malestar EN los militares que mantienen el orden

"Queremos que el Ejército tome el control": crece el clamor a favor de un golpe en Brasil

No es un movimiento mayoritario, pero las voces ciudadanas que piden una intervención militar no dejan de crecer. Lo suficiente como para que varios altos cargos hayan tenido que posicionarse

Foto: El Ejército brasileño escolta a varios camioneros que quieren retornar a sus labores, a unos 30 kilómetros de Sao Paulo. (EFE)
El Ejército brasileño escolta a varios camioneros que quieren retornar a sus labores, a unos 30 kilómetros de Sao Paulo. (EFE)

“No nos iremos de aquí hasta que el Gobierno de Michel Temer caiga. Queremos que el Ejército tome el control del país y que quite a todos estos corruptos del poder”. Un hombre con la cara pintada de verde y amarillo suelta a grito pelado esta petición a la periodista, rodeado de decenas de personas ataviadas con la camiseta de la selección brasileña. Algunos llevan carteles con el lema “Intervención militar ya”. Se presenta como camionero, pero no se ven camiones por ningún lado en las afueras de la Reduc, la mayor refinería del Estado de Río de Janeiro. “Es a causa de las multas. Sale muy caro bloquear las carreteras. Por esto seguimos aquí protestando a pie. Esta huelga no se ha acabado, por mucho que el Gobierno diga que la situación se ha normalizado”.

En los últimos días, las reivindicaciones políticas de tintes militaristas se han mezclado con las protestas de los camioneros, que desde el 21 de mayo han paralizado el transporte de gasolina y mercancías en todo Brasil, causando una situación de escasez generalizada. Paradójicamente, este grupo de camioneros y familiares atrincherado delante de la refinería de Río se enfrenta a los militares que quieren desalojarlos para reestablecer la distribución de gasolina, al mismo tiempo que entonan el himno de Brasil pidiendo que el Ejército brasileño se haga cargo del país.

El clamor en Río de Janeiro por un golpe militar no es un caso aislado. En Cascavel, en el Estado sureño del Paraná, el 28 de mayo hubo una protesta popular en apoyo a los camioneros. En la tierra donde se inició la investigación Lava Jato y la persecución judicial al ex presidente José Inácio Lula da Silva, centenares de personas vestidas con los colores de la bandera de Brasil pidieron más de lo mismo: la dimisión de Temer y la intervención militar. En los Estados de Minas Gerais y Río Grande do Sul se registraron manifestaciones parecidas durante el fin de semana.

La presión ciudadana a favor de una intervención militar es tan llamativa que el propio presidente Temer se ha visto obligado a hacer algunas declaraciones al respecto. En una entrevista con la prensa extranjera durante un foro sobre inversiones en São Paulo, el mandatario ha afirmado que “no hay riesgo de intervención militar” como consecuencia de la huelga de camioneros. Cabe destacar que la semana pasada Temer firmó un decreto inédito que autorizaba a los soldados a liberar las principales carreteras del país e incluso a hacerse cargo de los camiones aparcados en ellas. Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que se realiza una operación militar a nivel nacional.

No ha sido la única voz oficial que se ha alzado en el agitado escenario político de Brasil para desmentir la posibilidad de un golpe militar. El ministro del Gabinete de Seguridad Institucional, Sérgio Etchegoyen, dijo este martes que la intervención militar es “un asunto del siglo pasado” y que “ningún militar de las Fuerzas Armadas está pensando en esto”. Etchegoyen es un general en la reserva y uno de los principales consejeros de Temer.

Un alto oficial de la Policía Federal con 30 años de carrera sostiene que los camioneros que piden la intervención militar representan una minoría. “Son pocos, pero hacen mucho ruido. Yo diría que representan el mismo porcentaje de votantes que tiene Jair Bolsonaro”. Se refiere al candidato de extrema derecha que en la actualidad acumula el 20% de la intención de voto. De hecho, sería la opción más votada si Lula sigue en la cárcel y no puede presentarse a las elecciones presidenciales del próximo mes de octubre. “No me parece posible un golpe militar en estos momentos. El Ejército ha sido literalmente desguazado por los últimos Gobiernos y hoy está sin recursos. No tendría las condiciones materiales para hacerse con el poder en un país tan grande como Brasil”, afirma este policía.

