CONTRA LA JOVEN PERIODISTA

Marruecos politiza un aborto para asestar un golpe letal a los islamistas moderados

La brigada antivicio apresó a la chica por mantener supuestamente relaciones sin estar casada e interrumpir su embarazo. Con esta detención, las autoridades asestan un nuevo golpe a los islamistas

Foto: Una fotografía de Hajar Raissouni
Una fotografía de Hajar Raissouni

A Hajar Raissouni, periodista de 28 años, la detuvieron el pasado sábado, junto con su novio, varios policías de paisano de la brigada antivicio en una calle de Rabat cerca de un clínica privada. Fue, según su abogado Saad Sahli, una detención "al estilo de las películas de Hollywood" que se prologó con un registro del consultorio médico. Nadie la había denunciado, pero fue apresada a raíz de una supuesta investigación policial. El lunes fue puesta a disposición judicial y el magistrado instructor ordenó poco después su ingreso en la prisión de Arijat, cerca la capital.

Fue a principios de semana cuando la prensa marroquí afín a las autoridades empezó a airear su caso. Ha sido imputada por "depravación", es decir, mantener relaciones sexuales sin haber contraído matrimonio, "aborto" y "usurpación de identidad" porque no habría registrado en la clínica bajo su verdadero nombre. El 9 de septiembre será juzgada junto con sus "cómplices": su prometido, un profesor de universidad sudanés, el ginecólogo que la atendió, un anestesista y la secretaria del médico. Todos ellos están también en prisión. Ella corre el riesgo de ser condenada hasta a dos años de cárcel, su novio a cinco y el ginecólogo hasta diez, además de ser inhabilitado para el ejercicio de su profesión.

Pese a su juventud, Hajar Raissouni no es una periodista cualquiera. Trabaja en el diario en árabe "Ajbar al Youm", uno de los pocos medios independientes que subsisten en Marruecos y cuyo director, Toufic Bouachrine, cumple una condena a doce años de cárcel por presuntos delitos sexuales. Cubrió además para este periódico afín a los islamistas la revuelta del Rif, aplastada a mediados de 2017, y entrevistó a su principal líder, Nasser Zefzafi, que cumple una condena a 20 años.

Un aborto falso

Hajar pertenece además a una familia islamista moderada muy conocida. Es sobrina de Ahmed Raissouni, de 66 años, que fue líder en Marruecos del islamista Movimiento para la Unicidad y la Reforma y ahora preside la Unión Mundial de Ulemas, una asociación religiosa conservadora respaldada por Qatar. Raissouni es conocido por su rechazo a que el rey de Marruecos, Mohamed VI, sea a la vez jefe del Estado y Comendador de los Creyentes, es decir líder espiritual de los musulmanes marroquíes.

La joven ha negado las acusaciones. "No he abortado", declaró ante el juez, porque como buena musulmana está en contra de la interrupción del embarazo. Tenía además la intención de casarse el próximo 14 de septiembre. Con su autorización, el diario para el que trabaja publicó en portada un certificado médico del Centro Hospitalario Universitario Ibn Sina de Rabat en el que constataba que no había sido sometida a ningún curetaje, una pequeña intervención quirúrgica que se efectúa a veces después de un aborto, pero sí sangraba abundantemente.

El ginecólogo confirmó además ante el magistrado instructor que, cuando acudió a su consulta, Hajar Raissouni perdía sangre y tuvo que "intervenir urgentemente para parar la hemorragia", según informó el rotativo. En el atestado policial el mismo médico, su anestesista y la secretaria reconocen, sin embargo, que sí la habrían ayudado a abortar, operación por la que pagó 4.200 dirhams (400 euros).

La trayectoria de Hajar Raissouni hace sospechar que la actuación policial y después la judicial, en un país donde la Justicia no es independiente, no obedecen al deseo de sancionar a una presunta abortista. "Se trata de un nuevo episodio de la utilización de la vida privada por el aparato del Estado para efectuar oscuros ajustes de cuentas", escribe el periodista Ali Amar en Le Desk, otra de las pocas publicaciones críticas que subsisten. "Tiene los ingredientes de una maquinación de carácter político", añade.

"Las libertades individuales constituyen una línea roja que no puede transgredirse por motivos políticos", recalcó la feminista Souad Ettaousi en declaraciones al diario Yabiladi.

¿Cuál sería el objetivo de esa maquinación? Quizás volver a escarmentar al Ajbar al Youm, un diario crítico. Acaso también asestar, a través de la periodista, un nuevo golpe a los islamistas moderados del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), que tanto incomodan al monarca aunque su líder, Saadeddin el Othmani, sea el primer ministro de un Gobierno marroquí carente de poder. Esta formación islamista ganó las elecciones legislativas de 2016 y el monarca se vio obligado colocar a uno de sus dirigentes, el más componedor, al frente del Ejecutivo.

La prensa oficialista de Marruecos no ha parado de revelar, gracias probablemente a las filtraciones de los servicios secretos, supuestos escándalos de responsables del PJD o afines al partido. Algunos son tan risibles como el de la diputada islamista Amina Maelainine que se hizo, en enero, un selfie sin hijab (pañuelo islámico) ante el célebre cabaret 'Moulin Rouge' de París. Sacar a relucir las transgresiones de los islamistas, por pequeñas que sean, es una manera de desacreditarles demostrando que tienen una doble moral.

Más allá de las redes sociales, la detención de Hajar Raissouni ha suscitado la reprobación y la solidaridad del Sindicato Nacional de Periodistas Marroquíes, del exprimer ministro Abdelila Benkiane, probablemente el político más popular en el momento, y hasta del príncipe Moulay Hicham, primo del rey de Marruecos. "Con estos métodos inaceptables el Estado contradice sus propios eslóganes sobre la promoción de un islam tolerante y el respeto de las libertades individuales", escribió en su página de Facebook.

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