la estrategia para ayudar al régimen

¿Puede haber paz en Siria? Asad ataca zonas "seguras" para civiles creadas por Rusia

Las zonas seguras en Siria fueron diseñadas como el primer paso hacia un alto el fuego permanente, pero la situación actual socava cualquier esperanza de frenar una guerra que entra en su octavo año

Foto: Un niño herido en un bombardeo contra Duma, en Guta Oriental, recibe atención médica, el 4 de marzo de 2018. (EFE)
Un niño herido en un bombardeo contra Duma, en Guta Oriental, recibe atención médica, el 4 de marzo de 2018. (EFE)

Las "zonas seguras" en Siria fueron diseñadas como el primer paso hacia un alto el fuego permanente en el país, pero la situación actual, en la que se han recrudecido los combates entre el Gobierno y los rebeldes y con las fuerzas sirias recuperando el territorio perdido, socava cualquier esperanza de frenar una guerra que entra en su octavo año. El plan, fruto de un acuerdo firmado por Rusia, Irán y Turquía en la capital kazaja de Astaná a mediados de 2017, estaba destinado supuestamente a reducir la violencia, proteger a los civiles y garantizar el acceso de ayuda humanitaria a las ciudades sitiadas. Sin embargo, en los últimos meses han muerto cientos de personas en Idlib, Guta oriental, zonas rurales de Homs que junto con Deraa y Quneitra forman las zonas de distensión.

Desde el principio fui escéptico con la posibilidad de que funcionase el plan de Rusia para reducir la violencia en Siria. Con el tiempo me he convencido aún más”, reconoce a El Confidencial Hashem Samir, de la Universidad Libanesa Americana (LAU). Según el experto, los ataques del régimen sirio, con apoyo de los bombardeos de la aviación rusa, en las áreas “protegidas” han ido aumentado a medida que la guerra contra el Estado Islámico llegaba a su fin.

El régimen y milicianos proiraníes estarían preparando un asalto inminente para recuperar el Sur, la única "zona de reducción de la violencia" que está bajo la vigilancia de EEUU

“En los meses que siguieron a la firma del acuerdo hubo una reducción considerable de la violencia, porque las fuerzas del régimen y sus aliados estaban concentrados en expulsar a Daesh (Estado Islámico) del territorio sirio”, puntualiza Samir.

Ahora que los yihadistas de Daesh ya no son una amenaza para la estabilidad de Siria, las fuerzas gubernamentales están empleado toda su artillería pesada contra los dos bastiones rebeldes que todavía resisten: Hama, Guta Oriental e Idlib. Como ya pasó en Alepo y Homs, la intensidad de los bombardeos de estas dos últimas semanas marcó el preludio de la ofensiva final de las tropas sirias en Guta oriental. Las fuerzas gubernamentales han avanzado posiciones en los suburbios de Damasco y prácticamente están a punto de dividir en dos el enclave rebelde al Este de la capital. La ofensiva que comenzó el 18 de febrero pasado se ha cobrado cerca de 700 muertos.

“Tan pronto como las fuerzas prosirias se retiraron de los combates en el noreste del país, el Gobierno reactivó las líneas del frente en Idlib, Hama y Guta oriental”, señala Samir, quien considera que el acuerdo para las zonas de distensión le sirve al régimen sirio de “herramienta para gestionar sus ofensivas”. “Con el despliegue de fuerzas rusas, turcas e iraníes en los focos más conflictivos de Siria, el Gobierno tiene bajo control la situación y decide cuándo comenzar una batalla o cuándo reducir los combates”, explica el analista.

En el Sur de Siria, otra de las "zonas seguras" diseñada por Moscú, Teherán y Turquía, tampoco se ha salvado. El Gobierno sirio capturó a principios de año la ciudad de Beit Jin, el último feudo rebelde cerca de los Altos del Golán. Diversas fuentes advierten de que las fuerzas del régimen y milicianos proiraníes estarían preparando un asalto inminente para recuperar el Sur, lo que pone de manifiesto la poca durabilidad del pacto, siendo ésta además la única "zona de reducción de la violencia" que está bajo la vigilancia de Estados Unidos y Jordania, garantes de la seguridad en la frontera sur de Siria. Una ofensiva de las fuerzas progubernamentales, lideradas por Irán, en el sur de Siria amenaza con provocar una escalada de tensión con Israel.

