el gobierno niega toda responsabilidad

Devoluciones en caliente (e ilegales) a Libia: el ejemplo italiano que aplaude Trump

El retorno forzoso al norte de África a decenas de inmigrantes rescatados en el Mediterráneo como el ocurrido este lunes viola la legislación internacional, pero todo apunta a que seguirá produciéndose

Foto: Inmigrantes interceptados en el Mediterráneo son llevados a una base de los guardacostas libios en Trípoli, en noviembre de 2017. (Reuters)
Inmigrantes interceptados en el Mediterráneo son llevados a una base de los guardacostas libios en Trípoli, en noviembre de 2017. (Reuters)

Un buque italiano, que el lunes devolvió en caliente a Libia a unos cien inmigrantes tras rescatarles en el Mediterráneo, ha vuelto a avivar la guerra del Derecho Internacional. La devolución masiva, operada por una nave de la empresa italiana Augusta Offshore de Nápoles —el primer caso desde la formación del nuevo Gobierno del país—, fue tildada de “flagrante violación” de la legislación internacional por ONGs y juristas. Lo argumentan en que se ha impedido que los migrantes, ya rescatados por la nave, pudiesen ejercer su derecho a pedir asilo político y haberles devuelto a un país sumido en la inestabilidad política y cruentos conflictos y que no ha firmado importantes acuerdos en materia de Derechos Humanos. Una argumentación que el Gobierno italiano liderado por la xenófoba Liga y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S) ha rechazado, esgrimiendo que la coordinación de la operación de salvamento no habría sido operada por Italia.

El complejo caso, que ha dejado manifiesta una vez más la política de malabarismo político del Gobierno italiano frente a sus obligaciones internacionales en materia migratoria, remite al caso del buque Asso 28 perteneciente a la Mellita Oil & Gas, compañía conjunta de la petrolera italiana ENI y su homóloga libia, la National Oil Corporation (NOC). Esta nave se encontraba en las aguas adyacentes a su plataforma petrolera cuando, en la tarde del lunes, acudió al rescate de los inmigrantes que luego fueron transportados por la Asso 28 hasta el puerto de Trípoli, en Libia, según la reconstrucción realizada por los propietarios de la nave y las ONG.

Y eso que, hace menos de un mes, el pasado 2 de julio, la portavoz comunitaria de Interior, Natasha Bertaud, veía esto como imposible. “Nunca habrá repatriaciones a Libia desde los barcos europeos. Esto lo hemos excluido de forma explícita porque va contra nuestros valores y el derecho internacional”, decía, por aquellas fechas, Bertaud. Más aún dado que Italia ya había sido condenada por un comportamiento similar en 2012.

Ese año, de hecho, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Roma por haber violado principios de derechos humanos al rechazar a migrantes y solicitantes de asilo africanos en alta mar (el caso conocido como Hirsi Jamaa y Otros vs Italia). La razón: haber infringido, con la devolución a Libia de esas personas, varios artículos del Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (1950), entre ellos el artículo 3 (Prohibición de la tortura o tratos inhumanos) y el artículo 4 del Protocolo número 4 (Prohibición de las expulsiones colectivas de extranjeros).

El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini. (Reuters)
El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini. (Reuters)

Salvini se desmarca

La sentencia, sin embargo, también establecía que, en ese caso, los demandantes estaban “bajo la jurisdicción de Italia”, algo que al parecer le sirvió al Gobierno italiano para centrar el debate en la presunción que no habrían sido las autoridades de este país en coordinar el rescate. “Las operaciones de rescate se llevaron a cabo bajo la coordinación de la Guardia Costera de Libia que gestionó toda la operación”, afirmó la Guardia Costera italiana. Este cuerpo "no ha coordinado o participado en ninguna de estas operaciones, como ha declarado falsamente una ONG extranjera”, dijo Matteo Salvini, el controvertido ministro de Interior y jefe de la xenófoba Liga.

