Trump contraataca: la batalla por la Casa Blanca comienza en el servicio de correos
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CLAVE PARA LAS ELECCIONES

Trump contraataca: la batalla por la Casa Blanca comienza en el servicio de correos

Todas las encuestas predicen la derrota de Trump, y este, que se ha negado a decir si aceptará o no los resultados, lleva meses sembrando la desconfianza en el voto por correo

Foto: Trump contraataca: la batalla por la Casa Blanca comienza en el servicio de correos
Trump contraataca: la batalla por la Casa Blanca comienza en el servicio de correos

La presidencia de Donald Trump ha sido, para la ciudadanía y sobre todo para los periodistas, una verdadera escuela en cuestiones de gobierno, legislación e historia de Estados Unidos. Su manera de actuar, lanzando globos sonda en Twitter o contando una media de 23,3 falsedades diarias, según 'The Washington Post', obliga continuamente a estudiar la letra pequeña de la ley y de las ramas de gobierno: ¿puede el presidente prohibir una aplicación de móvil china? ¿Es legal mantener a niños en jaulas o desplegar al ejército en territorio norteamericano? ¿Puede Trump hacer que se retrasen las elecciones presidenciales?

En esta vorágine de tuits, golpes de mano y escándalos grandes y pequeños, ahora le toca el turno al Servicio Postal de Estados Unidos. La agencia pública, que va a ser la clave de la votación en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, dadas las restricciones sociales y el miedo a los contagios de coronavirus, está en el punto de mira de los ataques del presidente, retóricos y prácticos. Todas las encuestas predicen la derrota de Trump, y este, que se ha negado a decir si aceptará o no los resultados, lleva meses sembrando la desconfianza en el voto por correo.

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“Los votos por correo son tramposos”, declaró el presidente a principios de este mes. “Las papeletas por correo son muy peligrosas para este país debido a los tramposos”. Un mensaje que ha reiterado una y otra vez estos meses de pandemia, diciendo que las de este año, debido al voto por correo, van a ser las elecciones “más inexactas y fraudulentas de la historia”.

Las sospechas del presidente no han sido corroboradas. Los cinco estados del país donde desde hace unas dos décadas se puede votar únicamente por correo, que son Colorado, Oregón, Hawái, Utah y el estado de Washington, han registrado un número anecdótico de fraudes. En el caso de Colorado, por ejemplo, ha habido 14 casos entre los 16 millones de votos enviados desde 2003; en Hawái, dos fraudes entre siete millones de papeletas, según cifras del 'think tank' Heritage Foundation.

Este método se está extendiendo a otros estados. En los dos últimos ciclos electorales, de 2016 y 2018, una cuarta parte de los norteamericanos mandó su voto por correo, y, a la vista de la pandemia, los estados están haciendo un esfuerzo por organizarse y evitar lo que ha sucedido, por ejemplo, en las primarias de Nueva York.

El 'empire state' celebró sus primarias el pasado 23 de junio. Dada la situación de salud pública, el 40% de los electores depositó su voto por correo. Pero Nueva York no tiene la experiencia y la infraestructura de otros estados para gestionar cientos de miles de papeletas enviadas en un sobre, y las autoridades han tardado seis semanas en comunicar los resultados. Los votantes, además, tampoco estaban acostumbrados y más de 100.000 papeletas, la quinta parte del total, tuvieron que ser invalidadas debido a que no cumplían los requisitos.

El caso de Nueva York se puede reproducir en otros estados del país, lo que haría del 3 de noviembre una noche de pesadilla

El caso de Nueva York se puede reproducir en otros estados del país y al nivel masivo de unas elecciones presidenciales, lo que haría del 3 de noviembre una noche de pesadilla. Una situación en la que no sepamos quién es el ganador de los comicios durante días o semanas, con un presidente empeñado en deslegitimar el voto por correo y probablemente un ejército de abogados litigando hasta la última papeleta a lo largo y ancho de Estados Unidos.

Más allá de su retórica, Donald Trump está tomando medidas concretas para limitar el voto por correo. Su campaña ha denunciado a Nevada, Nueva Jersey y Pensilvania por tomar medidas que faciliten este voto. Entre ellas, en el caso de Pensilvania, permitir que una persona autorizada traslade la papeleta de alguien que no pueda acudir en persona. El juez que tramita la demanda ha exigido al denunciante que presente casos concretos de fraude cometido de esta manera. La campaña de Trump, según el documento conseguido por The Intercept, no ha presentado ningún caso.

