en el corredor de la muerte

El juicio (final) de Pablo Ibar: pena de muerte o cadena perpetua, sus únicas dos opciones

El hispanoestadounidense ha estado en prisión durante más de dos décadas, 16 años en el corredor de la muerte. En enero fue declarado culpable y solo queda conocer la sentencia

Foto: Pablo Ibar, en una comparecencia en 2016 (EFE)
Pablo Ibar, en una comparecencia en 2016 (EFE)

Tras 16 años en el corredor de la muerte, esta semana es clave para Pablo Ibar: la Justicia de Estdos Unidos decide durante estos días cuál es su futuro, aunque sus opciones son limitadas: o cadena perpetua, o pena de muerte. El pasado mes de enero, el guipuzcoano tuvo su última oportunidad en un caso que lleva abierto más de dos décadas, pero el jurado ratificó las condenas previas que le consideran uno de los dos responsables de triple asesinato en 1994: fue declarado culpable de manera unánime. Solo queda que el juez encargado del caso, Dennis Bailey, dicte sentencia.

En este nuevo proceso, Ibar ha llegado a perder los papeles en la fase del juicio, acusando al juez de ir en su contra y de favorecer a la Fiscalía que pide la pena capital para él. "Esta es otra instancia de su parcialidad contra mí, lo que ellos piden se lo da", acabó diciendo Ibar al juez con tono enérgico. El embajador español en Estados Unidos, Santiago Cabanas, que ha sido citado a declarar, ha recordado que "para nosotros y por la experiencia que tenemos la vida de Pablo es importante". "Es una vida que merece la pena salvar", dijo. El cónsul en Miamo también ha sido llamado a testificar, así como el padre de Pablo Ibar y otros familiares. En días, o quizás horas, Ibar puede conocer su sentencia.

¿Pena de muerte o cadena perpetua?

El hispanoestadounidense fue declararado culpable por primera vez en verano del año 2000, seis años después del crimen que se le imputa. Era el tercer juicio contra Ibar, después de que el primero se declarara nulo y el segundo fuera aplazado. Ese mismo año fue condenado a muerte, pero años después y debido a las circunstancias del otro acusado, Ibar reformuló su defensa y en 2009 arrancó un largo proceso en el que se sigue estudiando el caso; mientras, Pablo Ibar seguía en prisión. Tres años después el juez se niega a reabrir el caso de Pablo Ibar, pero en diciembre de 2012 vuelve a ser juzgado el otro coacusado, Seth Peñalver, que acaba siendo declarado no culpable. Tras varias solicitudes por parte de la defensa, en 2016 el Tribunal Supremo de Florida anula la condena a pena capital dictada 16 años antes contra él, y comienza una nueva fase del juicio.

No obstante, después de que en enero fuera declarado culpable, ya solo quedan estas dos posibilidades para Ibar: la Fiscalía solicita la pena de muerte, legal (y practicada) en muchos estados de los Estados Unidos. En lo que va de año, el Gobierno estadounidense ha ejecutado las penas capitales de siete personas, todos varones, tres en Texas, dos en Alabama, uno en Georgia y otro en Tenneessee; según los datos de la ONG Death Penalty Info, el último ejecutado en el estado de Florida fue Jose Jiménez, cuya pena fue ejecutada en diciembre de 2018. Una de las claves que permitió a la justicia declararlo culpable fue una pequeña cantidad de ADN de Ibar en una camiseta con la que uno de los asesinos se limpió la cara: no obstante, el 'software' que analizó este ADN (TrueAllele) no es infalible.

El triple crimen de 1994

En enero de 1994 aparecieron tres cadáveres acribillados a disparos en una vivienda de Miramar, cerca de Fort Lauderdale (Florida): eran Casimir Sucharski, dueño de un club nocturno, y dos modelos que bailaban en el club, Sharon Anderson y Marie Rogers. Sucharski había colocado una cámara de seguridad en la casa, por temor a posibles robos: esta cámara fue la que grabó el asesinato: dos personas entraban en la vivienda, con la cara tapada, y en 22 minutos mataban a estas tres personas y se llevaban el dinero que Sucharski había escondido en unos zapatos. Uno de los asesinos se descubría la cara por un momento, y este momento fue captado por las imágenes de seguridad, que a pesar de su baja calidad fueron definitivas a la hora de definir la sentencia. El vídeo, sin embargo, es de tan baja calidad que la defensa sostiene que no debería haber sido admitido jamás como prueba.

La otra prueba que se utilizó fue la del ADN: apareció una pequeña cantidad de ADN de Pablo Ibar en una camiseta con la que uno de los dos asesinos se limpió la cara. No obstante, el 'software' de análisis genético que se utilizó para aportar la única prueba tangible contra el español "no es infalible en la práctica", como ocurre con todos los análisis forenses.

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