gustavo petro, una figura controvertida

El popular exguerrillero que quiere gobernar Colombia y atemoriza al sector financiero

Un antiguo miembro del M-19 aspira a ser el primer presidente colombiano de izquierda. Las propuestas de Gustavo Petro gustan a muchos, pero inquietan a las clases más formadas y pudientes

Foto: Un hombre arrastra un triciclo en el que transporta propaganda electoral del candidato Gustavo Petro en Bogotá, el 21 de mayo de 2018. (Reuters)
Un hombre arrastra un triciclo en el que transporta propaganda electoral del candidato Gustavo Petro en Bogotá, el 21 de mayo de 2018. (Reuters)

Un ex guerrillero aspira a ser el primer presidente de izquierda en Colombia. El economista ‘antisistema’ Gustavo Petro se ha convertido, contra todo pronóstico, en el candidato más mediático de las elecciones del próximo 27 de mayo, aupado por un discurso que levanta pasiones entre algunos de los sectores más desfavorecidos del país, pero que ha hecho sonar las alarmas en el sector financiero. “Hoy tenemos, en cinco siglos, la oportunidad más cercana en la historia de Colombia de que una persona ajena completamente a quienes siempre han manejado el país pueda ganar. Si no me matan”, le dijo a la revista ‘Newsweek’, recordando la histórica violencia contra el progresismo en el país cafetero.

El “fenómeno de la campaña 2018”, como le ha bautizado la revista Semana, es segundo en las encuestas, con alrededor del 29% de intención de voto, a unos diez puntos del representante del centro derecha ‘uribista’, Iván Duque. Su popularidad ha ido en ascenso desde marzo, cuando ganó una suerte de ‘primarias’ entre candidatos de izquierda. Ahora es, con mucha diferencia, el aspirante que más personas ha logrado reunir en sus mítines callejeros, que él llama manifestaciones. Ha llegado a llenar incluso en lugares considerados como bastiones de la derecha.

Su eslogan, “me llamo Gustavo Petro, y quiero ser su presidente”, es repetido al final de cada mitin como si del himno de un equipo de fútbol se tratase.

Gustavo Petro durante una rueda de prensa en Bogotá, el 20 de mayo de 2018. (Reuters)
Gustavo Petro durante una rueda de prensa en Bogotá, el 20 de mayo de 2018. (Reuters)

¿Quién es Gustavo Petro?

En muchas de esas “manifestaciones” se exhiben banderas del M-19, la guerrilla nacionalista de izquierda, disuelta en 1990, en la que militó durante su juventud. Petro parece haber superado con éxito el estigma de haber sido combatiente en un país donde el conflicto armado y el actuar de los grupos subversivos han causado decenas de miles de muertos durante décadas. Hace unas semanas reapareció un vídeo donde era entrevistado como miembro del M19 en 1987. Sus partidarios reaccionaron difundiendo los nombres de algunos ex combatientes que militaban en formaciones del centro derecha, incluido el ‘uribista’ Centro Democrático, logrando de algún modo desviar el debate.

Petro ingresó a la guerrilla con 17 años, cuando vivía en Zipaquirá, un pueblo a las afueras de Bogotá. Había nacido en 1960 en Ciénaga de Oro, una pequeña localidad del Caribe colombiano. Su padre era profesor. Hizo pública su militancia en el M19 en 1984, mientras era concejal de Zipaquirá y pasó a la clandestinidad. Fue detenido en 1985. Pasó año y medio en prisión, donde, asegura, fue torturado.

Debido a ese encarcelamiento, niega su participación en la planificación de la fallida toma del Palacio de Justicia de noviembre de 1985, la más funesta acción del M-19, que podría haber sido financiada por el Cartel de Medellín, donde murieron 43 civiles, 11 soldados, 33 combatientes y desaparecieron ‘sine die’ de otras 11 personas. Tras ser liberado, Petro participó activamente en el proceso de desmovilización del M-19, pactado con el Gobierno de Virgilio Barco.

Volvió pronto a la política. En 1994 resultó electo a la Cámara de Representantes y más tarde llegó al Senado. Denunció el escándalo de la ‘parapolítica’ –la relación entre congresistas y paramilitares-, consiguiendo gran popularidad. Gracias a esas revelaciones, fue nombrado personaje del año de 2006 por los lectores del diario ‘El Tiempo’.

En 2012 se convietió en alcalde de Bogotá. Su gestión es aún hoy muy controvertida. Dejó una imagen positiva en parte de la población por los programas sociales implementados –llegó a ser reconocido por la Unesco por sus logros educativos- pero sus críticos destacan su deficiente nivel de ejecución programática y una tendencia a aislarse de sus propios asesores, es decir, de gobernar sin escuchar a nadie. La implementación fallida, a finales de 2012, del nuevo programa de recogida de basura de la capital –llegó a dejar 10.000 toneladas de desperdicios sin recoger durante días- provocó, un año después, que la procuraduría le destituyese de su cargo. Recurrió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que dictó medidas cautelares a su favor, y pudo terminar su mandato en 2015.

