¿Una "primavera pastún"?

Los pastunes contra todos: rebelión frente a los talibanes y al aparato militar de Pakistán

Los miembros de esta etnia se han cansado de ser las víctimas de todos los bandos. Tras la mayor manifestación de la historia paquistaní, este movimiento pacífico se extiende por el país

Foto: Comerciantes pastunes de Waziristán del Norte reclaman compensaciones en Islamabad por daños en operaciones antiterroristas, el 18 de abril de 2018. (EFE)
Comerciantes pastunes de Waziristán del Norte reclaman compensaciones en Islamabad por daños en operaciones antiterroristas, el 18 de abril de 2018. (EFE)

Los pastunes, una de las principales etnias que conforman la compleja estructura social de Afganistán y Pakistán, han sido durante décadas la moneda de cambio en las “transacciones” de poder y bélicas entre Estados Unidos, los rusos y los líderes corruptos que vendieron su país al mejor postor. Esta tribu guerrera ancestral que se rige por un código de honor milenario (el 'pashtunwali') se ha levantado, no en armas, pero sí como movimiento social contra el extremismo islámico, la militancia y el aparato militar y de los servicios secretos paquistaníes (ISI).

“Nosotros estamos dispuestos a luchar contra los talibanes, pero desconfiamos del Gobierno y los militares. Los servicios secretos pagan a los talibanes para mantener la inestabilidad en Pakistán y presionar a EEUU para que siga financiando la lucha contra el terrorismo”, explica a El Confidencial Aftab Makin Mesud, desplazado pastún de la tribu Meshud, que tuvo que huir con su familia de Waziristán del sur (en las llamadas Áreas Tribales Administradas Federalmente, conocidas como FATA) por las operaciones militares del ejército paquistaní.

Como muchos otros pashtunes, Makin Mehsud no ha podido regresar a Waziristán ni a otros distritos de FATA porque necesita, además de su carnet de identidad, la tarjeta Watan que se les otorgó a las familias desplazadas para recibir ayudas del gobierno: una especie de indemnización por las perdidas sufridas en las riadas de 2010 o en las operaciones militares en las zonas tribales, que han dejado sin hogar a más de un millón de pastunes, que se han visto obligados a marcharse a otras zonas de Pakistán. Al presentar esta tarjeta de identificación en los puestos de control, el funcionario o militar de turno lo interpreta como que ese individuo apoya a los talibanes, especialmente si pertenece a la tribu de los Mehsud (de donde proceden los dos ex líderes talibanes Beitula y Hakimula Mehsud, abatidos por drones de la CIA en 2009 y 2013).

“En los puestos de control la policía detiene nuestros vehículos, nos sacan del coche y nos pegan una paliza delante de nuestros hijos y después nos obliga a regresar”, denuncia Gul Meshud, también de Waziristan del Sur. Este pastún critica que los agentes de seguridad “maltratan” a las personas de las tribus Mehsud, pero “se comportan educadamente” con las personas de las tribus Wazir, que son sus rivales. Desde el punto de vista de los militares paquistaníes es “como si los Mehsud fuéramos los malos talibanes y los Wazir los buenos talibanes”, se queja.

Cansados del trato vejatorio en los puestos de control, y tras una serie de incidentes que acabaron con la vida de dos jóvenes de la familia Meshud, los pastunes dijeron basta y decidieron dejar sus diferencias tribales para unirse y alzar la voz para denunciar sus derechos. Así nació el Movimiento por la Protección de los Pastunes (PTM, en sus siglas en urdu) y que organizó, el pasado día 08, la mayor marcha de la historia de Pakistán con decenas de miles de participantes en Peshawar, capital de la conflictiva provincia norteña de Khyber Pakhtunkhwa (KP).

De Waziristán la movilización se extendió a Dera Ismail Khan (DI Khan), en la vecina KP, después del asesinato a principios de febrero de una joven, también miembro de los Mehsud. “La mujer murió por un disparo de bala, efectuado por oficiales de seguridad. Al día siguiente, algunos estudiantes de la Universidad de Gomal en DI Khan organizaron una protesta y tres de los estudiantes fueron detenidos por las agencias de seguridad y torturados. Este nuevo incidente, agregó más leña al fuego y el movimiento de protesta pacifica se extendió a KP”, explica a El Confidencial Mubasher Bukhari, presidente del la organización “Media Foundation 360”.

