el confidencial entrevista a frans Timmermans

“Hace dos años, la UE podía colapsar, ahora está más unida tras el Brexit y Trump”

El vicepresidente primero de la Comisión Europea se muestra "más optimista" y pide superar los estereotipos el mismo día en que Reino Unido ha enviado a Bruselas su petición de divorcio

Foto: El vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans. (EFE)
El vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans. (EFE)

“Estamos saliendo de un periodo bastante difícil. Ya dije hace dos años que la UE podría colapsar”. Lo afirma Frans Timmermans, vicepresidente primero de de la Comisión Europea (CE), en una entrevista con El Confidencial en la que recuerda el estupor que causó su advertencia la primera vez que la hizo pública. “Mis palabras fueron un 'shock', pero realmente lo creo”, dice este diplomático metido a político, conocido por su europeísmo. Sin embargo, el mismo día en que Reino Unido ha enviado a Bruselas su petición de divorcio, se muestra “más optimista que hace dos años”.

“Creo que [el Brexit] nos ha planteado un reto casi existencial para Europa, pero vamos a superarlo”, asevera Timmermans. “El hecho de que ahora entendamos de manera más general que esta construcción puede colapsar, por el Brexit, pero también a veces por Trump y otros sucesos, ha creado un fuerte sentimiento de que tenemos que permanecer juntos ahora y resolver unidos nuestros problemas”, añade.

Una década de crisis económica, unida a las tensiones que se dispararon durante la crisis de los refugiados, ha creado “un sentimiento de desconfianza” entre el norte y el sur. Y entre el oeste y el este. Caldo de cultivo en que los estereotipos —el sur lleno de vagos, el norte imponiendo su dictado económico—, espoleados por los populistas y euroescépticos, se convierten en moneda común a uno y otro lado de las líneas de fractura. “Estas posturas están completamente equivocadas”, afirma tajante.

En esta discusión ha entrado de lleno su compatriota Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, que ha logrado incendiar los ánimos con sus palabras: “Uno no puede gastarse todo el dinero en copas y mujeres y pedir luego que se le ayude”. Timmermans se abstiene de “entrar en el debate” de quienes exigen la dimisión del holandés y, aunque está convencido de que “ninguna persona en Europa siente más esto que Jeroen Dijsselbloem”, asegura que “un político no solo es responsable de sus intenciones, sino también de los efectos de sus palabras”. Defensor de “no crear más divisiones en Europa, sino unir a los europeos”, Timmermans ve que, en este sentido, “sus palabras fueron en la dirección equivocada”.

“Los estereotipos son parte de nuestra historia, es lo que somos como europeos (…) Pero tenemos que superar esto, tenemos que estar más cerca, no más alejados. Y el Brexit nos acerca, los Veintisiete están unidos”, dice.

El embajador británico ante la UE (i) entrega la carta que invoca el art. 50 del Tratado de Lisboa.
El embajador británico ante la UE (i) entrega la carta que invoca el art. 50 del Tratado de Lisboa.

El vicepresidente primero de la Comisión Europea, la institución que liderará las negociaciones con Reino Unido, afirma que ni los europeos ni los británicos adoptarán una actitud agresiva. A día de hoy, ve una actitud más pragmática, con “sentido común” en Londres, mientras que los Veintisiete se preparan para encarar la ruptura.

“Hay un entendimiento común sobre que el mejor resultado solo será posible si nos mantenemos unidos, todos están de acuerdo en esto”, añade. Una actitud que cree que se mantendrá incluso una vez las conversaciones entren en materia y se trate de encontrar un equilibrio entre los intereses de todas las partes involucradas. Se tratará, dice, de proteger los intereses de los europeos, pero también de “hacer el menor daño posible”. “En cualquier divorcio acaba habiendo daños, pero si se actúa de manera responsable, se pueden limitar al mínimo”, reflexiona.

Timmermans es un hombre de ideas claras. Y de estas, tiene muchas. Como que la controvertida apuesta por abrazar una Europa “con múltiples velocidades” —en donde los países que lo deseen avancen más rápido, mientras los rezagados se abstienen— solo traerá beneficios a la Unión. “Aunque suene paradójico, creo que permitir estas múltiples velocidades permitirá que en unos años se mantenga la unidad en la UE”. ¿Cómo? Marcando primero un camino común, que todo el mundo recorrerá, pero a su ritmo. “La diferencia no es el objetivo, sino la velocidad con la que alcanzamos estos objetivos”, dice.

