LA EXTRAORDINARIA HISTORIA DE CARSTEN VOSS

Berlín, capital de los sintecho: el tour de la miseria que montó un empresario arruinado

Carsten pasó de dirigir una gran empresa de eventos de moda a buscarse la vida en las calles de Berlín. Hay 25.000 personas en su situación en la capital

Foto: Carsten Voss, cabeza de la asociación Querstadtein, que organiza tours en Berlín para mostrar la vida de los sintecho en la capital alemana (J.P. de la Cruz)
Carsten Voss, cabeza de la asociación Querstadtein, que organiza tours en Berlín para mostrar la vida de los sintecho en la capital alemana (J.P. de la Cruz)

Tan sólo en Berlín viven en la calle alrededor de 25.000 personas, según cálculos de la asociación Querstadtein, que se dedica a organizar tours para mostrar su verdadero día a día. Carsten Voss, la persona que la comanda, pasó de dirigir una importante empresa de eventos de moda a tener que buscarse la vida en las avenidas de la capital alemana. Esta es su extraordinaria historia.

Si quieres sobrevivir en la calle, tienes que mostrar una imagen normal, ir arreglado como una persona más. Sólo así podrás utilizar los servicios públicos”, explica Carsten Voss en voz alta a una docena de jóvenes. “Y no os dejéis engañar, a simple vista no podréis reconocer a la gran mayoría de sintechos. Un 80% viste de forma completamente corriente”.

El grupo forma parte del tour organizado por la organización Querstadtein, que Carsten comanda. El escenario son las calles del residencial y acomodado barrio de Schöneberg. Muy cerca se encuentra la gran arteria comercial berlinesa de Kurfürstendamm. “Muchas personas sin hogar acuden a esta zona de la ciudad atraídos por la relativa seguridad que les brinda el área”. Bien lo sabe él, pues lo experimentó en primera persona. "Lo más difícil es estar en público 24 horas, sin un minuto de intimidad, de privacidad, de no poder escapar de las miradas de la gente y de la sensación de que estás siendo visto", explica a El Confidencial.

Tan sólo en Berlín se estima que viven en la calle alrededor de 25.000 personas como Carsten Voss, que pasó de dirigir una importante empresa de eventos de moda a tener que buscarse la vida en las avenidas de la capital alemanaSegún cuenta Carsten, sólo en Berlín existen alrededor de 25.000 personas sin hogar. Se trata de una estimación, pues es imposible concretar la cifra exacta. Entre ellas hay unas 11.000 registradas, sin casa, pero con un carné de identificación en el que figura el simbólico código postal 10999. También poseen ingresos, procedentes del programa para desempleados de larga duración conocido popularmente como Hartz IV. A estas hay que sumarles cerca de otras 5.000 personas de nacionalidad alemana que no están registradas en ningún lado, que carecen de papeles y documentación. Y, por último, en Querstadtein creen que otros 10.000 sintecho no alemanes deambulan por las calles de Berlín.

“Primero hubo una gran oleada de personas procedentes de Polonia, después de los países bálticos y ahora de Bulgaria y Rumanía”, asegura el guía. Aunque no sólo vienen del extranjero. “No hay ninguna ciudad con tantos trabajadores y voluntarios sociales como Berlín. En Stuttgart o Múnich, son tratados de forma muy diferente. Por eso llegan desde todas las partes de Alemania”.

Sobreviven principalmente de recoger botellas vacías de cristal y plástico y cobrando el dinero que les dan en el supermercado por reciclarlas. También pueden comprar por 50 céntimos el periódico Straßenfeger y revenderlo a 1,50 euros. Además, existen numerosos centros a los que pueden acudir para ducharse, guardar sus pertenencias en una taquilla, recibir el correo o leer la prensa. En uno de ellos trabaja ahora de voluntario Carsten.

Un sintecho pide limosna en la gran plaza pública de Alexanderplatz, Berlín (Reuters).
Un sintecho pide limosna en la gran plaza pública de Alexanderplatz, Berlín (Reuters).
“Trabajaba 80 horas por semana. Y, de repente, lo perdí todo”

La historia de este hombre es extraordinaria. En poco más de un año pasó de dirigir Bread & Butter, una de las empresas de eventos de moda más importantes del país, a perderlo todo, su empleo, su dinero, su casa. “Trabajaba de 80 a 90 horas por semana, viajaba por todo el mundo, incluso estuve viviendo un tiempo en Barcelona. Era estresante y agotador. Mi cuerpo no pudo más, sufrí un burnout (síndrome del trabajador quemado) y entré en una enorme depresión”, cuenta a este diario.  

