"su situación geográfica es una gran oportunidad"

La OTAN ya tiene reemplazo para la díscola Turquía: la vecina Grecia

Pese al desencuentro con Ankara, la Alianza Atlántica no puede perder peso en el Mediterráneo oriental, clave en las misiones en Oriente Medio. El giro hacia Atenas es gradual pero firme

Foto: Militares estadounidenses en el aeropuerto internacional Eleftherios Venizelos de Atenas, en noviembre de 2016. (Reuters)
Militares estadounidenses en el aeropuerto internacional Eleftherios Venizelos de Atenas, en noviembre de 2016. (Reuters)

En ningún lugar ha tenido la OTAN tantos problemas para mantener la disciplina como en su flanco sureste. Ni siquiera la pertenencia mutua a la Alianza Atlántica pudo impedir que Grecia y Turquía, dos países tradicionalmente enemigos, se enzarzasen en una nueva guerra a propósito de Chipre en 1974. Pero dada la creciente insubordinación del Gobierno turco ante las solicitudes de sus socios militares, el Pentágono se ha visto obligado a recurrir a Atenas como única alternativa viable para sostener sus operaciones en la zona.

Según el Wall Street Journal, el ejército estadounidense está manteniendo conversaciones con el Ejecutivo y las fuerzas armadas de Grecia para expandir sus operaciones en el país, incluyendo el uso de bases aéreas y navales. “Si ves la geografía, y si miras a las operaciones en curso en Libia y Siria, y si miras a otras operaciones potenciales en el Mediterráneo oriental, las oportunidades aquí son bastante significativas”, declaró a principios de mes el jefe del Estado Mayor de EEUU, el general Joseph Dunford,

“Nuestra relación bilateral con Grecia no pretende de ningún modo que ocurra a expensas de Turquía”, afirmó Dunford. No obstante, a nadie se le escapa que la inquietud que reina en la Alianza respecto al comportamiento de Ankara, cada vez más desafiante, es un motivo capital en esta decisión. Turquía mantiene un contencioso abierto con EEUU debido al encarcelamiento de un pastor estadounidense en el país, que ha derivado en sanciones y una guerra económica, sino que el Gobierno turco insiste en seguir adelante con la adquisición de misiles S-400 de Rusia, incompatibles con los sistemas de la OTAN.

Sin embargo, los estrategas estadounidenses siguen considerando la región como una parte vital de su planificación. “El Mediterráneo oriental forma una falla geoestratégica entre Europa y Oriente Medio. Guerras, actos genocidas, movimientos nacionalistas y turbulencias han sacudido la región durante siglos y le han presentado al sistema internacional algunos de sus desafíos estratégicos más problemáticos”, afirma un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington. “Pese a la relativa falta de atención estadounidense al Mediterráneo oriental, los intereses de EEUU en la región continúan siendo importantes”, sostiene el documento.

El portaaviones USS Harry S. Truman en la bahía de Souda, en Creta, en diciembre de 2010. (Reuters)
El portaaviones USS Harry S. Truman en la bahía de Souda, en Creta, en diciembre de 2010. (Reuters)

Una opción prometedora

De acuerdo con la publicación Military Times, la primera en informar sobre esta cuestión, el plan contempla incrementar el acceso de aeronaves y buques militares estadounidenses a instalaciones griegas, y la celebración de maniobras conjuntas con el ejército griego. “Esas son discusiones que el general Curtis Scaparrotti [comandante supremo aliado para Europa] y otros están teniendo en estos momentos, mientras observan la región en términos de dónde desplegar fuerzas”, declaró un oficial estadounidense a dicho medio. “Grecia ha estado echando un ojo en el vecindario y reconocen la misma inestabilidad que nosotros. Ellos siempre han estado inquietos respecto a su aliado en la OTAN, Turquía”, indicó.

Esta primavera, la Fuerza Aérea de EEUU empezó a operar drones MQ-9 Reaper desde la base griega de Larisa, y lleva años utilizando el puerto de la bahía de Souda, en Creta, el único en toda la zona en el que pueden atracar portaaviones. Sin embargo, el Pentágono considera que está a plena capacidad, y que ha llegado la hora de buscar otras opciones.

Otra ventaja a la hora de promover la relación con Grecia: el país ya cumple con su compromiso económico con la OTAN, que exige a sus miembros gastar un 2% de su PIB en Defensa. Y aunque este requisito había sido a menudo obviado por sus mandos frente a otras consideraciones, como la participación en las misiones de la Alianza, la insistencia de Donald Trump ha vuelto a ponerlo sobre la mesa. Este mes, el ministro de Defensa griego Panos Kammenos alabó la expansión de la relación militar con EEUU. “Vamos a avanzar juntos hacia el futuro. Los acuerdos militares se expanden y este ayudará a Grecia a convertirse en un socio estratégico a lo largo y ancho del Mediterráneo”, afirmó.

