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Elon Musk ha comprado Twitter, pero ¿a qué precio?
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OTRA AVENTURA EMPRESARIAL

Elon Musk ha comprado Twitter, pero ¿a qué precio?

Hay mucho en juego: las finanzas personales de Elon Musk, sus patrocinadores y el estatus de Twitter como el espacio público del siglo XXI

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Puede que a Elon Musk le guste bromear en Twitter, pero su inminente propiedad de la plataforma no es ninguna broma, ni para él ni para nadie.

Musk sostiene que su interés en Twitter no guarda relación con el dinero, pero empíricamente no cabe duda de que sí están relacionados. La empresa no solo pasará a suponer una sexta parte de su patrimonio neto, el mayor del mundo, sino que también le pondrá en manos de sus acreedores. Su discurso en la plataforma, tanto estratégico como descuidado, le ha generado durante años publicidad gratuita para sus ambiciosas aventuras empresariales. Es discutible hasta qué punto el servicio de 'microblogging' de temática aviar ha tenido que ver con su éxito en general, pero a tenor de su gran interés en la gestión del mismo, parece claro que cree que ha sido importante.

Ahora, la capacidad de Musk para devolver las decenas de miles de millones de dólares que le han prestado para comprar Twitter dependerá de si consigue convertir lo que ha sido históricamente un negocio mediocre en uno bueno.

Foto: Elon Musk. (EFE/EPA/Alexander Becher)

El cambio no será fácil. Considere el estado en el que debía encontrarse Twitter para que su consejo de administración decidiera aceptar la oferta de Musk tan rápidamente después de que este rechazara su invitación a jugar en el mismo equipo uniéndose al consejo. Los intentos de cambiar la trayectoria de la empresa impulsados por activistas el año pasado, incluidos los planes de duplicar sus ingresos y el ritmo de innovación de sus productos para 2023, no tuvieron un impacto duradero en el precio de sus acciones. El precio de las acciones de Twitter cayó un 50% desde mediados de febrero del año pasado hasta mediados de este año, incluso a pesar de que la empresa nombrase a una nueva cara como director ejecutivo.

Por supuesto, no está claro si pensar más a lo grande habría ayudado. Meta Platforms ha demostrado ser un ejemplo admonitorio sobre el efecto que puede tener una transformación importante en una plataforma de medios sociales sobre el valor a corto plazo de una empresa en los mercados públicos. Si bien sus ambiciones ligadas al metaverso pueden acabar dando resultado, Meta ha visto evaporarse más de 400.000 millones de dólares en valor de mercado en lo que va de año.

Al comprar Twitter directamente, Musk evita tener que pensar en la volubilidad de los accionistas. Pero debe tener en cuenta su propio patrimonio. El hecho de que tenga que responder ante los acreedores significa que tiene que ser cuidadoso a la hora de pisotear un negocio publicitario que genera dinero, independientemente de lo que piense al respecto. Sin embargo, la capitulación del consejo de administración de Twitter ante el milmillonario sudafricano demuestra que la publicidad por sí sola no es la respuesta.

Foto: Foto: Reuters

La cuestión clave en torno a Twitter siempre ha sido la aparente desconexión entre su valoración en los mercados públicos y su influencia percibida sobre la conciencia pública. En los mercados, Twitter tiene actualmente un valor empresarial de 6,4 veces los ingresos futuros, frente a las 3,4 veces de Meta. Puede parecer generoso, pero hay que tener en cuenta que Wall Street espera que Twitter solo genere 6.700 millones de dólares en ingresos publicitarios el año que viene, frente a los casi 149.000 millones de Meta.

Sin embargo, la influencia de Twitter es innegable, ya sea a la hora de dar bombo a las visiones de Musk sobre los coches eléctricos y los vuelos espaciales privados, para promover la campaña presidencial de cierto promotor inmobiliario de Nueva York, o para impulsar los movimientos sociales y políticos nacionales de los últimos años.

La cuestión ahora es si Musk será capaz de salvar esa distancia mejor que los que le precedieron en el puesto. Sean cuales sean sus planes, tenemos que suponer que van mucho más allá de la posibilidad de pagar por poder editar tuits ya publicados. Impulsar la monetización a través de las suscripciones no será suficiente si su precio incluye socavar el papel central de Twitter en el discurso, perjudicando así su propuesta de valor final como espacio público del siglo XXI.

Foto: Elon Musk, tras la compra de Twitter: nadie sabe qué hará con la red social (Reuters)

Tras dos intentos de dirigir la empresa, el cofundador Jack Dorsey dimitió a finales del año pasado, señalando que tener a un cofundador como director es un "punto único de fracaso" y "muy limitante" para una empresa. Sin embargo, para que nadie piense que Dorsey se ha cargado con toda la culpa, también tuiteó a principios de este mes que la junta directiva "ha sido constantemente la disfunción de la empresa".

Ahora es Musk quien deberá intentar curar esa disfunción, y tendrá que hacerlo en un primer plano ante la opinión pública sin precedentes y a la par que dirige otras dos empresas enormes e innovadoras. Todo esto recae sobre un hombre que no siempre se ha atenido a las consecuencias de su ambición ilimitada.

Ya no bastará con prometer un nuevo concepto. Si Musk quiere tener la posibilidad de cabalgar hacia el crepúsculo montado en uno de sus cibercamiones, más vale que sus ventanas, y muchas partes más, sean a prueba de balas.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Puede que a Elon Musk le guste bromear en Twitter, pero su inminente propiedad de la plataforma no es ninguna broma, ni para él ni para nadie.

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