Lo más frustrante de todo es no ser visto. Puedes no darles dinero, pero al menos puedes mirarlos. Sentirse ignorado es lo peor, dice CarstenDurante ese tiempo se encontraba “bloqueado”, se levantaba por las mañanas y “no hacía absolutamente nada”. “Tras doce meses ya no tenía dinero, y ni siquiera había solicitado la prestación social. Tuve que venderlo todo para pagar los gastos y de repente me vi en la calle”. Carsten denuncia que esa es una de las grandes razones por las que las personas acaban entrando en la mendicidad. “En Berlín, con dejar de pagar tres meses el alquiler, ya te echan de tu casa. Y te quedas en la calle sin nada, a no ser que sea una familia. El año pasado aquí se realizaron cerca de 2.500 desahucios”.

“Es muy importante que existan iniciativas como esta (de la asociación Querstadtein). En Bruselas también hay mucha gente que tiene que vivir en la calle, y están marginados, excluidos, nadie les dirige la palabra”, aclara un joven espigado y rubio que escucha atentamente las palabras de Carsten. Forma parte de una escuela de secundaria que ha aprovechado su viaje a Berlín para “descubrir la ciudad desde una perspectiva diferente, que es muy interesante y útil para los chicos de 17 y 18 años”, en palabras de la profesora. “Y es que, si no fuera por nuestros padres y abuelos, nosotros perfectamente podríamos estar en la misma situación”, continúa el alumno.

Un voluntario social conversa con un sintecho en una calle de Berlín (Reuters).
Un voluntario social conversa con un sintecho en una calle de Berlín (Reuters).
¿Qué fue primero: la adicción o la calle?

Los factores que llevan a una persona a convertirse en un sintecho son variables. Las enfermedades, las adicciones, aunque “¿qué fue primero: la adicción o el vivir en la calle”, puntualiza el guía. Y añade: “Hoy hay una razón muy importante, el empobrecimiento de las personas, a quienes al ser despedidos se les acumulan las deudas. No estamos hablando sólo de bichos raros, sino de antiguos profesores o enfermeras”.

Una de esas personas fue Uwe Tobias. En su caso se mezclaron diversos factores, como el hecho de provenir de la zona comunista de la ciudad, de Berlín Este. Allí ya comenzaron sus problemas, pero no fue hasta que cayó el muro cuando se vio obligado a vivir en la calle. “En este banco dormí durante cuatro años”, explica a otro grupo de personas. Uwe es el encargado de realizar el segundo tour de Querstadtein, centrado en las calles del barrio de Mitte.

Sentado cerca de la orilla del Spree, el río que cruza Berlín, no lejos del edificio del Reichstag, Uwe recuerda cómo le temblaba el cuerpo si no ingería su dosis diaria de alcohol: dos botellas de Korn (un licor alemán) y unas 25 botellas de cerveza, es decir, unos 12 litros y medio.

No hay ninguna ciudad con tantos trabajadores y voluntarios sociales como Berlín. En Stuttgart o Múnich, son tratados de forma muy diferente. Por eso llegan desde todas las partes de AlemaniaTanto tiempo en la calle te obliga a agudizar el ingenio para conseguir algún tipo de comodidad. “Las escaleras esas que llevan al río eran mi nevera. De ahí colgaba una red como esta, en la que metía las cervezas para que se enfriaran”, cuenta entre sonrisas. Durante un tiempo, Uwe encontró refugio en unos edificios abandonados cercanos al muro, lo que hoy es el complejo médico de la Charité. Allí conoció a tres amigos que se convirtieron en inseparables, a los que recuerda continuamente a lo largo del tour. Ninguno de ellos logró sobrevivir.

