Gobierno de Donald Trump: El anticlímax de Merkel en la Casa Blanca
su reunión con trump termina sin compromisos

El anticlímax de Merkel en la Casa Blanca

La reunión acabó como se esperaba. Si Macron no consiguió sacar un atisbo de compromiso, mucho menos lo conseguiría una persona en las Antípodas políticas y personales de Trump

Foto: El presidente de EE.UU., Donald Trump, y la canciller alemana, Angela Merkel, durante una rueda de prensa conjunta tras su reunión en la Sala Este de la Casa Blanca. (EFE)
El presidente de EE.UU., Donald Trump, y la canciller alemana, Angela Merkel, durante una rueda de prensa conjunta tras su reunión en la Sala Este de la Casa Blanca. (EFE)

La reunión de rigor entre Donald Trump y Angela Merkel en Washington acabó como se esperaba, sin anuncios concretos. Todos los análisis repitieron la misma idea: si el presidente francés Emmanuel Macron, entre cenas y arrumacos y alfombras rojas, no consiguió sacar un atisbo de compromiso a Trump, mucho menos lo conseguiría Angela Merkel. Una persona en las Antípodas políticas y personales del presidente de Estados Unidos.

La canciller apareció en la Casa Blanca con los mismos objetivos que Macron, con quien había coordinado la estrategia: convencer a Donald Trump de que mantenga algún tipo de acuerdo nuclear con Irán (el plazo expira el 12 de mayo) y de que no aplique a la Unión Europea los aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio, que entrarán en vigor el 1 de mayo.

Angela Merkel defendió el acuerdo con Irán, aunque reconoció sus defectos: "Creo que obviamente este acuerdo es de todo menos perfecto. No resolverá los problemas con Irán. Es solo una pieza del mosaico, un bloque de la construcción, sobre el que podemos levantar la estructura". Trump criticó la expansión militar del país islámico en Oriente Medio, aunque no dejó claro si refrendará o no el pacto nuclear el mes que viene.

El anticlímax de Merkel en la Casa Blanca

Trump se quejó del déficit comercial de EEUU con Alemania, de 65.000 millones de dólares, pero culpó a sus antecesores por dejar que llegara a ese nivel. Declaró que busca un comercio "recíproco" con los miembros de la UE. "Lo haremos recíproco, y mucho más justo, y al final todos estaremos muy felices. Hay un potencial tremendo entre la Unión Europea y Estados Unidos".

Bruselas ha publicado una lista de centenares de productos estadounidenses, entre ellos iconos como los pantalones vaqueros, el bourbon o las motocicletas Harley Davidson, que tasaría en respuesta a los aranceles: importaciones por valor de casi 8.000 millones de dólares, una cantidad similar a la que representan el acero y el aluminio europeos que compra EEUU. Si la tensión sube, Trump ha barajado tasar, también, los coches europeos.

Según Peter Rough, miembro del Hudson Institute, los alemanes "están preocupados de que la disputa entre la Unión Europea y Estados Unidos en comercio y aranceles se vaya de las manos (...) e incluya coches". "Ahí los alemanes tienen mucho más que perder que los franceses", declaró a NPR.​

El presidente de EEUU también se refirió a la otra espina que tiene clavada con Alemania y con la mayor parte de los socios europeos: que no gastan el 2% del PIB en defensa prometido como miembros de la OTAN. "La OTAN es maravillosa, pero ayuda a Europa más de lo que nos ayuda a nosotros", declaró Trump. Merkel prometió una Alemania más activa en política exterior.

El experto en política europea Tyson Barker, del Instituto Aspen de Berlín, definió a Alemania como el "poder definitivo del 'statu quo'", el gran bastión de la política tradicional. La mañana de la visita, Barker desplegaba en Twitter las poco entusiastas portadas alemanas: los periódicos dicen que Merkel "recibirá las sobras recalentadas de la visita de Macron", escribió Barker.

Trump se mostró más cortés con la canciller. Se refirió a ella como "una mujer muy extraordinaria", la felicitó por su reciente victoria electoral y dijo tener "una gran relación". "De hecho hemos tenido una gran relación desde el principio, pero algunas personas no lo han entendido". La última vez que la recibió en Washington, Trump dio la impresión de ignorar a Merkel cuando esta le sugirió, frente a los periodistas, un apretón de manos.

Donald Trump y la canciller Angela Merkel tras su rueda de prensa conjunta en la Casa Blanca. (Reuters)
Donald Trump y la canciller Angela Merkel tras su rueda de prensa conjunta en la Casa Blanca. (Reuters)

Así concluyó la reunión de trámite entre dos mandatarios opuestos en todo, salvo en su común raigambre germana. Dos maneras de entender la comunicación y la estrategia política: la versión tradicional, ortodoxa, de Merkel, y las grandes llamaradas de cara a la galería de Trump. Dos formas de ser fuertemente integradas en sus biografías.

Cuando el neoyorquino, empresario, personaje de la farándula y desde 2015 campeón del populismo, se ganaba sus primeros titulares con amantes y proyectos rocambolescos, Angela Merkel, la hija de un teólogo protestante, se doctoraba en química cuántica en la Alemania del Este. A diferencia de Trump, Merkel es una veterana: lleva en política desde la caída del comunismo, hace casi tres décadas, y acaba de empezar su cuarto mandato como canciller.

Cuando cayó el Muro, Merkel salió a la calle como millones de compatriotas, se bebió una cerveza y se retiró pronto. Tenía que trabajar al día siguiente

Multitud de anécdotas reflejan la disciplina, humildad y cautela de la canciller: como esa vez que, de niña, tardó 45 minutos en lanzarse a una piscina frente a la mirada de sus compañeros. Cuando cayó el Muro de Berlín, Merkel salió a la calle como millones de compatriotas, lo celebró un rato, se bebió una cerveza, y se retiró pronto a casa. Tenía que trabajar al día siguiente.

La República Democrática no era Manhattan. A finales de los años setenta Merkel se postuló a un empleo de profesora en la Universidad de Leipzig. El servicio secreto, la Stasi, trató de reclutarla para que espiara a sus colegas. Ella se negó, y se quedó sin el puesto. El hecho de que vivió hasta los 35 años en un estado policial la habría hecho una lideresa extremadamente cautelosa.

A principios de 2017, la canciller ostentó por unas semanas el título informal de "lideresa del mundo libre". Donald Trump había ganado las elecciones y el peso económico de Alemania atrajo la atención de los editores de gatillo fácil. Por poco tiempo. Un vistazo confirmó que este sigue siendo un país voluminoso, pero tímido y conservador, sin apetito militar ni instinto aventurero. La victoria del enérgico Macron en el país vecino dejó claro que la antorcha del liberalismo, al menos de puertas afuera, quedaría en París.

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