"nunca me siento tranquila en río de janeiro"

Aterrados por la violencia: la clase media brasileña busca cobijo en Europa

"Cuando estaba embarazada, en una zona rica me pusieron una pistola en la cabeza". Como Juliana, cada vez más brasileños emigran para escapar de la creciente violencia. Europa es el refugio

Foto: Dos personas reaccionan en la escena del asesinato de la concejala Marielle Franco en Río de Janeiro. (Reuters)
Dos personas reaccionan en la escena del asesinato de la concejala Marielle Franco en Río de Janeiro. (Reuters)

“Hace dos años, dos tipos armados entraron en la casa donde trabajábamos, me inmovilizaron a mí y a dos amigos y se llevaron todos los ordenadores y los móviles. Quedamos a su poder, en pánico, y después incomunicados. Entré en un estado de fobia y de paranoia. Salí de la casa donde trabajaba y nunca más volví a sentirme tranquila en Río de Janeiro”. Tras aquella experiencia, Lívia Amorim, productora y diseñadora de moda, originaria de Campos dos Goytacazes, a 275 kilómetros de Río de Janeiro, decidió instalarse en Barcelona junto a su novio español, que regenta un restaurante.

“Aquel mismo año, un joven armado me robó el móvil mientras caminaba por una calle llena de gente, a las 12 del mediodía. El terror se apoderó de mí, lloré mucho, sentí de nuevo miedo, paranoia y la sensación de estar rota por dentro. Fue cuando decidí mudarme a España”, agrega esta profesional de 39 años, que tuvo que separarse de sus dos hijos de 20 y 14 años, porque no quisieron seguirla. "No ha sido fácil, ni lo es ahora, pero en España vivo sin miedo. Hoy tengo una mezcla de alivio y sentimiento de culpa".

Vivir en el extranjero es el deseo del 62% de los jóvenes brasileños de entre 16 y 24 años, según muestra un reciente sondeo divulgado en junio. No existen datos exactos sobre el número de personas que dejaron Brasil en los últimos años, aunque el Ministerio de Asuntos Exteriores contabiliza más de tres millones. La novedad en este nuevo ciclo migratorio es que el miedo a la violencia y la búsqueda de seguridad se han convertido en uno de los principales alicientes, junto a la crisis económica. La antropóloga estadounidense Maxine Margolis, profesora emérita de la Universidad de Florida y autora del libro 'Goodbye, Brazil: Emigrantes Brasileiros no Mundo', señala que en los últimos meses ha aumentado sensiblemente el número de personas que emigran por causa de los crímenes y los robos. Las cifras hablan por sí solas: en 2017, en Brasil se registraron 62.517 muertes violentas -la tasa de homicidios del país tropical supera 30 veces la media europea-.

Para el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, 1,6 millones de brasileños residían lejos de su país en el primer semestre de 2017, un 3,5% más que en 2015. De ellos, la mayoría se estableció en Europa, donde el año pasado había cerca de 635.000 brasileños. Entre los países preferidos destacan Estados Unidos (22%), Japón (12,8%), Portugal (8,4%), Italia (6,5%) y España (6,2%).

“En el lugar donde yo crecí la gente no se limita a atracarte. Te matan y no importa si les entregas lo que te piden. Mi madre siempre estaba preocupada por mí desde el momento en que salía de casa hasta que volvía por la noche. Me llamaba varias veces al día. Hoy, aunque yo esté lejos, se siente mucho más tranquila”, asegura a El Confidencial Arthur Mateu, un joven de 25 años que residía en el barrio paulista de Morumbi, un área de clase medio-alta donde hay también una favela llamada Paraisopolis. “Es una de las estampas que mejor sintetizan el contrastes entre la riqueza y la pobreza en Brasil”, añade este joven.

Arthur, que hoy reside en Barcelona y trabaja en una conocida empresa de bricolaje, admite que abandonó Brasil en marzo en busca de una oportunidad profesional, pero también por el miedo constante que sentía en su ciudad. “Mi sueño desde pequeño siempre fue tener una moto grande y nunca pude realizarlo por el temor que sentía y que sigo sintiendo en mi país. Lo peor es que los brasileños se han acostumbrado a ello y han normalizado esta realidad. Y creen que el mañana será aún peor”, reflexiona este chico, para quien la violencia, la falta de inversión en la educación y de perspectivas de empleo motivaron su salida del país tropical. “No nací para vivir con miedo. Ahora me preocupo por los familiares que he dejado allí: mis padres, mi hermano, mi sobrino. Pero aquí en Barcelona puedo volver a casa a las 3 de la mañana a pie o en metro, incluso hablando por el móvil. De vez en cuando alguien te alerta de que hay ladrones, pero si tienes un poco de cuidado, no te pasa nada”, agrega.

