con las elecciones europeas en mente

Marion Maréchal (Le Pen): "Queremos gestar algo como un gobierno en la sombra"

La sobrina de Marine Le Pen y nieta de Jean-Marie Le Pen acaba de fundar una escuela de pensamiento en Lyon para entrar en la "batalla cultural" y propiciar un giro hacia la derecha

Foto: Marion Márechal se ha retirado de la primera línea, para hacer política desde su escuela. (Reuters)
Marion Márechal se ha retirado de la primera línea, para hacer política desde su escuela. (Reuters)

Marion Maréchal (1989), sobrina de Marine Le Pen y nieta de Jean-Marie Le Pen, el histórico dirigente del Frente Nacional francés, acaba de fundar una escuela de pensamiento en Lyon. Su intención es convertirlo en un centro de formación de élites capaz de contrarrestar el "dominio cultural de la izquierda". Para ello cuenta en su equipo docente con personalidades vinculadas a Donald Trump y a la Alternative Right norteamericana. Nos advierte de que no da muchas entrevistas —esta a El Confidencial es la primera que ofrece a un medio español tras la inauguración de su escuela— y de que no quiere hablar de su tía, Marine Le Pen. Pero a estas alturas casi nadie esconde ya en el Frente Nacional que ella es la favorita para liderar el partido y que eso será "mucho más temprano que tarde".

PREGUNTA. Usted comienza hoy un proyecto que ha definido como "metapolítico".

RESPUESTA. Sí, la creación del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas [ISSEP, en sus siglas en francés]) se inscribe en el marco de un combate cultural. Existe una continuidad entre mi compromiso político pasado y lo que hago ahora. Lo que cambia es el modo: antes hacía política por arriba y por el camino de las instituciones, y ahora hago política a través de la sociedad civil y desde abajo.

Marion Maréchal. (Reuters)
Marion Maréchal. (Reuters)

Cuando digo que hago "política" no me refiero a "política militante" ni partidista. Me refiero al sentido más noble del término: como servicio a la ciudad. Y hay muchos modos de "servir a la ciudad", puede ser a través del camino electoral, pero puede también ser a través del combate cultural.

P. Después de su intervención en la Conferencia Anual de los Conservadores Estadounidenses (CPAC) en febrero de 2018 hemos visto que las relaciones entre ustedes y un sector de la derecha americana vinculado a Donald Trump se han intensificado. De hecho, Stephen Bannon no solo intervino en el congreso de refundación del Frente Nacional sino que una de sus personas más próximas, Raheem Kassem (editor del medio digital 'Breitbart London') participa activamente en la escuela que usted acaba de fundar, al igual que el filósofo norteamericano Paul Gottfried (teórico del paleo-conservadurismo). ¿Qué tipo de vínculos existen entre ustedes?

R. Cuando mi equipo y yo fuimos a Estados Unidos fue para buscar buenas ideas. Porque lo interesante es que en EEUU tienen una manera diferente a la nuestra de hacer política: nosotros los franceses solemos hacer política "por arriba", mientras que los estadounidenses hacen política "por abajo". Así que cuando uno va a acontecimientos como la reunión anual de los conservadores estadounidenses se sorprende de que estén llenos de 'think tanks', asociaciones, de fundaciones, etc. Una red increíblemente rica de la que nos interesaba aprender y con la que queríamos relacionarnos.

"Mi hipótesis es que es posible unificar las demandas de las clases medias y las populares sobre la base de la cuestión de la identidad"

Lo importante es que la corriente que lidera Donald Trump, y que tiene muy buena acogida entre los jóvenes, tiene muchos puntos en común con la nuestra. Tanto a nivel comunicativo como a nivel ideológico. Por ejemplo, en todo lo que tiene que ver con la importancia de reconstruir identidades fuertes, con la aceptación de un mundo multipolar, con la cuestión del proteccionismo económico, y con toda una serie de asuntos en los que compartimos reflexión y punto de vista.

