tiroteos masivos, un problema recurrente

¿Armar a los docentes de EEUU? Así debaten alumnos y profesores la idea de Trump

El Confidencial asiste a un debate en un instituto en Virginia, un estado que ha sido escenario de varios tiroteos masivos importantes. Las armas abundan, así como las discrepancias

Foto: Debate sobre el problema de las armas de fuego en el Instituto Millbrook. (C. Pérez Cruz)
Debate sobre el problema de las armas de fuego en el Instituto Millbrook. (C. Pérez Cruz)

"Cuando pasó lo de Columbine me impactó mucho. Estaba en el último año de instituto y fue la primera vez que pasó algo de esa magnitud. Recuerdo sentirme devastado, pero también que pensé que era una de esas cosas que pasan una vez en la vida, algo por lo que no debería volver a preocuparme. Pero hemos visto cómo se ha convertido en algo más habitual. Y ahora que soy profesor me digo que eso no va a pasar en mi colegio. Pero lo de Parkland ha sido un punto de inflexión".

Han transcurrido casi 19 años entre el tiroteo en la Escuela Secundaria de Columbine, en Colorado, y el del Instituto de Parkland, en Florida, y los recintos académicos de Estados Unidos se han convertido en escenario demasiado frecuente de incidentes y ataques armados. Después de los más sangrientos, suele abrirse un debate público y mediático que se desvanece en días. La velocidad de la luz con la que hoy mueren las noticias y la arraigada cultura de las armas en este país, convenientemente afinada en lo político por la influyente Asociación Nacional del Rifle (NRA, en sus siglas en inglés), son responsables del apaciguamiento casi inmediato de la discusión. Eso sí, esta vez, quizá esta vez, sea diferente. Como señala Garrett Hammer, profesor de Historia en un instituto de Virginia, Parkland parece haber sido un punto de inflexión.

Las movilizaciones de los alumnos de Parkland, el instituto de Florida en el que murieron a balazos 17 personas, tuvieron su réplica en inmediatas protestas estudiantiles por todo el país, incluida la capital, Washington DC, donde el próximo 24 de marzo está prevista una gran manifestación bajo el lema de 'March for our lives' (Marcha por nuestras vidas). El impacto legislativo de este levantamiento adolescente está por ver, pero su constancia ha logrado mantener vivo el debate y que incluso el presidente Donald Trump se plantee medidas extraordinarias para intentar garantizar la seguridad en los centros escolares, incluida la de armar a profesores.

La pequeña ciudad de Winchester no debe su nombre al famoso fusil, aunque sí se encuentra en el mismo Estado en el que tiene su cuartel general la NRA, el gran lobby de las armas, primero en influencia política en un país que las considera un derecho constitucional. Allí se encuentra el Instituto Millbrook, a apenas una hora en coche de la sede de la NRA en Fairfax y a tres de Virginia Tech, la universidad donde hace casi once años murieron 33 personas en el que está registrado como el peor tiroteo en una universidad estadounidense. Aquella matanza abrió otro de los debates recurrentes en estos casos: el que mezcla las armas con la salud mental. En Virginia es muy común la tenencia de armas y, sin necesidad de afinar mucho el oído, se escuchan disparos con cierta frecuencia en las zonas más rurales. Con más de cuatrocientas mil licencias de armas activas (el decimotercer Estado del país en número de licencias), no resulta extraño que las estadísticas hablen de una región en donde hay más muertes por armas de fuego que por accidentes de coche.

Jóvenes homenajean a sus compañeros muertos en el tiroteo del Instituto Marjory Stoneman Douglas Hen Parkland, Florida, el 16 de febrero de 2018. (Reuters)
Jóvenes homenajean a sus compañeros muertos en el tiroteo del Instituto Marjory Stoneman Douglas Hen Parkland, Florida, el 16 de febrero de 2018. (Reuters)

Millbrook, un instituto de alrededor de 1.450 estudiantes fundado en 2003, abrió las puertas a este periodista para un encuentro con estudiantes y profesores con los que conversamos y abrimos debate durante una hora. Antes, Carrie Price, directora del centro desde 2006, y con 32 años de experiencia pedagógica, respondió con precaución política, pero con claridad, a algunas de las preguntas clave del actual debate en Estados Unidos. Para Price, la idea abrazada por Trump de armar a profesores "podría llevarnos a vivir situaciones muy confusas. Si un agente entra al edificio y se aproxima hacia alguien del personal que lleva un arma, esa podría ser una situación complicada". Además, según la directora, "existe un grado de confianza entre estudiantes y profesores que podría verse afectado por las armas". Aunque cumpliría con lo que les obliguen las leyes, "las escuelas no son fortalezas. Creo que debe existir el factor confianza en la institución". Y si acaso, más que armas, la directora Price lo que solicita es formación especializada en materia de salud mental: "Ninguno la tenemos, a excepción de la psicóloga del colegio, que además compartimos con otros. Lo único que podemos aportar es amabilidad a los alumnos, pero eso no sirve para algunos problemas muy serios que tratamos en ocasiones".

Debate con alumnos y profesores

Acceden a la sala con cierta timidez, pero la mesa se llena pronto de bocadillos, bolsas de patatas, galletas... y bolsitas con trozos de zanahoria, que la directora se encarga de repartir uno a uno. De hecho, una de sus grandes preocupaciones es que los alumnos estén bien alimentados (hay familias con serios problemas para llenar la nevera). El banquete ayuda a relajar el ambiente de la mesa, en la que de un lado quedan los adultos y del otro los adolescentes. Los alumnos son Amanda (17 años), Keona (17), Harrison (14), Mellany (18), Ghandia (15) y Abby (17), todos ellos portavoces de las diferentes representaciones estudiantiles, según grados. Los adultos son la profesora de matemáticas Kim (y madre de un alumno de la escuela) y el profesor de historia, Garrett. De entre los alumnos, solo Keona admite tener un arma en casa (su padre es policía), mientras que Kim estuvo en el ejército y recibió entrenamiento en armas automáticas, como las que utilizó el asaltante de Parkland. Lo que sigue a continuación es un resumen de la charla.

La Segunda Enmienda es la que permite que un ciudadano pueda tener un arma. ¿Es un derecho que hay que preservar?

Abby: La Segunda Enmienda es muy importante para la sociedad americana, es parte de nuestros cimientos. Ni siquiera sé si debería cambiarse. Creo en la Segunda Enmienda y creo que la gente tiene derecho a tener sus propias armas, ya sea para defensa propia o por la razón para la que la pensaron los fundadores, para protegerse de un gobierno tiránico.

Amanda Olejarz y Keona Robinson, estudiantes en Millbrook. (C. Pérez Cruz)
Amanda Olejarz y Keona Robinson, estudiantes en Millbrook. (C. Pérez Cruz)

En España nos resulta extraña la idea de tener un arma. Hay licencia para cazadores, pero los ciudadanos no tienen derecho a llevar armas. ¿Por qué es tan importante preservar este derecho?

Abby: Muchos tenemos miedo de que si se elimina un derecho se entre en un terreno resbaladizo y pueda llevarse otros por delante. Eso no significa que piense que la gente necesite tener metralletas con las que puedas disparar cientos de veces en apenas minutos, pero creo que sería entrar en un terreno resbaladizo.

Garrett: La interpretación de la constitución es diferente según la generación, la educación y sus valores. Yo crecí en una familia sin armas en casa. Personalmente nunca había tocado un arma hasta que me mudé a Virginia, y aún así no tengo una. Aquí me sale el lado de la historia. En 1787 existían mosquetes, con los que como mucho podías disparar un par de balas por minuto. Hemos llegado tan lejos a nivel tecnológico que no puedo imaginar a los padres fundadores pensando en los tipos de armas que están ahora en manos del americano medio, ni en lo fácil que les resulta obtenerlas.

Como decía Abby, mucha gente piensa que tener un arma es una forma de protegerse. Según las estadísticas, en Virginia muere más gente por disparos que por accidentes de coche. ¿Qué os pasa por la cabeza al escuchar esto?

Keona: A veces me pregunto qué constituye un tiroteo para esos estudios. Ese arma, ¿se obtuvo legalmente? ¿Ilegamente? ¿Fue un problema de pandillas? Esas estadísticas son a veces un poco generales.

Kim: Como profesora de matemáticas os digo que se puede conseguir que [las estadísticas] te digan muchas cosas. Vivimos en un Estado en el que muchas personas dependen de la caza para comer, lo que conlleva que te preguntes cuántos de estos accidentes están relacionados con gente que caza por sustento, cosas así.

Estudiantes californianos participan en una marcha de protesta en honor a las víctimas del Instituto Marjory Stoneman Douglas, el 14 de marzo de 2018. (Reuters)
Estudiantes californianos participan en una marcha de protesta en honor a las víctimas del Instituto Marjory Stoneman Douglas, el 14 de marzo de 2018. (Reuters)

¿Estáis pensando en participar en la marcha del próximo 24 de marzo en Washington DC?

Mellany: Una de las razones por las que he decidido no hacerlo es porque, primero, no creo que protestar fuera del colegio sea seguro, porque te conviertes en un objetivo, especialmente si protestas sobre algo como esto. Tampoco creo que las protestas hagan demasiado por cambiar las cosas. Si quieres mejorar la seguridad lo que tienes es que ofrecer soluciones.

Abby: Con independencia de que esté o no de acuerdo con las protestas, estoy muy contenta de ver a todo el mundo con tanta energía. No voy a participar en ellas, pero me alegra que los estudiantes se hayan dado cuenta de que tienen el potencial de influir en los legisladores, e incluso a veces en el presidente. Estas marchas están bien, pero si no marchas hacia la cabina de votación, no sirve para nada. Si la gente no vota, no sirve para nada.

