la región aprueba la vuelta de sus presidentes

La moda que inició Fujimori y copió Chávez: fiebre por la reelección en América Latina

Cada país ha aprobado, de forma más o menos democrática, el regreso de sus presidentes. Una fiebre que no obedece a signos políticos: ha sido impulsada por líderes como Chávez, Uribe o Hernández

Foto: Seguidores de Alberto Fujimori celebran el indulto concedido al expresidente peruano, en Lima. (Reuters)
Seguidores de Alberto Fujimori celebran el indulto concedido al expresidente peruano, en Lima. (Reuters)

América Latina. Finales de los 80. Casi la totalidad de los presidentes que en esos momentos estaban en el poder sabían que tenían cuatro o cinco años para intentar llevar a cabo las transformaciones prometidas en sus países. La ley les obligaba después a ceder el testigo a otra persona. La reelección estaba absolutamente prohibida en la mayoría de los estados. Casi tres décadas después la situación es completamente distinta. La mayoría de países de la región ha aprobado, de forma más o menos democrática, la vuelta al poder de sus presidentes. Ahora sólo cuatro países -México, Paraguay, Guatemala y Colombia- la prohíben totalmente.

La reelección volvió a ser foco de problemas y polémica en 2017. Paraguay registró un muerto durante las protestas de abril contra el pacto entre dos fuerzas políticas antagónicas, lideradas por el presidente Horacio Cartes y su predecesor, Fernando Lugo, para habilitar la posibilidad de reelegirse. Curiosos aliados hace el afán por volver al poder. La opción fue desechada tras los disturbios. Al menos por ahora.

En el país vecino, Bolivia, el Tribunal Constitucional le dio a Evo Morales la posibilidad de reelegirse indefinidamente, invalidando el artículo de la Constitución que se lo impedía. Fue a finales de noviembre. La corte apeló en su fallo al derecho de todos los bolivianos a presentarse a la presidencia. Morales había perdido en 2016 un referéndum con el que planeaba cambiar la medida, pero logró finalmente su objetivo en los tribunales.

En Latinoamérica, donde hay instituciones débiles y culto al personalismo, los presidentes tienen ventajas por encima de los demás candidatos

Un fallo similar de la Corte Suprema de Justicia hondureña permitió en 2015 al presidente, Juan Orlando Hernández, volver a presentarse a las elecciones. Los jueces declararon ‘inaplicable’ el artículo 239 de la Carta Magna, aludiendo también a la igualdad entre todos los ciudadanos. El mandatario centroamericano concurrió a los comicios presidenciales celebrados a finales de noviembre y ganó por 50.000 votos, según el Tribunal Electoral de su país, aunque la oposición denuncia fraude y la Organización de Estados Americanos (OEA) ha pedido la repetición de los comicios.

Su presidencia sería considerada por la oposición como “inconstitucional”. La reelección es muy polémica en Honduras. El expresidente izquierdista Manuel Zelaya fue expulsado del poder en 2009 mediante un golpe de Estado por plantear una consulta sobre su reelección. Ocho años más tarde, Hernández se reelige ante el silencio del Ejército.

Ecuador ha sido otro país donde la vuelta de los mandatarios al poder ha suscitado polémica este año. Una reforma constitucional promovida por el expresidente Rafael Correa permitió la reelección indefinida en 2015. Acordó con los parlamentarios contrarios a la idea que el cambio no sería aplicable en los siguientes comicios, y por eso Lenín Moreno fue el aspirante del ‘correísmo’ en las presidenciales de febrero. Cuando Moreno llegó a la presidencia se distanció de las políticas del exmandatario, llegando a ser acusado por Correa de “traidor”. Ha convocado un referéndum para febrero con el objetivo, entre otros, de prohibir la reelección. Eso imposibilitaría la vuelta a la presidencia de quien lideró el país durante una década.

Rafael Correa saluda a su llegada al aeropuerto Mariscal Sucre, en la población de Tababela, Quito. (EFE)
Rafael Correa saluda a su llegada al aeropuerto Mariscal Sucre, en la población de Tababela, Quito. (EFE)

El cambio que iniciaron Fujimori y Menem

“La idea de poner límites a la reelección es una contribución latinoamericana al pensamiento democrático. Surge en el Siglo XIX en varios países como Argentina y México. Parte de la idea de que en Latinoamérica, donde hay instituciones débiles y culto al personalismo, los presidentes tienen ventajas por encima de los demás candidatos, lo cual les ayuda a ganar el voto y las lealtades con más facilidad que a cualquier otro político”, comenta a este diario Javier Corrales, profesor del Amherst College de Massachussetts y coautor de un estudio sobre la reelección.

Las dictaduras y caudillismos de la segunda mitad del Siglo XX, según los expertos, contribuyeron a institucionalizar la prohibición de la reedición de cargos en la región, una medida entonces con un notable apoyo popular. Esa percepción favorable a impedir la vuelta al poder de los mandatarios comenzó a cambiar a principios de los 90. El cambio lo inició en Perú el expresidente Alberto Fujimori, condenado por corrupción y crímenes de lesa humanidad y a quien Pedro Pablo Kuczynski concedió recientemente un indulto humanitario. Consiguió cambiar la norma en 1993 para permitir la reelección continua durante dos mandatos. El Congreso volvió a modificar la ley tras su salida del poder en 2000, siendo necesario dejar pasar una legislatura para volver a optar a la presidencia.

Perú fue seguido por Argentina. Carlos Menem consiguió aprobar una reforma constitucional en 1994 para permitir la reelección continua por un solo mandato, aunque no logró volver al poder. Desde entonces, sólo Cristina Fernández Kirchner consiguió reeditar su presidencia.

Reelección conyugal

Los Kirchner, además, fueron pioneros en mantener el poder mediante la ‘reelección conyugal’, es decir, reelegirse a través de familiares. Lo intentó también Álvaro Colom (2008-2012) en Guatemala, cuando las instituciones le impidieron volver a ser candidato. Postuló a su esposa, Sandra Torres, para el puesto. La restricción en Guatemala es tan fuerte que ni siquiera permite disputar la presidencia a familiares directos de los mandatarios, así que Colom llegó a separarse de su mujer. No le sirvió de mucho. La Justicia no permitió que se presentara.

La táctica fue utilizada también por Zelaya en Honduras. Su esposa, Xiomara Castro, se presentó a las elecciones en 2013, tras el Golpe de Estado, pero perdió por ocho puntos frente a Hernández.

A Perú y Argentina le siguió Brasil. El expresidente Henrique Cardoso consiguió la reelección presidencial consecutiva por dos periodos en la Constitución. Fue en 1997. Tanto él como los siguientes mandatarios, Lula Da Silva y Dilma Roussef, se han vuelto a presentar y han reeditado su cargo.

La ola continúa en Costa Rica y Colombia

La tendencia continuó. En la pasada década se produce una segunda ola de cambios constitucionales para permitir la reelección. La inició el expresidente y premio Nobel de la Paz, Óscar Arias. Consiguió, en abril de 2003, que la Corte Constitucional revocase una reforma efectuada en 1969 a la Carta Magna que prohibía la reelección. Desde entonces en Costa Rica se puede optar a volver al poder, pero dejando pasar una legislatura de por medio. Lo mismo sucede en Uruguay y Chile, donde se impuso el sistema de reelección alterna tras la dictadura de Pinochet. Esos tres Estados son considerados las democracias más sanas de América Latina.

También El Salvador permite la reelección diferida, al igual que Panamá, aunque en el caso del país canalero los presidentes han de dejar pasar dos periodos para volver a presentarse. “Cuando se permite la reelección alterna, cuesta trabajo que los partidos renueven sus liderazgos, pues los expresidentes suelen imponerse por encima de grupos nuevos y renovadores. Lo peor para una democracia es que las instituciones no renueven sus caras y que personajes polarizadores, como lo son la mayoría de los ex presidentes, no se retiren”, considera Corrales, un gran crítico de la reelección.

“Yo creo que siguen existiendo los problemas de antaño, como son unas instituciones de freno y contrapeso débiles, y culto a la personalidad. Los límites son esenciales. Una única reelección me parece bien. Más de una, mal. Genera demasiado continuismo y vicios por parte de los presidentes para reeditar su puesto. Llegan a destruir la economía”, cree el experto.

El presidente colombiano Álvaro Uribe continuó la moda en 2004. Sustentado por una popularidad superior al 70%, consiguió que el Congreso aprobase la reelección presidencial inmediata por una sola vez. Tanto Uribe como su sucesor, Juan Manuel Santos, consiguieron reeditar sus cargos. El premio Nobel de la paz decidió, eso sí, impulsar un cambio a la inversa, y consiguió que el Congreso volviera a prohibir la reelección. Quien gane las presidenciales de mayo sólo gobernará por cuatro años.

Una moda seguida por los 'bolivarianos'

A Colombia le siguieron los países ‘bolivarianos’. La reelección presidencial estaba prohibida en Venezuela hasta la Constitución de 1999, elaborada tras la victoria electoral de Hugo Chávez. Aquel texto permitía la reelección consecutiva, pero no indefinida. El militar intentó perpetuarla a través de un referéndum en 2007, pero perdió la consulta. La repitió en 2009, y entonces si la ganó.

Efectivos venezolanos con un cartel del difunto presidente Hugo Chávez, en Caracas. (Reuters)
Efectivos venezolanos con un cartel del difunto presidente Hugo Chávez, en Caracas. (Reuters)

Su aliado político, el exguerrillero nicaragüense Daniel Ortega, consiguió que la Corte Suprema de su país declarara “inaplicables” los artículos de la Constitución que prohibían la reelección, con un argumento base a la igualdad de todos los ciudadanos. El fallo fue imitado después en Honduras y Bolivia. “Por lo menos en los casos de Nicaragua y Honduras, la oposición denuncia que el gobernante controla la corte de justicia”, recuerda Corrales. “Yo opino que cualquier cambio constitucional debe contar con voto popular y, preferiblemente, con más de la mayoría. Debe tener también apoyo de los líderes de la oposición. De lo contrario, es un movimiento polarizador y, por lo tanto, desestabilizador”, añade el experto.

La oposición nicaragüense consideró “inconstitucional” la primera reelección de Ortega, en 2011. El mandatario, ya con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, aprobó en 2013 la reelección indefinida por vía parlamentaria y volvió a imponerse en las elecciones de 2016.

México es ahora la excepción

El país que se mantiene más inflexible su postura contra la reelección es México. El tema llega a ser tabú y los candidatos apenas se refieren a ello. La prohibición se pacta en la Constitución de 1917, después de que fuese una de las premisas de la Revolución de 1910.El país norteamericano ofrece, a cambio, un periodo generoso de gobierno de seis años.

Quienes han promovido los cambios legislativos para permitir la reelección en América Latina han argumentado que en cuatro o cinco años no se puede transformar un país. Lo han conseguido, en la mayoría de los casos, en momentos de gran popularidad.

La ‘fiebre’ por la reelección no entiende, además, de signos políticos, puesto que ha sido impulsada por gobernantes tan enfrentados ideológicamente como Chávez y Uribe, o Hernández y Ortega. Está por ver si los países donde se vuelve a hablar de "caudillismo", como Venezuela, Nicaragua, Honduras y Bolivia, mantienen la reelección cuando se produzca un cambio político.

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