Un soldado paquistaní monta guardia en el puesto de Kitton, en la frontera con Afganistán, en octubre de 2017. (Reuters)
Un soldado paquistaní monta guardia en el puesto de Kitton, en la frontera con Afganistán, en octubre de 2017. (Reuters)

Miles de desaparecidos

Pero lo que realmente llevó a inflamar la ira de los pastunes fue la muerte de un aspirante a modelo, Naqeebullah Mehsud, que fue asesinado en Karachi (sur de Pakistán) por un corrupto jefe de policía, Rao Anwar, conocido por llevar a cabo redadas falsas, detener e incluso matar a sus detenidos sin tener pruebas. La muerte a sangre fría de este joven de 27 años, cuyo caso está siendo investigado por un comité que ya ha declarado que Naqeebullah no era un terrorista o un extremista y que fue asesinado por error.

A la cólera de los Mehsud se sumaron también las familias de los desaparecidos por el ISI y otras agencias de inteligencia, extendiendo el movimiento a otras regiones de Pakistán, como Sindh y Baluchistán. “Personas de todos los ámbitos de la vida, desde un trabajador a un profesor, un periodista o un líder político y religioso han expresado su solidaridad”, indica Bhukari. “Es la primera vez que veo un movimiento pastún tan fuerte; el último fue el movimiento de Bacha Khan, que desapareció cuando yo tenía solo ocho años. Sin embargo, ese movimiento dejó una profunda impresión en la política de Pakistán y su legado sigue difundiéndose desde la plataforma del progresista Partido Nacional Awami (ANP), dirigido por Asfandyar Wali Khan”, señala el director de Media Foundation 360.

Los pastunes, que representan unos 30 millones de los 207 millones de ciudadanos paquistaníes, no se habían atrevido hasta ahora a levantar su voz. No solo son discriminados sino también han sido victimas de detenciones extrajudiciales o desapariciones forzosas. Según la asociación “Defence of Human Right of Pakistan” (DHRPK), desde que Pakistán se convirtió en un aliado de EEUU en la guerra contra el terrorismo tras los atentados del 11-S, se han registrado 4.000 desaparecidos.

Durante su primer mandato, el general Musharraf aprobó varios decretos presidenciales por los que, bajo la ley antiterrorista, las fuerzas de seguridad podían detener a sospechosos de actividades terroristas sin necesidad de un juicio previo ni investigación policial. Los detenidos han sido llevados a cárceles secretas controladas por las agencias de inteligencia. Pero estas prácticas siguieron existiendo bajo la supervisión de los gobiernos de los presidente Asif Ali Zardari (viudo de Benazir Bhutto), Nawaz Sharif y Mamnoon Hussain

“Unas 750 detenidos fueron enviados en vuelos de la CIA a la prisión de Bagram, al norte de Kabul, donde han sido torturados”, denuncia a este medio Amina Masood, presidenta de DHRPK "El resto están en cárceles secretas en Pakistán", señala. La mayoría de los desaparecidos provienen de las áreas tribales, la provincia de KP y Baluchistán, pero también hay más de medio millar de casos en Islamabad, Lahore o Karachi, detalla la activista paquistaní.

El problema de los pastunes es que “algunas veces se les mira de forma sospechosa porque la mayoría de los terroristas son del mismo origen o provienen de las zonas tribales, lo que hace que a la hora de integrarse socialmente se les trate con desconfianza. A pesar de esto, y aunque el resto del mundo podría tildarlos de gente salvaje y sin ley, la mayoría de los miembros del PTM son jóvenes educados que están luchando para que KP sea una provincia más progresista. Esto lleva a pensar que la inclinación natural de los manifestantes es hacia el ANP”, explica Rifat Alam, editor de Newsroom Pakistan. “Dicho esto, los hombres y mujeres del movimiento también provienen de casi todos los partidos políticos en KP y están aprovechando la situación política de los pastunes para atacar mientras el hierro está caliente”, puntualiza Alam.

Si bien algunos analistas lo ha llamado la “primavera pastún”, para este periodista independiente, tal como está la situación, “no habrá una revolución ni habrá cambios drásticos en el mapa de Pakistán". No obstante, en su opinión, el movimiento “tendrá éxito como una táctica de presión para exigir al gobierno los derechos pastunes y un mejor trato en todo Pakistán” .

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