En las protestas hay consenso en que hay que mejorar el control sobre las armas, pero la manera de hacerlo difiere. ¿Qué les pediríais a vuestros representantes si tuvierais ocasión de hablar con ellos?

Keona: Sin duda una revisión más profunda de antecedentes, porque parece que es una cosa que se están saltando.

Amanda: Una mayor regulación de armas, pero también una mayor revisión de antecedentes. También ser más conscientes de las enfermedades mentales cuando se compra un arma.

La directora del Instituto Millbrooks, Carrie Price, y el profesor Garrett Hammer escuchan a la docente Kim Baer exponer sus argumentos. (C. Pérez Cruz)
La directora del Instituto Millbrooks, Carrie Price, y el profesor Garrett Hammer escuchan a la docente Kim Baer exponer sus argumentos. (C. Pérez Cruz)

¿Son los problemas mentales la razón que explica los tiroteos masivos?

Amanda: No lo creo. Personalmente creo que es más cuestión de lo fácil que es acceder a las armas.

Abby: No estoy de acuerdo. Debemos fijarnos en el tema de las armas, pero creo que la enfermedad mental es también un factor que entra en juego. Se ha producido un cambio cultural que también ha contribuido a eso. Ya sean los videojuegos violentos o cómo tratan la información los medios de forma sensacionalista. Debo de haber visto la cara de Nikolas Cruz [el presunto autor del tiroteo de Parkland] y leído su nombre millones de veces los días siguientes al tiroteo. Creo que eso es sensacionalismo, y hace que las personas con una enfermedad mental, o con un punto de vista incorrecto de las cosas, lo admiren de alguna manera. Creo que tenemos que mirar también eso, cómo la cultura tiende al sensacionalismo.

Nikolas Cruz sufría aparentemente algún tipo de enfermedad mental. ¿Tendríais este hecho en consideración como una circunstancia exculpatoria en el juicio?

Mellany: Diría que sí, porque sin duda hay una diferencia entre alguien completamente estable y consciente de lo que hace y otro que no. No sé en qué medida, pero juega un papel.

Garrett: Es un tema difícil. Cosas como la depresión, la ansiedad y otros asuntos de salud mental, no se discuten abiertamente en este país como se hace en otros muchos. Meter eso en la discusión de las armas es complicado. Por supuesto quieres estar seguro de que son los ciudadanos buenos y responsables los que tienen acceso a las armas de fuego, y que lo tienen por las razones correctas pero, ¿cómo vas a saber cuándo alguien va a tener malas intenciones? ¿Quién determina eso? ¿Cómo? ¿Empiezas a indagar en los registros médicos de la gente cuando quiere comprar una pistola o un rifle?

Nikolas Cruz, presunto autor del tiroteo de Parkland, comparece ante el tribunal en Fort Lauderdale, Florida, el 19 de febrero de 2018. (Reuters)
Nikolas Cruz, presunto autor del tiroteo de Parkland, comparece ante el tribunal en Fort Lauderdale, Florida, el 19 de febrero de 2018. (Reuters)

Trump considera la opción de armar a algunos profesores y, además, en campaña prometió acabar con la calificación de las escuelas como zonas libre de armas. ¿Os imagináis que cualquiera pudiera llevar un arma en la escuela?

Abby: No creo que todo el mundo debiera llevar un arma en el colegio, pero no creo que necesariamente nos debamos quedar sentados como presas fáciles. Tenemos un oficial de recursos escolares [que porta arma] al que estamos muy agradecidos, pero si vamos a hacer algo, debería ser reforzar a nuestro oficial. No sé muy bien qué pienso de lo de armar a profesores, no creo que sea necesario. No sé cómo me sentiría si mi profesora de matemáticas llevara un arma. [Risas]

Kim: ¡Y eso que he tenido entrenamiento! Pero estoy contigo. Yo estoy aquí como profesora. Ser profesora es mi trabajo. Es mi profesión, mi pasión, y no pienso que llevar un arma de fuego encaje en ese papel.

¿Cuál sería el equilibrio más adecuado entre la necesidad de seguridad y un entorno no violento?

Garrett: Deberían tomarse algunas medidas de sentido común antes de empezar a pensar en armar a los profesores. Hace diez años habría dicho que para nada a lo de los detectores de metales, pero ahora es algo muy común en cada sitio al que voy. Si tengo que pasar por esto todos los días, o ser sometido a un chequeo extra ocasionalmente, si alguien quiere mirar en mi mochila de libros, que así sea. Ojalá que las escuelas fueran en esa dirección. Si el dinero no fuera problema, quizá poner algunos oficiales más en las escuelas. Esas serían medidas con más sentido común que pedirle a un profesor de historia que se arme. [Risas]. Desde luego no me pondría en un lugar próximo a la fila de voluntarios.

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