“Hace dos años, la UE podía colapsar, ahora está más unida tras el Brexit y Trump”

La salida de Reino Unido redefinirá los equilibrios de poder entre los Veintisiete, algo de lo que se es muy consciente tanto en Bruselas como en otras capitales, entre ellas Madrid. A esta ciudad viaja hoy jueves Timmermans, donde mantendrá desde reuniones de alto nivel —incluido el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy— hasta contactos con estudiantes. Aprovechará también para volver a ver a un “viejo amigo” con el que se ha cruzado en varias ocasiones a lo largo de su extensa carrera, Alfonso Dastis. También menciona entre sus conocidos al portavoz del Gobierno y ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo. Dos piezas clave en un Gobierno que aspira a recuperar el terreno perdido en Europa. Por el momento, España ha logrado entrar a formar parte del grupo de países con más peso de la Unión junto a Alemania, Francia e Italia.

Que España esté de vuelta son muy buenas noticias. Sin Gobierno, España mantenía una actitud mucho más orientada hacia sus cuestiones internas en lugar de un enfoque europeo. Y ahora vemos que España ha vuelto, y es recibida por las grandes naciones europeas como un país líder. Creo que esto es bueno para todos”, afirma Timmermans.

El vicepresidente de la Comisión viene de Holanda, que pese a ser el quinto socio por importancia económica, no forma parte de estos encuentros de los socios que pretenden marcar el paso de la nueva Europa. Los cuatro, dicen, “tienen un compromiso fuerte con el método comunitario”, es decir, tomar las decisiones a través de las instituciones europeas. Y este proceder, afirma el vicepresidente primero de la Comisión, es el mejor escudo con el que pueden contar los países de menor tamaño, desde el Benelux al este, para proteger sus intereses. Y seguir avanzando en la construcción europea.

En ese camino, y como receta contra los populismos, Timmermans propone levantar el “pilar social europeo”. “Una moneda común y un mercado común son instrumentos, no objetivos, que tienen que llevar a una Europa más social”, asegura Timmermans. Dentro de este espíritu, la Comisión prevé presentar en breve un paquete para impulsar las políticas sociales a escala europea, dentro del limitado alcance que tiene Bruselas en estos asuntos.

“Conocemos nuestras limitaciones: la mayor parte de las políticas sociales son competencia de los estados miembros. Y no hay competencias europeas para eso. Pero dicho esto, demasiados europeos se sienten dejados de lado en los últimos 20 años (…) Estamos poniendo demasiada presión sobre la gente que está entre los 35 años y los 50, que asume el cuidado de los niños y los padres ancianos. Esta gente se está volviendo pesimista con la sociedad, no porque estén muriendo de hambre o porque estén sin trabajo, sino porque estamos poniendo demasiada presión sobre ellos”, dice.

Ideas hay muchas —atención decente a los mayores, educación decente, posibilidades decentes para los hombres y mujeres a la hora de compartir la carga en casa—, pero en la práctica, Bruselas solo puede plantear recomendaciones y mejoras en la legislación europea en vigor. Timmermans apunta por dónde podrían ir los tiros en una cuestión que generó tanta controversia entre los países que quedó bloqueada: la baja por maternidad. “Ahora vamos a presentar nuevas iniciativas, pero mirando al equilibrio entre el trabajo y la vida de un modo más general, porque (…) se trata de que los hombres asuman también más responsabilidad”, explica.

La desigualdad salarial es otro caballo de batalla. Las europeas a día de hoy cobran un 16% menos que sus colegas hombres por hacer exactamente el mismo trabajo. “Hay mucho que hacer en esto”, dice Timmermans. Quizá se lo deba a su madre, de quien cuenta que cuando se casó, fue despedida “porque el trabajo era para hombres y pensaban que ella tenía que ir a cuidar de su familia”. Eso era Holanda, una tierra considerada paradigma del progreso, hace menos de seis décadas. La situación se revirtió gracias a las medidas de igualdad salarial impulsadas por la UE, asegura. Y en ese espíritu, avisa de que “aún queda mucho por hacer”.

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