la cancillería anticipa una dura negociación

Berlín se prepara para un Brexit duro

Merkel no está dispuesta a permitir que los británicos disfruten de las ventajas comerciales de la Unión Europea mientras limitan el movimiento de personas y establecen cuotas de inmigración

Foto: Imagen del Bundestag en Berlín, el 22 de marzo de 2017. (Reuters)
Imagen del Bundestag en Berlín, el 22 de marzo de 2017. (Reuters)

Angela Merkel quiere mantener al Reino Unido cerca de la Unión Europea después del Brexit. Desea una estrecha cooperación futura con Londres en seguridad y defensa, y unas relaciones económicas fluidas a través del Canal de la Mancha. Pero el choque parece inevitable. Porque la canciller no está dispuesta a ceder y permitir que Reino Unido restrinja la entrada de inmigrantes europeos en su territorio sin que esto tenga repercusiones en los flujos comerciales. Si la libertad de movimiento se acaba para las personas, también se acabará para los bienes. Además, Merkel se ha arrogado la misión de preservar a toda costa la cohesión de los otros Veintisiete y evitar que el proyecto europeo termine por descarrilar, lastrado por la anemia económica, la crisis de los refugiados y el auge de la derecha radical eurófoba. Berlín se está pertrechando para el invierno de un Brexit duro.

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La comprensión inicial que parecía rezumar de Berlín en los días que siguieron al referéndum en Reino Unido es historia. Allá por julio, Merkel veía "absolutamente comprensible" que el Gobierno de Theresa May, recién nombrada primera ministra, pidiese "tiempo" para "reflexionar" y argumentaba que era "importante" concedérselo para poder diseñar una nueva relación entre el Reino Unido y la UE. Pero la situación ha cambiado mucho en los últimos meses. Y por una compleja serie de factores. De la misma supervivencia del bloque tras el Brexit a la propia postura de Londres, que parece estar decantándose por la confrontación.

"No tenemos ningún interés en castigar al Reino Unido, pero tampoco tenemos ningún interés en poner en peligro la integración europea por el Reino Unido", aseguró recientemente el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, uno de los más estrechos aliados de la canciller, en una entrevista con el 'Financial Times'. "Por eso nuestra prioridad debe ser mantener al resto de Europa —sin Reino Unido— tan unido como sea posible". El titular de Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, subrayó esta semana a este respecto tras reunirse con su homólogo español, Alfonso Dastis, que durante las negociaciones con Londres sobre el Brexit su país busca ante todo que "los Veintisiete permanezcan unidos" y que los "intereses" de cada uno de ellos "no se vean dañados".

El Gobierno alemán es muy consciente de que la UE se encuentra en un momento de extrema debilidad y que una nueva tempestad podría mandar el barco comunitario al garete. La propia canciller alemana ha destacado en repetidas ocasiones que, por encima incluso de los lazos comerciales que tanto importan a sectores económicos nacionales como el del automóvil, lo vital es preservar políticamente el bloque. La salida del Reino Unido de la UE, dijo en agosto en Varsovia Merkel, "podría ser también un punto de ruptura en la historia de la Unión Europea".

Una "prioridad fundamental"

La unidad de los Veintisiete restantes miembros de la UE es la "prioridad fundamental" de Berlín. Así se destacaba en un documento interno de seis páginas que el Gobierno alemán envió hace unas semanas a todos sus altos cargos para resumir la postura oficial con respecto al Brexit y que obtuvo la agencia Bloomberg. "No nos debemos dejar dividir", aseguraba el texto.

Angela Merkel se reúne con su gabinete en Berlín, el 29 de marzo de 2017. (Reuters)
Angela Merkel se reúne con su gabinete en Berlín, el 29 de marzo de 2017. (Reuters)

Luego está el principio, inviolable para Berlín, de las cuatro libertades fundamentales de la UE. El Gobierno alemán defiende a capa y espada que el libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales va de la mano. Que esto constituye un elemento esencial del bloque. Y que, en consecuencia, no se puede permitir que Londres ponga cuotas a la llegada de comunitarios que buscan trabajo en Reino Unido, pero que a la vez pueda mantener el privilegio de vender sus bienes y servicios sin restricciones en el continente y de que los bancos de la City londinense tengan libre acceso a los otros 27 mercados nacionales.

