MÁS DE 40 PAÍSES están ASOCIADOS a la alianza

De Israel a Colombia: qué implicaciones tiene convertirse en 'país socio' de la OTAN

El colombiano ha sido el primer Gobierno de Latinoamérica en asociarse con la organización, que ya tiene mecanismos de cooperación militar en todos los continentes, no sin controversia

Foto: Soldados de la OTAN durante los ejercicios militares Saber Strike en Orzysk, Polonia, en junio de 2017. (Reuters)
Soldados de la OTAN durante los ejercicios militares Saber Strike en Orzysk, Polonia, en junio de 2017. (Reuters)

Desde el pasado domingo y hasta el próximo 15 de junio, 18.000 soldados procedentes de 19 naciones participan en maniobras militares masivas en Polonia y los estados del Báltico. Se trata de los ejercicios anuales Saber Strike ('Golpe de Sable') de la OTAN, dirigidos a “mejorar la respuesta y la interoperabilidad” entre sus miembros y socios, con un ojo puesto en Rusia. Este año, además, cuentan con una novedad: la presencia, por primera vez, de Israel. Según informó este lunes el diario israelí Haaretz, docenas de comandos israelíes han partido ya hacia Europa del Este para tomar parte en estas prácticas. Es también el único país socio de la Alianza Atlántica, junto a Macedonia, que lo hará.

Esta participación no ha estado exenta de polémica, sobre todo por el momento en el que sucede: apenas tres días después de que el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, asegurase a la revista Der Spiegel que en caso de un hipotético ataque iraní contra Israel, el organismo no defendería a este país. “Israel es nuestro socio, pero no es miembro de la OTAN. La garantía de seguridad [de defensa mutua] del artículo 5 no se aplica a Israel”, afirmó.

¿Qué implica, entonces, que un país sea socio de la Alianza Atlántica? La pregunta ha resurgido en estos meses, después de que la semana pasada Colombia se convirtiese en el primer país de Latinoamérica en formalizar una asociación de este tipo con la OTAN (Argentina ya lo intentó hace una década, sin éxito). La medida ha sido duramente criticada, entre otros, por el Gobierno venezolano, que ha asegurado que su propósito era “intimidar” a otros países de la región. "Venezuela denuncia (...) ante la comunidad internacional la intención de las autoridades colombianas de prestarse para introducir en América Latina y el Caribe una alianza militar externa con capacidad nuclear, lo que a todas luces constituye una seria amenaza para la paz y la estabilidad regional", afirmó la Cancillería [ministerio de Exteriores] de dicho país el pasado 26 de mayo en un comunicado.

A estas acusaciones respondió el propio presidente colombiano, Juan Manuel Santos: "Este programa busca trabajar para la construcción de la integridad con las fuerzas militares. No es que Colombia se convierta en miembro de la OTAN. No vamos a participar en operaciones militares de la OTAN". Pocos días después, el ministro de Defensa Luis Carlos Villegas amplió la explicación: “Tenemos operaciones humanitarias, rescate, gestión de crisis, cooperación en seguridad para emergencias civiles, lucha contra el terrorismo, ciberseguridad (…), crimen organizado y planeación”, dijo, enumerando las áreas en las que el ejecutivo colombiano esperaba que las fuerzas armadas se beneficiasen de esta cooperación.

“Estas asociaciones buscan reforzar tanto el diálogo político como la interoperabilidad con las fuerzas armadas de los países socios, con vistas a que puedan operar con las de la OTAN en cualquier situación. No solo en escenarios como el de Afganistán, sino donde surja una crisis y haya fuerzas de la OTAN desplegadas”, explica Nicolás de Pedro, investigador senior del CIDOB y experto en temas sobre la Alianza Atlántica. “En estos programas hay algunos países muy desarrollados y democráticos, como Australia, Japón o Nueva Zelanda, pero hay otros que no lo son tanto. A estos, la asociación con la OTAN les permite acceder a iniciativas de mejora de la gestión de las fuerzas armadas, desde la lucha contra la corrupción a una mejor formación para oficiales o soldados, o el intercambio de experiencias. Lo que se intenta al tratar con estos países es que sus fuerzas armadas sean lo más competentes posibles, que asuman el respeto de los derechos humanos, y al mismo tiempo garanticen la estabilidad y la seguridad en sus zonas adyacentes”, dice a El Confidencial.

Planes a la carta

Este tipo de asociaciones son menos controvertidas que la integración de determinados países como miembros de pleno derecho, como fue el caso de varios países del antiguo Pacto de Varsovia o ex miembros de la URSS, en las ampliaciones de 1999 y 2004, o la más reciente de Montenegro. Los programas empezaron con el desplome del bloque del Este, el que hasta ese momento había justificado la existencia de la OTAN: en 1994, el organismo lanzó la llamada Asociación para la Paz, un mecanismo de cooperación con sus antiguos enemigos y con otros estados europeos no integrados en la Alianza, como Suecia, Irlanda o Suiza. Ese mismo año también se creó el Diálogo Mediterráneo, con un propósito similar pero dirigido al norte de África y algunos estados de Oriente Medio, como Israel y Jordania. En 2004 se añadió la Iniciativa de Cooperación de Estambul, que incluye a varios estados del Golfo, como Kuwait, Bahréin, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Además, la OTAN mantiene una relación individual con otros países socios, como Australia, Nueva Zelanda, Afganistán, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Pakistán y, ahora, también Colombia, según explica la propia organización.

“Para la OTAN, las ventajas tienen que ver con sus objetivos políticos y operativos. En el caso del norte de África, por ejemplo, se trata de proyectar estabilidad, y cooperar con las fuerzas armadas locales, en principio, contribuye a reforzar esa seguridad. Y, obviamente, a todos los países miembros de la OTAN, significativamente a los del sur de Europa, les interesa un Mediterráneo occidental estable y seguro”, opina De Pedro. “Luego están también los acuerdos individuales, de los que hay un abanico muy amplio. En función de lo que a cada país le interesa coger del menú que puede ofrecerle la OTAN, o de cuánto acepta reformarse, puede ir a más o a menos. Y cuando realmente un país se va a integrar, ya es un programa mucho más detallado, el IPAP [por las siglas en inglés de Planes de Acción de Asociación Individual], aunque a veces pueden darse con países que no contemplan el horizonte de la integración”, comenta este experto.

En el caso de Colombia, el profesor Mauricio Jaramillo explica que la decisión de solicitar la relación con la OTAN fue tomada por la administración del presidente Álvaro Uribe, motivado por el ascenso de los gobiernos de izquierdas en la región, especialmente el de Hugo Chávez en Venezuela, y la alarma generada por la compra de aviones de combate rusos y 100.000 fusiles Kalashnikov. “La lógica era que el país estaba rodeado de enemigos y por eso era necesario buscar alianzas militares extrarregionales”, indica, en una entrevista con el diario El Espectador. El acercamiento cuajó en 2013, cuando miembros del ejército colombiano empezaron a recibir formación en las academias militares de Italia y Alemania. Dos años después, la marina colombiana contribuyó en una misión de la OTAN contra la piratería en el Cuerno de África, lo que terminó de impulsar la candidatura a convertirse en un país asociado de la Alianza.

Bogotá ya disfrutaba además de la confianza de Washington, que llevaba años financiando el llamado Plan Colombia de lucha contra la droga y la insurgencia, mediante el que este estado se había convertido en el tercer receptor de ayuda militar estadounidense, después de Israel y Egipto. “Esta compatibilidad, unida a la coyuntura política en la que Colombia fue un estado que nunca giró a la izquierda como lo hicieron otros países de la región, garantizaron la asociación con la OTAN”, comenta Jaramillo.

El Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg le cede el espacio al presidente colombiano Juan Manuel Santos, durante su visita a la sede de la organización en Bruselas para sellar la asociación, el 31 de mayo de 2018. (Reuters)
El Secretario General de la OTAN Jens Stoltenberg le cede el espacio al presidente colombiano Juan Manuel Santos, durante su visita a la sede de la organización en Bruselas para sellar la asociación, el 31 de mayo de 2018. (Reuters)

Mala fama

“Lo que le interesa a Colombia es tener una interlocución con todos los países miembros, empezando por EEUU, y reforzar así su peso regional e internacional. Pero si eventualmente tiene un incidente fronterizo o una escalada de tensiones con algún vecino, obviamente esto a la OTAN ni le obliga a nada ni le concierne necesariamente. Además, imagino que Colombia querrá beneficiarse de los programas de colaboración con la OTAN en todo tipo de ámbitos, incluyendo investigación y desarrollo de capacidades”, señala De Pedro. “Y la misma lógica aplica al caso de Israel y sus tensiones con Irán. Que Israel participe en unos ejercicios en el Báltico no entraña ninguna obligación para ninguna de las partes como ha recordado Stoltenberg, aunque sea obvio”, asevera.

¿De dónde viene entonces la polémica? “El ruido mediático que suelen generar estas asociaciones tiene que ver, sobre todo, con la acción de determinados medios de comunicación”, cree De Pedro. “Los medios estatales rusos o venezolanos suelen darles mucho bombo y presentarlo de forma muy siniestra y preocupante. Pero la realidad es que cada país coopera solo hasta dónde quiere llegar y que estos programas, pese a su utilidad, tienen un impacto estratégico limitado. Además, son bastante transparentes y sin agendas ocultas”, afirma. En todo caso, “todo lo que hace la OTAN suele despertar cierta controversia, que tiene más que ver con el desconocimiento y estereotipos difundidos, en ocasiones, intencionadamente por actores como Rusia que desean redefinir el marco de seguridad en el continente europeo”, dice.

Pero en muchos países, el rechazo a la organización viene de antiguo y no depende exclusivamente de la luz con la que es retratada en los medios. En la propia Colombia, la decisión ha dividido a políticos y expertos. “Colombia es un país que debe estar inscrito en la órbita de las naciones que están construyendo paz y no intervenciones militares o acciones bélicas en el mundo, y la OTAN es un pacto militar que se caracteriza por ese tipo de acciones, así que no veo qué tiene que hacer Colombia, que está intentando consolidar su proceso de paz en este momento, en pactos o bloques militares que pueden terminar llevándonos a dinámicas de guerra internacional”, declaró el senador Iván Cepeda, del progresista Polo Democrático e integrante de la comisión del Senado encargada de política internacional y defensa, al diario El Heraldo de Colombia. Cepeda expresó además su preocupación por el deterioro de la relación de su país con Venezuela, y por la posibilidad de que eso hubiese condicionado la medida: “Yo espero que eso no sea así, porque el presidente Santos ha dicho en reiteradas oportunidades que Colombia es partidaria de las salidas de carácter diplomático y que no va a estar de acuerdo con una intervención militar”, aseguró.

De Pedro indica que obviamente la decisión de alinearse con la Alianza Atlántica puede tener un coste diplomático, pero cree que se trata de un paso menos radical de lo que pueda parecer en un principio. “Toda acción genera una reacción, y no puedes conseguir tu seguridad a costa de tu vecino. Pero una relación con la OTAN tampoco cambia tanto la situación estratégica de un país, más allá de contribuir a la mejora de sus fuerzas armadas y la interoperabilidad. Implica un cierto acercamiento político y genera confianza mutua, que no es poco, pero no cambia tanto el panorama estratégico en un país”, comenta. “Además, estas iniciativas no son excluyentes. Un buen ejemplo es Kazajistán, un país entusiasta en su cooperación con la OTAN, pero que al mismo tiempo ha mantenido su estrecha relación con Rusia en materia de defensa”, señala. La propia Rusia, de hecho, ingresó también en la Asociación para la Paz en los años 90, si bien desde 2014, tras la invasión de Crimea, se ha suspendido toda cooperación militar y civil, salvo los contactos diplomáticos de alto nivel. Tal vez no sea así para otros países, pero para el Kremlin, la OTAN sigue siendo la misma de siempre.

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