Chantajeados por Israel, ejecutados por Hamás: colaboradores palestinos en Gaza
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ASÍ FUNCIONA EL ESPIONAJE ISRAELÍ en la franja

Chantajeados por Israel, ejecutados por Hamás: colaboradores palestinos en Gaza

¿Quiénes forman la red de colaboradores en Gaza? ¿Qué lleva a un palestino a trabajar para el enemigo pese al peligro de ser ejecutado por Hamás?

placeholder Foto: Milicianos de Hamás ejecutan a palestinos acusados de colaborar con Israel en Ciudad de Gaza el pasado 22 de agosto. (Reuters)
Milicianos de Hamás ejecutan a palestinos acusados de colaborar con Israel en Ciudad de Gaza el pasado 22 de agosto. (Reuters)

Hay un crimen “imperdonable” en Gaza: espiar para Israel. Los colaboracionistas son ejecutados por Hamás; sus familias, repudiadas por la sociedad, cargan con el estigma de la traición. ¿Quiénes forman esta red de colaboradores? ¿Qué lleva a un palestino a trabajar para el enemigo? El Confidencial entrevista a dos 'víctimas' del servicio deinteligencia israelí en la Franja. Estas son sus historias.

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A primera hora de la mañana, Ibrahim abre las puertas de su pequeño kiosco, un modesto local de tabaco y comestibles en la Franja de Gaza. A pesar de haber cumplido 36 años, este es su primer empleo. Antes, ganaba algunos shekels recogiendo plásticos entre la basura. El pasado de su familia le ha convertido en un “don nadie” repudiado por sus vecinos y por su comunidad. Ni él ni su mujer han tenido nunca acceso a un puesto de trabajo o al alquiler de una vivienda. “Nadie quiere relacionarse conmigo, ni siquiera me dirigen la palabra”, cuenta, consumido por la vergüenza, a El Confidencial. “Cuando voy a comprar gas, me dicen ‘pídeselo a los israelíes’”, espeta.

Ibrahim sufre el estigma de pertenecer a una familia de colaboradores, la red de palestinos al servicio de la inteligencia israelí. Son los ojos y los oídos del país hebreo sobre el terreno, el medio para llegar hasta donde su maquinaria militar no tiene acceso. Los servicios de inteligencia se sirven de ellos para penetrar en la resistencia, averiguar datos sobre los túneles o controlar información sobre su armamento. Sin embargo, este es el peor crimen en Gaza, castigado con la pena capital. En la guerra del pasado verano, Hamás ejecutó a 18 colaboradores en plena calle, donde podía leerse: “Ellos dieron información al enemigo”. Las ejecuciones se producían un día después de que la aviación israelí acabara con tres comandantes de Hamás.

La inteligencia israelí estudia los puntos débiles de quienes le interesan. ‘Los chantajean con el tratamiento médico de sus hijos, con retirarles el permiso de trabajo o con hacer pública su homosexualidad’, aseguran fuentes relacionadas con antiguos colaboracionistas

Pero “el peor crimen en Gaza” contagia a las propias familias y pasa de generación a generación. Durante años, el padre de Ibrahim realizó supuestamente varios trabajos para los israelíes, algo que ha manchado el honor de esta familia para siempre. Los Abu Hasan eran un rico clan de comerciantes que ahora viven en la más absoluta miseria. “No tengo ropa, ni mantas, incluso mi único bebé murió por las malas condiciones”, explica Ibrahim, vestido con un abrigo raído y unos zapatos desgastados.

Desde joven ha pagado los errores de su padre, ha estado preso durante largas temporadas en cárceles de Gaza, pero también en centros israelíes, acusado de espiar para Hamás. “Me torturaron con clavos en el cuello y en las muñecas”, asegura, mientras muestra las marcas de los castigos. “Pero lo cierto es que yo nunca he trabajado como espía, ni siquiera ninguno de ellos me lo ha ofrecido”, afirma.

“No tenía alternativa”

¿Quiénes forman esta red de colaboradores? ¿Qué lleva a un palestino a trabajar para el enemigo? “Normalmente Israel les recluta a través de amenazas o de extorsión”, explican fuentes relacionadas con antiguos colaboracionistas. La inteligencia israelí estudia los puntos débiles de quienes le interesan. “Los chantajean con el tratamiento médico de sus hijos, con retirarles el permiso de trabajo o con hacer pública su homosexualidad”, explican. Incluso, algunos de ellos cruzan a Israel para recibir entrenamiento, aprender técnicas de espionaje o colocar artefactos explosivos.

