El obispo español que arrinconó al genocida Joseph Kony
  1. Mundo
JUAN JOSÉ AGUIRRE, MISIONERO, PRELADO DE BANGASSOU EN LA REPÚBLICA CENTROAFRICANA

El obispo español que arrinconó al genocida Joseph Kony

“Son niñas que llevan años siendo esclavas sexuales. Algunas logran escapar; llegan a la misión absolutamente destrozadas. En sus ojos no hay vida, están llenos de

Foto: El obispo español que arrinconó al genocida Joseph Kony
El obispo español que arrinconó al genocida Joseph Kony

“Son niñas que llevan años siendo esclavas sexuales. Algunas logran escapar; llegan a la misión absolutamente destrozadas. En sus ojos no hay vida, están llenos de odio, sobre todo hacia los hombres. Suelen llegar embarazadas, y sus maridos y familias las rechazan. Yo les digo: ‘¿Qué vas a hacer con tu bebé? Dámelo, lo cuidaré como si fuera mío’. Dudan sobre si deben matarlo, porque temen ver en los ojos de su hijo el reflejo de los ojos de su violador. Pero a menudo el instinto maternal es demasiado fuerte. Dan a luz escondidas y, semanas después, traen al niño”.

Juan José Aguirre, misionero cordobés, obispo de Bangassou (República Centroafricana) lleva años gritando al mundo los crímenes de Joseph Kony, un monstruo buscado por el Tribunal Penal Internacional acusado de genocidio contra la humanidad, y su mesiánico Ejército de Resistencia del Señor (LRA), esto es, medio millar de paramilitares hambrientos que se escoden en la espesa selva que cubre el segundo estado más pobre del planeta. "Algunos medios lo sitúan en paradero desconocido. No es cierto. Sus campamentos están a 25 o 30 kilómetros de Djemah, al este del país. Jóvenes que escapan de la guerilla cuentan que Kony está allí, vive con su guardia pretoriana y unas decenas de concubinas", dice Aguirre a El Confidencial. "¿Cómo actúa el LRA? Tienen hambre. Entran en un poblado y lo primero que saquean es el polvorín. Luego cogen toda la comida que encuentran, buscan casa por casa, y si descubren a alguna chica escondida la violan entre varios, se la pasan hasta que se cansan. Reúnen todo lo robado en el centro del pueblo y buscan porteadores. Los atan entre sí y desaparecen en la selva".      

Muchos de esos guerrilleros son algunos de los 20.000 niños secuestrados desde 1987 por Kony, quien ha saltado al estrellato mundial gracias al vídeo del documentalista estadounidense Jason Rusell. Tachado de simplista y manipulador por algunos medios, su breve documental desató una revolución en la red (recibió 84 millones de visitas en dos semanas) y logró su objetivo: convertir a Kony en un problema de opinión pública para obligar a Washington a actuar. Hace tres meses, Obama envió un centenar de asesores y soldados norteamericanos con dos aviones radar que se repartieron entre Uganda y Obo, en la República Centroafricana, a 120 kilómetros de Djemanh. El acuerdo era esperar a las fuerzas del Gobierno centroafricano (una dictadura militar con tintes de democracia tutelada por Francia), que debían atacar por la selva para decapitar al movimiento. Pero los estadounidenses llevan esperando desde diciembre. Tan solo han destruído algunos campamentos del LRA en Uganda.

"Sin ninguna duda, es ahora o nunca. El Kony que vimos en el vídeo es el de hace diez años, hoy está más viejo, padece de diabetes, anda con un bastón y no podría huir, le costaría mucho. Llevamos cinco años de calvario y cuando vi a los americanos en diciembre vi el final del túnel, pensé que podríamos acabar con él", alerta Aguirre. El tiempo apremia, pero el presidente de la República Centroafricana no parece dispuesto a atacar. Alega que otros 13 grupos guerrilleros pululan por el país y que sus fuerzas están mal pertrechadas y deben defender la capital. Una cuestión de fondos. Y, paradojicamente, la ayuda internacional es en parte responsable de su inacción.