Manifestación contra Temer, a favor de los camioneros y de un golpe de estado en Brasilia, el 28 de mayo de 2018. (Reuters)
Manifestación contra Temer, a favor de los camioneros y de un golpe de estado en Brasilia, el 28 de mayo de 2018. (Reuters)

Los brasileños, insatisfechos con la democracia

El caso es que el temor por una intervención de los militares resuena desde las más diversas instancias. El expresidente del Tribunal Supremo, Joaquim Barbosa, anunció el pasado 9 de mayo que renunciaría a la posibilidad de presentarse como candidato presidencial en las elecciones. Barbosa aprovechó la ocasión para mandar un recado al país: “Veo tres riesgos en el horizonte: que Bolsonaro sea elegido, que Temer pueda articular algo para quedarse en el poder y temo también que haya espacio para un golpe militar”. Barbosa es considerado por muchos brasileños un bastión contra la corrupción por haber destapado en la década pasada el Mensalão, el mayor caso de corrupción hasta la investigación Lava Jato. El Mensalão encubría una red de corrupción, sobornos desvío de fondos públicos y compra de votos que salpicó a varios miembros del Gobierno de Lula.

La preocupación de este respetado juez, que fue el primer negro que ocupó el cargo más alto en la judicatura de Brasil, encuentra cierto respaldo en los datos del informe Latinobarómetro, publicados en octubre de 2017. Este informe revela que solo el 13% de los brasileños se muestran “muy satisfechos” y “satisfechos” con la democracia. Además, en comparación con 18 países latinoamericanos, Brasil tiene el índice más bajo de aprobación del Gobierno Federal: tan solo un 6%.

En las redes sociales, también resuena con fuerza el clamor por un golpe militar. En este vídeo publicado en Facebook, el sargento Denis explica a lo largo de 10 minutos cómo se concretaría la intervención militar y asegura que el Ejército habría dado un ultimátum a Temer: los militares van a tomar el control del país si siguen las movilizaciones callejeras.

Vale la pena recordar que a principios de abril, en vísperas de la decisión del Tribuna Supremo sobre la prisión del expresidente Lula, el Comandante del Ejército, el general Eduardo Villas-Boas, hizo unas declaraciones que generaron una fuerte polémica en Brasil. “Aseguro a la nación que el Ejército brasileño juzga compartir el anhelo de todos los ciudadanos de bien de repudio a la impunidad y de respeto a la Constitución, a la paz social y a la democracia”, dijo Villas-Boas un día antes de que la Corte Suprema decidiese si concedía un habeas corpus preventivo a Lula, tras ser condenado a 12 años y un mes de prisión por corrupción. Muchos analistas políticos consideraron estas palabras como una peligrosísima injerencia del Ejército en el trabajo del poder judicial.

Esta semana, altos oficiales del Ejército reconocieron al periódico Folha de S. Paulo que existe cierto descontento entre los soldados responsables de mantener el orden durante la huelga de los camioneros. Lo que se lee entre líneas es que los militares podrían negarse a acatar las órdenes del Gobierno central de reprimir a los camioneros y asumir el control de sus vehículos pesados. Los militares ya se vienen quejando desde la intervención militar de Río de Janeiro, ordenada por Temer el pasado mes de febrero. Esta operación especial acaba de cumplir 100 polémicos días, en los que no se ha alcanzando ni de lejos el objetivo de reducir los altísimos índices de inseguridad ciudadana y criminalidad de la Cidade Maravilhosa.

Los próximos días serán decisivos para Brasil, con el inicio de la huelga del sector petrolífero. Hay quien dice que el país tropical camina a marchas forzadas hacia un periodo de grandes turbulencias y movilizaciones sociales como las que se vivieron en 2013, cuando decenas de millares de personas comenzaron a protestar contra el aumento del precio del transporte público y acabaron cuestionando el Gobierno de Dilma Rousseff y la corrupción, la mayor preocupación para los brasileños en la actualidad.

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