"TENGO NUEVE AÑOS Y HE CONOCIDO TRES GUERRAS"

¿Se puede vivir en Gaza?

La población vive una situación límite, económica y psicológica. El bloqueo israelí no permite que reconstruyan sus vidas. Sienten que el Gobierno palestino de Ramallah los ha abandonado

Foto: Un niño palestino duerme sobre los restos de su casa, destruida por un bombardeo israelí durante la última ofensiva sobre Gaza, el 8 de septiembre de 2015 (Reuters).
Un niño palestino duerme sobre los restos de su casa, destruida por un bombardeo israelí durante la última ofensiva sobre Gaza, el 8 de septiembre de 2015 (Reuters).

La población gazatí vive una situación límite tanto a nivel económico como psicológico. Un año después del final de la ofensiva israelí, el bloqueo no permite que reconstruyan sus vidas. Además, sienten que el Gobierno palestino de Ramallah los ha dejado de lado.

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Las casas destruidas por las bombas no solo no han sido reconstruidas, sino que no se han recogido los escombros de la mayoría de ellas. Este verano moría una familia, víctima de una bomba no explosionada, al intentar limpiar el terreno que ocupaba su vivienda. La Oficina de la ONU de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) calcula que más de 7.000 proyectiles lanzados entonces por Israel siguen aún sin detonar.

La vida es cara para una población empobrecida. Más del 45% de los gazatíes está en paro y vive por debajo del umbral de pobreza. Pero la principal herida es la desesperanza. El superar las dificultades diarias -en una palabra, sobrevivir- sin ver una salida al conflicto, es su reto de cada mañana.

Los gazatíes consideran que no tienen futuro. En especial esos jóvenes que estudian, se preparan, van a la universidad, pero que al terminar su carrera solo encuentran la nada, el vacío. No tienen trabajo ni expectativas. Por no poder, ni siquiera tienen la capacidad de salir de la Franja, bordeada de muros, alambre de espino, vallas o alambrado eléctrico. Por no hablar de las ametralladoras automáticas, que disparan a cualquiera que se aproxima a menos de 200 metros de la frontera. Una auténtica cárcel a cielo abierto.

Muchos ciudadanos perdieron sus casas durante la ofensiva. Al principio se refugiaron en las escuelas regentadas por Naciones Unidas (UNRWA) o en las mezquitas. Algunos vivieron a la intemperie. El frío del invierno pasado supuso la muerte para muchos niños. Otros, los más afortunados, consiguieron recientemente una chabola de chapa, en las que se puede perecer de un golpe de calor en cualquier momento.

El Confidencial visitó las casa montadas en Beit Janun, al norte de Gaza, construidas con dinero de las Islas Maldivas. Si en el exterior había 38 grados con un 80% de humedad, en el interior de esos cubículos se superaban los 50 grados. Sus habitantes duermen en las calles. Al llegar al lugar, a primera hora de la mañana, les encuentro recogiendo las colchonetas que habían utilizado esa noche. Las casas prefabricadas prometidas en su día por el ministro de Exteriores español, José Manuel García-Margallo, no se encuentran por ninguna parte.

Palestinos cocinan en la puerta de su chabola ante los restos de su casa destruida en los bombardeos, en Khan Younis, Gaza (Reuters).
Palestinos cocinan en la puerta de su chabola ante los restos de su casa destruida en los bombardeos, en Khan Younis, Gaza (Reuters).

El bloqueo provoca que los gazatíes no puedan salir ni entrar en la Franja, solo periodistas y personal humanitario. Aunque últimamente se hacen algunas excepciones con personas que sufren algún tipo de cáncer, una enfermedad que ha aumentado tras los bombardeos. Las autoridades israelíes otorgan un permiso especial para recibir radioterapia en el Hospital de Santa Angustia de Jerusalén. Pero las autorizaciones son escasas y casi siempre llegan tarde. La radioterapia está prohibida por Israel en Gaza, ya que se considera un arma de doble uso.

“Nuestro principal hospital solo funciona al 50% por falta de personal y material” explica a El Confidencial Usama Said Aklouk, un doctor formado en España que ejerce como director del Hospital de Al Shifa. Aklouk explica con impotencia las dificultades con las que trabajan durante un recorrido por el centro. De seis quirófanos, únicamente tres están operativos, los restantes no tienen camas de operaciones. En cuanto a las habitaciones, tan solo están ocupadas la mitad, mientras que en el despacho del director no paran de entrar ciudadanos quejándose de las listas de espera, que pueden llegar en algunos casos a los dos años.

"Abandonados" por el Gobierno de Ramallah

Los gazatíes se sienten además completamente abandonados por el Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, presidido por Mahmud Abás y con sede en Ramallah (Cisjordania), desde que en Gaza ganó las elecciones la organización islamista Hamás. “Ramallah debería pagar el sueldo de los médicos y personal sanitario del Hospital del Al Shiffa", cuenta Usama Said Aklouk, "pero solo cobran el 40% de su salario”. El Embajador palestino en España, Musa Amer Oder, rebate este argumento: “Cuando no hay dinero no cobran los funcionarios de Gaza, pero tampoco los de Cisjordania. El 57% del presupuesto de la Autoridad Nacional Palestina va a Gaza y no recibimos nada de Gaza en concepto de impuestos”.