"No estoy seguro de que Kony sea una prioridad para las ONG"

"Hay una posibilidad de reunir dinero para capturarlo. En una reunión con el presidente, le aconsejé parar el avión que usan las ONG, paralizar el puente aéreo del PAM (el Programa Mundial de Alimentos) entre Bangassou y Bangui (capital del país). Ahorraría 20.000 dólares semanales y en unas tres semanas podría pertrechar al Ejército. Me contestó que si paraba este puente, la Unión Europea y la comunidad internacional podrían paralizar la ayuda a Centroáfrica, al igual que se acaba de cerrar el grifo al Congo. 'No estoy seguro de que las ONG tengan a Kony como su prioridad', dijo, 'y no quiero cabrear a las ONG'. Estamos hablando de un país que paga a sus funcionarios con la ayuda de la UE", cuenta Aguirre, quien llevó sus denuncias esta semana al Parlamento español por iniciativa de Carmen Quintanilla, presidenta de la Comisión de Igualdad.

País paupérrimo pero rico en materias primas, como el coltán, y rodeado de estados en guerra continua, el 66% de la población centroafricana vive con menos de un euro al día, en hogares de paja y barro y dedicada al cultivo del cacahuete, el arroz y la mandioca durante la época de lluvias, y a las pesca los seis meses restantes. La mitad de la diócesis de Aguirre se esconde en campos de refugiados. Necesita la ayuda internacional y, para entregarsela, han caído sobre ella ONG de todo tipo y condición. Al tocar el tema, el obispo no se muerde la lengua. "Los gobiernos (occidentales) exigen una seguridad total tras los últimos secuestros de cooperantes. Así que muchas gastan el 60% en su logística interna, en seguridad. En nuestra zona, por ejemplo, solo yo viajo por carretera, ellos van en avioneta. Se mueven con escolta militar pagada a precio de oro y piden pasar la noche en la misión, donde haya agua muy fría y electricidad para encender sus ordenadores. Algunas, como Médicos sin Fronteras o el Alto Comisionado para los Refugiados, hacen un trabajo muy serio, muy bueno. La mayoría, sin embargo, parece ser gente que quiere ver en directo lo que ayer vió por televisión".    

Aguirre, por su parte, lleva 31 años entregado a África. Su vínculo con su gente es ad vitam. Conoce como pocos la resistencia de los africanos, su capacidad de sobrevivir, de superar sufrimientos y enfermedades. Como muchos misioneros, padece malaria crónica, porque cayó enfermó seis meses después de llegar al continente, la única manera de desarrollar los anticuerpos. Ha sido asaltado, ha visto morir a amigos y aunque en el pasado ha reconocido con rabia que sus historias caen en saco roto, no baraja la rendición. No tiene más opciones. "Todos dicen 'Oh, que barbaridad', pero todo sigue igual. Vivimos caminando sobre una cuchilla de afeitar y soportando los golpes bajos de la economía mundial, como la lucha por el control del coltán para fabricar móviles u ordenadores. Ruanda es el primer exportador sin tener minas de coltán. Gracias a un conflicto manipulado por ciertos gobiernos, lo roba en El Congo para llevarlo a Kigali, donde Nokia y otras compañías van a comprarlo. En realidad, estamos asistiendo a una depradación sistemática del continente africano".  

Así, en un lugar asolado por la guerrilla, la corrupción y los fuertes intereses económicos internacionales, Aguirre mantiene 25 proyectos humanitarios, como orfanatos o programas de asistencia a antiguas esclavas sexuales, a través de la Fundación Bangassou. Su mayor esperanza a corto plazo es que el genocida sea detenido antes de las grandes lluvias de abril, para que los habitantes de su diócesis puedan plantar sus cosechas. Ahora que la campaña Kony 2012 ha logrado implicar a Washington, el monstruo podría dar su último coletazo.