Gustavo Petro entrevistado en su juventud, cuando era miembro de la guerrilla del M-19
Gustavo Petro entrevistado en su juventud, cuando era miembro de la guerrilla del M-19

Propuestas sociales y apoyo de la guerrilla

Petro ha alzado su popularidad con un programa netamente de izquierdas. “Mi objetivo no es empobrecer a los ricos, sino enriquecer a los pobres”, ha dicho, pero quiere subir los impuestos a los más pudientes. Divide su agenda en tres bloques: superar la segregación y la discriminación, fortalecer lo público y cambio climático. El discurso cala en un país que se encuentra en el puesto 143 de entre los 158 países del mundo en igualdad de ingreso.

Apuesta por servicios de educación y salud gratuitos y universales. Quiere también hacer una reforma judicial para reforzar la separación de poderes. “La justicia hay que hacerla autónoma de la política. No debe depender de cada Gobierno”, ha dicho el candidato. Tiene un profundo discurso anticorrupción, que ha capitalizado mejor que otros aspirantes a la presidencia, y apuesta por la continuidad del proceso de paz con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ahora convertidas en partido político, y que no presentan candidato presidencial.

Los líderes de la antigua guerrilla no han dado su apoyo público a Petro, aunque entre sus bases –pequeñas, apenas consiguieron 50.000 votos al Senado en marzo- la mayoría votará por el candidato de izquierda. Sí cuenta con el apoyo tácito del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que negocia en La Habana su propio pacto con el Gobierno de Santos. Lo expresó mediante una misiva –algo enrevesada- uno de los líderes de la guerrilla. Han declarado una tregua durante el fin de semana electoral. Está por ver cómo afecta ese patrocinio de una guerrilla todavía activa y que protagoniza violentos combates en varias zonas de Colombia.

Petro quiere luchar también contra los latifundios improductivos –dice que no expropiará, que comprará a buen precio- y asegura estar dispuesto a dar batalla al cambio climático, siempre poniendo extremo cuidado de que sus propuestas no parezcan contrarias a las leyes del mercado.

El punto programático que, sin lugar a dudas, ha generado mayor controversia, es el de cambiar el modelo productivo, desde la actual economía extractivista a una basada en la agricultura y el ecoturismo. Esa propuesta ha alertado a muchos, en un país que ha basado su crecimiento en los últimos 20 años en sus reservas de petróleo.

Su máximo rival por la presidencia, Duque, le criticó diciendo que quería cambiar esa seguridad por aguacates. “¿Cuántas toneladas de aguacate vamos a tener que exportar para traer un barril de petróleo?”, se preguntó. Petro, lejos de intentar suavizar dicha idea, la defendió, y ahora hay quien se presenta en sus mítines con puñados de aguacates, como símbolo.

Petro, durante un mitin de cierre de campaña en Barranquilla, el 20 de mayo de 2018. (Reuters)
Petro, durante un mitin de cierre de campaña en Barranquilla, el 20 de mayo de 2018. (Reuters)

Inquietud en las elites por el 'castrochavismo'

El programa del candidato izquierdista ha sido, en cualquier caso, tildado de difuso y de populista. Genera temor en todos los sectores de la sociedad, pero sobre todo en las clases medias, altas, empresarios y economistas. “Es claro que hay nerviosismo y preocupación entre comerciantes e industriales. En algún momento se dijo que la candidatura de Petro iba a tener un techo electoral, y parece que ese techo no ha llegado”, dijo hace unos días Gustavo Botero el presidente de la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco).

El aspirante presidencial se llegó a reunir con los empresarios para explicarle su programa, pero no logró convencerlos. “Conozco promesas de compraventa que tienen condiciones que dependen de los resultados electorales”, añadió Botero. También asusta al sector financiero: “Los mercados le temen mucho a un cambio de Gobierno hacia la izquierda”, cree el economista Andrés Pardo.

Se critica, asimismo, su postura con respecto a las fuerzas de seguridad en un país azotado todavía por grandes mafias de narcotraficantes. La relación entre Petro y la Policía durante su etapa como alcalde de Bogotá fue muy tensa. Su propuesta de dar educación a militares y policías ha sido criticada en el país. Se teme que, de llegar a la presidencia, sea un líder falto de autoridad, algo muy valorado en Colombia.

Pero, sin lugar a dudas, lo que más miedo genera en Colombia es su postura equidistante con los Gobiernos de Cuba y Venezuela, en una campaña donde la palabra ‘castrochavismo’ ha sido una de las más citadas, y en un país que ha recibido a cientos de miles de ciudadanos venezolanos que huyen de la crisis económica y política del Estado vecino. “Gustavo Petro tiene un problema, y es que representa al más puro chavismo, algo que asusta enormemente a los votantes de centro, los de la clase media urbana, que son definitivos en las presidenciales de Colombia”, comenta a El Confidencial Mauricio Vargas, columnista del diario ‘El Tiempo’.

