Conozca al mesías de la ultraderecha brasileña

Jair Bolsonaro: el 'Le Pen tropical' que puede ser el próximo presidente de Brasil

Con su estilo provocador y su polémico programa, es el segundo candidato favorito de los brasileños. Y no está claro que el primero, el ex presidente Lula da Silva, vaya a poder concurrir a las elecciones

Foto: Jair Bolsonaro, en la convención del partido en la que se formalizó su candidatura a la presidencia, el pasado 22 de julio de 2018. (Reuters)
Jair Bolsonaro, en la convención del partido en la que se formalizó su candidatura a la presidencia, el pasado 22 de julio de 2018. (Reuters)

Salvador de la patria o diletante sin preparación; hombre fuerte o machista agresivo y homófobo; defensor de los valores de la familia tradicional o político retrógrado. Jair Bolsonaro, el candidato de extrema derecha a las elecciones presidenciales de Brasil del próximo mes de octubre, tiene una personalidad y un discurso que levantan pasiones. Sus defensores lo consideran el único que puede acabar con la violencia y la corrupción endémica del país, donde el año pasado fueron registradas 62.517 muertes violentas. Sus detractores temen que su carácter iracundo y la falta de un programa económico sólido puedan llevar el país hacia el abismo.

“Bolsonaro no valora la democracia. Su discurso tiende al autoritarismo. Para él la democracia es responsable de la crisis de la seguridad pública, de la violencia y de la corrupción”, señala a El Confidencial Paulo Baía, profesor de sociología de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Brasil sufre desgobierno desde hace muchos años y estoy convencida de que Bolsonaro viene para cambiar esta situación”, rebate Carol Oliveira, estudiante afrodescendiente de 20 años y fan de este político.

Por lo pronto, el que para algunos analistas es un Trump tropical o un Le Pen brasileño aparece como el favorito en los sondeos, con un 17% en la intención de voto. Bolsonaro, de 63 años, también es el segundo en la lista de preferencias de los votantes en el caso de que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, actualmente en prisión por corrupción y blanqueo de dinero, consiga presentarse a las elecciones, esquivando los impedimentos legales. En este caso, el incombustible Lula lidera la clasificación con un 33%, seguido por Bolsonaro con un 15%.

Todo apunta a que la campaña electoral de Brasil, que empieza oficialmente el 16 de agosto, se caracterizará por la polarización entre un expresidente encarcelado y considerado por los suyos como un preso político, y un controvertido diputado que en las elecciones de 2014 fue el más votado en Río de Janeiro, con 464.000 votos. En la presentación oficial de su candidatura del pasado domingo, Bolsonaro habló ante un público entusiasta de 3.000 personas de una forma más moderada e inclusiva que de costumbre. “Mi candidatura es una misión. Si estoy aquí es porque creo en vosotros y si estáis aquí es porque creéis en Brasil”, proclamó Bolsonaro, que tiene como segundo nombre Messias (mesías en portugués).

Aunque se haya resistido a reconocerlo durante la rueda de prensa que ofreció después del acto, Bolsonaro hizo un esfuerzo por mostrarse como un político razonable y recto, y sobre todo para dejar atrás las numerosas polémicas que han salpicado su dilatada carrera política, que arrancó hace casi 30 años. Este ex capitán del Ejército, que pasó por siete formaciones políticas antes de afiliarse al Partido Social Liberal (PSL), quedó internacionalmente conocido por la frase ofensiva que espetó a la diputada Maria do Rosário, del Partido de los Trabajadores (PT), que le había tildado de “violador” por incentivar esta práctica. “Jamás la violaría porque no lo merece”, le dijo el candidato a la presidencia mientras la empujaba.

El insulto fue proferido en 2003 y repetido a finales de 2014, durante una sesión plenaria que elogiaba el trabajo de la Comisión de la Verdad, responsable de investigar los crímenes de la dictadura militar (1964-1985) y liderada precisamente por Maria do Rosário. El año pasado, el Tribunal Superior de Justicia condenó a Bolsonaro a pagarle una indemnización de 10.000 reales (2.250 euros) por daños morales.

Partidarios de Bolsonaro a su llegada al aeropuerto de Salvador de Bahía, en mayo de 2018. (Reuters)
Partidarios de Bolsonaro a su llegada al aeropuerto de Salvador de Bahía, en mayo de 2018. (Reuters)

"Armas para todos"

Sin embargo, este no es el único episodio que ha suscitado fuerte reacciones en la sociedad brasileña. Su proyecto de castración química de violadores, presentado en 2013 y duramente criticado por feministas, movimientos sociales y científicos, está parado a la espera del dictamen de la Comisión de Constitución y Justicia y de Ciudadanía. Otro momento polémico ocurrió en 2016, durante la votación del impeachment contra la expresidenta Dilma Rousseff (PT). En aquella ocasión Bolsonaro hizo un homenaje a la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, responsable de torturar a Rousseff durante la dictadura. Ustra, de hecho, fue el primer militar que fue declarado oficialmente torturador por la Justicia brasileña en 2008. Falleció en 2015, tras declarar en la citada Comisión de la Verdad.

Bolsonaro también fue denunciado por llamar a Lula “homosexual” y a Dilma Rousseff “especialista en asalto y hurto”. Ya fue multado en hasta seis ocasiones a causa de sus declaraciones y entrevistas cargadas de agresividad. Recibió tres censuras verbales y dos por escrito, pero siempre consiguió escapar indemne del riesgo de cese de su mandato.