“El problema de que no esté funcionando el acuerdo de las zonas de distensión se debe, en parte, a que los 'patrocinadores' lo están utilizando en beneficio propio en vez de encargarse de garantizar que se cumpla lo pactado y denunciar las violaciones cometidas por el régimen”, advierte el analista militar Nizar Abdelkader, exgeneral del ejército libanés.

Abdelkader critica el caso de Turquía. Desde octubre, Ankara ha desplegado observadores en Idlib, en lugar de mantener sus fuerzas para interponerse entre el régimen y los rebeldes. Dichos observadores fueron enviados como refuerzo en los alrededores del cantón kurdo de Afrín, donde las fuerzas turcas y sus aliados rebeldes del Ejercito Libre de Siria (ELS) están luchando contra las milicias kurdas. “Turquía está utilizando el acuerdo para impulsar su propia agenda en Siria”, afirma Abdelkader.

Combatientes del Ejército Libre de Siria, respaldados por Turquía, durante la operación en Afrín. (Reuters)
Combatientes del Ejército Libre de Siria, respaldados por Turquía, durante la operación en Afrín. (Reuters)

El caso más claro de apoyo incondicional al régimen sirio es el de Irán, que a pesar de ser garante del acuerdo “entrena y envía milicianos chiies iraquíes, iraníes y libaneses de Hizbulah a luchar con las tropas sirias”, explica el analista. Mientras tanto, Rusia, también un aliado clave de Bashar al Assad, está ayudando al ejército sirio con ataques aéreos diarios para recuperar los bastiones rebeldes de Idlib y Guta oriental, lo que lleva a cuestionar las intenciones de Moscú. “La postura de Moscú es poco creíble cuando habla de alto el fuego mientras los aviones rusos siguen bombardeando a los rebeldes sirios”, manifiesta Abdelkader.

"La oposición ha negociado la evacuación de los combatientes de Al Nusra que quedan en Guta, pero Rusia quiere retrasar su salida para seguir bombardeando"

Desde el interior de Guta oriental, el activista y periodista Wassim Khatib denuncia que Rusia “ha engañado” al Consejo de Seguridad de la ONU porque “no tiene intención” de hacer una pausa humanitaria en las áreas rurales al Este de Damasco. “No hay tregua. Los bombardeos no se detienen. En Guta oriental se está repitiendo el mismo escenario de Alepo: bombardeando y sometiendo a la población a un asedio para matarlos de hambre y verse obligados a desplazarse”, advierte Khatib.

La resolución 2401, aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, exige "que todas las partes cesen las hostilidades sin retraso" para permitir la entrada de ayuda humanitaria y evacuación de civiles. El Frente al Nusra (ahora Organización para la Liberación del Levante, exfilial de Al Qaeda en Siria) y el Estado Islámico están excluidos de la tregua. Con la excusa de atacar a milicianos yihadistas, los bombardeos continúan en todos los frentes. “Los grupos de oposición han negociado la evacuación de los pocos combatientes de Al Nusra que quedan en Guta Oriental, pero Rusia quiere retrasar su salida para seguir bombardeando con el pretexto de Al Qaeda. No cesarán los bombardeos hasta que el régimen complete su victoria... seguirán matando a miles de personas”, denuncia el activista sirio, que alerta de que después de los suburbios de Damasco “vendrá Idlib”.

No obstante, conquistar el bastión rebelde del noroeste de Siria no será tarea fácil. En Idlib opera la Organización para la Liberación de Levante, mucho más preparada y con mejor armamento que los rebeldes salafistas de Guta oriental. Prueba de ello es que a principios de febrero el grupo derribó, por primera vez, un avión de combate ruso SU-25 con munición antiaérea.

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