JUAN JOSÉ AGUIRRE, OBISPO DE BANGASSOU

“Aquí sólo vemos al negro que se agarra a la valla de Melilla. Pero esta gente huye”

Juan José Aguirre, misionero cordobés, lleva más de 30 años entregado a la República Centroafricana. Conoce como pocos la resistencia de los africanos

Foto: El obispo Juan José Aguirre (Fundación Bangassou).
El obispo Juan José Aguirre (Fundación Bangassou).

Juan José Aguirre, misionero cordobés, obispo de Bangassou, lleva más de 30 años entregado a la República Centroafricana. Su vínculo con su gente es ad vitam. Conoce como pocos la resistencia de los africanos, su capacidad de sobrevivir, de superar sufrimientos y enfermedades. Como muchos misioneros, padece malaria crónica, porque cayó enfermó seis meses después de llegar al continente, la única manera de desarrollar los anticuerpos. Ha sido asaltado, ha visto morir a amigos y, aunque en el pasado ha reconocido con rabia que sus historias caen en saco roto, no baraja la rendición.

También lleva años gritando al mundo los crímenes de Joseph Kony, el criminal buscado por el Tribunal Penal Internacional acusado de genocidio contra la humanidad, y su mesiánico Ejército de Resistencia del Señor (ERS), esto es, medio millar de paramilitares hambrientos que se esconden en la espesa selva que cubre el segundo estado más pobre del planeta. País paupérrimo pero rico en materias primas, como el coltán, y rodeado de estados sumidos en guerras que parecen eternas, el 66% de la población centroafricana vive con menos de un euro al día.

Aguirre acaba de relatar sus tres décadas de experiencia misionera en un libro (Sólo soy la voz de mi pueblo), una obra en la que alterna las más bellas escenas con imágenes de humanidad corrompida, sangre y miseria ignorada. Con motivo de su publicación, El Confidencial ha realizado una entrevista a un hombre que profesa un amor inagotable por el pueblo africano.

Pregunta: El mundo asiste impasible a las matanzas entre grupos cristianos y musulmanes en República Centroafricana. Incluso se ha escuchado la palabra “genocidio”. ¿Cuál es la situación actual?

Respuesta: Los Seleka (un grupo insurgente formado mayoritariamente por mercenarios musulmanes) llegaron el año pasado, ocuparon el Gobierno, los expulsaron del poder en enero y ahora se han refugiado en el norte del país. Por ello surgieron los grupos antibalaka (también llamados “antimachete”, sangrientas patrullas que se toman la justicia por su mano), a los que se han unido delincuentes. Ahora están atacando a los musulmanes.

Esta gente intenta entrar en Melilla porque está huyendo de algo. También hay un efecto llamada, por supuesto. Pero en el Monte Gurugú ves la verdad, escuchas sus vivencias, las historias, el dolor acumulado. Eso aquí no lo vemos, sólo vemos al negro que se agarra a la vallaHace dos semanas, las tropas francesas entraron en Ndelé (al noreste del país) y atacaron a los Seleka. En venganza, una multitud asaltó la misión católica y exigió que todos los no musulmanes salieran de Ndelé. (Esta zona) podría convertirse en un santuario de los Seleka que estaría a 600 kilómetros de los yacimientos de uranio. Por eso preocupa a Francia.

Quitando eso, en el resto del país los antibalaka están matando a los musulmanes en los caminos, en las ciudades… Unos 300.000 musulmanes han salido de República Centroafricana. Otros se están refugiando en las parroquias, con los católicos y los misioneros. Hay parroquias que esconden a 1.200 musulmanes con sus familias.

Un soldado acuchilla a un seleka el 5 de febrero en Bangui (Reuters).
Un soldado acuchilla a un seleka el 5 de febrero en Bangui (Reuters).

P.: Usted ha dedicado muchos años a arrinconar a Joseph Kony, el genocida que ha secuestrado a 200.000 niños desde 1987 para utilizarlos como guerrilleros. ¿Está su final más cerca?

R: Kony está en el Sud-Sudán, en la frontera entre el sur y el norte de Sudán y República Centroafricana. Lo sabemos porque está localizado, incluso con satélite. Estados Unidos ha favorecido una amnistía en Uganda para que los lugartenientes del ERS, los comandantes y toda la tropa puedan entregarse a los soldados ugandeses y, allí, lavarse las manos.

Sigue habiendo ataques en Djemah (sureste de República Centroafricana), toda esa zona está siendo atacada por los militares del ERS en busca de sustento. Se llevan a las personas para que hagan de porteadores. A veces logran escapar. Pero algunos de esos porteadores han visto a comandantes de Kony, como a uno apodado el Tuerto, tomar un avión del Gobierno ugandés para viajar a Uganda (en virtud de la amnistía). Después, con lágrimas de rabia en los ojos, me contaban: “Ese hombre me torturó”.

P.: Los musulmanes perseguidos por los antibalaka, las víctimas de Kony… todos ellos huyen de la violencia o la miseria. ¿Podríamos decir que los inmigrantes que intentan escalar la valla para entrar en Melilla están huyendo?

R.: Para mí, la imagen de esas personas escalando la valla de Melilla es muy medieval. Recuerda a la conquista de un castillo, cuando les arrojaban aceite. Hay 300.000 centroafricanos que han huido (por la violencia) a los países limítrofes y no ha pasado nada. Yo tengo en mi comunidad a 3.000 congoleños que han hecho su casa, han recibido un pedazo de campo, Dios les da la lluvia y ellos cultivan. Y todo el mundo dice: “Si han venido aquí será porque lo necesitan”. Nadie ha dicho que se vayan.   

Esta gente intenta entrar en Melilla porque está huyendo de algo. También hay un efecto llamada, por supuesto. Pero en el Monte Gurugú (donde están los campamentos clandestinos de subsaharianos, el punto de partida) ves la verdad, escuchas sus vivencias, las historias, el dolor acumulado. Eso aquí no lo vemos, sólo vemos al negro que se agarra a la valla como si escalara el muro de un castillo. Esta tal vez es mi visión distorsionada de misionero, pero yo lo percibo así.
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