Las protestas raciales se multiplican en EEUU

Las protestas sitian la Casa Blanca: Trump entra en un búnker (literal y metafórico)

La última vez que el gabinete presidencial acabó metido en el búnker de la Casa Blanca, construido durante la Segunda Guerra Mundial debajo del ala este, fue el 11 de septiembre de 2001

Foto: Protestas frente a la Casa Blanca, en EEUU. (Reuters)
Protestas frente a la Casa Blanca, en EEUU. (Reuters)

La actualidad de Estados Unidos insiste en superarse a sí misma, con momentos e imágenes que solo el más atrevido guionista podría evocar. La Casa Blanca, que suele brillar distante y majestuosa, apagó sus luces: se quedó muda mientras el fuego, el ruido y los gases lacrimógenos llenaban el aire a su alrededor. El viernes, Donald Trump fue escoltado hacia el búnker subterráneo en vista de los crecientes disturbios. Dos estampas que representan la soledad del presidente: huérfano de apoyos y consenso en un momento de crisis nacional múltiple.

[El detonante de las protestas: los George Floyd del último lustro​]

La última vez que el gabinete presidencial acabó metido en el búnker de la Casa Blanca, construido durante la Segunda Guerra Mundial debajo del ala este, fue el 11 de septiembre de 2001. Casi 20 años después, Estados Unidos vive una serie de emergencias apiladas unas sobre otras: la última de ellas, apenas a 200 metros del corazón nacional del poder. Fuentes consultadas por la agencia AP reconocen que el presidente y su familia se encontraban “agitados” y que este, al contrario de lo que trasluce en sus tuits, está preocupado por la violencia que sacude el país.

El presidente Trump, en cierto modo, nunca ha estado del todo acompañado. El Partido Republicano que ha logrado subyugar, gracias a su inigualable tirón entre las bases, murmura su incomodidad entre bastidores y es el único presidente cuya popularidad nunca ha alcanzado el 50%. No solo es una cuestión de cantidad, sino de calidad: quienes lo respaldan lo hacen de modo fervoroso y quienes lo detestan harían cualquier cosa por verlo fuera del despacho oval y, a ser posible, esposado.

Si bien su núcleo electoral se mantiene fiel a Trump, el rechazo del resto del país ha subido ocho puntos en los últimos dos meses, hasta un 53%. El número de personas que lo “desaprueban fuertemente” también ha crecido, según ABC News/'Washington Post'. La confianza de una gran parte de EEUU en su líder ya estaba rota. Luego llegaron la pandemia, la crisis económica y una ola de caos civil.

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Violencia en la capital

Una vez desatada, la violencia en la capital no discriminó a nadie. Más de 50 agentes del Servicio Secreto, encargados de proteger al presidente, fueron heridos en las trifulcas y los cócteles molotov arrojados en el vecino Lafayette Park. Los disturbios se extendieron al centro. La histórica iglesia de Saint John, donde los presidentes acuden a misa desde hace 200 años, ardió momentáneamente. Las llamas tampoco perdonaron las oficinas de AFL-CIO, la mayor federación de sindicatos de EEUU.

La Casa Blanca culpó a la alcaldía de la capital de no imponer antes el toque de queda. “Cuando miras estas acciones confusas, como aquí, en Washington, la alcaldesa no impuso un toque de queda hasta las 11 de la noche”, dijo la portavoz del Gobierno, Kayleigh McEnany. “Bueno, adivinad qué: a las 10 de la noche teníamos la iglesia de Saint John ardiendo. Muchas otras ciudades decretaron toques de queda a las cuatro, a las cinco o a las seis de la tarde”.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

El presidente criticó a la alcaldesa, Muriel Bower, por no mandar a la policía metropolitana en ayuda del Servicio Secreto. Bower le respondió el domingo: “Con Trump escondido tras su verja, asustado/solo, estoy junto a la gente que se manifiesta pacíficamente, ejerciendo su derecho a la Primera Enmienda tras la muerte de George Floyd y cientos de años de racismo institucional”. Horas después, las llamas y el humo rodeaban el obelisco de Washington.