"Me atracaron en Vila Mariana [zona noble de Sao Paulo] cuando estaba embarazada de ocho meses. Me pusieron una pistola en la cabeza"

“La violencia influyó bastante en la decisión de mudarme a España con mi familia. En Sao Paulo teníamos un coche blindado y me aterrorizaba que me asaltaran con mi hija. Fui atracada en Vila Mariana [una de las áreas nobles de la ciudad] cuando estaba embarazada de ocho meses. Me pusieron una pistola en la cabeza. Desde entonces me volví neurótica. Amo Brasil, pero busco un futuro mejor para mi hija, con más libertad y sin violencia”, cuenta Juliana Perrelli, de 40 años y formada en moda, quien trabaja actualmente desde Barcelona para una empresa de la India.

Al otro lado del océano, son muchos los que se preparan para cruzar el charco y empezar de cero una vida sin miedo. Gustavo Pinelli es otra de las caras de este éxodo masivo. El próximo 8 de agosto llegará a Madrid junto a su esposa y su dos hijos, una niña de tres años y un bebé recién nacido. “Yo creo que la crisis económica es pasajera. En Brasil hemos tenido varias. Se trata de algo cíclico, pero al final siempre pasa. En el caso de la violencia, no tenemos una perspectiva de mejoría a corto plazo. Falta educación y muchas cosas básicas entre la población. Es tanta la miseria que tenemos aquí que es lógico que explote la violencia”, afirma Gustavo, descendiente de españoles.

Un miembro de una banda posa con una pistola en una favela de Río de Janeiro. (Reuters)
Un miembro de una banda posa con una pistola en una favela de Río de Janeiro. (Reuters)

Dueño de una agencia de turismo en Río de Janeiro, Gustavo también lleva junto a su mujer una empresa de catering que sirve tortilla española y paella en los eventos culturales y musicales de la Cidade Maravilhosa. “Cuando empezó el programa de pacificación en las favelas de Río, yo llegué a creer que las cosas pudiesen cambiar, aunque ya se decía entonces que, tras el fin de los grandes eventos deportivos, todo volvería a ser como antes. Lo que vemos hoy es que el Estado de Río de Janeiro está en quiebra y que no hay ninguna perspectiva. Hay cada vez más violencia y una profunda crisis política. En mi barrio hay atracos a todas horas”, relata este futuro emigrante de 41 años.

La intervención militar en Río de Janeiro, aprobada por decreto en febrero, no ha reportado hasta la fecha los resultados esperados. En total, 11 de los principales índices de criminalidad aumentaron en los primeros meses del año, en comparación con 2017. En el resto de Brasil, sobre todo en el norte y en el nordeste, las cosas no están mejor. Los Estados de Sergipe, Alagoas y Río Grande do Norte acumulan los peores datos de muertes violentas. En el Estado de Bahía la tasa de homicidios aumentó un 98% en la última década, según el Atlas de la Violencia.

“Cada semana recibo una media 10 mensajes de personas que me piden ayuda para mudarse a España o para encontrar piso. La mayoría de ellos cuentan que se fueron o que están a punto de marcharse por causa de la violencia”, revela Reginaldo Lima, fundador y director del blog Movida brasileña, la página de Facebook con más seguidores hispano-brasileños de la península ibérica.

“Llegué a Río de Janeiro poco antes del Mundial de 2014. La ciudad parecía un poco más segura que en los años 90, también debido a la apuesta por la Policía Pacificadora. Sin embargo, ya entonces todo el mundo decía que era una operación de marketing destinada al fracaso”, señala Maria Pupilela, directora de documentales de São Paulo. “Después de los Juegos Olímpicos todo ha vuelto a ser como antes o incluso peor, también debido a los altísimos niveles de corrupción. Nuestros gobernantes han robado todo lo que han podido de las arcas públicas. El exgobernador está en la cárcel y muchos políticos están siendo investigados. El proyecto estrella de la era olímpica, la revitalización del puerto de Río, está parado. Hay crisis por todos los lados y la violencia no para de aumentar”, añade esta mujer de 35 años, que fue asaltada dos veces a manos armada.

Según el Instituto de Seguridad Pública (ISP), la violencia en Río de Janeiro ha registrado los peores datos de los últimos 30 años en seis categorías: robos de cargas, de vehículos, de móviles y de cajas electrónicos, además de los atracos a transeúntes y en los autobuses. El sueño de Maria es vivir en Madrid, una ciudad en la que ya residió en la década pasada y que para ella tiene una de las mejores calidades de vida de Europa. “Yo no consigo ver una solución para Río de Janeiro a corto y medio plazo. Es una pena porque es una ciudad muy bonita, que me ha dado mucho. Pero es muy arriesgado vivir aquí. La violencia representa el 70% de las razones por las que quiero dejar Brasil el año que viene, si todo sale como previsto. Hay demasiada desigualdad social aquí: y de nada sirve combatir la violencia con más violencia”, lamenta.

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