Elecciones clave en EEUU

Sondeos EEUU | ¿Crees que el covid le dará la elección a Biden? Trump intenta una fórmula

La pandemia se ha convertido en el eje narrativo de las elecciones. Trump intenta doblegar al virus, al menos en su retórica y en su propio cuerpo. El SARS-CoV-2, sin embargo, no se deja amedrentar

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se quita la mascarilla en la Casa Blanca. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se quita la mascarilla en la Casa Blanca. (Reuters)

El resumen es el siguiente: si Donald Trump gana las elecciones, cosa que no predice ninguna de las 14 encuestas nacionales que recoge Real Clear Politics, será de una manera parecida a 2016. Es decir, perdiendo el voto popular, pero llevándose por un margen finísimo un puñado de estados clave. En el escenario de una victoria de Biden habría más opciones, desde una victoria moderada a una goleada histórica que incluya bastiones republicanos como Arizona, Georgia e incluso Texas.

Los números están ahí, pero siempre acecha la incógnita. Cada vez que alguien destaca la poderosa ventaja de Joe Biden, que le saca a Donald Trump casi 10 puntos a nivel nacional, se oye una voz que dice: ¡acordaos de Hillary Clinton hace cuatro años! Y es cierto. Probablemente, no haya un político en toda la historia contemporánea a quien se haya dado por muerto más veces que Donald Trump. A estas alturas, en 2016, salió ese viejo vídeo con sus comentarios lascivos y machistas, y la mitad demócrata de EEUU no se podía creer su buena suerte. Pocos días después, tampoco se podía creer el resultado electoral. Ni siquiera se lo cree hoy.

Pero si 2016 no era un año normal, tampoco lo es 2020. La peor plaga que ha visto el mundo en 100 años se ha cebado especialmente con Estados Unidos y se ha convertido en el eje narrativo de todo, incluidas las elecciones. Trump intenta doblegar al virus, si no en las calles y en los hogares, al menos en su retórica, y en su propio cuerpo. El SARS- CoV-2, sin embargo, no se deja amedrentar.

Una encuesta de Siena College y 'The New York Times' refleja que, cuando la pandemia está en el centro de la actualidad, los sondeos en varios estados clave se mueven un poco a favor de Joe Biden. Donald Trump sigue teniendo el aura de brillante gestor económico, pero cuando hablamos de salud pública sale perdiendo. Lo cual puede explicar la extrema cautela con la que Biden ha conducido su campaña, confinado durante meses en su sótano, evitando las trampas del republicano y dejando que este se consumiese en el repóquer de crisis que azota el país.

El voto de los ancianos blancos

Este efecto se notaría, sobre todo, entre los votantes de la tercera edad, especialmente sensibles a las cuestiones de salud. Distintas encuestas a nivel nacional y estatal muestran una clara inclinación de los mayores a favor de Biden, a veces con una diferencia de dos dígitos. Y es una diferencia importante, ya que hace cuatro años Donald Trump sacó una ventaja de siete puntos en este grupo; números mucho más altos entre los mayores blancos. Se trata, además, de un grupo que participa en masa, con un porcentaje de voto del 71% en 2016.

Los observadores han barajado diferentes razones por las que Biden ha logrado esta preeminencia: una es la posible fatiga de Trump, que ha gobernado con el mismo estilo volátil e imprevisible que desplegó en campaña. Ya no se trata, además, de un cambio, de una novedad, sino de alguien desgastado por el poder. Otro motivo es el propio Biden, un político de la vieja escuela, más familiar para los veteranos, con su estilo espontáneo típico de los años sesenta. Una tercera razón es el coronavirus.

“Este es un grupo que ya estaba alejándose de Trump incluso antes de la pandemia”, dijo a Vox.com Patrick Murray, director de encuestas de la Universidad de Monmouth. “Es entre los votantes blancos donde estamos viendo el cambio”. Una evolución bastante patente, por cierto, en el estado más importante: Florida.

