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Despacho Global | ¿Quién viene mejor a China, Trump o Biden? No es tan sencillo

Oficialmente, Pekín se decanta por el candidato demócrata, pero muchos advierten de que la mala reputación de Trump puede servir a su estrategia expansionista

Foto: Donald Trump y Xi Jinping, en una imagen de 2019. (Reuters)
Donald Trump y Xi Jinping, en una imagen de 2019. (Reuters)

Nunca un presidente de Estados Unidos había plantado cara a China como ha hecho Donald Trump. Tardó solo medio mandato en declararle la guerra comercial con una batería de aranceles que ha sacudido al mundo entero, y luego arremetió contra otro de los pilares del desarrollo chino cuando utilizó la artillería pesada contra su sector tecnológico: primero disparó a ZTE, luego a Huawei, y, finalmente, a un nutrido grupo de empresas de inteligencia artificial y ‘software’. Es la estrategia del desacoplamiento que está poniendo en peligro el modelo de globalización iniciado con las reformas económicas de China en la década de 1980. Por si fuese poco, Trump también ha elevado la voz en el terreno militar debido a las disputas que enfrentan a China con diversos países bañados por el mar del Sur de China.

En esta tensa coyuntura, las elecciones presidenciales que Estados Unidos celebrará en noviembre resultan cruciales para determinar el rumbo que tomará la relación bilateral más importante del planeta. Teniendo en cuenta los diferentes frentes de batalla que ha abierto Trump, parece lógico pensar que China prefiere a Joe Biden como presidente. Y eso es lo que afirma también un informe del Centro de Seguridad y Contrainteligencia de Estados Unidos publicado el pasado día 7.

“Aunque China continuará analizando los riesgos y beneficios de actuar con agresividad, su discurso público durante los últimos meses ha sido cada vez más crítico con la administración actual, tanto en lo que respecta al covid-19 como al cierre del Consulado de Houston y otros asuntos”, se lee en el análisis, que concluye con la afirmación de que Trump resulta excesivamente “impredecible” para Pekín y con la advertencia de que China puede tratar de influir en el resultado de los comicios. “Está expandiendo su influencia y ejerciendo una creciente presión sobre figuras políticas que considera opuestas a sus intereses”, sentencia.

'America First'... y no China

Pero con los dirigentes del Partido Comunista, que prefieren la tangente y siempre evitan expresarse en términos absolutos, conviene trascender el escenario más obvio. “La política ‘America First’ y el hecho de que muchos líderes consideren a Trump un patán ha supuesto un impulso sin precedentes para la influencia que China ejerce por todo el mundo. No solo ha cubierto el vacío que ha dejado Estados Unidos en su retirada, también ha ganado fuerza provocando división en el seno de bloques como la Unión Europea”, explica en Pekín un profesor de Economía de la escuela de negocios CKGSB que prefiere mantenerse en el anonimato. “Una victoria de Biden podría perjudicar a China porque impulsaría de nuevo la política exterior de Washington y podría solidificar bloques aliados que ahora se muestran reticentes a la hora de colaborar con un Trump al que se considera irracional”, avanza.

En esa dirección se expresó el propio Biden en un artículo publicado en 'Foreign Affairs' en enero: “Para salir victorioso de la competición con China, o con cualquier otro, Estados Unidos debe incrementar su ventaja en innovación y unir el poderío económico de las democracias en todo el mundo, de forma que sea posible combatir las prácticas económicas abusivas y reducir la desigualdad”.

Desde la Cámara de Comercio de Estados Unidos en China también hacen un análisis en clave económica. “La guerra arancelaria no ha afectado tanto a China como parece. De hecho, el superávit comercial ha continuado creciendo. Pero Trump ha puesto el dedo en la llaga y ha dejado al descubierto problemas estructurales que ya no pueden ser obviados. Él los trata de solucionar a cañonazos, pero Biden podría buscar alternativas más razonables y eficaces, y, por lo tanto, más perjudiciales para China”, comenta un miembro que tampoco quiere hacer pública su identidad. “A los líderes chinos les interesa tener un presidente americano al que puedan caricaturizar para evitar que el mundo le haga caso incluso cuando dice algo sensato”.