Pero, sobre todo, la Casa Blanca ha implementado recortes en el Servicio Postal de EEUU. El presidente nombró el pasado mayo a Louis DeJoy, un importante donante republicano y miembro de su campaña, para que tomara las riendas de la agencia. Desde entonces, DeJoy ha aplicado reducciones de costes en todos los órdenes: en horarios de trabajo, en rutas y en la maquinaria que clasifica las cartas. Una serie de medidas que, según ha reconocido el propio DeJoy, han causado una clara ralentización de los servicios postales en todo el país.

Como consecuencia, los empleados de correos han alertado a los gobernadores de 46 estados sobre lo que está sucediendo en la agencia. Estos recortes, dicen, están perjudicando el servicio y van a impedir que las oficinas puedan procesar a tiempo el aluvión de papeletas que se espera el 3 de noviembre.

De manera que, ahora mismo, la cuestión de las papeletas ha causado un conflicto multifacético entre quienes desean ampliar y facilitar esta forma de voto, dado el carácter peligroso e impredecible de la pandemia, y quienes lo quieren limitar, alegando que generaría caos y posible fraude. Un total de 30 estados han eliminado el requisito de presentar un justificante para poder votar a distancia y muchos están ya enviando a las viviendas las papeletas en el sobre.

El Partido Demócrata exige, a su vez, destinar presupuesto a facilitar los comicios por correo. Quiere que el nuevo plan de estímulo económico incluya 3.600 millones de dólares para que los estados puedan costear la infraestructura necesaria y 25.000 millones más para el servicio de correos, cuya financiación ha sido congelada por Trump. Es poco probable que los republicanos acepten ambas partidas.

Un caos legislativo

Se trata de un paisaje muy complejo, ya que cada uno de los 50 estados tiene potestad para fijar las reglas de la votación: qué hace falta para registrarse, dónde se puede uno registrar, qué documentos hay que presentar o en qué condiciones puede uno votar desde la distancia o a través de un delegado. Cada una de estas reglas puede ser objeto de una batalla política entre los demócratas y republicanos de cada estado, dependiendo también de sus equilibrios de poder. El pasado abril, las primarias de Wisconsin fueron caóticas por estos motivos. Al final, tuvo que ser el Tribunal Supremo el que decidiera las condiciones de la votación.

Las ganas de reducir los costes del Servicio Postal, por parte de la Administración republicana, no son nuevas. Desde hace años, predomina entre los conservadores la idea de convertir la oficina de correos en una empresa rentable, en parte, mediante la reducción de costes. En 2018, el presidente Trump creó un grupo especial para convertir correos en un “modelo de negocio sostenible”. Entre otras medidas, planeaba aumentar el precio del correo no considerado “esencial”, una forma de sanear el actual déficit de 9.000 millones de dólares.

Los intentos de aplicar estas reformas han tenido una fuerte resistencia. El Servicio Postal es una de las primeras instituciones de este país; su primer director fue uno de los padres fundadores de Estados Unidos, Benjamin Franklin. El servicio conectaba a los revolucionarios repartidos por las inmensas extensiones de Norteamérica. Ganada la guerra contra los británicos, George Washington se aseguró de que el correo fuera un servicio público que permitiese a los estadounidenses comunicarse entre ellos o recibir la prensa a bajo coste. Se trataba de un servicio, como las carreteras o la defensa, del que no se esperaba rentabilidad.

El voto por correo, a su vez, se remonta a la Guerra Civil, cuando los soldados norteños, de campaña en el sur, no podían volver a sus casas a votar en las elecciones de 1864. Los propios regimientos nombraron a sus observadores y jefes de mesa, y los votos fueron transportados en sobres para el recuento.

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El correo ha ido, por tanto, aparejado a los momentos clave de la historia de Estados Unidos y, a día de hoy, el Servicio Postal es la marca más querida por los estadounidenses: por encima de Google, UPS, Amazon y Netflix, según una encuesta de Morning Consult. Sus defensores alegan que, de priorizar la rentabilidad por encima del servicio público, muchos conciudadanos que viven en regiones remotas se quedarían sin el derecho a recibir correo, ya que llevar una carta a algunos sitios de Wyoming o Dakota del Sur resultaría extremadamente costoso.

Las piezas de esta enésima batalla política ya están desplegadas en el tablero. Y prometen hacer de la jornada electoral una noche agónica y sobre todo larga, que podrá extenderse mucho más allá del 3 de noviembre.

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