AZOTA LOS ESTADOS REPUBLICANOS

El coronavirus vuelve a doblegar EEUU: "Esto nunca fue de política, esto iba de ciencia"

El sábado hubo casi 45.000 nuevos infectados a nivel nacional, un récord desde el inicio de la pandemia, y el número total de personas con covid-19 rebasa los dos millones y medio

Foto: Cientos de personas, en una playa de Miami el 26 de junio, día en que se produjo el récord de casos diarios desde el inicio de la pandemia. (Reuters)
Cientos de personas, en una playa de Miami el 26 de junio, día en que se produjo el récord de casos diarios desde el inicio de la pandemia. (Reuters)

El coronavirus nos ha vuelto a recordar quién manda en Estados Unidos. No es el Gobierno federal, que se ha limitado a dar recomendaciones generales a los 50 estados. Ni siquiera son los propios estados, sumidos en sus propios intereses y en contradicción unos con otros. Es el virus, que ha logrado explotar la impaciencia económica de los estados republicanos para reproducirse, alinear sus tropas y desplegarlas en los cuerpos de miles de personas. Cuatro meses después del inicio de la pandemia, Estados Unidos rompe a diario el récord de nuevos contagios.

“Sabíamos que esto iba a ocurrir”, declaró a la televisión local ABC 8 Ron Barbosa, ciudadano del norte de Texas. “Todo este tiempo hemos estado aterrorizados”. Barbosa fue invitado por su nuera a una fiesta sorpresa de cumpleaños, pero se negó a asistir. Le daba miedo el virus. A la fiesta acudieron 25 personas. En los días siguientes, 18 de ellas y de sus allegados dieron positivo de covid-19. Incluidos los padres de Barbosa, mayores de 80 años.

La cautela de Ron Barbosa es una excepción. El confinamiento en Texas, gobernado por el republicano Greg Abbott, fue de los más breves del país. Y al reabrir las tiendas y los bares, pese a las recomendaciones de Washington, una ola de clientes se presentaron a reflotar los negocios de sus vecinos. Sobre todo los jóvenes. Las barbacoas y festividades veraniegas se han estado celebrando a lo largo del estado como si nada hubiera ocurrido. Y sin tener siquiera que violar la legalidad.

“Si pudiera dar marcha atrás y enmendar algo, probablemente ralentizaría la reapertura de los bares”, declaró Abbott, y achacó principalmente a los jóvenes el motivo de que el estado tenga ahora más de 150.000 infectados y casi 6.000 personas ingresadas. Abbott ha ordenado cerrar los bares y limitar al 50% las plazas en restaurantes, y ha recomendado a los ciudadanos que se queden en casa. La demanda de pruebas de covid-19 en Texas es tan alta que miles de personas tienen que esperar cada día durante horas para hacerse una.

Los republicanos se echan a temblar

Texas solo es uno de los 27 estados, más de la mitad del país, donde están subiendo las infecciones; 12 de ellos ya han dado marcha atrás en su reapertura económica. El sábado hubo casi 45.000 nuevos infectados a nivel nacional, un récord desde el inicio de la pandemia, y el número total de personas con covid-19 rebasa los dos millones y medio. Aunque, según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, el número real puede ser 10 veces mayor. Han muerto más de 125.000 personas.

La lucha contra el coronavirus en Estados Unidos refleja, como ningún otro indicador, la realidad de un país fragmentado. Aquí no ha habido una política contra la pandemia: ha habido 50. Media docena de estados, en las regiones rurales, ni siquiera llegaron a decretar el confinamiento. Y las diferencias políticas en las medidas y la retórica fueron patentes desde el principio.

El virus desembarcó en las dos costas del país. Primero se detectó en el Pacífico, en las grandes de ciudades de California y el estado de Washington, probablemente procedente de China, y a principios de marzo ya estaba confirmado en Nueva York: quizá procedente de Europa. Las megalópolis costeras, todas ellas bastiones demócratas, se sumergieron rápidamente en la crisis.

Distintos sondeos reflejan que los votantes demócratas son el doble de propensos que los republicanos a usar mascarilla

Esta fue la primera división política: los demócratas se vieron forzados a optar por medidas duras de confinamiento para contener las infecciones. Los gobernadores republicanos, en los estados interiores y rurales, no tenían tanta prisa. El virus proliferaba allí con mayor lentitud y las medidas fueron más ligeras. Sus líderes alertaban más sobre el coste económico, empezando por el presidente, Donald Trump. A finales de marzo, en los primeros compases de la pandemia, Trump soñaba con ver las iglesias llenas para Pascua. El riesgo político de sus palabras era reducido.