La canciller detalló su postura en este punto el pasado enero, en un encuentro con empresarios alemanes, el sector que más teme las repercusiones de un Brexit duro. "Si resulta finalmente posible [para Reino Unido] tener acceso completo al mercado único, si se pueden elegir algunas cosas [y dejar otras de lado], entonces el mercado común como tal se verá rápidamente en peligro. Porque todos los países querrán elegir qué les interesa", argumentó Merkel. Esto sentaría un fatal precedente, a juicio del Gobierno alemán. El objetivo es evitar la desintegración del bloque. Pero también dejar bien claro, a modo de advertencia para los restantes Veintisiete, que es mejor pertenecer al club que abandonarlo. Que fuera de la UE hace frío. Incluso para una potencia como Reino Unido.

El documento interno con las claves de la postura alemana indicaba a este respecto que para Reino Unido debe haber una diferencia entre pertenecer a la UE y firmar un acuerdo de libre comercio con el bloque. Independientemente del tipo de relación que se establezca tras la marcha británica, "Brexit significará menos cooperación e integración económica que la pertenencia a la UE", un "paso atrás". Reino Unido, concluía el texto, será un "país tercero".

Un tercer elemento es el 'efecto Schulz'. La irrupción del candidato socialdemócrata para las elecciones generales del próximo septiembre, que ha elevado en más de 10 puntos los apoyos a su partido en los sondeos y disparado las afiliaciones, ha obligado a Merkel y sus cristianodemócratas a subrayar su perfil europeísta. Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo (PE) durante cinco años, es un ardiente defensor de la UE y la Unión Cristianodemócrata (CDU) no quiere perder votos por ese flanco, uno de los pilares básicos de su argumentario.

Representación de Theresa May mandando a paseo a la UE durante el Carnaval de Mainz, el 21 de febrero de 2017. (Reuters)
Representación de Theresa May mandando a paseo a la UE durante el Carnaval de Mainz, el 21 de febrero de 2017. (Reuters)

La factura de salida

El Gobierno alemán también se ha decantado por una posición "dura" en el formato de las negociaciones con Londres. Berlín estima —de forma semejante a lo que ha planteado la Comisión Europea (CE)— que primero debe cerrarse el acuerdo de salida de Reino Unido, y solamente después abrir las conversaciones sobre los términos de la nueva relación. El Gobierno de May, por su parte, ha apostado por avanzar de forma paralela en ambas cuestiones, ya que considera que esto le resultaría en último término beneficioso. El informe filtrado por Bloomberg aseguraba a este respecto que "en primer lugar se deben establecer" las condiciones de la salida de Reino Unido y "solo después será posible negociar todas las cuestiones políticas, legales y económicas sobre la relación futura".

Esto implica que Berlín va a forzar que se debata en primer lugar la cuenta de salida que tendrá que abonar Reino Unido. Michel Barnier, negociador jefe de la UE para el Brexit, calcula que Londres tendrá que pagar unos 60.000 millones de euros. Esa cantidad es la suma de distintos conceptos, desde obligaciones de pensiones a garantías de préstamos, pasando por el gasto en proyectos comunitarios basados en el Reino Unido y por las partidas comprometidas en los presupuestos plurianuales de la UE.

"Cualquier acuerdo deberá incluir las garantías de Reino Unido de que cumplirá con los compromisos financieros que asumió cuando era Estado miembro", manifestó Schäuble. Heribert Hirte, parlamentario alemán de la CDU, experto legal y miembro de la comisión de Asuntos Europeos del Bundestag, ha advertido a este respecto de que si no se llega a un acuerdo con Londres sobre esta factura se "descartará cualquier opción" de negociar un tratado que regule las relaciones futuras entre la UE y Reino Unido.

Berlín, sin embargo, es consciente de que si las conversaciones colapsan totalmente y Londres abandona el bloque sin ningún tipo de acuerdo, las consecuencias serían también graves para Alemania. En primer lugar, la economía. Un documento de trabajo interno del Ministerio de Finanzas filtrado por el rotativo 'Handelsblatt' habla de "graves consecuencias económicas y sistémicas" tanto para el sector financiero como para la economía real en su conjunto.

No obstante, Merkel aspira a mantener a Reino Unido "tan cerca como sea posible". Sobre todo en una serie de cuestiones sensibles para Berlín. Especialmente en comercio, ya que es uno de los principales importadores de productos alemanes, y en seguridad y defensa. De hecho, el 'Financial Times' aseguraba recientemente que Londres y Berlín estarían preparando un acuerdo de cooperación en defensa para después de las negociaciones.

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