más de 40 heridos en un ataque esta mañana

Retrasos y bombardeos durante la evacuación de civiles y rebeldes de Alepo

La caída de la capital económica de Siria supone un revés imposible de compensar para la insurgencia, pero no significa el final de la guerra: quedan otros muchos frentes abiertos

Foto: Un hombre transporta a un niño con una sonda mientras espera a ser evacuado de Alepo, el 12 de diciembre de 2016 (Reuters)
Un hombre transporta a un niño con una sonda mientras espera a ser evacuado de Alepo, el 12 de diciembre de 2016 (Reuters)

La flota de autobuses urbanos que a estas horas debería estar sacando a los civiles del este de Alepo permanece varada en la gran avenida junto al estadio Al Hamadaniah que les sirve de aparcamiento. Como muy tarde, la evacuación debería haber comenzado a las 5 de la mañana, pero los vehículos nunca se movieron. Los rebeldes comentan que milicias chiíes pro-Assad siguen bloqueando las salidas de acceso, sin que nadie sepa muy bien el motivo, lo que, según los testigos presentes, ha desatado la ansiedad entre los ciudadanos que esperan.

Según la BBC, el régimen de Bashar Al Assad habría exigido que, de forma simultánea, se permitiese la evacuación de sus propios heridos y civiles en otras localidades cercanas, a su vez cercadas por los insurgentes. Sea como fuere, la expectación y el miedo crecen. Aunque el alto el fuego se ha mantenido a duras penas, se están reportando bombardeos en algunas áreas de la ciudad, en los que más de 40 personas han resultado heridas

“La gente aquí está muy contrariada. No hemos dormido durante la noche esperando para irnos”, ha declarado Zouhir Al Shimale, un periodista de Alepo oriental, a Al Jazeera. Muchos de los residentes de la ciudad, que llevan semanas describiendo la angustiosa situación en la ciudad, han filmado videos en las últimas horas en los que se despiden y lanzan sus “últimos mensajes”.

Retrasos y bombardeos durante la evacuación de civiles y rebeldes de Alepo

La batalla de Alepo ha durado cuatro años. Cuando comenzó, la mayoría de los observadores comentó que, si alguno de los dos bandos conseguía hacerse con el control de la que era la capital económica del país, el fin de la guerra sería inminente. Tras asegurar otras regiones de Siria, Assad y sus aliados estaban decididos a poner fin a la presencia rebelde en el este de Alepo. La coyuntura internacional les era favorable: el temor internacional al ISIS y la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca que no solo mantiene una buena relación con Vladímir Putin, sino que no parece demasiado preocupado por el destino de los insurgentes.

Así, Rusia y la aviación del régimen han podido llevar a campo una devastadora campaña de bombardeos aéreos que, en otro momento, habría merecido la condena casi unánime de la comunidad internacional, pero que les ha permitido destrozar las defensas rebeldes. Cuando las tropas terrestres decidieron irrumpir en Alepo oriental, apenas les llevó dos semanas expulsar de allí a la insurgencia.

Un conductor de autobús espera a las personas a evacuar en el estadio Al-Hamadaniah en Alepo, esta mañana (Reuters)
Un conductor de autobús espera a las personas a evacuar en el estadio Al-Hamadaniah en Alepo, esta mañana (Reuters)

La guerra no termina

Hoy, el panorama es mucho más complejo que en 2012, con el surgimiento de nuevos actores, como las milicias kurdas y el Estado Islámico, que controlan respectivamente casi todo el norte y el este del país, y la intervención de potencias como Rusia o Turquía. La caída de Alepo no significa que la pesadilla vaya a terminar, pero sí simplifica bastante los mapas. Con esta conquista, el régimen puede unir la principal arteria del país, la carretera central que une Damasco con las principales ciudades del país como Homs o Hama, con Alepo, a través de rutas alternativas. De esta forma, conecta todos los núcleos urbanos importantes de Siria.

Es de esperar que el siguiente paso de las tropas gubernamentales sea una gran ofensiva en Idlib –que ya machaca la aviación rusa-, la capital de la región fronteriza con Hatay, una provincia de Turquía de población mayoritariamente árabe y, hoy por hoy, la única ruta de abastecimiento segura para los insurgentes. Es allí a donde serán llevados los evacuados de Alepo.

Si cae Idlib, los rebeldes solo controlarían una estrecha franja en el sur, en la frontera con Jordania e Israel, muy cercana a Damasco pero poco decisiva: la capital está demasiado bien defendida en ese flanco. Pero eso tampoco implicaría el final de los combates: seguirán las ofensivas contra el Estado Islámico por parte tanto de Assad y sus aliados (Rusia, Irán, Hizbullah y las milicias chiíes de Irak y otros países) como de los kurdos y la coalición internacional.

También es muy probable que, en una próxima fase, el régimen trate de recuperar el control sobre las regiones kurdas que, hoy por hoy, funcionan como entidades políticas propias. Esta misma semana, Assad advirtió de que la autonomía kurda en el norte de Siria es “temporal”, lo que podría provocar un enfrentamiento entre el régimen y los combatientes kurdos que, hasta ahora, ambas partes han evitado en la medida de lo posible.

De lo que no cabe duda es que la conquista de Alepo es una gran victoria para Assad, quien, a estas alturas, está ganando la guerra de forma innegable. La gran incognita, ahora, es cuánto más va a durar.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios