el rechazo al racismo se generaliza

El tuit que cambió EEUU: "Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos"

Por primera vez en mucho tiempo, las protestas contra la violencia policial y el racismo no han caído totalmente en la trituradora de la polarización. Se consolida un nuevo un consenso

Foto: Protestas contra el racismo en todo el mundo. (EFE)
Protestas contra el racismo en todo el mundo. (EFE)

En Estados Unidos ha ocurrido un milagro. Por primera vez en mucho tiempo, un acontecimiento nacional, las protestas contra la violencia policial y el racismo, no ha caído totalmente en la trituradora de la polarización. Por debajo del ruido de las manifestaciones y los episodios de violencia hemos podido percibir un consenso: un rechazo cada vez más amplio y consistente al racismo por parte de la sociedad estadounidense.

Según una encuesta de 'Washington Post' y Schar School, el 74% de los norteamericanos respalda las protestas por el asesinato de George Floyd en Mineápolis, y casi 7 de cada 10 piensa que el homicidio, más que un incidente aislado, es parte de un problema estructural. Por comparación: hace seis años, cuando el asesinato del adolescente negro desarmado Michael Brown, en Ferguson, inspiró protestas parecidas, solo un 43% de los encuestados compartían este sentimiento.

Otros sondeos reflejan lo mismo. El 76% de la población, dice una encuesta de Monmouth University, considera que "la discriminación racial y étnica es un gran problema en Estados Unidos". Hace cinco años, poco después de los sucesos de Ferguson, la proporción era del 51%. Un estudio de CBS News aporta conclusiones parecidas. Pero el cambio de actitud más llamativo es el referente al grupo de activistas 'Black Lives Matter', que desde 2013 denuncia las muertes de afroamericanos indefensos a manos de la policía.

"La opinión pública americana a veces puede ser terca", escriben Nate Cohn y Kevin Quealy en 'The New York Times'. "Los votantes realmente no han cambiado de opinión sobre el aborto en 50 años (...). Pero el movimiento 'Black Lives Matter' ha sido una excepción desde el principio. La opinión pública sobre la raza y las cuestiones de justicia penal se ha ido moviendo sostenidamente hacia la izquierda desde las primeras protestas (de 2014)".

Hasta principios de 2018, una mayoría de estadounidenses veía al heterogéneo grupo, descentralizado y ligado a la izquierda demócrata, de manera negativa. Desde hace poco más de dos años su reputación ha ido mejorando lentamente. Hace dos semanas, con el inicio de las protestas en 75 ciudades del país, la percepción positiva de 'Black Lives Matter' creció un 28% extra. El respaldo se da, sobre todo, entre los votantes demócratas y los jóvenes. Pero la diferencia la ha marcado la mayor simpatía entre los blancos.

Mientras, las librerías de Nueva York no dan abasto con la demanda de títulos contra el racismo. Café con Libros, una tienda de Brooklyn, dice que una buena semana vende 200 títulos. Ahora está vendiendo unos 400 al día, según las declaraciones de su dueña al portal Gothamist. La lista de los más vendidos del diario 'The New York Times' recoge igualmente esta tendencia, como si la protesta y la lectura fueran de la mano.

Aun así, el consenso no se da en todas las variables de las protestas. Muchas de las marchas pacíficas fueron empeñadas por los saqueos, los incendios y la violencia. En este contexto, el presidente de EEUU, Donald Trump, amenazó con desplegar al Ejército si los diferentes estados no podían o no se atrevían a contener el caos. Una encuesta de Morning Consult recoge que la inmensa mayoría del país apoya el uso de la Guardia Nacional para estos menesteres. Respecto a mandar al Ejército, el respaldo conservador es del 77%, frente a casi la mitad, el 48%, de los demócratas.

Las protestas están funcionando

Las autoridades locales, donde reside el control de los departamentos de policía, no han podido ignorar la presión de la opinión pública. El ayuntamiento de Louisville, en Kentucky, ha aprobado la llamada Ley de Breonna, en honor a una afroamericana, Breonna Taylor, tiroteada por la policía durante una redada en su casa el pasado marzo. Los agentes sospechaban que un narcotraficante usaba el piso de Taylor para vender drogas, así que entraron —con permiso de un juez— por la fuerza. Los agentes fueron recibidos a tiros, según su disputado testimonio, y acabaron matando a la mujer, que en ese momento estaba en la cama. Louisville obligará a los agentes a llevar una cámara adosada al uniforme para este tipo de operaciones.