“Nos referíamos a los bancos según el número de varas de madera que los forman: 6, 9, 10, 12. Para cada uno de ellos tenía de una postura diferente, para dormir sin que me doliera nada”. Aunque en el lugar donde mejor descansaba no era en un banco. Bajo el pórtico del Altes Museum, en lo alto de las escaleras que llevan desde el turístico Lustgarten a la majestuosa fachada del museo, se encuentran una especie de grandes y alargadas tinajas, que todavía hoy el visitante puede ver y tocar. “Aquí dentro pudimos dormir durante un tiempo. Le comprábamos una cerveza al guardia de seguridad y él vigilaba la zona. Aparte, aunque por el día está lleno de turistas, por la noche es un lugar muy tranquilo. Calma y seguridad. A veces conseguía dormir cuatro horas seguidas. Eso era para mí una buena noche”.

Berlineses pasan ante un sintecho en la estación de Alexanderplatz (Reuters).
Berlineses pasan ante un sintecho en la estación de Alexanderplatz (Reuters).

Hoy Uwe ya no duerme en la calle. Intentó dejar de beber muchas veces, pero el dolor y la depresión eran insoportables. “Era un infierno”. Un día decidió que no podía continuar así. “Acepté que necesitaba ayuda de otra gente. Comencé a hacer terapia y poco a poco conseguí salir. Yo solo jamás lo habría logrado”. Además de la ayuda social del Hartz IV, las propinas que le dan los participantes del tour completan su salario mensual.

“Ese es uno de los objetivos del proyecto, apoyar a los guías para que se sientan más seguros, con más confianza”, dice Markus Winkler, un joven miembro de Querstadtein. Una decena de personas decidió crear hace cerca de un año esta organización con la meta de romper los prejuicios que la mayoría de la sociedad tiene sobre los que viven en la calle. “Todos trabajamos en ella de forma voluntaria, y el dinero que se recauda de los tours o de donaciones se invierte en la propia organización, por ejemplo, para poder ofrecer más rutas”. Los clientes van desde turistas a asociaciones o, incluso, empresas que llevan a sus propios empleados. Hasta 2.000 personas han aprendido algo sobre la realidad a la que se enfrentan los sintecho en Alemania, una realidad nada sencilla.

“Puedes no darles dinero, pero al menos míralos”

“Antes los guardias de seguridad me dejaban ir si me cogían en el metro sin billete. Eso ahora ya no pasa, tendría que pagar sí o sí los 40 euros de multa. También entre la gente es más difícil la convivencia hoy, se pegan entre ellos por cualquier cosa, por el vino o por una esquina en la que dormir”, confiesa Uwe. 

En Berlín, con dejar de pagar tres meses el alquiler, ya te echan de tu casa. Y te quedas en la calle sin nada, a no ser que sea una familia. El año pasado aquí se realizaron cerca de 2.500 desahucios, opina Carsten“A veces hay agresiones entre personas de diferentes nacionalidades”, coincide Carsten Voss. Justo cuando su grupo atraviesa la Wittenbergplatz, dos hombres discuten acaloradamente en un idioma extranjero y uno de ellos rompe una botella de cristal. Según el guía, en primavera y verano, llegan a Berlín muchos más atraídos por el clima más cálido. “Este es un tema para debatir a fondo, pero el turismo social sí existe. El problema no es tanto la falta de dinero, sino que se bloquea el proceso de solicitudes y las ayudas no llegan a otras personas muy necesitadas, como es el caso de los sirios ahora mismo”.

Los adolescentes llegan guiados por Carsten a Zoologische Garten, la estación del zoo, uno de los puntos centrales de Berlín a los que miles de personas acuden para recibir algo de ayuda. La asociación caritativa Bahnhofsmission tiene allí una de sus sedes. “Este es el mayor centro social de la ciudad, pasan unas 800 personas al día”, detalla. “Aquí se encuentran los más degradados. Es el último escalón en la escala de la indigencia. Llevan muchos años en la calle y están muy enfermos. Muchos se emborrachan con la esperanza de no volverse a despertar”.

El tránsito de personas por esta estación es frenético. Los que van de compras, al trabajo, grupos de turistas. Pero pocos son los que reparan en los sintecho que frecuentan la zona, lo más duro para ellos, en palabras del propio Carsten. Él consiguió salir de esa espiral y ahora acaba de aprobar el examen para ser oficialmente recaudador de fondos para la Unión Europea. Aun así, no se olvida del sufrimiento de los que no han podido seguir su camino: “Lo más frustrante de todo es no ser visto. Puedes no darles dinero, pero al menos puedes mirarlos. Sentirse ignorado es lo peor”.
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