Un misil directamente dirigido a la ONG Proactiva Open Arms y a la tripulación a bordo de ese barco, que anteriormente había declarado que existían pruebas de comunicaciones de radio en las que la Asso 28 informó haber recibido también instrucciones de la petrolera italiana ENI. “Eso fue lo que nos dijeron desde la Asso 28. Además de ello, un hecho indudable es que ese barco tiene bandera italiana”, afirmó a El Confidencial Nicola Frantoianni, parlamentario del partido italiano Izquierda y Libertad quien, en estos días, se encuentra en alta mar en una misión de rescate de la organización humanitaria española.

“Por esto, ahora, en mi partido, estamos evaluando si presentar una denuncia formal”, añadió Frantoianni, en una conversación por teléfono satelital. De acuerdo con el artículo 94 de la Convención de las Naciones Unidas de 1982 sobre el Derecho del Mar, de hecho, “todo Estado ejerce de manera efectiva su jurisdicción y control en cuestiones administrativas, técnicas y sociales sobre los buques que enarbolen su pabellón”.

Por su parte, la ONU, también escéptica, alertó el martes de la apertura de una investigación sobre el caso del Asso 28, en vista de que el caso pueda sentar a Italia en el banquillo de los acusados. “Estamos recogiendo toda la información necesaria sobre el caso del remolcador italiano Asso 28”, indicó el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Libia no es “un puerto seguro”, añadió la organización, haciendo hincapié también en el derecho marítimo, que establece que, tras efectuar una operación rescate, los Estados responsables deben trasladar a los rescatados para que sean desembarcados sin que ello ponga en riesgo su vida.

Un puerto seguro "es un lugar donde las operaciones de rescate pueden llevarse a término y donde la vida de las personas rescatadas ya no corra peligro, tengan sus necesidades, como medicina, refugio y comida, cubiertas y haya posibilidad de facilitar transporte a su destino definitivo", ha insistido ayer, en esta línea, Bertaud. “Es un nuevo caso Hirsi. Hay responsabilidad de Italia”, dijo, por su parte, Gianfranco Schiavone, vicepresidente de la italiana Asociación de Estudios Jurídicos sobre la Inmigración.

El presidente Trump y el primer ministro italiano Giuseppe Conte en la Casa Blanca, el 30 de julio de 2018. (EFE)
El presidente Trump y el primer ministro italiano Giuseppe Conte en la Casa Blanca, el 30 de julio de 2018. (EFE)

Trump, feliz

“Hemos entrado en un terreno gris”, comentó, en cambio, el abogado experto en Derechos Humanos, Fulvio Vassallo Paleologo. El abogado se refirió así a la zona de Search and Rescue (SAR), recientemente declarada por Libia, pero sobre la cual no hay certezas jurídicas por la inexistencia de un Estado políticamente estable que la vigile.

La polémica ha coincidido con la tercera reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, en la que el estadounidense alabó el trabajo de Italia en el frente migratorio. "Estoy muy de acuerdo con lo que están haciendo con respecto a la inmigración y la inmigración ilegal, e incluso en inmigración legal", afirmó Trump, al recibir el lunes a Conte en la Casa Blanca.

En esta línea, el presidente estadounidense también subrayó que el Ejecutivo italiano "ha tomado una posición muy firme en la frontera", algo que "muchos otros países en Europa deberían hacer también". “Mi Gobierno y la administración Trump son ambos Gobiernos del cambio, elegidos por los ciudadanos, que quieren aportar una mejora a sus condiciones de vida”, dijo, por su parte, Conte, en una conversación en la que también se destacó el papel de Italia en Libia, una excolonia italiana donde este país aún posee grandes intereses económicos que han sido objeto de enfrentamientos diplomáticos con Francia.

Un auto-elogio mutuo que se produce poco después de los últimos viajes de Steve Bannon, exasesor de Trump, a Italia. Bannon, quien ha estado en este país reiteradas veces este año para encontrarse con grupos de poder y tiene en el país a un estrecho colaborador, Thomas Williams, también se ha reunido en privado con Salvini, según la prensa italiana. “Convencí yo al M5S y a la Liga de que se aliasen”, después de las elecciones italianas del pasado mes de marzo, ha llegado a declarar Bannon, en una entrevista. Ahora la Unión Europea (UE) “estará obligada a pactar con Italia”, ha dicho también.

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