contra la inmigración y la ue

La tela de araña 'ultra': Mapa de las alianzas de Salvini en Europa (y fuera de ella)

Salvini ha empezado a sentar las bases de su particular diseño para la unificación de los movimientos nacionalistas de derecha en la UE, de cara a las elecciones europeas de mayo.

Foto: Víktor Orban (izquierda) y Matteo Salvini durante una reunión en Milán, en la que el húngaro llamó 'héroe' al líder de La Liga (EFE)
Víktor Orban (izquierda) y Matteo Salvini durante una reunión en Milán, en la que el húngaro llamó 'héroe' al líder de La Liga (EFE)

En diez días y de regreso de las vacaciones. De esta manera, con una rapidez inaudita, el ministro de Interior de Italia y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, ha empezado a sentar las bases de su particular diseño para la unificación de los movimientos nacionalistas de derecha en la Unión Europea. El objetivo: avanzar hacia la creación de una nueva telaraña de alianzas, que refuerce su discurso euroescéptico y antiinmigración, de cara a las próximas grandes citas europeas y a las elecciones europeas de 2019.

Primero, en la tarde del 28 de agosto, se reunió en Milán con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Los dos mandatarios discutieron reducir el peso de Bruselas, blindar las fronteras europeas, de apoyarse mutuamente con “toda la ayuda posible”, como llegó a decir Orbán. Todo ello sin que el húngaro se sintiese incómodo por la pertenencia de Salvini al grupo Europa de las Naciones y de las Libertades, a diferencia de él, que integra el Partido Popular Europeo (PPE)... al menos por ahora.

“Soy una persona fiel, pero queremos cambiar muchas cosas, la Comisión y el Parlamento Europeo. (Necesitamos) dos entidades que se pronuncien para defender fronteras con mano dura”, dijo Orbán, cuya formación últimamente ha provocado tensiones dentro de este grupo europeo que comparte con la CDU de Angela Merkel, la Forza Italia de Silvio Berlusconi y el PP español. “Veremos el tema de las alianzas después de las elecciones (europeas de mayo de 2019)”, añadió el húngaro, sin descartar posibles cambios futuros en la configuración europea de su partido.

Luego, Salvini apuntó hacia Suecia. El jueves pasado, a través de un comunicado en papel oficial de su ministerio —algo fuera del protocolo habitual—, saludó a Jimmie Akesson, el líder de Demócratas Suecos (DS), una formación política anti-inmigración y con herencia neonazi. “Después de las elecciones espero reunirme con él y encontrarlo entonces ocupando nuevas y prestigiosas funciones institucionales", afirmó Salvini. “Ahora también en Suecia dicen ‘no’ a esta Europa de burócratas y especuladores, ‘no’ a los clandestinos, ‘no’ al extremismo islámico”, volvió a escribir el domingo al saludar los resultados electorales de Akesson.

Akesson celebra el avance logrado en las elecciones suecas del domingo, frente al floreado motivo que eligió para la campaña (REUTERS)
Akesson celebra el avance logrado en las elecciones suecas del domingo, frente al floreado motivo que eligió para la campaña (REUTERS)

Y eso tan dos días después —era el viernes pasado— de haber dado lugar a su alianza más provocadora. Un pacto de adhesión a The Movement (El Movimiento), grupo con sede en Bruselas fundado por Steve Bannon, antigua mano derecha de Donald Trump y experto estratega de la derecha estadounidense. Una maniobra que, en palabras del propio equipo de Bannon, le servirá a todos los adherentes para obtener lo último en tecnologías y personal especializado en guerras informativas y reacciones rápidas a informaciones de opositores políticos.

Un personaje, Bannon, que también comparte con Salvini otro ‘nuevo’ amigo en común: el cardenal Raymond Burke, quien -junto con otros miembros conservadores de la Iglesia católica - en los últimos meses se ha convertido en uno de los principales opositores del papa Francisco, entre otras cosas, por las fuertes críticas del pontífice argentino a las políticas contra los inmigrantes. Prueba fue, en junio, un encuentro de Salvini con el purpurado, tras el cual el político —entonces todavía inmerso en las negociaciones para formar Gobierno— dijo que era la Iglesia “que le pedía seguir adelante”.

