en la Casa Blanca contra Donald Trump. (Reuters)
Protesta en la Casa Blanca contra Donald Trump. (Reuters)

En una rueda de prensa este jueves, Trump volvió a acusar a los demócratas -sin pruebas- de estar “robándole” las elecciones con el voto por correo. “Si cuentas los votos legales, gano fácilmente. Si cuentas los ilegales, los que han llegado tarde, pueden intentar robarnos las elecciones”, afirmó. Al día siguiente, sin embargo, el escepticismo empezaba a extenderse por la mansión presidencial. A primera hora, Biden les había adelantado en Pensilvania, Georgia apenas seguía por detrás y cada vez tenían menos posibilidades en Arizona y Nevada.

“Esto ya está acabado desde hace un día. Mucha gente lo sabe. Algunos están tardando más en aceptarlo”, dijo un alto funcionario de la campaña de Trump a Politico. “Hay mucha gente sentada en sus mesas mirando al infinito”.

Unos pocos fieles del círculo de Trump, sin embargo, se resisten a enfrentar la realidad y siguen aireando las infundadas acusaciones de fraude. “¿Dónde está el Partido Republicano? Nuestros votantes nunca lo van a olvidar”, escribió el hijo de Trump este jueves en Twitter, en una clara llamada a filas en un momento en el que el apoyo al presidente podría estar desvaneciéndose.

Foto: Una mujer en Phoenix, Arizona. (Reuters) Opinión

Pero más allá de unos pocos leales del partido como Lindsey Graham o Tom Cotton, Trump no recibió un apoyo unánime. La propia Fox, canal de referencia entre los conservadores, y varios líderes del ‘establishment’ republicano como Mitch McConnell, líder de la mayoría del Senado, o Chris Christie, antiguo gobernador de Nueva Jersey y asesor del presidente, ya han rechazado la teoría del pucherazo afirmando que no hay pruebas.

“Si vas a decir todas esas cosas desde la Casa Blanca, estás en tu derecho, estás en tu derecho de llevar a cabo acciones legales, pero enséñanos las pruebas”, dijo este viernes Christie en ABC. “Este tipo de cosas lo único que hacen es inflamar sin informar y ahora mismo no nos podemos permitir eso”.

La estrategia judicial

Una vez que las opciones de remontada se desvanecen, la estrategia republicana se va a desplazar a los juzgados. Su equipo ha creado un fondo para pedir dinero con el objetivo de litigar en los estados clave. El equipo de Trump ya ha presentado acciones legales en Pensilvania, Michigan y Georgia y se espera que hagan lo mismo en Nevada o Arizona.

Pero el objetivo inicial de congelar el conteo de votos, como pidió Trump en su rueda de prensa del miércoles por la mañana, ha caído en saco roto. De hecho, el presidente estaría cabreado con su propio equipo legal por haber sido incapaz de lograrlo y estaría pensando en contratar otros abogados, según la CNN.

Expertos constitucionales de EEUU consultados confirmaron que las litigaciones de Trump podrían tener pocas opciones de prosperar

Varios asesores del magnate neoyorquino ya se están mostrando escépticos en privado con que la estrategia judicial vaya a tener éxito, sobre todo si Georgia y Nevada se tiñen de azul. Expertos constitucionales de EEUU consultados por El Confidencial confirmaron que, si estos resultados se mantienen, las litigaciones de Trump podrían tener pocas opciones de prosperar. Si Biden gana en varios estados y la distancia de Pensilvania es de decenas de miles de votos, el Supremo no se dejaría arrastrar para decidir una pelea política.

A la espera de conocer el resultado final y de su desenlace judicial, Donald Trump ya ha dejado claro que no tiene ninguna intención de aceptar la derrota. El Wall Street Journal preguntó a un asesor si existía alguna posibilidad de que el presidente asumiera la victoria de Biden. La respuesta fue un breve mensaje de texto muy elocuente: "Lol".

Mientras Estados Unidos esperaba con expectación el discurso de Joe Biden este viernes por la noche, a las puertas de la Casa Blanca decenas de jóvenes celebraban su victoria bailando la Danza Kuduro, pese a que aún no se han anunciado los resultados finales. Un hippie cogió un micrófono y dijo que esto ya no iba de republicanos ni de demócratas, sino de “amor”. Pero prácticamente todo el mundo que se había acercado a esta fiesta había venido con el mismo objetivo: cantar el fin de Donald Trump.

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