“Bolsonaro es un candidato conservador que se identifica con los militares por su pasado. Le preocupa mucho la seguridad y por eso reivindica la licencia de armas para ciudadanos comunes y una política más severa de castigo de los narcos y de los criminales. Representa el sector de Brasil que defiende una sociedad menos inclusiva y más protectora”, afirma Carlos Pereira, profesor de Ciencias Políticas de la Fundación Getúlio Vargas. “Está a favor de la familia tradicional. Tiene una postura muy crítica con las familias alternativas y se muestra contrario a agendas inclusivas de géneros y de sexualidad. Ha sido muy jerárquico en relación a las mujeres y tiene una cierta fobia a los homosexuales”, añade.

Para sus críticos, el talante violento y belicoso no es el peor aspecto de este presidenciable. Su programa electoral nebuloso y su ignorancia de los asuntos más básico de la economía, reconocida públicamente por el propio Bolsonaro en numerosas ocasiones, preocupan a varios observadores. “Bolsonaro tiene un discurso mesiánico sin mucho contenido. No tiene propuestas concretas para gobernar Brasil, o por lo menos hasta ahora no las ha comunicado. Es un político egocéntrico y autorreferencial, que dice que va a salvar el país obviando el cómo”, analiza el sociólogo Paulo Baía.

Preguntado por El Confidencial sobre cuál sería su primera medida en caso de ganar las elecciones, Bolsonaro respondió primero que “formaría el Gobierno”, después que intentaría “ser feliz”. Ante la reiteración de la pregunta, el candidato de derechas dijo que pondría en marcha el registro de armas para que cada ciudadano que lo desee puede poseer una para legítima defensa. No es la primera vez que este político ofrece “armas para todos”. Es una promesa que suele hacer en sus mítines, que suele concluir con la frase “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos”.

Cartel a favor del entonces diputado federal Jair Bolsonaro en Campo Novo do Parecis, el 27 de abril de 2018. (Reuters)
Cartel a favor del entonces diputado federal Jair Bolsonaro en Campo Novo do Parecis, el 27 de abril de 2018. (Reuters)

Estrella de los jóvenes y en las redes

Católico ferviente y enemigo declarado de lo políticamente correcto, Bolsonaro tiene su base electoral entre los jóvenes de 16 a 24 años. El perfil sociológico muestra que sus votantes son personas de clase media y con estudios superiores. Curiosamente, en el acto de presentación de su candidatura había muchos jóvenes negros, algo que sorprende teniendo en cuenta sus declaraciones racistas. De hecho, el pasado mes de abril el Tribunal Supremo Federal lo denunció por las palabras ofensivas pronunciadas durante un acto contra quilombolas (descendientes de esclavos), indígenas, refugiados, mujeres y personas LGBTs. “Es verdad que él se equivocó al comparar a los quilombolas con animales, pero no es racista ni machista. Yo lo sigo en sus redes sociales y no hay nada de eso. Son 'fake news'”, asegura Gleiser de Souza, estudiante negro de 27 años presente en su acto electoral.

Precisamente su capacidad de conseguir apoyos a través de las redes sociales es el aspecto que más intriga a los politólogos brasileños. Con 5,4 millones de seguidores en Facebook y 1,3 millones en Instagram, Bolsonaro espera darle la vuelta a la tortilla y suplir con su popularidad mediática la falta de liquidez de su pequeño partido. “No tenemos un gran partido, no tenemos fondos electorales, no tenemos tiempo en la televisión, pero tenemos lo que los otros no tienen: vosotros, el pueblo brasileño”, dijo el ex capitán el domingo durante su acto.

“Creo que la candidatura del Bolsonaro no tiene estructura ni recursos, se basa en su persona y en los mecanismos alternativos de conexión directa con los electores a través de las redes sociales. No tiene capilaridad sobre el territorio, ni mucho dinero para hacer campaña, sobre todo en la televisión”, analiza el profesor Carlos Pereira. Según sus datos, el PSL cuenta con tan solo 14 millones de reales (3,1 millones de euros) frente a los 314 millones de reales de MDB (el partido de Temer, equivalentes a 70,5 millones de euros) y los 301 millones del PT (67,6 millones de euros). A eso hay que añadir que es un año electoral crucial, en que los candidatos solo puede contar con la financiación pública, tras la prohibición oficial de las donaciones de empresas privadas.

“En la ciencia política brasileña todavía no hay cálculos sobre la efectividad de este nuevo medio en los resultados electorales. Nadie conoce a fondo este asunto. Hay dos teorías: que las redes sociales abaratan la campaña y atraen a nuevos electores, y que por lo contrario solo funcionan para personas que ya están convencidas”, continúa Pereira. “El resultado electoral de octubre demostrará si el marketing a través de la televisión es más eficiente y eficaz que el marketing digital en las redes sociales en las elecciones generales”, agrega Paulo Baía.

Por lo pronto, hay un dato llamativo. El 59% del electorado, o sea, 6 de cada 10 votantes aseguran en las encuestas que votarán en blanco, nulo, que se abstendrán o que todavía están indeciso. Es un dato histórico, que si embargo confirma una tendencia al alza que ya fue registrada en las elecciones locales de 2016 y 2017. Para los politólogos entrevistados, el alto desinterés por la política en Brasil, donde el voto es obligatorio, se debe a la decepción causada por los numerosos escándalos de corrupción. Sea cual sea la estrategia de Bolsonaro en los próximos meses, tendrá que tener en cuenta este dato a la hora de intentar captar a sus electores.

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