LOS LÍDERES EN PARÍS Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

¿De verdad son todos Charlie?

Mirando la primera línea de la marcha pocos de los presentes encabezan un país en el que la revista podría sobrevivir sin cortapisas. Ni siquiera en la propia Europa

Foto: Hollande rodeado por jefes de Estado y de Gobierno como Juncker, Netanyahu, Keita, Merkel, Abas y Renzi, durante la marcha en París. (Reuters)
Hollande rodeado por jefes de Estado y de Gobierno como Juncker, Netanyahu, Keita, Merkel, Abas y Renzi, durante la marcha en París. (Reuters)

Abrazados en París, los líderes de decenas de países se unieron al grito de "Je suis Charlie". El compromiso de los presidentes y jefes de Gobierno en la lucha contra el terrorismo puede que sea incuestionable, pero ¿qué hay de verdad en esa identificación con una de las publicaciones más corrosivas de Europa? Charlie Hebdo ha roto durante toda su andadura los tabúes de la sociedad francesa y de todas las colindantes; mirando la primera línea de la marcha, pocos de los presentes encabezan un país en el que la revista podría sobrevivir sin cortapisas. Ni siquiera en la propia Europa. En El Confidencial les mostramos cómo algunos de estos prohombres en París defienden a Charlie y en casa no les hace tanta gracia.

Exitosa vuelta a los kioskos franceses de la revista 'Charlie Hebdo'

Vídeo: Exitosa vuelta de 'Charlie Hebdo' a los quioscos


Grecia: con la Iglesia ortodoxa hemos topado

Una broma casi infantil, un juego de palabras inocente con el nombre de un clérigo fallecido le costó a Filipos Loizos, ingeniero informático, una condena de 10 meses de prisión, aunque quedó suspendida por no tener antecedentes. El monje Paisios, objeto de la burla, falleció en 1994 y era considerado un profeta, un hombre de carácter milagroso por muchos griegos. Loizos lo transformó en monje 'Pastistio', un seguidor del pastafarismo –una religión satírica popular en internet– y le fabricó una página en Facebook sustituyendo en una fotografía su cara por la de un plato de pasta.

Ni siquiera dentro de Charlie Hebdo era fácil ser Charlie. Siné fue despedido porque en una viñeta auguró un brillante futuro económico al hijo de Sarkozy tras su conversión al judaísmoEl chascarrillo no habría salido de unos cuantos cientos de internautas si el grupo de extrema-derecha Amanecer Dorado no hubiera llevado en 2012 al Parlamento la cuestión, considerando que la web era "insultante", se "burlaba" e intentaba "humillar" a "una figura santa como la del monje Paisios".

De nada sirvieron las protestas de la opinión pública liberal: Loizos fue detenido en su casa en septiembre 2012 y condenado por las leyes antiblasfemia que siguen vigentes en Grecia. Tras el atentado contra Charlie Hebdo y tras la asistencia del primer ministro Andonis Samarás a la manifestación, el propio Lezos ha hablado a un blog heleno. Ha dicho que no recibió ningún apoyo oficial y casi ninguno extraoficial. Grecia es el único país de Europa que no consagra la separación Iglesia-Estado: "Hasta Syriza abraza la religión ortodoxa, va a liberar palomas, a las santificaciones y a besar manos de sacerdotes", se lamenta Lezos.

En una irónica coincidencia de acontecimientos, el monje Paisios fue nombrado santo ortodoxo el martes. 

Seguidores del partido de extrema derecha Amanecer Dorado durante una manifestación en Atenas (Reuters).
Seguidores del partido de extrema derecha Amanecer Dorado durante una manifestación en Atenas (Reuters).

España: las portadas prohibidas de El Jueves

Es casi un mito, pocos la han visto en persona, aunque casi todos en internet: la portada de El Jueves, el decano de la prensa satírica en España, que mostraba en su alcoba a los entonces Príncipes de Asturias a colación de la medida de Zapatero de otorgar 2.500 euros por hijo. Era 2007, acechaba la crisis y el juez Del Olmo ordenaba secuestrar la publicación, aunque algunos ya se habían hecho con ella –en eBay se puede comprar por entre 30 y 100 euros–.

Los dibujantes Guillermo Torres y Manuel Fontdevilla fueron condenados a pagar 3.000 euros. La revista respondió poco después haciendo un par de portadas autorreferenciales burlándose de los censores: en la que llamaron su "rectificación", en el especial de Navidad –cubriendo los rostros de los protagonistas– y en el primer aniversario. Nadie de los dos grandes partidos salió en su defensa. Tanto el del Gobierno de entonces, el PSOE, como el PP hablaron de "respeto" a la decisión judicial. Tampoco Rajoy, hoy presidente, puso pega alguna al secuestro.