Convertirse en Venezuela es uno de los temas que más preocupan a los colombianos. Supera en algunas encuestas, incluso, a la violencia y el narcotráfico. El 59,4% de los habitantes del país cafetero consideran que Colombia está en riesgo de seguir los pasos de su vecino. “Frente a la posibilidad de un cambio impredecible, los colombianos nos afirmamos en lo que nos da seguridad, así no estemos particularmente bien”, apunta el analista Andrés Dávila, politólogo de la Universidad del Rosario.

Partidarios de Petro durante un mítin en la Plaza Bolivar en La Candelaria, Bogotá, el 17 de mayo de 2018. (Reuters)
Partidarios de Petro durante un mítin en la Plaza Bolivar en La Candelaria, Bogotá, el 17 de mayo de 2018. (Reuters)

"Chávez no fue un dictador, Maduro sí lo es"

Petro estuvo a punto de tirar su campaña por la borda, antes incluso de empezar, el 30 de julio del pasado año, cuando lanzó varios ‘tuits’ a favor de las elecciones a una Asamblea Nacional Constituyente propuesta por Nicolás Maduro, en Venezuela. Fueron muy criticados, incluso en sectores izquierdistas. Se ha distanciado, eso sí, del Gobierno del país vecino en los últimos meses, llegando a ser criticado por los más férreos defensores del chavismo. “Yo analizo la época de Chávez a diferencia de la de Maduro, y el que quiera analizar a profundidad el tema venezolano, debe establecer diferencias. Si usted me pregunta hoy si Chávez fue un dictador, yo le digo que no. Si usted me pregunta si Maduro es hoy un dictador, yo le digo que sí”, le dijo Petro a la revista Newsweek.

Tampoco le beneficia al candidato la división existente en el seno de la izquierda. “Para llegar al poder, necesita que todas las bases de izquierdas lleguen a un acuerdo programático para enfrentar a la derecha colombiana”, comenta el analista José Navarro.

El Polo Democrático, principal partido progresista del país -en el que Petro militó hasta 2010, cuando se alejó por la corrupción de uno de sus antecesores en la alcaldía de Bogotá- divide su apoyo entre el ex guerrillero y el también candidato Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín, que cuenta con un 13% intención de voto –tercero en las encuestas- y es más moderado. El liderazgo del partido apuesta oficialmente por Fajardo -que es patrocinado además por la creciente centroizquierda- pero Petro es apoyado por importantes congresistas y buena parte de las bases.

Otro de sus problemas es que no cuenta con un apoyo mayoritario en el Congreso. Su ‘lista de los decentes’ consiguió, contra la mayoría de pronósticos, cuatro escaños en el Senado y dos en la Cámara de Representantes, pero no son suficientes para crear bancada propia. Petro dice que tiene mayoría en el Congreso, pero sustenta su punto de vista en un supuesto apoyo, en caso de que llegue a la presidencia, del Polo Democrático, otros partidos de centroizquierda, y los liberales más moderados afines al proceso de paz. Algo, por supuesto, que estaría por ver. El candidato es consciente de su debilidad en el legislativo y por eso propone la creación de una Asamblea Nacional Constituyente si llega al poder, que le solucionaría la papeleta.

Petro ha denunciado, además, atentados en su contra. Cree que es posible que le maten, como ha ocurrido con otros candidatos que muchos consideran progresistas, como Jorge Elíecer Gaitán o Luis Carlos Galán. Recuerda también el exterminio de la Unión Patriótica, el partido de izquierda que fue lentamente masacrado en los 80 y 90, cuando unos 5.000 de sus militantes fueron asesinados. Muchos de los supervivientes están ahora con su candidatura.

Sergio Fajardo, el otro candidato apoyado por el Polo Democrático, habla durante la presentación de los candidatos parlamentarios de su plataforma electoral en Bogotá. (EFE)
Sergio Fajardo, el otro candidato apoyado por el Polo Democrático, habla durante la presentación de los candidatos parlamentarios de su plataforma electoral en Bogotá. (EFE)

Una victoria improbable

La mayoría de los analistas coinciden en dos aspectos. El primero, que es muy posible que Petro se convierta en el primer aspirante presidencial de izquierda que llega a segunda vuelta. Muchos consideran que el único Gobierno con una agenda social fuerte que ha tenido el país, sin llegar a ser de izquierda, fue el de Alfonso López Pumarejo, en los años 30.

El segundo, que perderá en segunda vuelta: “Es muy difícil. Tendría que conseguir un volumen de electores cercano a los nueve millones para ganar la presidencia en primera vuelta. Si pasa a la segunda, lo que parece muy posible, dese por seguro que toda la derecha se unirá para atajarlo”, comenta el periodista Octavio Quintero. Se encuentra, además, a unos diez puntos de Duque, quien ha llegado a admitir que el miedo a Petro polariza, y favorece a su campaña.

El candidato izquierdista es, además, quien más rechazo genera. El 38% de los colombianos no le votaría nunca. Le sigue precisamente Duque, a quien rechaza categóricamente el 25% de los encuestados.

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