Menos libertad vs más desarrollo económico

Buen ciudadano, a la fuerza: China acelera su plan de control social para 2020

Antes de que Black Mirror fantaseara con cómo la tecnología podría modificar nuestras vidas, el Gobierno chino ya barajaba medidas para controlar a su ciudadanía

Foto: Una prueba del sistema de reconocimiento facial en China. (Reuters)
Una prueba del sistema de reconocimiento facial en China. (Reuters)

En un abarrotado cine de la ciudad china Lishui, provincia de Zhejiang, el 'trailer' del estreno de la última entrega de Los Vengadores 'Endgame' tuvo unos villanos atípicos antes de presentar a los héroes de siempre. Justo antes del comienzo de la película y con el aforo completo, un breve anuncio de servicio público de las cortes locales mostraba los rostros y nombres de una docena de personas incluidas en la lista negra de morosos. El anuncio informaba a la audiencia de las posibles consecuencias de estar en esa relación, desde la prohibición de volar al extranjero o viajar en trenes de alta velocidad a conseguir un crédito bancario o comprar una vivienda. Bienvenidos al control social del comunismo del siglo XXI.

Antes de que la serie televisiva Black Mirror fantaseara con cómo la tecnología podría modificar nuestras vidas, el Gobierno chino ya estudiaba medidas para controlar a su ciudadanía. La tecnificación de la sociedad china, unidas a las concesiones de Pekín al capitalismo, estaban haciendo cada vez más difícil a las autoridades vigilar un país de 1.400 millones de habitantes y preservar la pureza ideológica. Desde hace años se aplica una fortísima censura en Internet y las autoridades pueden intervenir líneas telefónicas y monitorear la actividad online de la población. Pero eso ya no parece suficiente.

En 2020, el Gobierno de China dará un paso decisivo para afianzar un dominio sin precedentes en el control de la esfera pública con la implantación nacional del Sistema de Crédito Social. Combinando reconocimiento facial, geolocalización e inteligencia artificial, cada ciudadano y empresa chinos estarán sujetos a un sistema de puntos que premiará o castigará sus comportamientos en el mundo digital o físico.

Las autoridades aspiran a "crear una sociedad mejor", más consciente y educada. Pero sus críticos advierten que esto inaugurará una nueva era de autoritarismo tecnológico ubicuo y arbitrario. Y dicen que no hay que esperar al año que viene para ver hasta dónde puede llegar esta distopía comunista de nuevo cuño.

Un censor sin rostro

"No hubo archivo, ni orden policial, ni notificación oficial. Simplemente, me cortaron el acceso a las cosas que antes podía disfrutar. Lo que asusta realmente es que no hay nada que puedas hacer. No puedes protestar ante nadie. Te quedas atrapado en la mitad de la nada". El testimonio es del periodista chino Liu Hu, quien tras haber sido acusado de difamación y propagación de rumores por sus reportajes sobre corrupción acabó -sin aviso previo- en una lista negra que le impide reservar un vuelo o comprar una vivienda.

Su nombre había pasado a la lista de Personas Deshonestas Sujetas a Sanción de la corte suprema china, un catálogo con más de 7,5 millones de individuos que han visto sus libertades limitadas por supuesto mal comportamiento. Las ofensas van desde dejar de pagar costes judiciales a robar unos paquetes de cigarrillos. Y los castigos llegan a la expulsión de escuelas públicas, represión religiosa, trabas financieras e incluso la limitación de la velocidad de conexión a internet.

Aunque se ideó hace más de una década, el sistema de crédito social despegó en 2014. Dicho mecanismo de crédito -que en chino se conoce más como una forma de visión pública del ciudadano- se basará en que cada persona tenga asociado un código en el que se especificará una cantidad de puntos, que disminuirán en función de su comportamiento cívico. Por ejemplo, se penalizará que una persona cruce la calle con el semáforo para peatones en rojo, que grite en el metro o tire una colilla en la calle. Las omnipresentes cámaras de seguridad y la tecnología de reconocimiento facial lo harán posible.

Esta realidad futura es ya en muchos sentidos el presente de China. Actualmente existen varios proyectos piloto en todo el país del futuro sistema de crédito social, que el Partido deja en manos de las administraciones regionales por la complejidad de su funcionamiento. No obstante, en cualquier ciudad china es posible sentir cómo el control es total. En los vagones del tren bala se emite el típico aviso que recuerda a los viajeros que deben llevar un billete y "comportarse adecuadamente", pero acto seguido se comenta que se les está grabando con sistemas de reconocimiento facial y que su "mal comportamiento" puede significar una reducción de su crédito social.

Prisma Occidental

Acceder al mundo digital desde China nunca ha sido fácil. Se necesitan de herramientas digitales para burlar la censura gubernamental en internet, que bloquea las aplicaciones usuales del mundo occidental. Las versiones chinas, no obstante, funcionan muy bien. Pero a cambio de algo más: tus datos.

El peaje a pagar es que toda la información de cada usuario es visible para las autoridades chinas. Por ejemplo, la Universidad de Hong Kong detectó que, frente al aniversario de la matanza de Tiananmén, todos los comentarios y publicaciones relacionadas con el tema desaparecieron de WeChat y de la red social Weibo. Los portales de vídeo mantuvieron extraños mensajes de errores de mantenimiento de manera simultánea.

La aplicación móvil más utilizada es WeChat, que fusiona lo que para buena parte del mundo es WhatsApp, Facebook y un monedero electrónico que hace las veces de tarjeta de crédito, además de otras funcionalidades sociales para conocer gente o buscar amoríos. Actualmente, lo normal es pagarlo todo con WeChat u otra aplicación móvil, desde un café o el billete del metro hasta la compra. Si bien es muy cómodo, el registro de operaciones y movimientos queda en manos de empresas con las que el Gobierno tiene línea directa.

Esta información digital se combinará con la captada en el mundo real por cámaras, sensores y otros ciudadanos para combinarse en un detallado retrato digital de comportamiento. En China, no obstante, el sistema de crédito social es algo que quizás les suene mejor que en Occidente. Muchos chinos ya están acostumbrados y es habitual escuchar que prefieren una sociedad con menos derechos democráticos a cambio del desarrollo que ha tenido el país.

Desde las autoridades se incide en que el sistema de crédito social hará del país un lugar más cívico, en el que escupir en la calle o empujar en el transporte público esté penalizado, pese a que este cerco al mal comportamiento puede ser utilizado para limitar el libre albedrío o radicalizar el pensamiento único. Has sus defensores admiten que el sistema -imperfecto- posiblemente creará injusticias.

"Comparado con la mejora en la atmósfera de toda la sociedad, merece la pena el sacrificio", dijo Lin Junyue, el académico considerado el padre del sistema de crédito social en una entrevista con el diario estatal The Globe and Mail. "Si tenemos que arriesgarnos a convertir China en un país como Irak, Libia, Filipinas o Taiwán para obtener democracia, prefiero que no quedemos como estamos", concluyó.

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