Crisis económica interna, amenazas externas

Hong Kong, Trump y el cerdo agrian el 70 aniversario de la todopoderosa China

Pekín saca pecho con un desfile militar en superlativo, pero su 70 aniversario llega en un momento crítico: el régimen comunista tiene que apagar fuegos económicos y políticos

Foto: Soldados chinos desfilando con motivo del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China. (Reuters)
Soldados chinos desfilando con motivo del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China. (Reuters)

Sobre el papel, la República Popular China tiene razones de sobra para celebrar con orgullo el 70 aniversario de su proclamación. Desde que el 1 de octubre de 1949 Mao Zedong fundó lo que se conoce como 'la Nueva China', su renta per cápita ha pasado de poco más de 20 dólares al año a casi 10.000. A nivel nacional, eso supone un gigantesco salto: de los 12.300 millones de dólares que generaba entonces, China ha pasado a los 13,6 billones que la convierten en la segunda potencia mundial. Y ni siquiera Estados Unidos supera al gigante asiático en lo que respecta al comercio y a las manufacturas.

Pero Pekín no solo puede sacar pecho en términos económicos. Hace siete décadas, los chinos vivían poco más de 35 años, mientras que en 2018 la esperanza de vida superó los 77. No solo viven más del doble, también viven mejor: en estos 70 años, China ha logrado sacar de la pobreza a entre 600 y los 800 millones de personas, un número que oscila dependiendo de dónde se ponga el listón, y el Partido Comunista se ha propuesto hacer honor a su denominación con la extensión de un sistema de seguridad social a casi toda la población. Sin duda, las estadísticas del milagro chino apabullan incluso más que las banderas y los eslóganes propagandísticos que se han apoderado de todas las localidades del país.

No obstante, el desfile militar que deslumbra este martes con su milimétrica precisión y escala superlativa dejará un sabor agridulce en la cúpula del Partido Comunista. Porque la celebración llega en uno de los momentos más críticos que China vive desde que decidió abrirse al mundo, en 1978. No en vano, el país más poblado del mundo está afrontando de forma simultánea un escenario económico poco propicio, el órdago político que han lanzado los manifestantes prodemocracia de Hong Kong, y un creciente recelo en todo el mundo.

Lo que más preocupa es la coyuntura económica doméstica, porque la desaceleración del crecimiento, que se encuentra en el valor más bajo de las últimas tres décadas -un 6,2%-, puede sacudir la legitimidad sobre la que se asienta el poder absoluto que ejerce el Partido.

"Solo hay una razón por la que los chinos no demandan mayor apertura política y más libertades individuales: que su vida mejora cada año un poco. Si esa máxima que muchos ya dan por sentado desaparece, China puede verse abocada a la temida inestabilidad social", explica un profesor de Finanzas de una importante escuela de negocios china que prefiere mantenerse en el anonimato. "El escenario actual es complicado, las susceptibilidades están a flor de piel, y no quiero tener problemas", se justifica.

Solo hay una razón por la que los chinos no demandan mayor apertura política y más libertades individuales: que su vida mejora cada año un poco

En la situación económica actual confluyen elementos externos e internos. Entre los primeros destaca la guerra comercial que Donald Trump declaró a China el año pasado. Aunque los dirigentes chinos han repetido una y otra vez que su efecto es controlable, y han contraatacado con sus propios aranceles a productos estadounidenses, lo cierto es que las estadísticas del comercio exterior del gigante asiático alientan el pesimismo. En agosto, las exportaciones chinas cayeron un 1%, a pesar de que se esperaba un crecimiento similar al del 3,3% registrado en julio. Ni siquiera la depreciación del yuan impidió el descenso, que fue aún más acusado en las importaciones: China adquirió en el extranjero bienes por un valor un 5,6% menor.

La crisis del cerdo

Trump esgrime estos datos como muestra de que "China va mal", y una decena de empresarios de diferentes países contactados por El Confidencial muestran dudas sobre las cifras oficiales que ofrece Pekín.

"El sector de automoción no solo ha dejado de crecer, sino que ha caído", cuenta el responsable de una fábrica de componentes para automóviles. "Las ventas del vino también se han desplomado. En gran medida, se debe a la crisis económica que vive el país", añade un importador español de renombre. "Vamos a cerrar la fábrica para llevarla a Vietnam porque los números ya no dan", apostilla otro del sector industrial.

Por si fuese poco, a este panorama gris se han sumado los cerdos. Porque China es hoy el epicentro de la mayor epidemia de peste porcina que se recuerda: millones de animales han sido sacrificados, su precio se dispara en torno a un 10% al mes, y el Gobierno se ha visto obligado a echar mano de sus reservas de carne congelada para abastecer al mercado. Tan grave es el asunto que Pekín ha decidido retirar temporalmente los aranceles que gravan el porcino estadounidense. China es el mayor consumidor de carne de cerdo, y el aumento de los precios puede convertirse en un problema político.

Manifestantes prodemocracia en Hong Kong. (Reuters)
Manifestantes prodemocracia en Hong Kong. (Reuters)

Afortunadamente para los dirigentes comunistas, su férreo sistema de censura y de control de la prensa funciona y las noticias de las manifestaciones de Hong Kong llegan a la China continental convenientemente tamizadas. Eso impide que se materialice la visión del artista disidente Badiucao, que, en una de sus ácidas viñetas, imaginó a la excolonia británica como la cerilla encendida que hará prender a las que componen el resto del país.

De momento, la mayoría de los ciudadanos chinos recibe únicamente informaciones sobre la violencia que emplean los manifestantes, la vandalización de los símbolos patrios, y la supuesta injerencia extranjera que, según Pekín, alienta las protestas. Nada trasciende sobre la exigencia de sufragio universal.

No obstante, cada vez son más los que acceden a la prensa internacional utilizando una VPN -el 'software' que permite saltar la Gran Muralla Cibernética- y se muestran molestos con la falta de reformas políticas del régimen.

Todos estos asuntos erosionan la imagen y el poder del presidente Xi Jinping, que logró retirar el límite de dos mandatos para perpetuarse al timón del país. Aunque no sean visibles al público, dentro del propio Partido también hay varias facciones, y las guerras por incrementar la cuota de poder son constantes.

Además, el número de detractores del gran proyecto de expansión global de Xi, la Nueva Ruta de la Seda, se multiplica. La construcción de faraónicas infraestructuras y la integración económica que propone para vertebrar el mundo a su gusto ya no es tan bienvenida. Se demostró de nuevo el pasado día 21 en Kazajistán, donde una multitud se manifestó contra China y, más concretamente, contra la influencia que ejerce en el país. No es el único: el gigante asiático está adquiriendo peso político internacional gracias a las deudas que países en vías de desarrollo contraen con él. Pero, en algunas ocasiones, el tiro le está saliendo a Xi por la culata. Claro que todo esto no lo mencionará en el victorioso discurso que recogerá una generosa batería de micrófonos y emitirán en directo los medios de comunicación chinos.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios