condenado a cadena perpetua

La carta de Pablo Ibar en la que asegura que seguirá su lucha: "Me habéis salvado la vida"

El hispanoestadounidense fue declarado culpable el pasado mes de enero y en mayo conoció que en lugar de pena de muerte era sentenciado a cadena perpetua por un crimen de 1994

Foto: La carta que escribió Pablo Ibar
La carta que escribió Pablo Ibar

Mayo de 2019 fue una fecha clave para Pablo Ibar. Después de 25 años en la cárcel, 16 de ellos en el corredor de la muerte, esquivó la pena capital y fue condenado a cadena perpetua, una sentencia que según él mismo ha supuesto ver cómo "se levantaba un terroble peso de los hombros" de su familia. Ahora, en una carta escrita de su puño y letra, con ciertas dificultades gramaticales pero en castellano, ha agradecido a todos los que le han mostrado su apoyo, entre todos al Gobierno vasco, al Gobierno español y a las instituciones españolas, por haberle ayudado a lograr lo que ha considerado una "gran victoria". No obstante, en esta misiva asegura que seguirá luchando porque "esto no se queda así". "Voy a seguir luchando para demostrar mi inocencia, y cada pequeña ayuda que ustedes pueden ar es muy, pero que muy necesaria".

Entre agradecimientos, Ibar, de 47 años, ha enfrentado la "desilusión" que siente por haber sido declarado culpable una vez más mientras otros acusados han sido exonerados con la "victoria" que supone no ser condenado a muerte. "Tengo una convicción: esto ha sido una gran victoria. Ustedes han salvado mi vida". Ibar fue declarado culpable en 2000 por primera vez por un triple asesinato cometido en 1994; tras un largo proceso, el mes de enero de 2019 volvió a ser declarado culpable, con dos únicas opciones de sentencia: pena de muerte o cadena perpetua.

Tanya Ibar, esposa del hispanoestadounidense Pablo Ibar, abraza a su cuñado Michael Ibar, tras conocer la sentencia (EFE)
Tanya Ibar, esposa del hispanoestadounidense Pablo Ibar, abraza a su cuñado Michael Ibar, tras conocer la sentencia (EFE)

Después de conocer la sentencia, la familia de Ibar no pudo más que mostrar su felicidad, pero aseguró que apelaría. "Esto no es lo que queríamos en un principio, pero al menos es vida, es algo que celebrar, algo para estar feliz", dijo su esposa, Tanya Ibar. Ya entonces la esposa del condenado agradeció a los españoles su apoyo, porque sin ellos "esto no hubiera sido posible". Ahora el propio Pablo ha querido hacer lo mismo. Esta es la carta completa que ha escrito Ibar:

¡Hola, amigos!

En el nombre de mi familia y yo necesito agradecer a toda la gente que se juntó para ayudarme en este tiempo tan crítico. Tener tanta gente que nunca me ha conocido y que yo no conozco que puede juntarse para ayudar es algo que me hace sentir muy humilde. Aprecio a todos por igual y desearía poder agradecer y nombrar a todos. Quiero dar mi sincero agradecimiento al Gobierno vasco, al Gobierno español, al Congreso y al Senado, al embajador español aquí en Estados Unidos y al consulado general en Miami, a todos los miembros de la Asociación Contra la Pena de Muerte Pablo Ibar; a toda la que gente que me ha apoyado y me ha escrito durante los tiempos más oscuros de mi vida; a mi bella mujer Tanya y mi familia en España y aquí en Estados Unidos por sus esfuerzos y asistencia en mi lucha para justicia. Por ese esfuerzo estoy liberado de la horrible sentencia de muerte que ha sido una pesadilla para mi familia y para mí estos últimos 17 años. Obviamente me siento desilusionado por que me hayan encontrado culpable de nuevo, especialmente siendo inocente mientras otros han sido exonerados por el mismo crimen. Cuando el jurado recomendó mi sentencia de cadena perpetua vi el terrible peso levantarse de los hombros de mi familia. Aunque tengo una convicción, esto ha sido una gran victoria. Ustedes han salvado mi vida.

Algunos pueden sentir que mi sentencia de cadena perpetua es como un acto de misericordia, pero no puede haber misericordia sin justicia. Una cadena perpetua todavía significa que voy a morir en prisión por un crimen que no cometí. Hay muchos detalles que no puedo explicar ahora, porque mi apelación sigue. Por favor, creedme cuando os digo que esto no se queda así. Voy a seguir luchando para demostrar mi inocencia y cada pequeña ayuda que ustedes pueden dar es muy, pero que muy necesaria. Con su ayuda un día voy a poder volver a nuestro bello país, con mi familia, un sueño hecho realidad. Para cualquier persona que le gustaría saber más de mi caso y quiere ayudarme por favor vayan a la asociación Pablo Ibar. De nuevo, por favor, acepten mis gracias, os doy mi más sincero agradecimiento. Todo mi amor y mi interno aprecio. Sinceramente, Pablo.

El hispanoestadounidense fue declararado culpable por primera vez en verano del año 2000, seis años después del crimen que se le imputa. Era el tercer juicio contra Ibar, después de que el primero se declarara nulo y el segundo fuera aplazado. Ese mismo año fue condenado a muerte, pero años después y debido a las circunstancias del otro acusado, Ibar reformuló su defensa y en 2009 arrancó un largo proceso en el que se sigue estudiando el caso; mientras, Pablo Ibar seguía en prisión. Tres años después el juez se niega a reabrir el caso de Pablo Ibar, pero en diciembre de 2012 vuelve a ser juzgado el otro coacusado, Seth Peñalver, que acaba siendo declarado no culpable. Tras varias solicitudes por parte de la defensa, en 2016 el Tribunal Supremo de Florida anula la condena a pena capital dictada 16 años antes contra él, y comienza una nueva fase del juicio.

No obstante, después de que en enero fuera declarado culpable, solo tenía dos posibilidades para Ibar: la Fiscalía solicitó la pena de muerte, legal (y practicada) en muchos estados de los Estados Unidos. En lo que va de año, el Gobierno estadounidense ha ejecutado las penas capitales de siete personas, todos varones, tres en Texas, dos en Alabama, uno en Georgia y otro en Tenneessee; según los datos de la ONG Death Penalty Info, el último ejecutado en el estado de Florida fue Jose Jiménez, cuya pena fue ejecutada en diciembre de 2018. Una de las claves que permitió a la justicia declararlo culpable fue una pequeña cantidad de ADN de Ibar en una camiseta con la que uno de los asesinos se limpió la cara: no obstante, el 'software' que analizó este ADN (TrueAllele) no es infalible. Finalmente se le condenó a cadena perpetua.

El triple crimen de 1994

En enero de 1994 aparecieron tres cadáveres acribillados a disparos en una vivienda de Miramar, cerca de Fort Lauderdale (Florida): eran Casimir Sucharski, dueño de un club nocturno, y dos modelos que bailaban en el club, Sharon Anderson y Marie Rogers. Sucharski había colocado una cámara de seguridad en la casa, por temor a posibles robos: esta cámara fue la que grabó el asesinato: dos personas entraban en la vivienda, con la cara tapada, y en 22 minutos mataban a estas tres personas y se llevaban el dinero que Sucharski había escondido en unos zapatos. Uno de los asesinos se descubría la cara por un momento, y este momento fue captado por las imágenes de seguridad, que a pesar de su baja calidad fueron definitivas a la hora de definir la sentencia. El vídeo, sin embargo, es de tan baja calidad que la defensa sostiene que no debería haber sido admitido jamás como prueba.

La otra prueba que se utilizó fue la del ADN: apareció una pequeña cantidad de ADN de Pablo Ibar en una camiseta con la que uno de los dos asesinos se limpió la cara. No obstante, el 'software' de análisis genético que se utilizó para aportar la única prueba tangible contra el español "no es infalible en la práctica", como ocurre con todos los análisis forenses.

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