Walaa, una mujer gazatí de 48 años, nunca imaginó que varios agentes del Shin Bet (Servicio Interno de Seguridad israelí) la reclutarían en la habitación de un hospital de Tel Aviv. Después de solicitar tratamiento médico para su hijo, y viajar desde Gaza hasta la ciudad israelí, Walaa recibió la visita de un conjunto de miembros de la inteligencia. Allí, le comunicaron que su marido había trabajado para ellos durante los últimos seis años y que querían contar también con su colaboración. “No tenía alternativa”, cuenta entre sollozos a El Confidencial: “Me dijeron que si me negaba entregarían a mi marido a Hamás y lo juzgarían por traición”.

En la guerra del pasado verano, Hamás ejecutó a 18 colaboradores en plena calle, un día después de que la aviación israelí acabara con tres comandantes

Durante tres años, Walaa recibía llamadas telefónicas para “dejar dinero en estaciones abandonadas” y así pagar el salario de otros colaboradores de Gaza. Una y otra vez, recuerda que actuó bajo amenaza. “Nadie espía por el dinero –dice–. Israel sólo paga entre 700 y 1.000 shekels (148 y 212 euros) anuales”. Pero, con el tiempo, unos guardias de Hamás irrumpieron en su casa y, tras realizar el registro, ambos fueron arrestados. “Todavía no sé cómo nos cogieron”, dice Walaa avergonzada. Ella recibió una condena de siete años, pero su marido fue ejecutado públicamente. Según cuenta, porque las filtraciones de su esposo ocasionaron la muerte de dos combatientes de Al Qasam, las brigadas de Hamás.

Poco después, Walaa fue liberada para encargarse de la manutención de sus hijos y nietos. Sin dejar de llorar, recuerda una y otra vez que el colaboracionismo acabó con su dignidad para siempre. Uno de sus hijos reside en un orfanato, otro cumple pena en prisión y el resto sobreviven como atracadores en la calle. “Ni siquiera puedo casar a mi hija”, cuenta, desesperada. Incluso, la mujer de uno de sus hijos ha solicitado el divorcio por el deshonor que supone estar vinculada a esta familia. “Sigo viva por ellos”, dice señalando a uno de sus nietos, “pero ya nada me da la felicidad, el honor de nuestra familia está destrozado para siempre”.

“Un crimen imperdonable”

“Este crimen es imperdonable”, explica Kayed Hamad, el director de la única organización que ha iniciado un proyecto para dar protección a las familias de los “espías” de Gaza. “Por eso, aunque los ejecuten, (la sociedad) va a por la familia. Pero ellos no tienen ninguna culpa. Debemos distinguir entre el colaborador y los parientes”, repite continuamente. Por eso, Kayed se puso en contacto con los dirigentes de Hamás para conseguir una lista de las familias de los colaboradores. Después de algunos meses esperando, le pasaron un documento con 120 nombres y apellidos. Así, Kayed empezó a recolectar dinero para darles comida, alojamiento y ropa. “Es muy difícil tratar este tema en Gaza, es un tabú, incluso para los otros trabajadores de la organización. Sólo tenemos contacto con ellos (los colaboradores) el psicólogo y yo”, explica Kayed.

En los últimos años, Hamás ha llevado a cabo dos campañas para destapar la red de espías en Gaza. En los años 2010y 2013 ofreció una “amnistía” a todos aquellos que se entregaran, que serían absueltos de la pena capital o de la prisión tras aceptar un interrogatorio. En abril de 2013, Hamás aseguró que la campaña había sido un “éxito” y que el número de delatores en la Franja había disminuido. Pero lo cierto es que el colaboracionismo en Gaza es muy difícil de detectar y no sólo entorpece el futuro de la lucha armada, sino que destruye la sociedad palestina desde dentro, al provocar una desconfianza que rompe la unidad de la población. Todos ellos saben que, sin el trabajo de los colaboradores palestinos, la ocupación israelí sería imposible.

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