FORMAN PARTE DE UNA INVESTIGACIÓN DEL CONGRESO

"Dile a tu padre que no acepte si pierde": los mensajes secretos de Wikileaks y Trump Jr.

La filtración de los mensajes secretos que la organización de Julian Assange cruzó con el hijo del republicano demuestran que conspiró de forma activa a su favor y en contra de Hillary Clinton

Foto: Donald Trump Jr. a un lado del escenario durante un debate de campaña entre su padre y Hillary Clinton, en Hempstead, Nueva York, el 26 de septiembre de 2017. (Reuters)
Donald Trump Jr. a un lado del escenario durante un debate de campaña entre su padre y Hillary Clinton, en Hempstead, Nueva York, el 26 de septiembre de 2017. (Reuters)

El 10 de octubre de 2016, un mes antes de las elecciones estadounidenses, el candidato Donald Trump proclamó durante un mitin: “¡Me encanta Wikileaks!”. Tres días antes, la organización creada por el australiano Julian Assange había publicado un paquete de correos electrónicos de John Podesta, el jefe de campaña de su rival, Hillary Clinton. A día de hoy, la candidata demócrata sigue insistiendo en que esta y otras filtraciones, como la información obtenida mediante el hackeo de los servidores del Comité Nacional Demócrata, hecha pública ese mismo julio-, fueron elementos clave en su derrota.

Lo que entonces no se sabía es que Wikileaks no solo estaba trabajando a favor de la elección de Trump, sino que estuvo en contacto constante con el hijo del candidato republicano, Donald Trump Jr., en un intento de lograr el máximo impacto para sus filtraciones. Así lo demuestran los mensajes directos de Twitter que se cruzó con la organización, ahora entregados por sus abogados al comité del Congreso que investiga la injerencia rusa en el proceso electoral estadounidense, y obtenidos por la publicación The Atlantic.

Según una fuente familiar con la investigación, el mismo día que Trump Jr. recibió el primer mensaje de Wikileaks lo reenvió inmediatamente a otros participantes en la campaña de su padre, incluyendo a su cuñado Jared Kushner, el ideólogo Steve Bannon, la portavoz Kellyanne Conway y el consultor Brad Parscale. Kushner, a su vez, se lo reenvió a otros miembros del equipo. El intercambio de mensajes duró 10 meses, y en ningún momento Trump Jr. hizo gesto alguno de rechazo al acercamiento de Wikileaks, pese a las crecientes críticas contra ese grupo.

La información revelada por The Atlantic es explosiva. La relación entre Wikileaks y el hijo del candidato se inició el 20 de septiembre, cuando la organización le alertó de que el Comité de Acción Política de EEUU, un grupo activista progresista, se disponía a poner en marcha una página anti-Trump llamada putintrump.org. “Hemos deducido el password, es 'putintrump'”. Trump Jr. respondió agradeciendo la ayuda. Dos semanas después, Wikileaks volvió a escribir pidiendo al equipo del magnate que le diese visibilidad a uno de los mails filtrados de Clinton, en el que aseguraba querer “matar con un dron” a Julian Assange. “Hey tíos, sería genial si pudieses comentar/promover esta historia”, escribió la organización. “Ya lo he hecho hoy, antes. Es increíble lo que puede hacer impunemente esta tipa”, respondió Trump Jr. una hora y media despues.

Tras la mención a Wikileaks hecha por Trump en el mitin, la organización volvió a escribir a su hijo, para sugerirle que su padre “tuitee este link si nos menciona”, incluyendo un enlace al buscador wlsearch.tk, que permite indagar en los documentos publicados. “Hay muchas historias fantásticas que la prensa se está perdiendo y estamos seguros de que muchos de vuestros seguidores las encontrarán. Por cierto, acabamos de publicar los correos de Podesta, Parte 4”. Trump Jr. no respondió, pero un cuarto de hora después tuiteó: “Muy poca selección en los medios deshonestos de la increíble información proporcionada por Wikileaks. ¡Qué deshonesto! ¡Sistema corrupto!”. Dos días después, tuiteó el enlace mencionado.

A partir de ese momento, Trump Jr. dejó de responder a los mensajes de Wikileaks, pero esta no dejó de escribir. Al contrario: aumentó sus exigencias, hasta un nivel que demuestra sin asomo de dudas su intención de favorecer al republicano frente a Clinton. El 21 de octubre, la organización envió la siguiente petición: “Hey Don, hemos tenido una idea inusual. Fíltranos una o más de las declaraciones fiscales de tu padre”. (Hasta el día de hoy, Trump se ha negado a hacer pública su declaración de hacienda, rompiendo con la tradición de todos los presidentes anteriores).

Wikileaks daba tres argumentos: que el New York Times ya había publicado una parte a principios de ese mes, que en cualquier momento podía producirse una filtración del resto “a través de la fuente más partidista, por ejemplo el NYT o MSNBC”, y la que era “la verdadera motivación” para ellos: “Si lo publicamos, mejorará dramáticamente la percepción sobre nuestra imparcialidad. Eso significa que la enorme cantidad de cosas que estamos publicando sobre Clinton tendrá un impacto mucho mayor, porque no será vista como proveniente de una fuente 'pro-Trump' o 'pro-Rusia'”. También le pedía “cualquier otro elemento negativo (documentos, grabaciones) que creas que tienen una posibilidad decente de salir a la luz. Saquémoslo a la luz [nosotros]”.

El fundador de Wikileaks, Julian Assange. (Reuters)
El fundador de Wikileaks, Julian Assange. (Reuters)

Pero más grave aún es el mensaje enviado el mismo día de las elecciones, el 8 de noviembre, cuando todavía se asumía en casi todo el mundo que Clinton sería la ganadora: “Hey Don, si tu padre 'pierde' creemos que es mucho más interesante SI NO lo admite y pasa algún tiempo ENFRENTÁNDOSE a los medios y [hablando de] otros tipos de fraude que han ocurrido, como ha dejado caer que podía hacer”. En otras palabras: Wikileaks estaba trabajando para tratar de debilitar la confianza del público en el sistema electoral estadounidense. “La discusión puede ser transformadora dado que expone la corrupción de los medios, la corrupción primaria, la corrupción de los Comités de Acción Política, etc.”, añadió la organización a modo de motivación.

Wikileaks todavía se reservaba una carta en la manga: el 16 de diciembre, cuatro días antes de que Trump tomase posesión del cargo, hizo la siguiente petición: “Hola Don. ¡Esperamos que te vaya bien! En relación con el Sr. Assange: Obama/Clinton han presionado a Suecia, al Reino Unido y Australia (su país de origen) para ir de forma ilícita contra el Sr. Assange. Sería realmente fácil y beneficioso si tu padre sugiriese que Australia nombrase a Assange embajador en [Washington] DC”. La organización incluso se permitió sugerir cómo podría expresarlo el nuevo presidente: “'Que es un tipo realmente listo y duro y el australiano más famoso que tenéis' o algo similar. No lo harán, pero enviará las señales adecuadas a Australia, el Reino Unido + Suecia para que empiecen a seguir la ley y dejen de retorcerla para congraciarse con los Clintons”.

Y tras la revelación por el New York Times de que Trump Jr. se había reunido con la abogada rusa Natalia Veselnitskaya, Wikileaks trató de ponerse en contacto una última vez con él: “Hola Don. Lamentamos tus problemas. Tenemos una idea que podría ayudar un poco. Estamos MUY interesados en obtener y publicar confidencialmente una copia de los email(s) citados por el New York Times hoy. Creemos que es en tu interés”, afirmó la organización. “Si los publicamos nosotros, no solo les privamos de esta capacidad, sino que es bellamente desconcertante”, añadió. Trump Jr. optó por hacer públicos él mismo los correos electrónicos.

“Durante los últimos meses, hemos trabajado de forma cooperativa con cada uno de los comités y hemos entregado voluntariamente miles de documentos en respuesta a sus peticiones. Dejando de lado la cuestión de por qué o quién esos documentos, proporcionados al Congreso bajo promesas de confidencialidad, han sido filtrados de forma selectiva, podemos decir con confianza que no nos preocupan esos documentos y cualquier cuestión al respecto ha sido fácilmente respondida en el foro apropiado”, ha declarado Alan Futerfas, abogado de Donald Trump Jr., a The Atlantic. Wikileaks no respondió a los intentos de esa publicación de obtener sus declaraciones.

La justicia debe determinar ahora si el intercambio de mensajes entre el hijo de Trump y Wikileaks -y otros miembros del equipo de campaña, que serían conscientes de ello- constituye un hecho delictivo. De lo que ya no queda duda es de que Wikileaks, lejos de funcionar como un actor imparcial en la contienda electoral, buscó activamente la derrota de Clinton y el ascenso de Trump, pese a que éste se encuentre en las supuestas antípodas ideológicas de Assange.

En su cuenta de Twitter, el australiano ha asegurado que “no puede confirmar los supuestos mensajes directos”, y que el reportaje “ha sido editado y claramente no tiene el contexto completo”. Assange ha afirmado que “Wikileaks tiene tanta 'chutzpah' [una palabra en yiddish que puede traducirse como descaro, insolencia o audacia] que supuestamente intentó convencer a Trump Jr. de que filtrase las declaraciones de impuestos de su padre y sus propios correos del 'encuentro con la abogada rusa' (y lo hizo). Wikileaks parece engatusar a algunas personas hacia la transparencia al convencerles de que va en su interés”. La explicación no ha convencido a casi nadie.

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