P. En España hay periodistas que comienzan a hablar de la existencia de una "Internacional Nacionalista" para referirse a las conexiones que existen entre ustedes, no solo con otros partidos como la Liga Norte en Italia o el FPÖ en Austria, sino también con la creación de plataformas como The Mouvement que pretende dotarles de un objetivo común y unificar sus estrategias políticas…

R. Yo creo que el término "Internacional" es un poco abusivo porque obviamente recuerda a la "Internacional Socialista" y la gran diferencia entre los socialistas y nosotros es que ellos tienen una doctrina general que se aplica mecánicamente a todos los países sin importar las realidades nacionales o las especificidades de cada país. En cambio, lo propio del soberanismo es que nosotros atendemos a las diferencias y por eso defendemos lo particular, lo específico, de cada país: sus tradiciones, su herencia cultural, sus raíces.

Marion Maréchal. (Reuters)
Marion Maréchal. (Reuters)

P. Rechaza entonces esa expresión...

R. No, no, entiendo que se utilice porque es verdad que en estos momentos existe un gran movimiento nacional que está emergiendo en Europa y que es una alternativa a la visión europeísta y mundialista de la UE. Ahora de lo que se trata, y es en lo que estamos, es de hacer converger las fuerzas. Porque en estos momentos hay dos grandes críticas a la UE en Europa, la crítica que emerge en el Sur de Europa y la crítica que viene del Este de Europa. La primera tiene que ver sobre todo con razones económicas mientras que la segunda está más ligada a asuntos identitarios. Pues bien, se trata de unir esas dos grandes corrientes.

Creo que, de hecho, ese es el objetivo de Stephen Bannon. No lo conozco mucho pero le he visto una vez y sé que su idea es hacer converger a estas dos grandes corrientes en términos de comunicación política y de estrategia. Y pienso que por ahí sí que puede ser muy interesante, puesto que aunque somos fuerzas políticas muy heterogéneas, sí podemos compartir una cierta estrategia política y comunicativa.

Marion Márenchal durante la presentación de su nueva escuela en Lyon. (Reuters)
Marion Márenchal durante la presentación de su nueva escuela en Lyon. (Reuters)


P. ¿De cara a las elecciones europeas del próximo año?

R: Sí, exactamente. El asunto es invertir más en comunicación y en estrategia para poder tener un mensaje común y también para aprender los unos de los otros. Queremos preparar algo así como un "gobierno en la sombra" [se ríe]… quizás decir esto sea un poco exagerado, para sí queremos anticipar una forma de gobierno diferente porque un día la UE cambiará y tenemos que estar preparados.

P. En los años setenta y ochenta en Francia ya la denominada "Nueva Derecha" trató de emprender un proyecto que ellos mismos definían como "metapolítico". ¿Por qué la extrema derecha estaría ahora necesitada de hacer "metapolítica"?

R. El proyecto del ISSEP no guarda relación con lo que en su día hizo la llamada "Nueva Derecha". El punto de unión pasa por el filósofo Antonio Gramsci, que es un pensador de izquierdas, y que decía que no hay victoria política posible sin victoria cultural previa. Esa enseñanza de Gramsci ha sido después retomada por toda una nueva generación de la derecha francesa, como se vio muy claramente en la Manif pour Tous [la serie de manifestaciones contra el matrimonio igualitario que tuvieron lugar en Francia entre los años 2012 y 2013]. Una generación que se dijo a sí misma: no podemos contentarnos simplemente con participar en las elecciones. Tenemos que realizar compromisos concretos con la sociedad civil, con los medios, con el ámbito cultural y con el mundo educativo. Y proponer un modelo alternativo. Porque es a través de la acumulación de compromisos, de acción y de iniciativas como un día podremos ofrecer una alternativa propia y diferente a la de la izquierda.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

P. Usted sostiene desde hace años que su movimiento político debe insistir más en el dominio de lo cultural. ¿Lo tenía abandonado?

