PUTIN Y LA 'PAX RUSICA'

Crimea: ¿Y después del referéndum, qué?

La mayoría de la población de Crimea votó por la integración de la península en la Federación Rusa. ¿Y ahora qué? ¿Quién gana y quién pierde?

Foto: Una multitud celebra el resultado del referéndum en Simferópol, la capital de Crimea (Reuters).
Una multitud celebra el resultado del referéndum en Simferópol, la capital de Crimea (Reuters).

El referéndum se ha celebrado. La mayoría de la población de Crimea votó –en extrañas circunstancias– por la integración de la península en la Federación Rusa. ¿Y ahora qué? ¿Quién gana y quién pierdenbsp;Aún queda saber si habrá efecto contagio en el este de Ucrania y cuánto tardará Putin en ratificar la decisión. El control de Kiev sobre Donetsk y Jarkov es mayor que sobre la península. Aun así, el Gobierno ucraniano tendrá que negociar con Moscú para rebajar la tensión y evitar una guerra civil, lo cual implica asumir el nuevo statu quo (el viejo ni siquiera contaba en las papeletas de voto).

De momento, Crimea ha entrado en la lista de territorios-limbo prestigiosamente formada por Transdnistria, Abjasia, Osetia del Sur y en cierta medida Kosovo y Nagorno-Karabaj. Son heridas territoriales del síndrome postimperial ruso, pero también residuos del multilateralismo establecido tras el colapso soviético.

La ruptura de la integridad territorial de Ucrania representa un antes y un después en ese multilateralismo. El mundo en el que entramos es más selvático. Una guerra fría sin ideologías ni dos poderes hegemónicos. Una 'real-politik' internacional que cuestiona la labor de instituciones internacionales como la UE y la ONU y está basada en la desconfianza y la fuerza

La ruptura de la integridad territorial de Ucrania representa un antes y un después en ese multilateralismo. El mundo en el que entramos es más selvático. Una guerra fría sin ideologías ni dos poderes hegemónicos. Una real-politik internacional que cuestiona la labor de instituciones internacionales como la UE y la ONU y está basada en la desconfianza y la fuerza.

El conflicto ucranio ha sido de acción/contrarreacción y tácticas situacionales; de hecho el referéndum de Crimea se ha adelantado dos veces, alterando también las preguntas. Todo aconteció en cascada, casi sin querer. Protestas en Ucrania; el Kremlin se mantiene expectante, pensando que Yulia Timoshenko tomará el poder y todo volverá a ser como era. Yanukóvich ha sido la única pieza política sacrificada.

Sin embargo, las estructuras de poder en Kiev cambian de forma claramente desfavorable para Moscú. La UE ratifica la libre-asociación de Ucrania y entonces Putin reacciona activando el plan previsto para el caso de que su gran vecino entrara en la OTAN: utiliza la base naval y a la población rusa para desestabilizar Ucrania y demostrar que cualquier cambio de poder en Kiev tiene que contar con el beneplácito de Moscú.

Una mujer porta un retrato de Putin en Sebastopol, Crimea (Reuters).
Una mujer porta un retrato de Putin en Sebastopol, Crimea (Reuters).

La ‘Pax Rusica’

Inicialmente, Putin quería imponer su paz, la Pax Rusica: lo que ocurra en la periferia de Moscú, en las repúblicas exsoviéticas, tiene que respetar los intereses de Rusia. Que Georgia entre en la OTAN o que nacionalistas ucranianos se hagan con el poder en Kiev pone en riesgo esos intereses.

La actitud del Kremlin no es legítima ni correcta, pero sí justificable. En Moscú se ve como una cuestión de supervivencia. En una lógica imperial de la geopolítica, con poder vertical, centro depredador y economía basada en la exportación de recursos naturales, la periferia es un gran buffer necesario y vital.

También está el mensaje doméstico: el Kremlin no permitirá ningún efecto contagio ‘democratizador’ en su territorio y echa aún más yesca a un nacionalismo que está tomando tintes psicópatas desde que Putin volvió a la presidencia

También está el mensaje doméstico: el Kremlin no permitirá ningún efecto contagio ‘democratizador’ en su territorio y echa aún más yesca a un nacionalismo que está tomando tintes psicópatas desde que Putin volvió a la presidencia. Este domingo los oyentes llamaban a dos radios liberales rusas (Ekho Moskvy y Stalitsa FM) para decir que estaban preparados para ir a la guerra si fuera necesario. No quiero ni imaginar lo que dirán en otras cadenas más conservadoras.

Tampoco nos podemos olvidar del mensaje regional: en Kazajistán se prepara una transición política y la corte de Nazarbayev calculará los pasos al milímetro. Millones de rusos viven en el norte del país y, si los intereses de Moscú fueran cuestionados, se podría aplicar la misma estrategia. En Bielorrusia, Alexander Lukashenko delira y ve fantasmas en todos los puntos cardinales.

El actual poder en el Kremlin considera que el multilateralismo sólo trajo problemas a Rusia, que Occidente lo ha aplicado con doble rasero, aprovechándose de la buena voluntad de Gorbachov y de la debilidad de Yeltsin. Para Putin, como para muchos rusos, la revisión de aquellos acuerdos y equilibrios está justificada.

Estos días, las referencias a Kosovo son constantes en los medios de comunicación rusos, los cuales aprovechan cada excusa para exagerar la supuesta hipocresía europea y mostrar que ‘fascistas’ han tomado el poder en Kiev. Las últimas medidas aprobadas por el Gobierno ruso para controlar la prensa son verdaderamente preocupantes. También las consecuencias que el aislacionismo político, la fuga de capitales y la reducción de las inversiones extranjeras pueden acarrear para la población civil rusa.

Helicópteros rusos mi-35 sobrevuelan a soldados ucranianos en Strelkovo (Reuters).
Helicópteros rusos mi-35 sobrevuelan a soldados ucranianos en Strelkovo (Reuters).

Temor en la City

En Berlín y Washington ya calculan las sanciones contra Rusia. Sin duda harán daño al Kremlin, a la elite de poder, pero también a la población rusa de a pie y los propios ciudadanos europeos y norteamericanos.

En la City de Londres temen que las sanciones espanten los capitales rusos. En el Mediterráneo, que los únicos turistas que gastan dinero –los rusos– no accedan a visados. En Alemania, que sus 6.000 empresas tengan que salir de Rusia. En Estados Unidos, que el Kremlin colabore con el programa nuclear iraní. En Portugal, que ya no puedan exportar zapatos. Y toda Europa, que los precios del gas y del petróleo se disparen.

El conflicto ucraniano ha llegado a un punto de no retorno y demuestra una alteración en el equilibrio internacional de poderes. La tarea, el día después del referéndum, es reconstruir el diálogo y la cooperación con Rusia y reformar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacerlo más efectivo. Un nuevo Yalta en Yalta

Entramos pues en un mundo más feo, en el que la fuerza gana terreno frente al diálogo y todos desconfían de todos. El conflicto ucraniano ha llegado a un punto de no retorno y demuestra una alteración en el equilibrio internacional de poderes. La tarea, el día después del referéndum, es reconstruir el diálogo y la cooperación con Rusia y reformar el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacerlo más efectivo. Un nuevo Yalta en Yalta.

Son buenos tiempos para los historiadores y los estudiosos de las relaciones internacionales, y malos para los ciudadanos de a pie.

*Francisco Martínez es antropólogo de la Universidad de Tallín y periodista de Rusia Hoy.

Mundo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios