PUTIN ANUNCIA UN ALTO EL FUEGO DESDE el martes

Ofensiva en Guta Oriental: por qué este enclave rebelde es esencial en la guerra

El enclave es una de las pocas zonas que quedan en manos de la insurgencia, desde donde lanzan morteros contra el casco urbano de Damasco. Para el régimen sirio, su caída es fundamental

Foto: Un hombre transporta garrafas de agua en Duma, Guta Oriental, el 25 de febrero de 2018. (Reuters)
Un hombre transporta garrafas de agua en Duma, Guta Oriental, el 25 de febrero de 2018. (Reuters)

“Este es un proceso legítimo de liberación, necesario desde hace tiempo. ¡No más yihadistas de Al Qaeda junto a nuestra capital!”, declaraba la semana pasada el parlamentario sirio Fares Al Shehabi. Se refería al recrudecimiento de la ofensiva del régimen contra el enclave rebelde de Guta Oriental, que está dejando un elevado número de muertos, gran parte de ellos civiles. El Gobierno de Siria lo justifica como una operación antiterrorista contra los grupos yihadistas que controlan la zona, desde la que se lanzan frecuentes ataques con morteros contra zonas residenciales de Damasco (más de cien al día, según algunos testimonios).

La declaración de Shehabi es un buen ejemplo del estado de ánimo en el bando gubernamental, y ayuda a explicar por qué, a pesar del alto el fuego acordado en la ONU este fin de semana, los bombardeos hayan proseguido a lo largo del lunes, dejando al menos 17 muertos. El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, ha declarado que el acuerdo “de ninguna manera afecta a la acciones que lleva a cabo el Gobierno sirio, con el respaldo de Rusia, contra todos los grupos terroristas". Este lunes, Vladímir Putin ha anunciado una “tregua humanitaria” de cinco horas al día, en la que se implementará un corredor a través del que los civiles podrán ser evacuados. Esto -además de subrayar el papel de Rusia como el nuevo árbitro de Oriente Medio- dejará el camino libre para un asalto final por tierra por parte del régimen sirio, que segun algunas fuentes ya ha empezado.

Pero ¿por qué es importante este enclave en el curso de la guerra, y por qué la cifra de bajas civiles es tan elevada? Este enclave de casi 400.000 personas está en manos de la oposición siria desde finales de 2012, cuando las fuerzas rebeldes se hicieron con el control total de este territorio. Poco después, los insurgentes iniciaron desde allí una serie de ataques contra posiciones peligrosamente cercanas al centro de Damasco. El régimen de Bashar Al Assad, alarmado, lanzó una contraofensiva que logró hacer retroceder a los rebeldes, y en mayo de 2013 inició uno de los asedios más largos de la historia moderna, que ha incluido la quema de cosechas, el bloqueo de alimentos, medicinas y combustibles, y una intensa campaña de bombardeos.

Tres facciones rebeldes se reparten hoy el control de Guta Oriental: el nordeste está bajo el control de Yeish Al Islam (Ejército del Islam), un grupo salafista apoyado por Arabia Saudí surgido de la alianza de varias milicias yihadistas. El suroeste lo controla Failaq Al Rahman, otra agrupación vinculada a los Hermanos Musulmanes que cuenta con aproximadamente 9.000 combatientes, y que se opone a la primera, con enfrentamientos frecuentes entre ambas. La zona de Harasta, en el noroeste, está en manos de Ahrar Al Sham, antaño una de las organizaciones más poderosas de la insurgencia siria.

Sin túneles ni suministros

La mayoría de las localidades de Guta Oriental han sido abandonadas, y sus habitantes se han concentrado en Duma y Harasta, las poblaciones donde más posibilidad hay de conseguir comida. En consecuencia, la aviación siria y rusa han focalizado sus ataques en estos puntos, con consecuencias devastadoras para los civiles. Amnistía Internacional considera estos bombardeos aéreos, que han incluido al menos siete hospitales, como crímenes de guerra. En agosto de 2013 se produjo además un ataque químico que dejó centenares de muertos, el peor de toda la guerra de Siria. La UE y EEUU culparon al ejército de Assad, mientras éste y sus aliados aseguran que se trató de una operación de falsa bandera lanzado por el Ejército Libre Sirio con el propósito de provocar una intervención estadounidense.

Hasta el año pasado, los insurgentes mantenían un sistema de túneles que permitían la entrada de armas y municiones, así como de suministros vitales para la población. No obstante, el ejército sirio los capturó en la primavera de 2017. En septiembre de ese año prohibió también la entrada de alimentos, en un intento de rendir a los habitantes de Guta Oriental por el hambre, una estrategia que ya había aplicado en lugares como Homs, Hama y Alepo. El resultado ha sido una carestía generalizada que ha provocado centenares de muerte por inanición y falta de medicinas.

El régimen, además, se ha negado a permitir la evacuación de heridos y enfermos. “Víctimas heridas están muriendo solo porque no pueden recibir tratamiento a tiempo”, denunció el pasado 21 de febrero Marianne Gasser, jefa de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Siria. Aparentemente, el Gobierno sirio espera utilizar estas evacuaciones como carta de negociación con los insurgentes, como parte de un acuerdo de rendición similar al aplicado en Alepo y otros lugares.

El enclave está devastado: a través de imágenes de satélite, la ONU calcula que en algunos puntos, como Jobar, el 93% de los edificios del casco urbano han sido destruidos. En estas condiciones, parece imposible que los rebeldes puedan hacer frente a la ofensiva final del régimen. Con corredor humanitario o no, la salida pactada de los combatientes -o su rendición incondicional- es mera cuestión de tiempo. El destino de Guta Oriental parece sellado, y cuanto más se prolongue la situación actual, más sufrirán sus habitantes.

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