El contagio de Donald Trump, diagnosticado la semana pasada y vivido con la más impecable factura de un programa de telerrealidad, con dramatismo diario y una vuelta triunfal, en helicóptero, a la Casa Blanca, no parece haberle dado el impulso que probablemente esperaba. Ahora Trump, además, parece intentar dirigirse a los votantes de la tercera edad hablando de medicinas y tratamientos, recordándoles que él mismo es un señor de 74 años y asegurando que su Gobierno tiene las armas contra el virus. Pero las encuestas de estos días lo ponen aún más lejos de Joe Biden.

No todo lo relacionado con el covid, sin embargo, es potencialmente bueno para los demócratas. Los votantes republicanos suelen ser más concienzudos a la hora de votar, casi como un bloque. Los demócratas, en cambio, dependen de la movilización de todo tipo de minorías, muchas veces despegadas del toma y daca político y menos propensas a acudir a las urnas. La pandemia ha dificultado la manera demócrata de hacer campaña: les ha impedido celebrar sus actos comunitarios y andar recorriendo, puerta por puerta, los vecindarios humildes.

Voto por correo, voto demócrata

El partido, además, ha estado reivindicando el voto por correo como una forma de evitar aglomeraciones en los colegios electorales y proteger la salud pública. Su esfuerzo ha sido minado por Donald Trump, que trata de deslegitimar esta opción como si fuese una invitación a todo tipo de fraudes y corruptelas, además de haber ordenado al servicio postal, dirigido por uno de sus donantes, que disminuya sus capacidades con la excusa de recortar costes. Una posible forma de retrasar y generar el caos a la hora de contar millones de papeletas el 3 de noviembre.

La realidad es que la eficacia del voto por correo depende de cada uno de los 50 estados. Algunos, como Oregón, Hawái o Colorado, solo votan a distancia, y ya tienen la infraestructura necesaria para hacer el recuento bien y el mismo día de las elecciones. Otros, como Nueva York, no están tan preparados. Cuando el Empire State celebró las primarias demócratas el 23 de junio, el 40% de las papeletas se mandó por correo; como resultado, la quinta parte del total de los votos fue invalidada (muchos votantes no conocían los detalles de un sistema nuevo para ellos) y las autoridades tardaron un mes y medio en acabar el recuento.

El candidato demócrata, Joe Biden. (Reuters)
El candidato demócrata, Joe Biden. (Reuters)

A la vista de estos problemas, el Partido Demócrata parece haber dado marcha atrás y apostar por el voto en persona cuando este sea posible. Un 'meme' al respecto circula por las redes progresistas: “Si puedes hacer cola en Target [una famosa marca de centros comerciales], también puedes hacerla en el colegio electoral”.

La participación y la logística, por tanto, son dos de los grandes interrogantes de este ciclo electoral. El bloque progresista se consuela pensando que los electores van a estar encendidos y dispuestos a darle la gran patada al actual presidente. Algunos datos les hacen agarrarse a esta idea.

Mujeres en la ola azul

En 2014, las elecciones legislativas tuvieron la participación más baja (proporcionalmente al número de votantes) en 70 años. Cuatro años después, sin embargo, subió a niveles que no se habían visto en un siglo. La rumoreada 'ola azul', el color de los demócratas, fue real, y estos recuperaron el control de la Cámara de Representantes. Fue una fecha especial, sobre todo para las mujeres, que se presentaron (y ganaron) en números sin precedentes.

El motivo por el que los progresistas votaron en grandes cantidades se podría definir en dos palabras: Donald Trump. La derrota de 2016 fue más bien una afrenta, una mancha en su honor, una bola difícil de digerir que han tenido que racionalizar 'a posteriori', por ejemplo, culpando a Rusia de lo que pasa en EEUU. La exposición constante de Donald Trump a los medios solo habría reforzado su sed de venganza.

La pregunta es si la pandemia disuadirá o dificultará esta supuesta movilización. Hasta ahora, hay un poco de cada cosa: caos en los comicios de Nueva York o en Wisconsin, pero participaciones récord en distintas elecciones de Georgia, Florida o Texas. Las bolas de malabares están ahora mismo en al aire; son muchas, y amenazan, en el primer traspiés, con desplomarse sobre el sistema político.

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