R. No, lo que ocurre es que hay un contraste muy claro en Francia entre la realidad y el mundo mediático-político; entre lo que piensa la ciudadanía y las ideas que vehicula ese mundo tan pequeño y tan cerrado sobre sí mismo de los medios y la cultura. Hay una verdadera fractura entre estos dos mundos que se ha hecho ya irreconciliable. Porque llega un momento en que la propaganda no tiene más remedio que detenerse ante las puertas de la realidad.

P. Usted repite mucho la palabra "raíces" y en algunas de sus entrevistas ha llegado a expresar que "juventud francesa tiene sed de pertenencia". ¿Considera realmente que esta es una de las preocupaciones principales de la juventud francesa por encima de la precariedad o el desempleo?

R. Hay una frase de la filósofa Simone Weil que afirma que "el desenraizamiento destruye todo salvo el deseo de pertenencia". Hemos llegado a un momento en el que existe un sentimiento de carencia de raíces porque a la gente se le ha desposeído de su Historia, o como mínimo, se le ha encerrado en una forma de arrepentimiento que hace que muchas personas se sientan desposeídas de una herencia material e inmaterial que les pertenece. Porque se culpabiliza toda forma de vínculo, también el ligado a la cultura y a la identidad.

"En España no tenemos aliados potenciales. O, al menos, no los hemos tenido hasta ahora (...) Y allí la familia Le Pen está muy demonizada"

Pero ahora hay una ruptura generacional con esa forma de arrepentimiento que se generalizó después de la Segunda Guerra Mundial y de mayo del 68. Toda generación necesita conectarse con algún tipo de comunidad. Y la comunidad natural en Francia es la comunidad nacional. Este es un movimiento francés pero también europeo que está ligado no solo a los excesos de la sociedad capitalista que vemos hoy (una sociedad financiarizada en la que la gente no encuentra el sentido a sus trabajos o en la que se ha perdido la calidad humana en las relaciones laborales), sino también al hecho de que la sociedad europea está confrontada al fenómeno de la inmigración, es decir, a la confrontación con la alteridad, que implica a veces fenómenos de violencia o de incompatibilidad de visiones de la sociedad y el mundo. Y es esta alteridad la que fuerza a los europeos a redefinirse.

P. En los últimos años uno de los puntos fuertes del FN es haber creado la categoría de "los olvidados" para interpelar a un amplio sector de la sociedad francesa. Pero usted defiende un modelo económico más liberal que otros de sus compañeros. ¿Cómo se compatibiliza la defensa de "los olvidados" con una mayor liberalización de la economía?

R. Todo depende de lo que se entienda por liberalismo. Yo no creo que haya ninguna incoherencia en defender por un lado la libertad de empresa y por otro lado a las clases populares. Al contrario: el hecho de bajar los impuestos, de simplificar los procedimientos administrativos o de dar más libertad a los empresarios es compatible con la defensa de las clases populares porque la gente más humilde aspira precisamente a que el Estado no se lo ponga más difícil. Lo que quiere todo el mundo es progresar en la sociedad y, a ser posible, enriquecerse.

Marion Maréchal. (Reuters)
Marion Maréchal. (Reuters)

Quienes más se molestan con lo que decimos no son las clases populares, sino el CAC-40 [el equivalente francés al Ibex 35]. Porque somos nosotros quienes les decimos que si deslocalizan en el extranjero, les pondremos aranceles aduaneros. Y eso les gusta poco oírlo.

​P. La hipótesis de Florian Philippot [ex número dos de Marine Le Pen] era que es posible unificar a los patriotas de izquierdas y de derechas bajo la bandera del soberanismo ¿Cuál es la suya?

R. Mi hipótesis es que es posible unificar las demandas de las clases medias y las clases populares sobre la base la cuestión de la identidad.

P. En España sorprende que algunas encuestas dan representación política a VOX.

R. Para ser honesta conozco muy poco de VOX. Igual que sigo muy de cerca la política italiana, porque hablo italiano y porque me encanta Italia, en cambio sé poquísimo de España. Así que no podría darle una opinión muy elaborada sobre el tema.