Estas sensaciones se daban entre los votantes. Si en Texas, en Arizona o en Georgia el impacto del virus no era tan notorio como en Nueva York o California, ¿por qué cerrar la economía durante tres meses, haciendo que el remedio fuera peor que la enfermedad? Distintos sondeos reflejan que los votantes demócratas son el doble de propensos que los republicanos a usar mascarilla, y varios estados registraron protestas armadas contra el confinamiento, animadas por Trump en Twitter.

Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

Ahora, la situación se ha dado la vuelta. En abril, el 65% de los casos de covid-19 estaba en estados demócratas, frente a solo un 15% de los estados republicanos (y 20% en los 'púrpuras', donde el voto está más igualado). Ahora, los casos en territorio demócrata se han reducido hasta el 20% y en territorio republicano se han triplicado, hasta el 45%. El virus incendia ahora la casa republicana.

El 70% de los estados peor parados por el aumento del coronavirus están gobernados por republicanos. Si nos centramos en los 10 donde, según el modelo de la Universidad de Washington, habrá más fallecimientos, nueve tienen gobierno conservador. Texas, por ejemplo, ha pasado de ser el 17° estado más afectado a ser el primero. El segundo es Arizona, donde la ocupación de unidades de cuidados intensivos supera el 90%. Los siguen Arkansas, Florida, Utah, Oregón, New Hampshire, Dakota del Sur, Nebraska y Misuri.

Un caso claro de este vuelco ha sido Florida. Mientras el virus reducía Nueva York, los universitarios de todo el país viajaban a emborracharse en las playas de Miami, Orlando o Cayo Hueso. Un señor, vestido de la Muerte, recorría las playas con su guadaña. Su advertencia ha probado ser acertada.

Según datos del viernes, el 76% de las 60.000 camas de hospital de Florida ya está ocupado, así como el 79% de las unidades de cuidados intensivos. El gobernador republicano, Ron DeSantis, ha evitado por ahora decretar el confinamiento u obligar al uso de mascarilla, medidas que ha dejado en manos de los condados. La media de edad de los infectados, al menos, es relativamente baja, en torno a los 30 años. Lo cual podría limitar las hospitalizaciones y fallecimientos. De momento.

180.000 muertes en octubre

El rebrote en estos estados es un “problema serio”, en palabras del Dr. Anthony Fauci, director del Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas. “La gente está infectando a otra gente, y al final se infectará a alguien vulnerable”. El epidemiólogo participaba en la primera rueda de prensa del equipo especial contra el virus en casi dos meses. La Universidad de Washington ha elevado sus estimaciones de muertes hasta las 180.000 a nivel nacional en octubre.

Los gobernadores demócratas aprovechan el contexto para reivindicar su respuesta a la pandemia. “Jugasteis a la política con el virus y perdisteis”, declaró a la CNN el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. “Ahora veis los números de 27 estados subiendo. Veis las proyecciones de muertes subiendo. Veis la economía cayendo. Esto nunca fue de política. Esto iba de ciencia”.

Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, hace pocas semanas los más castigados, han establecido una cuarentena obligatoria para cualquier persona que venga de los estados afectados. Nueva York, el antaño epicentro de la pandemia, ha confirmado este sábado que tiene la menor ratio de infectados de EEUU: menos del 1% de quienes se han hecho la prueba.

Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York. (EFE)
Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York. (EFE)

Una excepción a este patrón partidista es la Costa Oeste. El estado de Washington, considerado “zona cero” del coronavirus a finales de febrero, logró en principio domeñar la crisis de salud pública. Junto a sus vecinos, Oregón y California, impuso un confinamiento firme y acabó devolviendo al Gobierno federal los respiradores que les habían mandado y que al final no hicieron falta.

Este fin de semana, sin embargo, el gobernador, Jay Inslee, anunció que se congelará el proceso de reapertura de los condados que han registrado un rebrote. En California, donde el índice de positivos de covid-19 se mantiene cerca del 5%, hay condados donde el virus está fuera de control. En Imperial County, la tasa de positivos es del 23% y los recursos sanitarios vuelven a estar desbordados.

El agresivo rebrote en Estados Unidos, donde el pico de contagios ha superado el marcado a principios de abril, contrasta con la media de los países europeos, donde la curva sumada, pese a rebrotes puntuales y con la excepción de Suecia, sigue en niveles mínimos. La situación ha hecho que la Unión Europea baraje incluir al país norteamericano, junto a Brasil, Rusia y otras naciones donde el virus está fuera de control, en la lista negra de lugares desde los cuales no se aceptarán turistas.

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