la extrema derecha avanza

Se abren grietas en la muralla bipartidista que contiene el populismo en Francia

Izquierda y derecha ha frenado desde hace 60 años los avances del populismo y la extrema derecha. El muro de contención se resquebraja

Foto: Marine y Marion Le Pen durante una ceremonia en París (Reuters)
Marine y Marion Le Pen durante una ceremonia en París (Reuters)

Izquierda y derecha ha frenado desde hace casi 60 años los avances electorales del populismo y la extrema derecha en Francia con pactos en nombre del "Frente Republicano". Pero los éxitos continuos del partido de Marine Le Pen, su creciente respaldo popular y la crisis de los partidos tradicionales han puesto fin a lo que muchos consideran una simple maniobra de hipocresía política.

El próximo domingo, una circuscripción del departamento de Doubs, en la región del Franco-Condado, elige en segunda vuelta un diputado a la Asamblea Nacional. Nunca una legislativa parcial había tenido tanta importancia. Por una lado, para el Partido Socialista, en el poder, la no obtención de ese escaño, dejado libre por el actual Comisario europeo, Pierre Moscovici, representaría la pérdida de la mayoría en la cámara baja. Pero el valor simbólico de esta elección va más allá de la representatividad contable. En la primer vuelta, la candidata local del Frente Nacional, Sophie Montel, obtuvo la victoria, por delante de su rival socialista. El representante del partido de Nicolas Sarkozy cayó eliminado.

Pedir el voto al enemigo

El primer ministro, Manuel Valls, que este jueves vuelve a la zona para apoyar a su candidato, fue el primero en dirigirse a los votantes de derechas y pedirles el voto para el "Frente Republicano", es decir, para el candidato socialista, y así privar al FN de la victoria.

Hace casi seis décadas que la derecha y la izquierda francesa utilizan este tipo de pacto. Fue inaugurado contra los poujadistes y luego, adaptado al Frente Nacional. Tuvo su apoteósis en 2002, cuando Jean Marie-Le Pen eliminó en la primera ronda de las presidenciales al socialista Lionel Jospin. El candidato de la derecha, Jacques Chirac, recogió los votos de la izquierda y obtuvo un resutado por encima del 80 por ciento.

Esta semana, no se trata de una elección a la Jefatura del Estado, pero marcará el futuro político del país y el de las futuras contiendas en las urnas, incluida la Presidencia de 2017. Nicolas Sarkozy, el jefe de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) quería poner fin a este juego.

Sarkozy y Hollande durante el funeral de los soldados franceses fallecidos en la base aérea de Albacete (Ap)
Sarkozy y Hollande durante el funeral de los soldados franceses fallecidos en la base aérea de Albacete (Ap)
Gana la  fórmula del "ni, ni"

El buro político de la UMP decidió anoche llamar a sus militates a votar en blanco o a abstenerse. El factor FN ha vuelto a actuar un avez más para ahondar la división y las contradicciones en la UMP, el principal partido de centro-derecha. Para Sarkozy, hay que dejar votar en libertad a los ciudadanos y no dar consigna de voto. "Hay que decir no al Frente Nacional", dice Sarkozy, "pero, no podemos dar consigna de voto". Una justificacion alambicada con la que pretendía evitar una explosión el partido.

Horas antes de la reunión de la UMP en la que se debía decidir la postura oficial a seguir, su principal rival dentro del partido para las primarias presidenciales, Alain Juppé, ya había dejado claro que si él debiera votar en Doubs, lo haría por el candidato socialista, para frenar así al FN. Contra esa postura, se alzó por su parte, el ex premier François Fillon, partidario de la fórmula de moda, el "ni-ni": ni Frente Nacional, ni Partido Socialista. Para el que fuera Primer Ministro de Sarkozy y también candidato presidencial en 2017, ni el FN merece complacencia, ni el PS indulgencia.

Según Sarkozy, la posibilidad de une victoria del Frente Nacional ya no es solo una hipótesis

Según Sarkozy, la posibilidad de une victoria del Frente Nacional ya no es solo una hipótesis. Pero, en su opinión, una legislativa parcial no debería provocar una crisis entre sus propias filas: una formacion política dividida por ambiciones y odios personales. La UMP, muchos de cuyos ex votantes se han cobijado en el FN, no encuentra el mejor método para repescarlos. Sarkozy es partidario de adaptar el programa político a los señuelos utilizados por Le Pen. Juppé juega la carta centrista y opta por evitar los caladeros de Marine Le Pen.

Es así como el FN se convierte, una vez más, en el centro del juego político francés. Vencedor en las elecciones europeas, el partido de Marine Le Pen crece día a día sin que los llamados partidos tradicionales encuentren las recetas para frenar su empuje. El debate de esta semana sobre el "voto republicano" en el complicado sistema electoral de las triangulares, vuelve a jugar en contra de lo que desde el FN llaman el "UMPS". Es esa imagen,  dos partidos unidos por la defensa de un sistema del que han sacado provecho electoral, de la que el sector sarkozista quiere también librarse.

Hollande pasea por delante de Valls (Efe)
Hollande pasea por delante de Valls (Efe)
Mitterrand empezó la manipuación del FN

Al PSF habría que recordale también que el primero que jugó con el FN como arma electoral contra la derecha fue su tótem histórico, François Mitterrand. Y a ambas formaciones habría que decirles que si el sistema electoral fuera realmente representativo y reflejara los millones de personas que votan al FN, el partido de Le Pen contaría en la Asamblea con decenas de escaños más de los dos que poee en la actualidad.

El mito del "Frente Republicano" que los socialistas blanden esta semana por intereses electoralistas ya no funciona como postura moral. Derecha e izquierda solo lo airean cuando les beneficia. También lo han pasado por alto cuando les ha convenido.

Un último sondeo, publicado la semana pasada, volvía a colocar al Frente Nacional en la segunda vuelta de las presidenciales del 2017

Esa hipocresía, consustancial de la vieja política, empuja también a muchos otros votantes a preferir dar su apoyo al FN. Un último sondeo, publicado la semana pasada, volvía a colocar al Frente Nacional en la segunda vuelta de las presidenciales del 2017. No es la primera vez que un estudio de opinión lo refleja, pero en este, la diferencia entre Le Pen y sus eventuales rivales se hace aún mayor. Era el primer sondeo después de los atentados de enero y de la pelea política que el desfile "republicano" provocó entre el PSF y el FN. Los comicios por el escaño de Doubs son también los primeros tras el 7-E. En ambos casos, las opiniones consultadas reflejan que la tendencia ascendente del FN no ha sufrido daños.

El partido de Le Pen ha basado su campaña local en la habitual denuncia de la desindustrialización, con un añadido referido al "peligro islamista". Una movilización masiva de votantes socialistas y del resto de la izquierda, unido a posibles votantes de centro-derecha sensibles al "Frente republicano", puede impedir al FN obtener su tercer escaño nacional. Pero el término "voto republicano" ha quedado muy tocado. Los partidos tradicionales han comprendido que no se puede insultar a los millones de votantes  del Frente Nacional, que, aunque indignados, también forman parte de la República. Sobre todo, si quieren recuperarlos.

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