Como en toda la Franja de Gaza, el hospital que dirige Said Aklouk vive condicionado por los cortes de luz, que pueden prolongarse durante seis horas o más. El suministro la controla Israel, que proporciona una cantidad diaria para la Franja, y corresponde al Gobierno de Hamás administrarlo. Los cortes, argumenta, son necesarios para dar servicio al 1,8 millones de personas que viven en la Franja. El hospital, los comercios e incluso algunos edificios tienen generadores, que no siempre funcionan. Pero la falta de luz también afecta a las depuradoras de agua, que funcionan a niveles muy bajos.

Un niño palestino observa a milicianos de Hamás durante un desfile en Rafah, al sur de la Franja (Reuters).
Un niño palestino observa a milicianos de Hamás durante un desfile en Rafah, al sur de la Franja (Reuters).

Un mar contaminado

La principal consecuencia de los cortes de luz en las depuradoras es el vertido de aguas fecales directamente al Mediterráneo, que está muy contaminado. A esto se añade la prohibición israelí de adentrarse en el mar más de tres millas bajo la amenaza de abrir fuego. “Muchos gazatíes vivíamos de la pesca", comenta Sidi Alazza sentado en una de las barcas del puerto de Gaza. "Ahora no sacamos nada, solo algunas sardinas. Ni pescamos ni comemos pescado”, remata un compañero suyo.

En Gaza escasean muchos alimentos. La población se surte abundantemente de lo que cultiva: pimientos, tomates, pepinos, frutas... pero la carne o el pescado congelado entran a cuentagotas. Las aves de corral han disminuido casi a la mitad debido a la gripe aviar que les afectó recientemente, además de por falta de agua, según informaciones de la FAO, la Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación.

El acuífero de la Franja de Gaza es el más sobreexplotado de todo el territorio palestino, produciendo 505 millones de m3, de los cuales el 88% se destina para Israel y solamente un 12% a los palestinos. La situación de este acuífero es dramática: al estar sobreexplotado y dada la cercanía del mar Mediterráneo,  el agua salada entra en él. A ello se suman las aguas fecales, que ante la carencia de tratamiento, acaban contaminando el  acuífero. Consecuencia de esto es que el 90% del agua de Gaza no es apta para el consumo humano. Los gazatíes pagan 1,2 dólares por m3, mientras que los colonos judíos de Cisjordania pagan 10 centavos de dólar.

Los bombardeos israelíes del verano pasado causaron daños sustanciales directos en las 17.000 hectáreas de tierras de cultivo de Gaza, así como a gran parte de su infraestructura agrícola, incluyendo invernaderos, sistemas de regadío, granjas y existencias de forraje. Antes de la ofensiva, muchos alimentos entraban de contrabando a través de los túneles construidos por Hamás, que conectaban Gaza con Israel o Egipto. La mayoría fueron bombardeados y destruidos, según Hamas, lo que significa que esa entrada de alimentos, lavadoras o incluso material médico ha quedado inutilizada. Más de 1.100.000 personas recibe ayuda alimentaria de la UNRWA, Naciones Unidas para Palestina y del PMA (programa mundial de alimentos).

Una mujer palestina recoge cebada en una granja de Khan Younis, en el Sur de la Franja (Reuters).
Una mujer palestina recoge cebada en una granja de Khan Younis, en el Sur de la Franja (Reuters).

"Tengo nueve años y he vivido tres guerras"

“Tengo nueve años y he vivido tres guerras”, cuenta Tuqa en el documental Dreams behind the Wall, rodado en Gaza por la periodista Elena Herreros. Eso significa que la población gazatí no ha tenido tiempo de recomponer sus vidas y sus mentes. Muchos niños reciben ayuda psicológica de la UNRWA, pero los adultos opinan que no solo los menores la necesitan; ellos también. La incertidumbre ante todos los hechos cotidianos ha llegado también este verano a las escuelas. Una semana antes de comenzar las clases en los colegios de la UNRWA (Naciones Unidas) se ignoraba si podrían abrir las aulas por falta de fondos. Finalmente, Jordania y Líbano resolvieron el problema.

La gazatí es una población encerrada en un territorio del que no puede salir, pero donde tampoco puede vivir libremente. “Son poquísimas personas las que consiguen un permiso por parte de Israel para poder salir”, denuncia el Centro Palestino de Derechos Humanos. Otros encarcelados son los 5.820 presos políticos palestinos que están en prisiones israelíes o campos de detención, en violación directa del artículo 76 de la Cuarta Convención de Ginebra, que establece que “una potencia ocupante debe detener a los residentes de los territorios ocupados en las cárceles dentro del territorio ocupado”. 182 de ellos son niños y 22, mujeres. 374 son de la Franja.

Las conversaciones entre Hamás, Tony Blair representando a Israel con el apoyo de Qatar, Suiza y Noruega para acabar con el bloqueo no despiertan demasiado entusiasmo entre la población gazatí. “Cuando dejen de cortarnos la luz y podamos salir y entrar en Gaza comenzaremos a creer en algo” es el comentario general. Mientras, los gazatíes seguirán pensando únicamente en el día a día. Se trata de sobrevivir.

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