Esa opinión se refleja bien en los datos del comercio bilateral de las dos superpotencias. Ha pasado ya más de medio año desde que Trump y Xi Jinping alcanzaron un acuerdo para la primera fase de una paz comercial y es evidente que China no ha cumplido sus promesas. Es más, incluso ha adquirido menos productos agroalimentarios que en el mismo período de 2017, cuando debería haber incrementado ese volumen en un 50% para alcanzar los 36.500 millones de dólares previstos para el conjunto del año. Por su parte, en el sector energético solo ha cumplido con un 5% de las adquisiciones planteadas para llegar a un valor de 25.300 millones en 2020.

Desde que Trump llegó a la presidencia, el déficit comercial de EEUU con China ha crecido un 13%

China argumenta que la pandemia del coronavirus ha echado por tierra esos planes. Con el consumo en mínimos y crecientes dificultades logísticas, las importaciones de productos americanos se han complicado. Pero no ha sucedido así con las exportaciones chinas. Buena muestra de la situación son los datos del comercio exterior chino en agosto: mientras el gigante asiático compró al mundo un 2,1% menos, vendió un 9,5% más. Comparado con las expectativas de los economistas, las importaciones del gigante asiático cayeron más de lo esperado y las exportaciones crecieron por encima de las previsiones.

La balanza no se equilibra. Al contrario, se escora aún más hacia China. Concretamente, desde que Trump llegó a la presidencia, el déficit comercial de Estados Unidos con China ha crecido un 13%. Y en el último año se ha disparado el 27%. En agosto, China vendió a la superpotencia americana bienes y servicios por valor de 44.800 millones de dólares —un 20% más— pero le compró solo 10.500 millones de dólares —un crecimiento del 1,8%—. Así, no es de extrañar que Biden haya tachado el trato de “completo fracaso”.

“Trump ha identificado correctamente el gran problema que China supone para el comercio mundial, y eso ha despertado a varios gobiernos europeos, pero ha puesto en marcha las medidas erróneas para solucionarlo. Quizá Biden pueda hacerlo mejor, sobre todo porque tiene más capacidad para impulsar las alianzas tradicionales con otros países occidentales sin llevar el conflicto con China al plano ideológico y militar”, concuerda Carlo D’Andrea, vicepresidente de la Cámara de Comercio Europea en Shanghái. “En cualquier caso, es evidente que la gran rivalidad entre los dos países se va a acrecentar este siglo y que hay que buscar la mejor manera para gestionarla y para evitar convertirse en una de sus víctimas colaterales, como puede suceder con la UE”, concluye.

Un artículo firmado Jeffrey Prescott y Ely Ratnerpor, dos de los asesores de Biden en temas relacionados con el gigante asiático, hace prever que su victoria no sería precisamente un bálsamo para China. De hecho, su título ya es bastante contundente: ‘Trump ha sido blando con China y los americanos lo han pagado’. Los analistas critican la ‘Fase 1’ del acuerdo comercial y señalan que “el número de granjas que se declara en bancarrota ha crecido un 20% y las manufacturas han entrado en recesión”. También denuncian que Trump no haya hecho nada para acabar con las subvenciones de Pekín a sus ineficientes empresas estatales o para detener el robo de propiedad intelectual.

Por eso, piden el voto para Biden, “que se enfrenta a los líderes chinos y gana”. Ejemplo de eso, dicen, son “la defensa del derecho a volar sobre el Mar del Sur de China”, “la postura firme ante la expulsión de periodistas americanos”, y “la exigencia de acabar con el robo cibernético que sufren las empresas estadounidenses”. Aunque todos esos problemas han continuado agudizándose, parece evidente que Biden no va a propiciar un vuelco en la agresiva política antichina de Trump.

Trump niega el cambio climático, cambia de idea cada dos segundos y miente más que habla. No es una persona de fiar

Curiosamente, la población del gigante asiático parece dividida en su opinión del presidente estadounidense. Una parte se siente atraída por la fuerza que proyectan las maneras de Trump. “Me parece que se parece bastante a Xi Jinping en el hecho de que ambos velan por los intereses de sus países y se preocupan poco por el resto. Parecen tener las ideas claras y la valentía para ponerlas en práctica”, comenta Li Yang, un joven universitario de Shanghái. Otros, sin embargo, lo consideran una amenaza. “Niega el cambio climático, cambia de idea cada dos segundos y miente más que habla. No es una persona de fiar y creo que es un peligro no solo para China, diana de sus críticas, sino para el mundo entero”, añade Jin, empleada en una tecnológica china. Sin duda, las elecciones americanas se van a seguir muy de cerca en Pekín.

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