el 85% de los filipinos apoya su gestión

Un año de Duterte: récord de popularidad tras la muerte de 7.000 personas

Pese a los miles de muertos y la insurrección yihadista en Marawi, Duterte registra récords de popularidad. Más de ocho de cada diez filipinos apoyan la “guerra contra las drogas”

Foto: Agentes tapan el cadáver de un presunto traficante abatido por la policía, en Quezon, Metro Manila. (Reuters)
Agentes tapan el cadáver de un presunto traficante abatido por la policía, en Quezon, Metro Manila. (Reuters)

Miles de muertos y un enorme respaldo ciudadano. Entre el 75 y el 85% de los filipinos está satisfecho o muy satisfecho con la gestión de Rodrigo Duterte, quien celebra este viernes su primer año en la presidencia con un récord de popularidad, según las encuestas publicadas por las consultoras SWS y Pulse Asia con motivo del aniversario de su llegada al poder. Doce meses turbulentos marcados por una brutal “guerra contra las drogas” en la que han muerto más de 7.000 personas y la lucha contra una filial del Estado Islámico en el sur de Mindanao, donde desde el mes pasado rige la ley marcial. Doce meses calificados como una “calamidad” para los derechos humanos según la organización Human Rights Watch (HRW), que hoy reiteró su petición de llevar a Duterte ante la Corte Penal Internacional.

El presidente no solo goza de un amplio respaldo popular, también conserva un importante apoyo en la Cámara de Representantes, donde la mayoría de los 297 diputados suelen dar luz verde a sus heterodoxas iniciativas políticas, en las que se incluye un giro radical en política exterior para acercarse a Rusia y China y alejarse de Estados Unidos, tradicional aliado de Filipinas.

Si algo se puede conceder a Duterte es que se ha empleado a fondo para cumplir con la 'promesa estrella' de su campaña electoral: limpiar las calles de criminales y librar al país de las drogas ilegales en un plazo de entre tres y seis meses. Hasta la fecha han muerto miles de sospechosos, incluidos 3.151 en enfrentamientos armados con las fuerzas de seguridad y 1.847 muertos en ataques supuestamente relacionados con el tráfico de drogas, protagonizados en ocasiones por pistoleros enmascarados. El presidente ha potenciado explícitamente una campaña antidroga que ha provocado miles de ejecuciones extrajudiciales cometidas por policías o patrullas vecinales en un ambiente de absoluta impunidad.

Una investigación de Amnistía Internacional publicada el pasado febrero documentó cómo las fuerzas de seguridad filipinas se han convertido en una especie de organización criminal que mata a personas de bajos recursos acusadas de consumir o vender droga a pequeña escala, o pagan a terceros para que las asesinen. AI también denuncia el robo de las posesiones de los muertos y la colocación de pruebas falsas en la escena del crimen.

“Duterte llegó al poder prometiendo erradicar el crimen de Filipinas. En lugar de eso, miles de personas han sido asesinadas por -o cumpliendo órdenes de- una fuerza policial que actúa al margen de la ley, bajo las órdenes de un presidente que no ha mostrado más que desprecio por los derechos humanos”, opina James Gómez, director de Amnistía Internacional para el Sudeste de Asia y el Pacífico.

Pese a los miles de muertos y la insurrección yihadista en la ciudad de Marawi, al oeste de Mindanao, sus políticas de mano dura han permitido al presidente evitar el desgaste. Más de ocho de cada diez filipinos apoyan la “guerra contra las drogas”, según la encuesta de Pulse Asia. En un año en que los homicidios han aumentado un 25%, otros delitos como violaciones y atracos se han reducido a la mitad. La mejora en materia de seguridad ciudadana parece haber consolidado la idea entre los filipinos de que el fin justicia los medios. Hasta el momento, más de 1,3 millones de delincuentes se han entregado voluntariamente a las autoridades y 650.000 han sido detenidos.

Así, Duterte, miembro de uno de los clanes políticos que gobiernan el archipiélago y licenciado en Derecho y Ciencias Políticas -aunque fue expulsado de dos colegios por mala conducta- ha logrado que la única nota discordante en su aniversario sean 500 manifestantes que marcharon hoy por las calles de Manila hacia el Palacio de Malacañán para protestar contra los asesinatos extrajudiciales que, denunciaban, afectan a las clases más pobres y vulnerables de Filipinas. Otros grupos minoritarios organizaron protestas en otras partes del país, donde también se exhibieron pancartas contra la decisión de Duterte de aplicar la ley marcial en Mindanao.

“A la gente le gusta. Puede que los ciudadanos no estén de acuerdo con sus políticas, o tengan sentimientos encontrados al respecto, pero como a los filipinos les gusta tienden a concederle el beneficio de la duda”, señala Ricardo Abad, sociólogo y antropólogo de la Uiversidad Ateneo de Manila, a la agencia AFP.

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