Desde 2015 Turquía ha ido incrementando gradualmente las restricciones al uso de la base aérea de Incirlik para operaciones en Siria e Irak, lo que ya motivó el traslado de algunas misiones de bombardeo a Qatar. La situación se ha deteriorado todavía más a raíz del intento de golpe de estado contra Erdogan en 2016: no solo muchos turcos -un pueblo que adora las teorías de la conspiración- están convencidos de la implicación estadounidense en la intentona, sino que Ankara está profundamente molesta por la negativa de Washington a extraditar a Fethullah Gülen, el teólogo a quien acusa de estar detrás de la intentona, y por el apoyo norteamericano a las milicias kurdas en Siria.

Por si fuera poco, tras la asonada se ha producido una virulenta purga de las fuerzas armadas. Si hasta hace unos años el ejército se consideraba a sí mismo el garante del laicismo y muchos de sus oficiales habían estudiado en academias estadounidenses y mantenían estrechas relaciones con otros militares extranjeros en el marco de la OTAN, ahora han sido sustituidos en gran medida por otros de credenciales ultranacionalistas y religiosas, más en línea con los postulados del Gobierno del presidente turco Recep Tayyip Erdogan.

Fuerzas Especiales del Ejército Heleno marchan durante el Día de la Independencia de Grecia, el 25 de marzo de 2018. (Reuters)
Fuerzas Especiales del Ejército Heleno marchan durante el Día de la Independencia de Grecia, el 25 de marzo de 2018. (Reuters)

El problema de los S-400

Por todo ello, algunos expertos consideran que la Alianza debería romper con Turquía cuanto antes. Michael Rubin, del think tank conservador American Enterprise Institute, rechaza las voces de aquellos que creen que el país es un socio estratégico en una región demasiado importante como para dejarlo ir. “Lo que ignoran [estas voces] es lo que 15 años de Erdogan le han hecho al antiguo aliado de Estados Unidos. Por decirlo brevemente, confunden la Turquía de ayer con la Turquía de hoy”, escribe en una columna de opinión publicada en el Washington Post el pasado agosto. “La cuestión de lo que Turquía podría hacer si EEUU corta la relación es válida. Pero cuando los valedores de Turquía citan su importancia en la guerra contra el Estado Islámico, olvidan mencionar que el ISIS sólo pudo tener semejante éxito porque Turquía permitió que combatientes extranjeros y equipamiento cruzasen sus fronteras”, sostiene Rubin.

Pero el factor que podría ser definitivo es la decisión turca de comprar el sistema de defensa de misiles S-400 a Rusia. “Hay una creciente preocupación en EEUU sobre esta adquisición por parte de un aliado en la OTAN. De hecho, el miedo es que, incluso sin ser interconectados a la red, potenciales 'puertas traseras' puedan estudiar datos operativos críticos y firmas electromagnéticas del sistema aéreo de última tecnología y transmitirlos y la inteligencia militar rusa”, afirma un informe del Centro de Estudios de Economía y Política Exterior (EDAM) de Ankara, titulado significamente “¿Está Turquía saliendo como un sonámbulo de la Alianza?”. En caso de que no se llegue a un acuerdo sobre esta cuestión, “puede actuar a la capacidad de Turquía de actuar como un aliado interoperable. En otras palabras, este desacuerdo eleva la posibilidad de un daño severo a la alianza de la OTAN y, por extensión, a la seguridad transatlántica”.

La hostilidad mutua entre Turquía y Grecia solo se relajó la década pasada por decisión de sus gobernantes, especialmente en el caso turco, que apostó por una política de “cero problemas con los vecinos”. Pero para Erdogan, el conflicto y la agitación xenófoba generan réditos políticos, y con el ultranacionalista Kammenos formando parte del Gobierno griego, era cuestión de tiempo que la tensión reapareciese. Los tribunales griegos también han rechazado la extradición de un grupo de militares turcos que huyeron a Grecia tras el fracaso del golpe de 2016, y se han incrementado las provocaciones mutuas y los encontronazos en el mar Egeo. Un marco que desembocó en tragedia por la muerte de un piloto de 34 años que se estrelló en la isla de Skyros tras interceptar una intrusión de cazas turcos, y que a punto estuvo de desembocar en un incidente aún más serio.

Por eso, Atenas parece haber acogido con los brazos abiertos el acercamiento estadounidense. El riesgo ahora es que, a medida que Turquía se aleja de los postulados de sus socios de la OTAN, esto se traduzca en una confrontación aún mayor con su vecino de al lado.

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