cumbre en buenos aires

Bin Salman, compañero incómodo en el G20... excepto para Putin

Para el príncipe heredero saudí, este primer viaje al extranjero tras el asesinato de Jamal Khashoggi era un intento de lavado de cara que no está saliendo demasiado bien

Foto: Mohammed Bin Salman y Vladimir Putin. (Reuters)
Mohammed Bin Salman y Vladimir Putin. (Reuters)

El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed Bin Salman, no es exactamente un apestado, pero se acerca bastante, al menos todo lo que puede serlo el representante de la petromonarquía más importante del mundo. Su viaje a Buenos Aires para participar en la cumbre del G-20 -el primero que hace tras el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi-, concebido como un intento de lavado de cara, no está saliendo demasiado bien.

Bin Salman aterrizó el miércoles en la capital argentina en medio de espectaculares medidas de seguridad y de una denuncia por su responsabilidad en presuntos crímenes de lesa humanidad en la guerra de Yemen. El proceso ha sido admitido a trámite por el juez federal Ariel Alijo, y podría prosperar, porque Argentina, a diferencia de España, es uno de los países que reconoce el concepto de justicia universal. Aunque casi nadie cree que haya tiempo para que se pongan en marcha los mecanismos necesarios para detenerle en las breves jornadas que permanecerá en el país.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan pasa por delante de Mohamed Bin Salman sin mirarle. (Reuters)
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan pasa por delante de Mohamed Bin Salman sin mirarle. (Reuters)

Este viernes, parado en una esquina al fondo de la tribuna, ha visto cómo la mayoría de los líderes internacionales, como el turco Recep Tayyip Erdogan, pasaban a su lado sin dirigirle la palabra, o como en el caso de Donald Trump, hacían apenas un leve gesto de reconocimiento. Con discreción, ha logrado mantener breves conversaciones con figuras como el hasta ahora presidente mexicano Enrique Peña Nieto (que cesa en su cargo este sábado) o el surcoreano Moon Jae-in. Migajas, pero suficiente para que la diplomacia saudí haya podido clamar sobre los encuentros internacionales del príncipe heredero en los pasillos del G-20.

Los mandatarios dispuestos a dejarse fotografiar con él son pocos: el indio Narendra Modi, el sudafricano Cyril Ramaphosa y el chino Xi Jinping, poco dados a sumarse a la ola de indignación en el mundo occidental, que en muchos casos consideran hipócrita. Entre los europeos, la excepción más notable es la del presidente francés Emmanuel Macron, que ya había señalado su disposición a mantener un encuentro bilateral con Bin Salman. Hoy se han visto antes del acto inaugural: Macron se ha mostrado serio e impasible ante la sonrisa del príncipe, señalando la postura de Francia ante la muerte de Khashoggi y la implicación de Arabia Saudí: "Nunca me escuchas", le ha espetado el líder europeo.

La primera ministra Theresa May también se verá con Bin Salman, teóricamente para leerle la cartilla. “Tengo intención de hablar con el príncipe heredero de Arabia Saudí. El mensaje que le voy a dar será muy claro, sobre el asunto de Jamal Khasshogi, pero también sobre el asunto de Yemen. Queremos ver una investigación plena y transparente en relación con lo sucedido, y obviamente cómo los responsables rinden cuentas”, ha dicho May a los reporteros que viajaban con ella hacia Buenos Aires.

Pero la gran excepción la ha marcado Vladímir Putin, tal vez por su propia condición de 'chico malo' de la escena internacional, acentuada estos días por la crisis entre Rusia y Ucrania en el mar de Azov, por la que Trump ha cancelado la reunión bilateral prevista con el ruso. Putin y Bin Salman se han saludado chocando los cinco y con palmadas en la espalda, con una efusividad algo sorprendente.

En el gran tablero de Oriente Medio, de Siria a Irán, Rusia y Arabia Saudí juegan en bandos opuestos. Pero, como han señalado algunos observadores, el creciente aislamiento del príncipe heredero podría empujar a los saudíes hacia Moscú. A estas alturas parece ya claro que la Casa de Saud no está dispuesta a sacrificar a Bin Salman para salvar las relaciones con Occidente, como esperaban muchas cancillerías europeas. Para Putin, una conexión amistosa con Arabia Saudí tiene mucho sentido en frentes como la OPEP o el apoyo al régimen militar en Egipto, en un momento en el que Rusia está ocupando el vacío de liderazgo que EEUU deja en la región. En ese contexto, Riad bien vale un apretón de manos.

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