Entre otras cosas, las marchas exigen que los ayuntamientos quiten poder y presupuesto a las fuerzas del orden, objetivos amalgamados por el eslogan de "desfinanciar a la policía" ('defund the police'). Una propuesta que, de acuerdo a un sondeo de YouGov, solo defiende un 17% de la población americana, pero que también está cogiendo impulso en las alturas. "He estado escuchando al movimiento", declaró Marty Walsh, alcalde de Boston, y anunció que recortaría un 20% las partidas dedicadas a las horas extra de la policía para invertirlo en programas sociales.

La mayoría absoluta del Consejo de Mineápolis, 9 de los 12 concejales, anunció su intención de "abolir" el departamento de policía tal como está en la actualidad. Un plan que de momento no ha sido concretado, pero que, a la luz del debate, puede incluir un trasvase de recursos a una "policía de comunidad": más cercana a los vecinos y coordinada con psicólogos y trabajadores sociales que puedan responder a casos donde no haga falta emplear la fuerza bruta. La iniciativa de los concejales puede ser vetada por el alcalde, Jacob Frey, contrario a estas peticiones.

Alcaldes de grandes ciudades como Nueva York y Los Ángeles se han visto en el centro de la tormenta. Bill de Blasio y Eric Garcetti, ambos demócratas, han ofrecido recortes de presupuesto similares: Garcetti de hasta 250 millones de dólares. Una propuesta que le ha granjeado el insulto de "inestable" por parte del sindicato policial.

Los partidarios de estas reducciones insisten en el contexto: más que quitar dinero a las fuerzas de seguridad, sería regresar a los presupuestos anteriores a la Ley de Control del Crimen de 1994. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, destina casi 6.000 millones de dólares a su cuerpo de policía. En Orlando, Houston, Mineápolis o Chicago el gasto policial y correccional representa en torno a un tercio de los presupuestos totales.

La maquinaria también se mueve en Washington. El Partido Demócrata ha presentado una serie de reformas policiales, incluyendo la prohibición de las llaves de estrangulamiento, la obligación de llevar cámara en el uniforme o de identificarse si se lo exige un civil, y la posibilidad de hacer investigaciones independientes por presuntos casos de mala conducta. Unas medidas que, según una encuesta de Reuters/Ipsos, está respaldada por la inmensa mayoría de los norteamericanos.

Trump sosteniendo la Biblia. (Reuters)
Trump sosteniendo la Biblia. (Reuters)

El tuit de inflexión

Esta marea de opinión pública, que reúne casi la totalidad de los votantes demócratas y en torno a la mitad de los republicanos, parece haber laminado un poco las simpatías hacia el presidente Trump. El republicano ha mantenido cara de póker frente a las protestas, ha amenazado con desplegar al Ejército si los diferentes estados no reaccionan e incluso ha ejercido la fuerza en una maniobra de relaciones públicas —la foto sosteniendo la Biblia frente a una iglesia de Washington DC— que la ha granjeado críticas hasta de sus subordinados militares.

La popularidad del presidente ha bajado al entorno de los 39-41 puntos, según diferentes encuestas. No son cifras dramáticas: están en la horquilla de acero, hasta ahora inamovible, a la que nos tiene acostumbrados el republicano. Nunca por debajo del 36%, nunca por encima del 46%. Una encuesta del 'Public Religion Research Institute' dice que el respaldo de los votantes independientes, cristianos y de la tercera edad ha bajado entre 10 y 18%. El punto de inflexión parece situarse en su tuit amenazante del 29 de mayo: "Cuando empiezan los saqueos, empiezan los disparos".

La situación política de Donald Trump está muy nublada. El compendio de encuestas del portal FiveThirtyEight da a Joe Biden una ventaja de 8 puntos sobre el presidente. Sus asesores de campaña temen que este mapa electoral se mantenga igual hasta los comicios. Otros consideran que todavía queda un mundo para el 3 de noviembre, casi cinco meses de mítines y una previsible recuperación económica. Esta nueva fase de campaña comenzará el 19 de junio, con un mitin físico en Tulsa, Oklahoma.

El lugar y la fecha han resultados sospechosos. El lugar, porque Tulsa fue el escenario de una matanza racista en 1921. La fecha, porque el 19 de junio se conmemora el aniversario del final de la esclavitud. El presidente negó en Fox News haberlo hecho a propósito. "Piensa en ello como una celebración", dijo Trump. "Mi mitin es una celebración. En la historia de la política, creo que puede decir que nunca ha habido un grupo o una persona que haya tenido mítines como los míos".

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