Merino asegura que a Mongolia, que él compara con Charlie Hebdo, llegan casi cada día amenazas de muerte por los chistes que publicanEl caso se volvería a repetir con casi los mismos protagonistas en 2014. De nuevo, el ofendido fue la monarquía, que tiene una protección especial bajo la ley española. Tras la abdicación del Rey Juan Carlos, la publicación pretendía reflejar, de manera escatológica, la sucesión y el traspaso de la corona, algo que no gustó a la sociedad editora RBA, que decidió detenerla antes. Varios dibujantes, incluido el propio Fontdevilla, decidieron entonces dejar la revista. Si bien es verdad que esta vez no fue una censura judicial, sí se puede considerar autocensura.

Un artista en España que sabe de censura, y no de autocensura, es Eugenio Merino, que moldeó la estatua de Franco dentro de una máquina refrigeradora de Coca-Cola, por la que sigue en los tribunales. Hemos hablado con el propio Merino sobre la asistencia de Rajoy a la marcha de París: "Estos días vemos como a los políticos se les llena la boca con la libertad de expresión porque es de cajón que unos terroristas no pueden entrar en una redacción y matar a gente. Sobre todo si son musulmanes. Porque si hablamos de fanáticos católicos la cosa cambia", se lamenta. "Porque son los fanáticos 'buenos’”, apostilla, recordando atentados como el del Papus o el ataque a una obra del payaso Leo Bassi. Merino asegura que a Mongolia, que él compara con Charlie Hebdo, llegan casi cada día amenazas de muerte por los chistes que publican. 

Reino Unido: Cameron y su cruzada contra el porno

Fue una de las promesas de la coalición de conservadores y liberales en 2010 la que ha terminado situando al Reino Unido en la lista de "enemigos de internet", según Reporteros Sin Fronteras. Estos dos partidos se comprometieron a detener "la comercialización y sexualización de la infancia" y para ello encargaron un informe al Departamento de Educación, con la ayuda de Reg Bailey, líder de la organización caritativa cristiana Sindicato de Madres. El resultado: una medida que empezó a ponerse en práctica entre 2011 y 2014 por parte de las cuatro compañías más importantes de telecomunicaciones del país para censurar desde la fuente, y por defecto, determinados contenidos sexuales en internet. Con la sacrosanta consigna de proteger a la infancia, el grupo, formado por British Telecom, Sky, TalkTalk y Virgin, obliga a los usuarios a "incribirse" o a "elegir la opción" de ver pornografía, entre otros contenidos.

David Cameron junto a Mariano Rajoy durante la manifestación en París (Efe).
David Cameron junto a Mariano Rajoy durante la manifestación en París (Efe).

La gran pregunta es ¿quién define qué es pornografía? y ¿quién asegura que esta restricción no limitará el acceso a información y a ayuda a grupos en riesgo de discriminación como jóvenes homosexuales? Los cortafuegos se basan en una serie de parámetros que el programa aplica sin excepciones, en este caso una lista de términos que bloquean el acceso a webs que los contengan, porque las limitaciones técnicas actuales impiden a un ordenador distinguir imágenes pornográficas entre adultos o con niños, entre el entretenimiento y el delito.

La BBC reveló en 2013 que el programa de BT detenía la entrada en lugares de información sobre educación sexual o prevención del suicidio. Y la lista se amplió en 2014 con prácticas sexuales definidas de manera tan vaga como "humillación"

En una reciente reunión, David Cameron volvió a defender esta medida, que considera fundamental para la protección de la infancia.

Dinamarca: de las caricaturas de Mahoma a la autocensura

Si hay alguien que sabe qué son las amenazas de muerte por dibujar ese es Kurt Westergaard. Él dibujó la caricatura de Mahoma con un turbante bomba que fue publicada, junto a otras once, por el periódico danés Jyllands-Posten en 2005. Desde entonces no puede salir a la calle con normalidad y vive con un guardaespaldas constantemente a su lado. Ya desde hace cerca de diez años. Tras los hechos de París le preguntaron qué pensaba y él respondió que esperaba que los ataques "no tengan ningún impacto, que los medios no se asusten". Aunque cómo no recurrir a la autocensura como defensa cuando hay tantos artistas amenazados por esas caricaturas. Lars Vilks, un dibujante sueco que osó dibujar al profeta como un perro en 2007, fue puesto bajo protección inmediatamente por las amenazas de muerte; un grupo vinculado a Al Qaeda puso precio a su cabeza: 100.000 dólares. 'Yihad Jane' fue condenada en 2014 a un año de cárcel por intentar asesinarle.

William Nygaard fue un triste precedente para todos los periodistas y editores nórdicos. En 1989 publicó Los Versos Satánicos en Aschehoug, la editorial que fundó su familia, la segunda de Noruega. Tanto él como el traductor, Kari Risvik, quedaron bajo la amenaza de la fatua del ayatolá Jomeini contra el libro. El 11 de octubre de 1993 Nygaard recibió tres disparos a la salida de su casa en Oslo. Sobrevivió, pero estuvo varios meses recuperándose. 

Es cierto que el Jyllands-Posten publicó las caricaturas –lo que le valió amenazas de muerte a su editor, entre otros–, pero uno de sus directos competidores, el Politiken, se disculpó en 2010 por haberlas publicado.