Incendia la retórica

Donald Trump lleva días vituperando en Twitter a los alcaldes y gobernadores demócratas por no ser lo suficientemente duros con los violentos. Este mismo lunes, instó a los gobernadores a tener una respuesta más dura, a intensificar las cargas policiales para acabar con las protestas. "Solo triunfan cuando ustedes son débiles y la mayoría de ustedes son débiles... Tienen que arrestar a la gente, juzgar a la gente, meterles diez años en prisión y nunca volverán a ver estas cosas". "Tienen que dominarlos, si no lo hacen, están perdiendo el tiempo. Van a arrollarles y ustedes van a parecer una panda de idiotas". Trump, durante la conversación con los líderes territoriales, terminó alabando la acción contra las protestas en Mineápolis y comparó la acción con jugar a los bolos: "Los tumbaron tan rápido como si fueran bolos".

Esta actitud le ha granjeado críticas incluso en su propio partido. “Está como intensificando la retórica”, dijo el gobernador de Maryland, el republicano Larry Hogan. “Creo que es lo opuesto al mensaje que tendría que venir de la Casa Blanca”. Otros líderes republicanos, como el senador de Texas, Ted Cruz, compartieron en las redes sociales la llamada a la concordia del representante demócrata John Lewis, veterano de la lucha por los derechos civiles. “A los amotinados aquí en Atlanta y a lo largo del país: os veo, os oigo”, escribió. “Conozco vuestro dolor, vuestra rabia, vuestros sentimientos de desesperación y desesperanza. La justicia, de hecho, ha sido negada durante demasiado tiempo. Amotinarse, saquear y quemar no es el camino. Organizaos. Protestad. Votad. Sed constructivos, no destructivos”.

La Guardia Nacional se desplegó en una veintena de estados para apoyar a la policía. En Louisville, Kentucky, alguien disparó a las tropas desde un grupo de manifestantes y estas respondieron, matando a una persona. “Está muy, muy claro que mucha gente no confía en la policía”, declaró el comisario de la ciudad, Steve Conrad. “Es un problema en el que tendremos que trabajar muy duro durante mucho tiempo”. Los disparos en Davenport, Iowa, dejaron dos muertos y varios heridos.

La fuerte presencia armada en las calles de Mineápolis, donde fue asesinado el afroamericano indefenso George Floyd, contuvo la violencia, más limitada que las dos noches anteriores. Aun así, hubo unos 200 detenidos. En Nueva York, varias tiendas de Manhattan, incluida Chanel, de la Quinta Avenida, fueron saqueadas.

"El presidente ha dejado muy claro que necesitamos ley y orden en este país. Un discurso desde el despacho oval no va a parar a Antifa"

Según el historiador Douglas Brinkley, en declaraciones a la CNN, estamos viendo la ola de protestas más intensa “desde el asesinato de Martin Luther King Jr en 1968”. Estos días, ha habido más de 4.000 detenciones a nivel nacional. Los episodios violentos, que llegan con la caída de la noche, eclipsaron los centenares de marchas pacíficas que se dieron durante el día en muchas ciudades. En el barrio de Queens, en Nueva York, varios agentes hincaron la rodilla, junto a los manifestantes, en rechazo de la brutalidad policial y el racismo.

El presidente, de momento, rechaza el consejo de los asesores que le recomiendan dar un discurso a la nación. “El presidente ha dejado muy claro que necesitamos ley y orden en este país”, dijo su portavoz, Kayleigh McEnany, en Fox News. “Un discurso nacional desde el despacho oval no va a parar a Antifa”. McEnany se refería al nebuloso grupo anarquista y de extrema izquierda al que Trump, sin ofrecer pruebas, ha culpado del caos, y quiere incluir en la lista de grupos terroristas.

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