P. Da la impresión de que a la extrema derecha europea no le interesa España.

R. Sí, claro, porque no tenemos aliados potenciales allí. O, al menos, no los hemos tenido hasta ahora. Al final las relaciones se crean cuando uno identifica que tiene cosas en común. Y nosotros tenemos menos proximidad cultural con los españoles que con los italianos. Para colmo en España la familia Le Pen está muy demonizada.

Marion con su tía, Marine Le Pen. (Reuters)
Marion con su tía, Marine Le Pen. (Reuters)

P. ¿Cómo ha visto la situación en Cataluña?

R. Con el regionalismo siempre ocurre una paradoja. Los regionalistas se dicen: vamos a apoyarnos en la UE para romper el proyecto nacional. Pero es un error mayúsculo: quieren cortocircuitar los Estados pasando por encima de ellos y apoyándose directamente en la UE. Sobre todo en temas de financiación. De lo que no se dan cuenta es de que la Unión Europea no destruye una nación para construir otra. Porque si usted construye una pequeña nueva nación usted está construyendo una resistencia potencial a la UE en el futuro. Es lo que ha pasado en Escocia o en Cataluña. Los regionalistas son los tontos útiles del sistema.

P. Usted ha sido la diputada más joven de la historia de Francia en la pasada legislatura. En cuanto mujer política: ¿qué opinión le merecen campañas como #Metoo?

R. Yo no he vivido jamás ningún tipo de acoso. No digo que no exista, digo que yo no lo he vivido. O quizás yo tengo un suelo de tolerancia más alto. No tengo nada en contra de que ahora se esté liberando la palabra pública en este sentido, lo que me molesta es el tono de procedimiento judicial que ha adquirido todo. Porque el tribunal mediático condena, pero luego no rehabilita. Han empujado a muchas mujeres a hacer denuncias, y yo pienso que algunas no estaban demasiado bien fundadas, y han destruido socialmente a muchos hombres.

Por otro lado, pienso que en la campaña francesa #DenunciaAtuCerdo existe una criminalización de los hombres. Una naturalización de los hombres que los hace pasar por violentos y violadores potenciales. No me siento cómoda con ello. Porque en el fondo en ese tipo de feminismo hay una actualización de la lucha de clases bajo la forma de lucha de sexos.

"Los regionalistas buscan apoyarse en la UE para romper el proyecto nacional. Pero es un error mayúsculo. Son los tontos útiles del sistema"

P. Sin embargo, no puede abstraerse del hecho de que la reivindicación feminista está volviéndose hegemónica en Europa, especialmente en países del sur como España.

R. Pero yo también me siento concernida por la igualdad de sexos: soy una mujer moderna que trabaja, que quiere ganar lo mismo que un hombre. Lo que ocurre es que también me siento concernida por la alteridad de los sexos. Y en ese sentido no me gusta la idea de que se pueda criminalizar la libido de los hombres. Es necesario diferenciar entre, por un lado, el acoso o la violación, y, por otro lado, ligar insistentemente. Las mujeres no somos pequeños seres frágiles, no somos pobrecitas que necesitan protección. Cuando un hombre es pesado le decimos "ya basta" y le ponemos en su sitio.

P. Entonces usted ve el triunfo de las reivindicaciones feministas como algo malo para Francia…

R. No, depende de lo que se entienda por feminismo. Si hablamos del feminismo ideológico de la izquierda, entonces sí, porque es una modernización de la lucha de clases. Si hablamos de igualdad jurídica, entonces es que ni siquiera hay debate. Porque ya se ha conseguido. Yo misma soy el arquetipo de la mujer moderna y no me siento oprimida por el patriarcado.

P. ¿Le ve futuro a la Unión Europea?

R. Es una pregunta complicada, pero lo que sí puedo decir es que no pienso ni por un segundo que Macron, que es la encarnación de la corriente europeísta, sea el comienzo de algo. El europeísmo "a la Macron" es un cadáver político. Y lo que va a venir, estoy segura, es algo mucho mejor que esa ideología vieja de las élites europeas.

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