Francia: en Charlie Hebdo tampoco es fácil ser Charlie

En la patria del Charlie Hebdo también hay limitaciones para ser Charlie, especialmente si es en la red social Twitter. Tal y como revelaba el informe semestral de la compañía, Francia es uno de líderes mundiales en demandas de eliminación de mensajes y de petición de información personal sobre las cuentas que publican allí. En concreto durante el último periodo estudiado, del 1 de enero al 30 de junio de 2014, Francia acumulaba casi un tercio de las demandas de eliminación de contenido –sin mediar una sentencia judicial-–, sólo superada en número por Turquía, por encima incluso de Rusia.

No obstante, el semanario fundado en los 70 se enfrentaba antes del ataque a una dificultad basada en algo más llano que las cortapisas a la libertad de expresión: la indiferencia del público. Los problemas financieros de la publicación hacían más cercana su desaparición que cualquier amenaza terrorista. En 2010 tuvo que pedir un préstamo que luchaba por devolver y se vio obligado a subir el precio de cada número un 25%, algo que no había pasado en nueve años. Charlie Hebdo apenas contaba con 12.000 abonados. Su afilada lengua no era, por tanto, tan atrayente para el público masivo. Tras el ataque contra la redacción, el Gobierno francés anunció el desbloqueo de un millón de euros para ayudar a la supervivencia de la publicación. Los terroristas que quisieron silenciarlos han apuntalado, sin quererlo, el único punto débil de Charlie Hebdo

Aunque ni siquiera dentro de Charlie Hebdo era fácil ser Charlie. En 2008, el dibujante Siné es despedido porque en una viñeta augura de manera sarcástica un brillante futuro económico al hijo de Nicolás Sarkozy tras su conversión al judaísmo. La razón real era que lo hizo por amor: para casarse con la hija de un rico empresario francés. La publicación le expulsa por el "antisemitismo" de la viñeta. Los tribunales condenaron a pagar al dibujante por despido improcedente una suma que, con los intereses en 2012, cuando fue confirmada la sentencia, se convirtió en 90.000 euros.

Alemania: nada de bromas como el nazismo

De hecho, nada de mostrar símbolos nazis, ni siquiera en videojuegos sobre la Segunda Guerra Mundial. El código penal alemán consagra la prohibición de mostrar simbología del Tercer Reich en ningún ámbito. Hay excepciones más o menos laxas en el cine. El resto deben plegarse y eliminar el contenido ofensivo o arriesgarse al veto. Todos los ámbitos se ven afectados.

Günter Wangerin fue condenado en 2012 –y su sentencia fue confirmada en 2014– a pagar 3.000 euros de multa por mostrar en una manifestación una fotografía trucada de Merkel vistiendo un uniforme nazi. De nada sirvió argumentar que en otros países se utilizan imágenes similares o que era una alegoría; el tribunal fue tajante.

Un hombre con un cartel que se burla de Merkel durante una protesta en Atenas (Reuters).
Un hombre con un cartel que se burla de Merkel durante una protesta en Atenas (Reuters).

El epítome de esta 'tolerancia cero' es el caso del libro de Hitler, Mi lucha. A pesar de que está disponible en internet y nadie puede parar su lectura en Alemania, las editoriales tienen miedo de imprimirlo. El libro, de hecho, no está prohibido en Alemania, cualquiera puede tenerlo, copiarlo y venderlo con la única limitación que prevén los derechos de autor. En 2014, el Estado de Baviera –propietario de estos derechos, que expiran cuando termine 2015– rechazó, en un gesto sin precedentes, bloquear una edición comentada del libro en la que trabajaba la Universidad de Múnich.

Finalmente no se llevó a cabo por la extendida creencia –casi esotérica– del influjo de las palabras de Hitler. Muchos historiadores han contestado este mito arguyendo que el volumen apenas tuvo mucha repercusión en Alemania desde su publicación en 1925 hasta que el propio dictador llegó al poder. Las ventas sólo se dispararon cuando ya había accedido a la cancillería.

Turquía: no es país para periodistas

La opinión pública opositora dentro del país y los interesados en la actualidad turca en el extranjero reaccionaron con una mezcla de hilaridad y tristeza. Que el primer ministro Davutoglu estuviera en la comitiva cuando el país ocupa el puesto 154 de 180 en la clasificación de Reporteros Sin Fronteras, y cuando decenas de periodistas cumplen condena por ser críticos con el Gobierno, no podía generar otra reacción.

Medios como T24 y Cumhurriyet han tenido el coraje de publicar las caricaturas de Charlie Hebdo y ya han recibido amenazas de muerte. Aunque en Turquía las líneas que cruza el semanario francés ni siquiera están dibujadas, los límites terminan mucho antes. El presidente Erdogan ha cerrado o amagado con cerrar redes sociales y portales de vídeos que osaban publicar contenido contra su Gobierno en múltiples ocasiones y no duda en acometer redadas contra profesionales de la información.

Samanyolu TV y Zaman han sido los últimos en recibir este trato por parte de Ankara. La propia RSF asegura que las luchas de poder dentro del país tienen un chivo expiatorio: la libertad de expresión.

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