Nuevos y viejos socios

Un crisol de alianzas nuevas, a las que se añaden otras más consolidadas, como la con la francesa Marine Le Pen, la presidenta del ultraderechista Frente Nacional (FN) con la cual existe una prologada relación que continúa al menos desde 2014, es decir, desde que Salvini se consolidó como líder de la entonces Liga Norte (la formación perdió la palabra ‘norte’, por voluntad de Salvini, en el otoño de 2017). Y que también se suma a las amistades extraeuropeas de la Liga, entre ellas, la con la Rusia de Vladimir Putin y la con los Estados Unidos de Donald Trump.

De ahí quizá la posibilidad, filtrada en agosto por el Gobierno italiano, de que Trump acepte comprar parte de la deuda pública italiana en 2019, cuando el país deberá emitir 400.000 millones de euros en títulos de Estado. Un plan destinado a limitar los daños provocados por los inversores que, en los últimos meses, se han ido de Italia, a causa de la inestabilidad política que vive el país y de la incertidumbre acerca de sus medidas económicas y el debate que puedan provocar en Bruselas este próximo otoño.

Con ello, no son pocos los observadores que, dentro y fuera de Italia, tampoco descartan que próximamente Salvini se acerque también a otras fuerzas europeas ultranacionalistas y claramente hostiles a la inmigración. Entre ellas: la alemana Alternativa para Alemania (AfD), el Partido de la Libertad (FPÖ) del austríaco Heinz-Christian Strache, los polacos del partido de Ley y Justicia (PiS) de Jarosław Kaczyński, el belga Mischaël Modrikamen del Partido Popular Belga, e incluso el holandés Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilder, con quien ya ha coincidido en el pasado.

Salvini, primero por la izquierda, en un encuentro de líderes ultras, entre ellos Marine Le Pen (centro) y Geert Wilders (segundo por la derecha). REUTERS
Salvini, primero por la izquierda, en un encuentro de líderes ultras, entre ellos Marine Le Pen (centro) y Geert Wilders (segundo por la derecha). REUTERS

Ese, justamente, es uno de los cambios de paradigma de la nueva estrategia de Salvini para conseguir aliados en Europa. Adaptarse, en tiempos rápidos, a los cambios que se producen en el espectro político europeo, moviéndose hacia aquellos que obtienen cuotas de poder afianzándose gracias a los elementos que le han dado popularidad a esta formación italiana después de los escándalos de corrupción del pasado: sus ácidas críticas a la inmigración y su captación del descontento de los que rechazan la idea de Europa federal, supranacional y multiétnica.

Algo en lo que Salvini ha demostrado ser un político muy hábil, aun cuando estrechar alguna alianza parecía dañar sus propios intereses. A tal punto de lograr, como aconteció con Orbán, el apoyo de este húngaro que por décadas mantuvo una amistad con el político conservador que dominó el liderazgo del centroderecha italiano (hasta 2011) por dos décadas: Silvio Berlusconi. “Le pedí a Berlusconi si podía reunirme con Salvini y él me respondió: claro”, reveló Orbán, al margen de su encuentro con Salvini, en el que ambos esquivaron el hecho de que el húngaro rechaza la política de redistribución por cuotas de refugiados de Bruselas, que el Gobierno italiano ha criticado por haberse aplicado de una manera insatisfactoria.

Merkel y Macron han forjado un entendimiento que prometía impulsar la UE, pero que puede quedarse en mantener a raya a los ultras (REUTERS)
Merkel y Macron han forjado un entendimiento que prometía impulsar la UE, pero que puede quedarse en mantener a raya a los ultras (REUTERS)

De esta manera, también se explica el mapa de quienes están en el bando opuesto al de Salvini. Entre otros: el presidente francés Emmanuel Macron, al que ha señalado como su principal oponente, pero también el propio Pedro Sánchez y la Canciller alemana Ángela Merkel.

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